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Joven cristiano pide consejos para vencer la tentación de ver pornografía

 


www.dailyfill.com
Hugh Hefner, fundador y editor de la revista pornográfica Playboy, proponente incansable del hedonismo.

 

Por lo personal y delicado del asunto, no divulgamos ningún dato particular sobre la persona que nos solicitó ayuda espiritual en su lucha para no sucumbir a la tentación de ver pornografía. Conforme a noticias y mensajes que hemos leído, un número creciente de cristianos, incluso hasta predicadores, ancianos, diáconos y maestros, está cediendo ante esta tentación insidiosa en particular. Por tal razón, tenemos a bien compartir con todo interesado, o necesitado, algunos consejos y medidas bíblicas dados por Dios que nos capacitan, se supone, para resistir no solo esta tentación sino otras relacionadas con deseos o pasiones carnales. Nos dirigimos al joven cristiano, pero lo presentado es aplicable, desde luego, a todo cristiano, tanto hembras como varones, no importando su edad.

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Querido hermano joven cristiano atribulado en espíritu y alma, en cuanto a las tentaciones fuertes que amenazan con destruir tanto a su alma como relaciones sociales saludables, enseguida se me viene a la mente lo que apuntó el apóstol Pablo por el Espíritu. “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:13). He aquí, esperanza para usted, al igual para todo cristiano tentado: saber que otros confrontan la misma tentación y que para toda tentación hay una “salida”, haciendo posible resistir y soportar, sin caer en pecado.

-Tratándose de las tentaciones de ver material pornográfico y fornicar o adulterar, sondeos al respecto confirman lo que es más o menos del común saber: que varones adolescentes y adultos jóvenes son especialmente propensos a tenerlas, y seguir teniéndolas a través de la vida, probablemente con frecuencia, hasta no levantar una fortificación tan resistente alrededor de su ser interior que este tipo de tentación mala no encuentre entrada a su corazón, menguando en intensidad y ocurrencia, rendido impotente y casi muerto. Hoy por hoy, la obsesión con pornografía y otros pecados sexuales también está haciendo cada vez más mella en el sexo femenino. Tampoco están exentos de estas tentaciones varones y damas cuyo anhelo sincero es obedecer y honrar a Dios en su vida, pues aman al Señor, quieren hacer el bien y desean salvar sus almas..

Ahora bien, usted, habiendo obedecido al evangelio de Cristo, no solo ha sido tentado duramente sino que también ha cedido, como confiesa, a las tentaciones. Se deduce, pues, que no procurara usted con diligencia “la salida” mencionada por el apóstol Pablo. No ha resistido; no ha soportado la tentación. Todo lo contrario: “…de su propia concupiscencia” ha sido “atraído y seducido”. Y ha sufrido precisamente las consecuencias que acarrean tal seducción carnal: “Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (Santiago 1:13-14). De manera que usted es –por favor, que mi franqueza no le escandalice- usted es pecador, y si no cambia su estado por medio de arrepentirse sinceramente, rectificando el rumbo de su vida, terminará “muerto” ante Dios, aunque siga vivo materialmente (1 Timoteo 5:6). Entonces, su postrer estado sería peor que el que vivía antes de convertirse a Cristo, según se nos informa el apóstol Pedro, por el Espíritu, en 2 Pedro 2:20-22. O sea, usted se encuentra, según las Escrituras, en un estado moral-espiritual sumamente crítico, zarandeado violentamente por el diablo. Aclaro que no es mi propósito añadir tribulación y angustia al dolor de alma que ya esté experimentando sino ayudarle a enfocar bíblicamente su situación espiritual, la cual es realmente preocupante y peligrosa. No por menos se siente culpable, se mira a sí mismo con desprecio y se ve como pecador. Siempre y cuando permanezca usted en semejante condición, será tenido por indigno de Cristo, y estando en tal estado, si se atreve a comer “la cena del Señor”, comería y bebería “juicio… para sí” (1 Corintios 11:28-29). “…juicio…” de condenación.

Usted pregunta: “¿Por qué me gana la tentación de hacer tales cosas?... …fácil voy y caigo en adulterios”. En primera instancia, la palabra “fácil”, en su expresión “…fácil voy y caigo en adulterios”, dice mucho acerca de su condición espiritual. Descubre, se induce, una carencia alarmante de recursos espirituales con que enfrentarse a la maldad de este mundo bajo el dominio del maligno, el cual es llamado “el dios de este siglo” (2 Corintios 4:4). Porque el cristiano que cuenta con siquiera algunos recursos no va y cae en adulterios tan fácilmente sino que resiste tenazmente tal tentación. ¿Por qué le ganan fácilmente las tentaciones de ver pornografía, y luego adulterar? Presento, para su consideración objetiva, posibles razones basadas en textos relevantes del Nuevo Testamento, suplicándole que las estudie detenidamente y con mucha oración.

-Primera razón. Cristo aún no se ha formado en usted, circunstancia que afectaba adversamente a cristianos en Galacia, siendo también muy común entre creyentes de todo el mundo hasta el sol de hoy. Amorosamente reconviniendo el apóstol Pablo a los gálatas por su inmadurez espiritual, tergiversaciones, ambivalencias y pecados, escribió: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros, quisiera estar con vosotros ahora mismo y cambiar de tono, pues estoy perplejo en cuanto a vosotros” (Gálatas 4:19-20). Es decir, en los gálatas Cristo era todavía como un ser que no hubiese crecido, como un ser aún no debidamente formado, sin fuerza para resistir y soportar. Y esto no por culpa de Cristo mismo, pues él había provisto todo lo necesario para la debida formación completa del “nuevo hombre”, sino por no alimentarse continuamente los gálatas de “la leche espiritual no adulterada” (1 Pedro 2:1-3) y del “alimento sólido” (Hebreos 5:11-14; 6:1-3) de la palabra de Dios.

-Amado hermano joven, surge, naturalmente, la pregunta: ¿Hasta qué medida está Cristo formado en usted? ¿En mí? ¿En todo cristiano del presente? ¿En todos nosotros que confrontamos hoy día una verdadera avalancha de sensualidad sin límites, sexo ilícito, pornografía, relaciones carnales aberrantes, hedonismo, obsesión con el cuerpo humano, sus gustos, placeres y pasiones físicas?  Si usted y yo no tomamos todas las medidas necesarias para que Cristo sea “formado” completamente en nosotros, seguramente seremos arrollados por esta avalancha, sofocados y sepultados bajo el suave pero grueso y aplastante manto arropador de pura carnalidad. Así, el alma será privada del oxígeno espiritual necesario para su sobrevivencia, muriendo en la frialdad y oscuridad de un entorno lúgubre sin santidad alguna.

-Segunda razón. La “nueva criatura” (2 Corintios 5:17) que salió de las aguas bautismales (Romanos 6:3-7), no siguió desarrollándose. Debía continuar renovándose “…hasta el pleno conocimiento” (Colosenses 3:9-10), pero se quedó en la etapa de la niñez –raquítico, desnutrido, como enano espiritual. Desde luego, el diablo, arremetiéndose airosamente con sus tentaciones seductoras, captura para sí, en un dos por tres, al “niño espiritual”, y ¡se lo come vivo! Como a usted. Como a cualquier cristiano niño.

-¿Cuán “pleno” es su “conocimiento” de la batalla recia, de vida o muerte, entre el bien y el mal. El propósito de Dios en nosotros los cristianos es “…que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera por todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error…” (Efesios 4:13-14). En cambio, el propósito de los depravados promotores y vendedores malvados de la pornografía es enredar “con astucia”, precisamente “…por estratagema de hombres”  y “…artimañas del error” del hedonismo, a incautos y débiles individuos, explotándolos, reduciéndolos a “…niños fluctuantes” y llevándolos no solo “doquiera” en esta vida sino eventualmente a los abismos de perversión, aun la que es “contra naturaleza”, deshonrando a sus propios cuerpos y “…recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío”, incluso enfermedades sexuales incurables (Romanos 1:21-32).

-Obvio será aun para el de poco discernimiento espiritual que jamás llegará al “…conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” aquel que invierta su valioso tiempo y maravillosos poderes de observación en la contemplación lujuriosa de la degradante pornografía, acto que suele ser preludio a fornicaciones, adulterios, ultrajes, pederastia y otros pecados sexuales. El tal siempre será niño fluctuante, hasta no adueñarse de sus impulsos, refrenándolos, disciplinándose con hombría y enderezando su andar temporal sobre el planeta Tierra.

-El apóstol Pablo asienta, guiado por el Espíritu de Dios, sanas directrices para la conducta moral del cristiano, haciéndolo “…para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones” (2 Corintios 2:11). ¿Qué le pasa, amado, usted que cede tan prontamente a las tentaciones de ver pornografía, fornicar y adulterar? ¿Acaso ignore usted completamente las “maquinaciones” de Satanás? Se supone que no, más sin embargo permite sí que él “…gane ventaja” sobre usted. Quizás su dilema se deba a la próxima razón.

-Tercera razón. No posee suficiente armadura espiritual, y consiguientemente, se encuentra prácticamente indefenso ante las tentaciones. “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. … Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” (Efesios 6:11, 13).

-Conforme presenta usted su lucha espiritual, llegan los días malos uno tras otro, y usted está ahí –en su trabajo, en su despacho, en sus momentos de ocio- espiritualmente desnudo ante “…todos los dardos de fuego del maligno” (Efesios 6:16), herido de muerte una y otra vez, al punto de sucumbir de una vez para siempre. ¿Qué le pasa? ¿Acaso nunca se haya hecho de ninguna pieza de “…la armadura de Dios”? El Espíritu Santo dice que le hace falta “toda la armadura de Dios”, como a todo cristiano, pero la impresión que transmite su comunicación es que no cuente usted con siquiera una pieza en buen estado y que no tenga destreza alguna en el manejo hábil de “…la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” (Efesios 6:17). A continuación, se anota un inventario de “toda la armadura de Dios”. Por favor, revise el listado, cotejando su propia armadura espiritual, de poseer alguna, con él.

-“…ceñidos vuestros lomos con la verdad

-“…vestidos con la coraza de justicia

-“…calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.

-“Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.

-“Y tomad el yelmo de la salvación

-“…y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios;

-“…orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu…

-“…y velando en ello con toda perseverancia…”

-Examinar esta armadura, entender la función de cada pieza, revestirse de todas las piezas, sin excepción, tomar “la espada del Espíritu”, y ejercitarse espiritualmente, con toda la armadura puesta, es deber tan imprescindible como sagrado de todo cristiano. ¿Y qué? ¿Acaso piense apagar en un santiamén “…todos los dardos de fuego del maligno” sin tomar, y saber usar, “…el escudo de la fe? Muerto será, y paja para el infierno, si se atreve a confrontar al “maligno” no teniendo puesta “toda la armadura de Dios”. Digo, en términos espirituales; en el plano espiritual donde se libra continuamente, en esta vida terrenal, el conflicto cruento y decisivo entre el bien y el mal.

-“¿Ahora qué debo hacer?”, pregunta usted.

-Una respuesta parcial acabamos de recibirla en Efesios 6:10-20, a saber: No solo tomar y hacer suyo “toda la armadura de Dios” sino también orar “en todo tiempo…”, y además, velar “…en ello con toda perseverancia…”. ORAR y VELAR. VELAR y ORAR. Escribir estos dos consejos, más bien, mandamientos, en su frente, entre sus dos ojos, en su corazón, en su mente, en el monitor de su computadora, en la pantalla de su televisor.

-Cuando asoma la tentación de ver pornografía, ¿qué cosa hace usted enseguida? En primer lugar, se supone que esté velando el posible acercamiento repentino de tal tentación, pues usted sabe que se trata de un punto moralmente débil suyo, y el diablo lo sabe también, y usted sabe que lo sabe él. Entonces, al sentir el más leve cosquilleo de la tentación, ahí mismo lo reconoce como tal, levantando al instante su guardia. Resistiendo, con voluntad resuelta, y no floja, como de niño. Usted es hombre. Pues, “…portaos varonilmente, y esforzaos” (1 Corintios 16:13). Baste ya de reacciones infantiles. “Me gusta el dulce. Dame el dulce. ¡Lo quiero en este instante! Y si está a mi alcance, ¡lo voy a tomar para mí, no importan las consecuencias!” Y así lo toma, y se lo devora, y sigue comiendo el mismo tipo de dulce, aunque enferme y, a la larga, mate su alma. Aunque cause sufrimiento indecible a sus seres queridos, a la iglesia, en el corazón de Dios mismo.

-Pero, supongamos que la tentación de ver pornografía venza su primera línea de resistencia, la de “VELAR”, ¿entonces qué? Pues, amado, ¡ORAR! Y seguir orando fervientemente “en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu…” Frente a la tentación. Confrontando valiente y obstinadamente la tentación. Orar sentado, parado, caminando, de rodillas; con fe y vigor. Frente a su computadora. Su laptop. Su ipad. El dispositivo electrónico cual sea que haga posible ver pornografía. ¡Tan cerca está la pornografía en el Internet! ¡Tal fácil de acceder! Cuando nadie esté cerca. En unos instantes, ¡y ya! Ahí está, ¡visible! Incitando a la lujuria, a la concupiscencia, a la fornicación, al adulterio, a otros pecados sexuales aún peores. Pero, amigo, hermano, ¡tan lejos, con tal de no presionar usted las teclas que impiden su repentina manifestación nefaria, nociva para su espíritu, que destruye relaciones sociales-sexuales sanas, que acaba con matrimonios y hogares, que abre paso a enfermedades sexuales contagiosas e incurables!

-“Resistid al diablo, y huirá de vosotros”, apunta Santiago (Santiago 4:7). Pero, ceder, débil y vergonzosamente, para gratificar sus pasiones ilícitas, ¡y será preso de él! Quizás eternamente. “Resistid” hoy, y mañana, y un día a la vez, orando, luchando con voluntad dispuesta, diciendo que “¡NO!”, todas cuantas veces haga falta, y tal vez llegue el día, a lo mejor más pronto que tarde, si usted pone de su parte, cuando se dé cuenta de que se haya retirado el diablo, es decir, que la tentación ni aún se presente. Entonces, su alma gozará de paz y sosiego. Pero, sepa usted que mientras ocupe cuerpo de sangre y carne, la tentación puede cobrar vida de nuevo, despertada por cambios hormonales en el propio cuerpo físico, o circunstancias maritales alteradas, o mujeres vestidas seductivamente, aun por el coqueteo sensual de alguna mujer atrevida en busca de aventuras amorosas. Así que, el buen soldado, vestido con “toda la armadura de Dios”, no baja la guardia hasta el final de su batalla espiritual.

-¿Ve usted pornografía en su computadora? Esto mismo es lo que hacen muchísimos, según encuestas a fondo. No faltando siquiera ministros de Dios, algunos de los cuales aprovechan la privacidad de su oficina para satisfacer clandestina y subrepticiamente “los deseos de los ojos” (1 Juan 2:15-17). ¿Qué se puede hacer al respecto? “Resistid al diablo” en el Internet. Poner entre usted y el Internet “…el escudo de la fe”. Tomar las medidas de rigor para que no salgan de la pantalla “…dardos de fuego del maligno”, los que, una vez lanzados, lleguen a sus ojos, penetrando a través de ellos hasta las entrañas de su cerebro, hiriendo de muerte al alma. “…dardos de fuego” de pasiones sexuales ardientes, las que excitan a la lascivia, a la fornicación, al adulterio. Si es casado, colocar bien cerca de su computadora, una fotografía de su esposa, y si tiene hijos, pues, de ellos también, pensando en el daño, tal vez irreparable, que los haga usted al serles infiel, bien sea mental y emocionalmente, o también físicamente. Controlar sus dedos en el teclado. Son suyos. ¿Con qué justificación permitir que presionen las teclas que acceden sitios pornográficos de Internet? ¿Acaso no tenga usted dominio sobre sus manos y dedos? No sea, pues, tan flojo de voluntad, tan egoísta o tan carnal. En fin, querida alma, “…no deis lugar al diablo” (Efesios 4:27). Consérvese puro y santo, ya que sin la santidad “nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14).

-Dios guarde sus pasos y proteja sus ojos del mal. “Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:20).

 

PD  Estudios sobre los “demonios” que atacan a los “siervos jóvenes de Cristo” se encuentran en la primera lección de Buenos ministros de Jesucristo.  www.editoriallapaz.org/BM_desglose_contenido.htm. Esperamos halle beneficiosas estas orientaciones.

 

Padre, ¿acaso permite que su hija adolescente, o hijo, esté a solas en su cuarto con una computadora para la cual no se hayan programado controles de ninguna clase? ¿Que tenga libre acceso al Internet? ¿No reconoce usted los peligros? O peor aún, ¿no le importan? ¿Cuán responsable se considera por la criatura que ha engendrado en este mundo y que va en pleno desarrollo?

Protegiendo a sus seres queridos contra los peligros del Internet, Wi-Fi, laptops, smart phones, Facebook y otros medios digitales. ¿Reconoce usted los peligros? ¿Tiene conocimiento de ellos? ¿O los ignora? ¿O no le importan? ¿Qué tal su responsabilidad de padre o madre? ¿Está dispuesto a educarse siquiera un poco en la tecnología de dispositivos digitales con el fin de identificar peligros y tomar medidas para proteger a sus seres amados? El autor de este artículo detalla y simplifica numerosas medidas. Puntos claves sobre el control y la disciplina que el padre debería imponer referente a teléfonos celulares, especialmente “smart phones”, computadoras, Wi-Fi, Facebook, iPad, juegos electrónicos, etcétera. Pasos a tomar, uno por uno, a nivel técnico.

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