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Estudios para los siervos del Señor que ministran en su iglesia. Formato de conferencia. Adaptable para clases.

-Parte 1 de la Lección 4 sobre la autonomía de las congregaciones

Serie de estudios

“La Unidad de la Iglesia”

Lección 4

"La autonomía de congregaciones particulares"  

Parte 2  

“La congregación ideal según la autonomía limitada conferida por Dios”


Pescadores montados en zancos. Sri Lanka. www.bing.com
Cristo nos llama a ser "pescadores de hombres". ¿Pueden las congregaciones apoyarse las unas a las otras en la "pesca espiritual", o debería cada una utilizar solo y exclusivamente sus recursos locales en la "pesca de almas", jamás solicitando o recibiendo cooperación alguna?

Desglose de algunos temas analizados en esta lección:

-Es autosuficiente en organización y finanzas. Es autodidáctica. Capaz de disciplinarse a sí misma y cumplir su misión en la tierra, sin tener que recostarse de otras congregaciones.

-El “Mal crónico de la dependencia espiritual”. La “Enfermedad de la dependencia económica".

-Está acoplada armoniosa y bíblicamente a las demás congregaciones fieles.

-No funciona bajo la supervisión o el dominio de alguna “iglesia madre”.

-La mal invocada “autonomía absoluta” como pretexto para encubrir turbias maniobras, propósitos egoístas o malos obreros.

-En algunas regiones del Reino de Dios, el caciquismoes rampante.

-La iglesia local como castillo. Una analogía para explicar cómo funciona la autonomía bíblica en beneficio de la iglesia.

-La autonomía” de cada ser humano también ilustra la naturaleza de la autonomía concedida por Dios a sus congregaciones.

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III.  La congregación local ideal, o modelo, según la autonomía limitada conferida por Dios, de acuerdo con los ejemplos estudiados y otros textos bíblicos relevantes.

A.  Es autosuficiente.

1.  En su organización. La gobiernan ancianos, también llamados obispos, pastores o presbíteros, según Hechos 14.23; 15:2; 21:18 y Tito 1:5-10, y la sirven diáconos, según Filipenses 1:1. O, no habiendo varones que llenen los requisitos para el obispado (1 Timoteo 3:1-8; Tito 1:5-10), es gobernada por miembros experimentados que se dedican al servicio de los santos, conforme a las directrices asentadas en 1 Corintios 16:15-16.

2.  En sus finanzas. Por ser sus miembros muy generosos, la congregación ideal cuenta con los recursos necesarios para cubrir gastos relacionados con su lugar de reunión, hacer obras benévolas y evangelizar. No está en la necesidad de solicitar cooperación monetaria a ninguna congregación hermana, bien sea de su propio país o del extranjero. No mendiga. No se aprovecha de los recursos o riquezas de otras congregaciones. No está en aprietos económicos. No está endeudada. Al contrario, su condición económica favorable hace posible que pueda socorrer a iglesias hermanas necesitadas.

3.  En la edificación de su propia membresía. En su capacidad y habilidad de impartir a todos sus miembros “todo el consejo de Dios”, instruyendo, edificando y motivando ampliamente según la Biblia. Es autodidáctica. “Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe” (1 Juan 2:27).

4.  En su poder de disciplinarse a sí misma. Es decir, de corregir, reprender y poner en disciplina a cualquier miembro que ande desordenando. De expulsar de su seno a cualquier inmoral o divisionista obstinado que persistiera en su pecado pese a todas las medidas bíblicas tomadas para ayudarlo a enderezar su andar. Es capaz de imponer orden en el culto y asegurar que toda actividad de la congregación se implemente con seriedad, sin confusión, sin desatinos.

5.  En su capacidad de evangelizar eficazmente. O sea, de engendrar a través de la Palabra enseñada correctamente nuevos cristianos que mantengan vigente y trabajando a la congregación después de que parta a recibir galardón cada generación que concluye su peregrinación terrenal.

6.  Porque es autosuficiente puede mantenerse año tras año y cumplir cabal y eficientemente con sus encomiendas divinas, sin la ayuda de otros cristianos o congregaciones.

a)  Toda congregación debe tener como meta prioritaria la autosuficiencia. ¿Es autosuficiente la congregación donde usted se congrega y trabaja? Si no lo es, ¿tiene ella la autosuficiencia como meta muy deseable y necesaria para la madurez?

b)  ¿Acaso padece su congregación del “Mal crónico de la dependencia espiritual”? ¿La aflige también la “Enfermedad de la dependencia económica”?

(1)  Los seres humanos viciados crean un tipo de “dependencia” muy peligrosa tanto para su cuerpo como para su mente y espíritu. Dependencia del alcohol, de drogas, del sexo, de comidas. Los débiles de carácter suelen crear dependencias emocionales, psicológicas, sociales.

(2)  El “Gran mal de la dependencia” puede infectar tanto a cristianos particulares como a congregaciones enteras. Los afectados crean el patrón de depender de otros cristianos o congregaciones para casi todo –instrucción espiritual, motivación, planificación y ejecución de obras, recursos materiales con que hacer las obras.

(3)  En no pocos países o regiones se observa en nuestra hermandad una situación preocupante, a saber: ¡Demasiadas congregaciones enfermas del “Mal crónica de la dependencia material y espiritual”. El tratamiento para curar su “Mal” consiste en parte de una fuerte dosis de fe, auto confianza, voluntad propia dispuesta, auto motivación y el ejercicio constante de sus flácidos músculos espirituales en la ejecución de muchas obras buenas, incluso, caminar por las sendas del mundo perdido llevando estudios bíblicos, repartiendo folletos sobre temas espirituales, invitando a los cultos de la iglesia, etcétera.

B.  La congregación ideal, según la autonomía limitada conferida por Dios, está acoplada armoniosa y bíblicamente a las demás congregaciones fieles.

1.  Está en plena comunión con sus iglesias hermanas.

2.  No está en competencia contraproducente con ellas, ni es celosa de ellas. Tampoco habla en forma denigrante de ellas. No busca peleas con ellas. Al contrario, las estimula por medio de cooperar con ellas bíblicamente cuando solicitan su apoyo para distintas actividades, por ejemplo, campañas evangelísticas, confraternizaciones u obras benévolas de gran alcance.

3.  De la manera que dos locomotoras acopladas pueden arrastrar un peso mucho mayor que una sola, o como dos bueyes uncidos pueden arar mucho más terreno que uno solo, asimismo dos congregaciones, o más , pueden efectuar obras más abarcadoras a favor de la humanidad perdida espiritualmente o necesitada materialmente que una sola congregación.

a)  ¿Qué le parece la siguiente manera de razonar? Los administradores de una congregación local particular dicen: “Conocemos algunos medios,  por ejemplo, publicar estudios bíblicos en los rotativos del país o  auspiciar un programa radial de alcance nacional, mediante los que seguramente fueran rescatados de la perdición centenares de almas. Pero ya que nuestra congregación por sí sola no puede costear tales obras, ni siquiera intentamos implementarlas porque ninguna congregación debe iniciar una obra que ella sola, por su cuenta, no pueda realizar sin las aportaciones de iglesias hermanas” . Así que, conforme a esta mentalidad, “centenares de almas” pierden la oportunidad de ser salvas porque un grupo de “cristianos conservadores” traban el potencial de las congregaciones con restricciones fundadas no en ejemplos bíblicos sino en sus interpretaciones desacertadas de autonomía congregacional.

b)  En contraste, las congregaciones que funcionan bíblicamente se acoplan unas a otras voluntariamente sin que ninguna se enseñoree a las demás. Ninguna pierde el tipo de autonomía que le concede Dios. El error mayúsculo de los “conservadores” es su equivocada inferencia según la que las congregaciones del Señor no pueden unirse y cooperar para realizar grandes obras sin enseñorearse las unas de las otras. Sin ceder algunas autoridad, derechos y autonomía a otras. Pero, supongamos que existan tan solo dos congregaciones en un área densamente poblada. Ambas desean predicar el evangelio puro lo más pronto posible a todos los habitantes del área. La de cien miembros propone que se publiquen cada semana por tres meses consecutivos mensajes bíblicos básicos en un periódico circulado ampliamente entre la población. No cuenta con todos los recursos necesarios para hacer realidad el proyecto. Plantea el asunto a la otra congregación, contando esta con cuarenta miembros. El liderato de esta determina aportar semanalmente de sus ofrendas una suma específica para el proyecto, enviándosela a la congregación de cien miembros. Al hacerlo, ¿pierde su autonomía? Negativo. ¿Entrega a otra congregación potestad sobre sus ofrendas? Claro que no, pues ha hecho con sus ofrendas exactamente lo que determinara hacer, sin ninguna intervención o coerción de la congregación de cien miembros. ¿Cede la administración de su obra evangelística a la iglesia de cien miembros? Negativo. Administró su propia obra evangelística hasta la fase fijada por ella misma, no habiendo patrón o mandamiento bíblico que la obligara a exigir y mantener el control de absolutamente todo detalle o resultado, inmediato y futuro, de su inversión.

C.  La congregación ideal, según la autonomía limitada conferida por Dios, no funciona bajo la supervisión o el dominio de alguna “iglesia madre”, como sucede, por ejemplo, en el caso de las congregaciones que integran el movimiento de discipulado conocido primero como “Crossroads” , luego como “Boston-Crossroads”, entonces como “Iglesia de Cristo Internacional”. Escrutando las congregaciones que aparecen en el Nuevo Testamento, observamos que ninguna se somete como “iglesia hija” a una “iglesia matriz”. Tampoco que congregaciones se sometan a un solo varón como si fuera “cabeza de las iglesias”, o a un conjunto de varones como si fueran una “directiva que supervisara a todas”. De ser pequeña en membresía la iglesia local, o carecer de varones capaces de instruir bíblicamente, puede solicitar la ayuda de un evangelista o maestro cualificado para ayudarla a crecer, sin enseñorease él de ella o sojuzgarla a la gobernación espiritual de otra congregación. Esta alternativa la comprobamos en la “Parte 1” de este estudio.

IV.  La mal invocada “autonomía absoluta” como pretexto para encubrir turbias maniobras, propósitos egoístas o malos obreros.

A.  Consabido es que algunos “ministros” de nuestra hermandad apelan enseguida a la “autonomía” cuando su testimonio, enseñanzas o proceder son cuestionados. Estos son los que suelen practicar el “caciquismo”, es decir, se hacen caciques de las congregaciones, sinónimo de dictadores, jefes, mandones, amos, dueños. Su empeño es mandar a su antojo, y resienten hasta con ira, si bien no con cierta violencia, cualquier evaluación de su conducta u obra hecha por otros ministros, ancianos, maestros o evangelistas.

1.  En algunas regiones del Reino de Dios, el caciquismo es rampante. ¡Muchos caciques; pocos seguidores! ¡Muchos capataces; pocos obreros! Peor aún, ¡muchos caciques vagos y rencillosos! Cada cual con su séquito de simpatizantes interesados. Cada uno con su terreno privado y las colindancias vigiladas celosamente.

- “Yo soy el que manda en esta congregación.”

-“Yo soy el ministro de esta congregación. No tolero la intervención de ningún otro ministro.”

-“Lo que enseñemos y practiquemos en esta congregación es pura y exclusivamente asunto nuestro. No incumbe a otra congregación o ministro de cualquier clase emitir juicio alguno al respecto. Mucho menos pretender intervenir con el propósito de corregirnos o lograr que cambiemos.”

2.  Diótrefes es el ejemplo clásico de este tipo de verdadero cacique espiritual. Al respecto, el apóstol Juan escribe: “Yo he escrito a la iglesia; pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe. Por esta causa, si yo fuere, recordaré las obras que hace parloteando con palabras malignas contra nosotros ; y no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohíbe, y los expulsa de la iglesia (3 Juan 9-10).

B.  Existen “ministros” que se amparan en la autonomía absoluta para encubrir el manejo deshonesto de los bienes de la iglesia. A continuación, dos ejemplos:

1.  “Ministros” o “administradores” que pretenden disponer de las ofrendas de la congregación sin tener que rendir cuenta a nadie. No falta quienes se valen de ellas sin el conocimiento o el consentimiento de la congregación para cubrir gastos personales.

2.  “Líderes” que se adueñan de las propiedades de la iglesia –terrenos, locales, vehículos- con la intención de controlarlas a su manera, manipular a la iglesia o aun lucrarse mediante el alquilar o la venta. Una estratagema común es comprar el líder a su nombre, y no a nombre de la congregación mediante recibos o documentos legales que designen a la iglesia como dueña.

C.  Maestros de falsas doctrinas se escudan pronto tras la alegada “autonomía absoluta”.

D.  Curiosamente, un espíritu de dejadez y vagancia espiritual motivan a algunos ministros o congregaciones a esconderse tras las cortinas opacas de la “autonomía absoluta”. Dicen, efectivamente: “No nos molesten. No queremos ningún contacto con ustedes, con ninguna otra congregación. Déjennos quietos. ¿No es totalmente autónoma cada congregación? Pues, así es la nuestra. No estamos dispuestos a escuchar sugerencias o censuras, No queremos que se nos acerquen” . Tienden a desarrollar esta mentalidad particularmente congregaciones pequeñas formadas principalmente de familiares. Conformes con su círculo pequeño, se abstienen de asociarse de forma alguna con otras congregaciones. Por consiguiente, su eventual desaparición está prácticamente asegurada.

E.  Un espíritu de frialdad domina a algunas congregaciones. Miembros antipáticos, faltos de amor fraternal, rencillosos. No se preocupan los unos por los otros. Menos todavía por los de afuera. ¿Ilusionarse con que tal congregación coopere con las demás, que se lleve bien con las demás, que promueva la unidad de la fe? Improbable que lo haga. La comparamos a una familia fría que no sale del hogar para compartir con otras familias. A vecinos indiferentes que no se conocen, ni quieren conocerse; que no se visitan, que ni siquiera se saludan.

 


Castillo, con puente levadizo.  www.dedoimedo.com

V.  La iglesia local como castillo. Una analogía para explicar cómo funciona la autonomía bíblica en beneficio de la iglesia.

A.  Un foso ancho y profundo, usualmente lleno de agua, servía de defensa para muchos castillos construidos durante la Edad Media y el Renacimiento. Acceso al castillo se proveía mediante un puente levadizo.

1.  En tiempos de paz, el puente se dejaba en posición horizontal sobre el foso, facilitando la entrada y salida de personas, carruajes, etcétera.

2.  En tiempos de peligro y guerra, este tipo de puente se podía levantar pronto, denegando al enemigo entrada fácil al castillo.

B.  La iglesia local, tal cual “castillo espiritual”, es protegida por un puente levadizo llamado “Autonomía”.

1.  Normalmente, este “Puente Levadizo de Autonomía Congregacional” se deja colocado en posición horizontal, y lo pueden cruzar todos los verdaderos amigos de Cristo, todos los ministros de paz, todos los embajadores del Reino de Dios que traen credenciales impecables, encontrando en los confines de la congregación local visitada descanso para sus almas, refugio del mundo corrupto, refrigerios para su deleite, agua fresca y sustento espiritual para el alma.

2.  Pero, al advertir algún fiel centinela de la congregación el acercamiento de un enemigo, avisa prontamente a los encargados del “Puente”, quienes no tardan en levantarlo, denegando a cualquier espíritu engañador, a cualquier divisionista, falso maestro, falso apóstol, falso ministro, entrada fácil a la congregación.

a)  Dejar accesible el “Puente” cuando se sabe que el enemigo viene a todo galope sería actuar neciamente.

b)  Desde lejos los centinelas hacen sonar duro las trompetas de alarma. Corre la voz. ¡Hay peligro eminente! Los enemigos del evangelio puro han emprendido la marcha. Su agenda es conquistar congregaciones para su causa. Ya se arremetieron contra algunos castillos espirituales, es decir, iglesias locales, invadiendo, persuadiendo, adueñándose o destruyendo. Llevando cautivos a algunos cristianos. Dejando malamente heridos a otros. ¡Prepárense! ¡Levanten el “Puente Autonomía”! ¡No permitan que se adentren sin oposición en la congregación!

c)  Líderes sabios y enérgicos ejecutan enseguida la maniobra defensiva de levantar el tan importante “Puente”, tomando todas las medidas a su alcance para evitar la entrada de elementos enemigos.

d)  Desgraciadamente, existen en nuestra hermandad congregaciones cuyos líderes nunca levantan el “Puente Autonomía”. Siempre lo dejan  abierto, y lo cruzan tanto malos como buenos, entrando sin impedimento en la preciosa congregación. Líderes de esta calaña demuestran crasa irresponsabilidad e insensatez frente a fuerzas malévolas amenazantes que merodean alrededor del “castillo” a su cargo. Imperdonable indiferencia en lo concerniente a la seguridad espiritual de sus habitantes, o sea, los cristianos de la iglesia local por quienes, ciertamente, “han de dar cuenta” (Hebreos 13:17). Quizá distraídos con tareas de poca o ninguna importancia, tal vez comiendo y bebiendo, jugando y gastando bromas, o entretenidos con charlas incesantes sobre cuestiones necias, ¡ni siquiera están pendientes a las señales de aviso! He aquí, el fracaso desastroso de algunos ancianos, maestros y ministros de congregaciones locales. “Buena gente” que confía ciegamente en la “bondad”, en las “buenas intenciones”, de todo aquel que se acerca a su “castillo”. Ingenuos. Crédulos. Tan “positivos y optimistas” que no quieren ver nada negativo, y por consiguiente, ¡no lo ven! O simplemente no le importa lo que pase a la congregación a su cuidado. ¡Ay de ellos! La Cabeza de la iglesia está velándolos. El “Príncipe de los pastores” (1 Pedro 5:4) está observándolos.

VI.  La “autonomía” de cada ser humano también ilustra la naturaleza de la autonomía concedida por Dios a sus congregaciones.

A.  Se supone que cada ser humano adulto sea autónomo en ciertos aspectos, es decir, independiente, completo y capaz de mantenerse en pie como individuo antes Dios y la sociedad. Todos los demás seres humanos deberían respetar y honrar nuestros derechos inalienables de ser espiritual, también ser carnal, independiente, así creado por voluntad de Dios mismo . Ninguno tiene derecho de violar nuestra autonomía personal , forzando entrada a las cámaras más íntimas de nuestra alma, descaradamente descubriendo la desnudez de nuestro ego o profanado el altar sacrosanto de nuestro espíritu.

B.  Somos seres autónomos. Pero, también somos seres sociales, con deberes sociales hacia los demás seres humanos. Así que, nuestra “autonomía” no es absoluta sino limitada, precisamente como en el caso de la iglesia local.

1.  No es normal ni aceptable ampararnos en nuestra autonomía personal e individual como justificación para rechazar a todos los demás seres humanos, encerrándonos en la celda de una “autonomía individual extremista o absoluta”. El ser humano que hace esto se tiene como recluso, es decir, una persona que vive aislada de los demás, que rehúsa tener contacto social con los demás, como el “recluso religioso”, o sea, el ermitaño, que vive solito en un desierto, lejos del resto de la humanidad. Tal estilo de vida no es normal. Es antisocial, excéntrico, trastornado, innatural, contra el designio de Dios para los miembros de nuestra raza.

2.  Aplicación. ¡Asimismo es la condición de la congregación que se encierra en una autonomía extremista, absoluta! Anormal es su estado. Excéntrico, antisocial y realmente en contra de la naturaleza misma de Dios y el pueblo verdadero que lo sigue.

3.  El individuo que se mete en el cuarto de su autonomía personal, cerrando la puerta tras sí, no cumple con los deberes sociales que el Creador ha programado para él. No saluda. No conversa. O si lo hace de vez en cuando, quizá sea a regañadientes, de mal humor. No comparte con nadie. No ayuda a nadie en nada. Su filosofía de vida lo atrapa en un patrón de conducta reprochable, totalmente egoísta, de individualismo radical.

4.  Aplicación. Asimismo, la congregación que se mantiene dentro de las cuatro paredes de su local, cortando comunicación con las demás congregaciones, sencillamente no cumple con los deberes espirituales y sociales que el Creador le ha asignado.

VII.  Conclusiones.

A.  La autonomía limitada enseñada en el Nuevo Testamento obra para el bien de las congregaciones que la practican sanamente.

B.  Debemos enseñarla, implementarla, mantenerla y honrarla dondequiera haya congregaciones leales al Señor.

C.  Nunca debemos alterarla o abusarla.

D.  Todas las congregaciones pueden cooperar y apoyarse mutuamente sin perder la autonomía que Dios las ha concedido.

 

Parte 1 de la Lección 4 sobre la autonomía de las congregaciones

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