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Estudios para los siervos del Señor que ministran en su iglesia. Formato de conferencia. Adaptable para clases.

Serie de estudios

“La Unidad de la Iglesia”

Cuarta lección

Esta gráfica de índole fractal identifica el tema ‘La autonomía de congregaciones particulares de la iglesia del Señor’, Lección 4, Parte 1, de la serie ‘La unidad de la iglesia’, en editoriallpaz.org.

"La autonomía de congregaciones particulares de la iglesia del Señor"  

Parte 1 

Crescent Moon Lake (Yeuya Lake, Nanjing, China). ¿Legisla Dios para su iglesia que cada congregación en particular sea tan aislada, en términos de organización y obras, como la muy pequeña villa de Crescent Moon Lake en medio de un desierto?

Crescent Moon Lake (Yeuya Lake, Nanjing, China).  www.bing.com
¿Legisla Dios para su iglesia que cada congregación en particular sea tan aislada, en términos de organización y obras, como la muy pequeña villa de Crescent Moon Lake en medio de un desierto?

-Significados de “autonomía”
-¿Es bíblica la autonomía congregacional absoluta?
-Tres grandes ejemplos que enseñan la autonomía limitada

I.  Introducción.

A.  Salutación.

B.  El tema de este estudio es el siguiente: “La autonomía de las congregaciones particulares”.

C.  Significados de “autonomía.

1.  En su uso secular:

a)  “Independencia. Libertad. Estado del país que se gobierna a sí mismo, por completo o en cierto aspecto que se expresa” (Diccionario de uso del español, tomo 1, Página 308).

b)  Aplicada a las personas: “Facultad para gobernar las propias acciones, sin depender de otro” (Diccionario de uso del español, tomo 1, Página 308) .

2.  En su uso relativo a la iglesia: que cada congregación es independiente, libre y se gobierna a sí misma.

D.  ¿Es bíblico el concepto de “autonomía congregacional”?

1.  Los vocablos “autonomía” y “autónomo” no se encuentran en la Biblia. Sin embargo, analizada la información que el Nuevo Testamento nos provee sobre algunas congregaciones locales del Siglo I, su autonomía en ciertos aspectos es evidente.

2.  No pocos cristianos expresan inquietudes, dudas e inconformidad cuando se les enseña que cada congregación debería ser “independiente” según el modelo bíblico para la iglesia.

a)  No faltan predicadores y maestros que se oponen abiertamente a esta “independencia”. Uno en particular, al ser repudiado por la congregación donde predicaba, dijo: “Yo creo que nosotros los predicadores debiéramos sentarnos y determinar si nos conviene o no la autonomía”. Claro, la mentalidad de algunos “ministros” es la misma que tipifica a pastores pentecostales o evangélicos. Es la de mandar, gobernar, enseñorearse, sin tener que responder a ninguna organización congregacional autónoma, es decir, que no esté sujeta a ellos.

b)  El asunto no es que si “conviene o no” la autonomía congregacional sino que si es un elemento integral y necesario de la organización establecida por Dios para iglesias locales. Si Dios la ha programada para su iglesia, nuestro deber no es cuestionar su diseño sino estudiar cuidadosa y objetivamente la naturaleza y el alcance de la autonomía congregacional para comprender y apreciar a cabalidad sus beneficios, pues “beneficios” ha de producir si proviene del Gran Arquitecto.

II.  Comenzando, pues, a profundizar en el tema, preguntamos: ¿qué tipo de autonomía se discierne en las congregaciones organizadas por los apóstoles bajo la supervisión directa del Espíritu Santo? Conforme al análisis que hemos efectuado en preparación para este estudio, concluimos que la autonomía de aquellas congregaciones del Siglo I no era absoluta, pues vemos en ejemplos específicos que cada congregación tenía responsabilidades hacia las demás congregaciones y también para con los evangelistas que iban proclamando el evangelio y fundando nuevas iglesias locales.

A.  “Autonomía absoluta” significa total independencia, o sea, independencia al extremo de no tener ningún deber hacia otras instituciones o personas.

B.  Las congregaciones organizadas por los apóstoles debían recibir a los evangelistas fieles, socorrer, bien sea material o espiritualmente, a las congregaciones necesitadas y procurar preservar la unidad de la fe de todos los cristianos en todo el mundo. Por lo tanto, su autonomía no era de carácter absoluto. Sometemos para el escrutinio del estudioso muchas evidencias bíblicas encontradas en tres casos particulares relatados en el Nuevo Testamento.

1.  La interacción entre apóstoles, ancianos y miembros en Jerusalén con las congregaciones en Antioquía, Siria y Cilicia, según la crónica detallada en el Capítulo Quince de Hechos de Apóstoles. “Los apóstoles y los ancianos y los hermanos” de Jerusalén emitieron una carta “a los hermanos de entre los gentiles que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia” sobre circundarse y guardar la ley los gentiles convertidos, abstenerse “de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación”. Los de Jerusalén eligieron a Judas Barsabás y Silas como emisarios que llevaran “la carta” a las iglesias de otras regiones.

a)  Hacemos hincapié en los procedimientos de las partes en este ejemplo aleccionador: apóstoles, ancianos y miembros de una iglesia local, específicamente, la de Jerusalén, envían, mediante mensajeros seleccionados por ellos, una carta de contenido doctrinal, a múltiples congregaciones locales. Tomemos nota: ejecutan esta acción no solo los apóstoles sino también los “ancianos y los hermanos” de una congregación particular. Obviamente, todos esperaban que las congregaciones locales en Antioquía, Siria y Cilicia recibieran a los mensajeros y leyeran la carta, y no que rechazaran de plano su acercamiento, amparándose en una supuesta “autonomía absoluta”.

b)  Enviar los mensajeros presupone su recibimiento cordial en las congregaciones nombradas. ¿Estaban los ancianos o administradores de las iglesias locales de Antioquía, Siria y Cilicia en el deber de acceder a recibir y escuchar a Judas Barsabás y Silas? Positivo, sin duda alguna. ¿Por qué? Por tener estos mensajeros “credenciales” espirituales fehacientes que los acreditaban como dignos de ser atendidos con respeto y honra.

(1)  Eran “varones principales entre los hermanos” de Jerusalén (Hechos 15:22).

(2)  Fueron elegidos por los apóstoles y los ancianos, “con toda la iglesia” (Hechos 15:22), como portadores de “la carta”.

(3)  Andaban en compañía con Bernabé y Pablo, varones de compromiso cristiano comprobado que habían “expuesto su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 15:22, 25-26). “Dime con quién andas, y yo te diré quién eres.”

(4)  Eran profetas (Hechos 15:32), o sea, habían recibido el don sobrenatural de profetizar.

c)  Según este ejemplo, ¿es preciso deducir que los administradores de una iglesia local debieran recibir a todo aquel que se presente como portador de algún proyecto, carta o mensaje de alegada importancia?

(1)  Negativo. El primer deber de los administradores es verificar las “credenciales” del peticionario. ¿Anda por su cuenta o a nombre de una iglesia local en particular? ¿Acaso ha sido enviado por un evangelista, o evangelistas, de fidelidad irreprochable? ¿Trae alguna carta oficial de recomendación, debidamente firmada por los que la autorizaron, con números de teléfono o correos electrónicos que faciliten su verificación? ¿Es neófito u obrero experimentado? Una vez examinadas y aprobadas estas credenciales de rigor, el próximo paso sería una audiencia preliminar para saber la naturaleza de la petición, o que el peticionario presente un resumen conciso de la misma.

(2)  Tal parece que los administradores de las iglesias de Antioquía, Siria y Cilicia no cumplieran cabalmente su responsabilidad de probar primero a hermanos que venían de otros lugares, pues “la carta” enviada desde Jerusalén para ellos y sus congregaciones decía, después del saludo: “Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, a los cuales no dimos orden, os han inquietado con palabras, perturbando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley” (Hechos 15:24). Debían haber exigido “cartas de recomendación” o “cartas de autorización” a aquellos hermanos que llegaron desde Jerusalén. Pero, las circunstancias de este caso indican que los admitieron sin conocerlos y sin examinar sus documentos espirituales, sufriendo las consecuencias dañinas de su omisión. Precisamente,  la “autonomía congregacional” practicada bíblicamente detiene este tipo de intromisión peligrosa. He aquí uno de sus “beneficios” palpables.

d)  Referente al contenido de la carta, los administradores de las congregaciones en Antioquía, Siria y Cilicia confrontaban dos opciones: acatar las directrices o rehusar implementarlas. Ya que se trataba de instrucciones asentadas en revelaciones y obras divinas, su única decisión sabia y espiritual hubiese sido aceptarlas. Estaba en juego no solo la autoridad del Espíritu Santo y los apóstoles (Hechos 15:28) sino también la unidad de iglesia.

c)  Según este ejemplo, no actúan bíblicamente los ancianos o  administradores que rehúsan tajantemente conceder audiencia a todo peticionario no perteneciente a su propia congregación local.

2.  El segundo conjunto de evidencias según las que Dios no hizo “autónomas en absoluto” a las congregaciones del Siglo I gira en torno al donativo recogido y administrado por el apóstol Pablo y sus colaboradores a favor de los necesitados en Judea. La historia de esta magna obra benévola se encuentra en los Capítulos 8 y 9 de la 2 Corintios, 1 Corintios 16:1-4 y Romanos 15:22-33. Tomando la iniciativa, el afamado apóstol envía a varios evangelistas, llamados también “compañeros”. “colaboradores”, “mensajeros de las iglesias, y gloria de Cristo”, a las congregaciones de Macedonia, Acaya y Asia, con instrucciones de asistir en la preparación de la ofrenda de cada una.

a)  Refiriéndose a sus colaboradores en el proyecto, el apóstol Pablo exhorta a la iglesia en Corinto en particular: Mostrad, pues, para con ellos ante las iglesias la prueba de vuestro amor(2 Corintios 8:24), claramente dando a entender que no solo Corinto sino todas las iglesias contactadas para el donativo estaban en el deber de recibir y cooperar con los colaboradores enviados por Pablo.

(1)  La responsabilidad de la congregación en Corinto hacia los colaboradores de Pablo se pone de relieve mediante la orden “Mostrad… para con ellos… la prueba de vuestro amor”. Tito, Timoteo y quizá otros evangelistas figuran entre los enviados por Pablo a Corinto (2 Corintios 8:16-22). El derecho de estos hermanos de entrar a la congregación en Corinto y tomar pasos que aseguraran la preparación a tiempo del donativo para Judea es una inferencia necesaria derivada de lo dice Pablo al escribir: “Tuve por necesario exhortar a los hermanos que fuesen primero a vosotros y preparasen primero vuestra generosidad” (2 Corintios 9:5). ¡Tenían autorización apostólica para ir a la iglesia en Corinto y preparar la ofrenda para Judea! Lógicamente, la iglesia en Corinto estaba en el deber de admitirlos y cooperar con ellos, ya que de no hacerlo hubiese sido culpable de resistir la orden de un apóstol.

(2)  Igualmente, la responsabilidad de la iglesia en Corinto a las demás congregaciones se realza a través de las tres palabras “ante las iglesias” (2 Corintios 8:24). La congregación en Corinto no debía aislarse totalmente de sus congregaciones hermanas sino mostrar ante ellas la prueba de su amor, pues ellas estarían observando sus acciones respecto a la ofrenda para Judea. De hecho, la “buena voluntad” (2 Corintios 8:19; 9:2) y diligencia de Corinto estimuló “a la mayoría” de los miembros de otras congregaciones en Macedonia y Acaya a ser generosos también y tener sus ofrendas preparadas a tiempo (2 Corintios 9:2), hecho que motivó a Pablo a gloriarse de Corinto “entre los de Macedonia” (2 Corintios 9:2-4). Lejos de un “aislamiento congregacional total” apoyada en una supuesta “autonomía absoluta”, lo que vemos en las congregaciones de Macedonia, Acaya, Asia y Judea es mutuo apoyo y cooperación, mediante interacciones positivas y constructivas, tanto de parte de sus líderes locales, el apóstol Pablo y sus colaboradores como de sus respectivas membresías. En adición a los textos ya estudiados, citamos los siguientes:

(a)  “Las iglesias de Macedonia” piden “con muchos ruegos… el privilegio de participar en este servicio para los santos” (2 Corintios 8:1-4). “Iglesias” –plural- cooperando para socorrer a los necesitados de Judea.

(b)  El apóstol Pablo pone “a prueba... por medio de la diligencia de otros … la sinceridad del amor” de Corinto (2 Corintios 8:8). “Otros”, es decir, los miembros de las iglesias de Macedonia, según el contexto de los Versículos del 1 al 8.

(c)  “No sea que si vinieren conmigo algunos macedonios, y os hallaren desprevenidos, nos avergoncemos nosotros, por no decir vosotros, de esta nuestra confianza” (2 Corintios 9:4). Se contempla la posibilidad de que cristianos de Macedonia visitaran a la iglesia en Corinto, y que se decepcionaran por faltas observadas.

(d)  Las iglesias de Judea oran por la iglesia en Corinto (2 Corintios 9:12-14).

b)  He aquí en este ejemplo tan detallado precedentes importantes para las congregaciones y los evangelistas de todos los tiempos y todo lugar. Precedentes para estrecha cooperación en proyectos meritorios. Nada de “autonomía absoluta” para la iglesia local sino “autonomía limitada”.

3.  Observamos esta “autonomía limitada” en el ejemplo de las iglesias establecidas en la isla de Creta. El apóstol Pablo se dirige al evangelista Tito, diciéndole: “Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé” (Tito 1:5). Dos encomiendas recibe Tito que le autorizan a intervenir en las iglesias de Creta, a saber, corregir “lo deficiente” y establecer ancianos (obispos). Aprendemos que:

a)  Un evangelista debidamente cualificado cuenta con el derecho de entrar en una congregación falta de conocimiento y entendimiento espiritual, corta de obras benévolas o evangelísticas, estremecida por conflictos o no organizada bíblicamente, con el propósito de corregir sus deficiencias y organizarla según el modelo divino.

b)  Las congregaciones de esta categoría están en el deber de recibir a tal evangelista, cooperando con él para convertirse en congregaciones maduras guiadas por un liderato local diestra constituida según el modelo divino.

c)  Encerrarse herméticamente este tipo de congregación en la “Casa de autonomía absoluta”, vetando entrada al evangelista capaz de socorrerla, sería despreciar el ejemplo de las iglesias de Creta. Aún más, tal maniobra descubriría malas actitudes poco espirituales, insensatez y fanatismo, cayendo en tela de juicio las motivaciones de la membresía. ¿Por qué su pugnaz aislamiento? ¿Su violento rechazo? ¿Qué encubren? ¿Qué maquinan? ¿Adueñarse de qué? ¿Acaso beneficiarse materialmente de alguna forma?

d)  Si reconocemos que el Espíritu Santo dirigía las deliberaciones y las acciones de Pablo, Tito y las iglesias de Creta, hemos de aceptar obligatoriamente que evangelistas cualificados tienen la autoridad de corregir deficiencias doctrinales, organizacionales, morales, etcétera, en congregaciones adolecientes de una formación completa en Cristo. Además, que las congregaciones afectadas no debieran resistir la autoridad, las sanas intenciones y la ayuda remediadora del evangelista apto para curar sus males.

e)  Consideremos más de cerca al “evangelista apto para curar males congregacionales”.

(1)  Su intervención ha de realizarse con sumo amor, respeto,   humildad e imparcialidad. “Te encarezco… que guardes estas cosas sin prejuicios, no haciendo nada con parcialidad(1 Timoteo 5:21).

(2)  No procede con ligereza. “No impongas con ligereza las manos a ninguno” (1 Timoteo 5:22).

(3)  “Espíritu de mandón” no lo tiene sino espíritu de conciliador, pacificador. Espíritu positivo de quien construye. De consejero espiritual educado, astuto y sabio. De varón que ora mucho. Espíritu tranquilo, y no alborotador. Que lima asperezas. Que cura enfermedades del alma. Espíritu que exteriorizó el gran apóstol Pablo cuando escribió: “No hablo como quién manda…” (2 Corintios 8:8). Ya había dicho: No que nos enseñoreemos de vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo; porque por la fe estáis firmes” (2 Corintios 1:24). Lo único que procura un evangelista de motivaciones puras y honestas es colaborar para el gozo de quienes él sirve. Jamás pretende enseñorearse, sojuzgar a su propia voluntad, explotar para fines egoístas, manipular, satisfacer su propio ego, engrandecerse ante los hermanos.

(4)  Algunos de los nobles sentimientos o normas que rigen el corazón del siervo capacitado para trabajar eficazmente con iglesias se recogen también en 1 Pedro 5:2-3. “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sin siendo ejemplos de la grey.” Cierto es que estas directrices el apóstol Pedro se las comunica “a los ancianos que están entre vosotros” (1 Pedro 5:1), pero no es menos cierto que los principios son válidos para el evangelista que corrige deficiencias y constituye lideratos locales.

-“No por fuerza, sino voluntariamente.”

-“No por ganancia deshonesta.”

-“Con ánimo pronto.”

-“No como teniendo señorío sobre” los hermanos.

-Ser ejemplo de la grey.

 

-Parte 2 de este estudio sobre "La autonomía de las congregaciones particulares"

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