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Eterna salud

Una gran columna en el cielo, con el glorioso espacio de trasfondo y una ave blanca arriba de la columna, ilustra el mensaje Eterna salud, en editoriallapaz.

 

Por Máximo O. Callao López

Lima, Perú

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El mundo es un enorme pero delicado paciente; su afección es demasiado complicada.

“Toda cabeza está enferma y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite” (Isaías 1:5-6).

 
Un ojo que derrama una lágrima grande, contra el cuadro del planeta Tierra, con sus continentes y mares, ilustra el tema Eterna salud, en editoriallapaz.
 

El diagnóstico es desfavorable, y la frase “buena salud”, está lejos de ser aplicada.

Cada ser humano es un mundo, dentro de este gran mundo enfermo. Unos se resignan a su condición; otros, con expectación y paciencia, esperan; y muchos, indignados, indagan: ¿Cuál es, cómo es y dónde está el origen de este mal?

Un escritor del pasado expresó su condición, diciendo: “Algunas veces estaba tan cansado del mundo, que deseaba morir, pero entonces recordaba que había un mundo peor después de este y que sería funesto para mí presentarme ante el Señor sin estar preparado para ello. En ocasiones llegué a pensar malvadamente que Dios era un tirano sin corazón, porque no contestaba a mi petición” (Biografía de Charles Spurgeon, Página 36).

Una y otra vez surge aquí la misma interrogante; sobre todo, cuando sufre el hombre sin culpa: ¿Por qué Dios no impide el mal y el dolor? ¿Por qué? Si no puede impedirlo entonces no es Todopoderoso. Si no quiere, entonces no es el buen Dios en quien se puede depositar toda confianza. ¡No! Esto significa concretamente, que por triste, absurda y desesperada que sea tu situación o mi situación, Dios está presente. Dios se halla en ella. No solo lo puedes encontrar en la luz y la alegría, sino también en la oscuridad, la tristeza, el dolor  y la melancolía. Este fue el caso de un hombre de antaño llamado Job, quien a causa del color que sufría, yacía en el polvo de la tierra, deseando partir al más allá. Prestemos atención:

“¿Por qué se da vida al hombre que no sabe por dónde ha de ir? Pues antes que mi pan viene mi suspiro, y mis gemidos corren como aguas. ¡Quién me diera que viniese mi petición, y que me otorgase Dios lo que anhelo, y que agradara a Dios quebrantarme; que soltara su mano y acabara conmigo!” (Job 3:23-24; Job 6:8-9).

 
En esta pintura, la esposa de Job le reconviene, instándole a negar a Dios y morir, illustración para el tema Eterna salud, en editoriallapaz.

 

Y, a lo que tuvo que enfrentarse fue a la soledad, lo que repercutió aún más en su estado. Abandonado de sus seres queridos, nuestro protagonista nos narra con gritos de desesperación:

“Mis parientes se detuvieron y mis conocidos se olvidaron de mí. Mi aliento vino a ser extraño a mi mujer, aunque por los hijos de mis entrañas le rogaba. Todos mis íntimos amigos me aborrecieron, y los que yo amaba se volvieron contra mi” (Job 19:14-19).

Tal abandono fue desleal, pero su enfermedad fue una oportunidad. Recapacitó y echó mano nuevamente de la esperanza, tomando fuerzas espirituales. Se elevó una vez más hasta la cima de los triunfadores, de aquellos que con lucha y tenacidad logran el premio. Resonó su voz en el eco de las montañas, alejándose a la distancia cual tañer de la melodía dulce de las campanas; porque su esperanza se fortalece al alcanzar salud en Dios antes que en los hombres, con estas palabras:

“¡Yo sé que mi redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios” (Job 19:25-27).

 
 
Esta fotografía de una dama joven recostada en un hospital mientras le atiende una enfermea, ilustra el tema Eterna salud, en editoriallapaz.
 

Al no ver el resultado positivo de tu salud, quizás puedas rebelarte contra un dios que reine más allá de todo sufrimiento, pero no contra el Dios que te puede revelar toda su compasión en el sufrimiento de Jesús. El amor de Dios no te preserva de todo sufrimiento, pero te preserva en todos los sufrimientos, superando tus frustraciones y proveyéndote resistencia y victoria en todas las desventuras de la vida.

Detrás de tu enfermedad física existe una enfermedad espiritual repugnante que ofende a Dios; tal dolencia ha herido tu alma y tu espíritu. Los médicos quedaron cortos con sus grandes conocimientos; la ciencia médica mostró su inutilidad para semejante caso, el cual es: el PECADO. Solo Dios puede mitigar el dolor y cerrar tal llaga; solo él tiene la fórmula y la prescripción para esta repugnante afección, pues aun el dicho antiguo nos dice: “No hay mal en la tierra que el cielo no pueda curar”.

 
Esta fotografía de una mujer joven triste, preocupada, quizás lamentando sus errores y pecados, ilustra el tema Eterna salud, en editoriallapaz.
 

Por esto dice nuestro Altísimo Jesucristo cuando se introduce al mundo:

“Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor” (Lucas 4:18-19).

Esta manifestación es una esperanza para esta sociedad carente de dirección, demacrada y sin ánimo, llorosa y sin consuelo, enferma, sin salud. Es consolación al pobre que está condenado a vivir la eterna soledad. Es faro cuando la frágil barquilla del hombre tiende a zozobrar en la oscuridad de alta mar. Es bálsamo para el enfermo deshauciado que está condenado a vivir el resto de sus días sin aliento ni esperanza. Para darnos salud él sufrió.

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestro dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por sus llagas fuimos nosotros curados” (Isaías 53:4-5).

 
En esta fotografía vemos a un hombre cabecibajo, como atribulado en su espíritu, tal vez a causa de sus pecados, fotografía para el tema Eterna salud, en editoriallapaz.
 

Estimado amigo, el individuo sin Dios es un tamo arrastrado por el viento, una nave extraviada en alta mar, un ser agonizante en la soledad y un pedazo de carne reducido a nada por el dolor. Cuando el hombre te fallare, Cristo estará contigo. Tu enfermedad es una oportunidad para que puedas elevar tu mirada hacia el cielo. Tu dolor es una alarma. Tu alma pide a gritos la presencia de su Creador en tu vida. Fija el ancla de tu fe a los pies del Calvario. Haz que nazca la luz divina en la oscuridad de tus noches, como dice el esperanzado: “No son eternas las horas ni eternas las desventuras; siempre a las noches oscuras siguen las blancas auroras”.

 
Esta fotografía capta una escena en una sala de operaciones, donde cirujanos, con sus asistentes, ejecutan una operación, fotografía para el tema Eterna salud, en editoriallapaz.
 

Tu sufrimiento está inmerso en Dios y puede convertirse en encuentro con él. No conozco ningún camino que lleve a Dios sino el sufrimiento de Cristo y tu sufrimiento. En este trance entran las dudas y afirmaciones acerca de un Dios. Si tu afirmación es concreta sobre este Dios misericordioso y vas a su encuentro, él en persona estará contigo y será tu Dios. Él enjugará tus lágrimas; además, en la ciudad celestial ya no habrá dolor, muerte, luto ni llanto, pues lo de antes habrá pasado y será ¡ETERNA SALUD!

Por lo tanto, te instamos a procurar hoy mismo la salud espiritual para tu alma, conforme al mandamiento del Señor:

“El que creyere y fuere bautizado será salvo…” (Marcos 16:15-16).

Y, el Espíritu Santo añade:

“Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para el perdón de pecados” (Hechos 2:37-38).

Cuando obedezcas este mandamiento celestial tu alma gozará de salud, de salvación. ¡Ven ahora! Acércate a nosotros. Llámanos. Escríbenos. Buscaremos todos juntos ¡ETERNA SALUD!

 

 

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