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-Diez páginas

Análisis del pentecostalismo, y de la naturaleza, el propósito y la duración de los dones sobrenaturales.

“Falsificando la firma de Dios”

Por Héctor Hernández Osses

Temuco, Chile
 


Este estudio fue publicado en la Edición 43, de la revista
“La iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de La Verdad
,
editada por Héctor Hernández Osses.

Permiso del autor conseguido para su publicación en www.editoriallapaz.org. 
Copiado electrónicamente de una archivo suplido por el autor.

Contenido

-Editorial

-La confirmación de la Palabra por medio de prodigios y señales

-Las señales de confirmación

-Los antiguos fundamentos

-Cristo, la confirmación final

-Los prodigios y señales: la firma de Dios

-La confusión pentecostal y carismática

-El síndrome de: “Dios me dijo”

-Las señales versus los milagros

-Falsificando la firma de Dios

-Las lenguas: una señal de confirmación y de juicio solo para los judíos

-Las lenguas en la débil iglesia de Corinto

-La confusión pentecostal y carismática aumenta

-El bautismo del Espíritu Santo

-La pentecostalización de las iglesias evangélicas

-Las señales y prodigios de Satanás

EDITORIAL

El movimiento carismático y las iglesias pentecostales son sistemas de religión sin teología (sistemática), sus creencias son el fruto del pensamiento subjetivo (i.e., lo que el Espíritu Santo supuestamente los guía a hacer y decir), y bajo este abstracto e infundado enfoque a la fe cristiana se controla casi toda la actividad de la iglesia. La Biblia llega a ser sólo un accesorio más de su fe, porque Dios se revela a ellos directamente a través de su Espíritu; por esto, estos sistemas de religión son subjetivos en naturaleza.

Pocos ven lo dañino y herético de esta orientación religiosa que socava los fundamentos de la fe cristiana: "La autoridad de la Palabra de Dios", porque establece nuevos estándares de verdad; en este caso, la experiencia y el pensamiento subjetivo, contrastándose con la objetividad de la Palabra de Dios, único medio por el cual Dios revela su voluntad al hombre. La Palabra es el estándar absoluto, inmutable, infalible, y universal para determinar su voluntad, que es verdad o error, que es espiritual o carnal.

           Estos movimientos religiosos hacen un ejercicio teológico inverso. Manipulan la Biblia para corroborar o validar la experiencia subjetiva, en vez de usar la Biblia para colar o filtrar la experiencia, llegando a ser la experiencia el estándar absoluto de verdad y no la verdad objetiva de la Biblia, produciendo un problema de efecto domino: Al no haber teología sistemática, la diversidad y la ambigüedad doctrinal reina, y al reinar "todo viento de doctrina", el cisma es inevitable, y con ello la proliferación indiscriminada y descontrolada de nuevas denominaciones, empezadas por “ungidos de Dios”, guiados por el “Espíritu” y que terminan por destruir más el deteriorado testimonio de Dios y la credibilidad del mensaje evangélico. 

LA CONFIRMACIÓN DE LA PALABRA POR MEDIO DE PRODIGIOS Y SEÑALES

La confirmación de la Palabra de Dios por medio de señales y prodigios divinos es una doctrina bíblica ignorada, y esto ha debilitado la autoridad y credibilidad de la Palabra y ha producido generaciones de cristianos con un enfoque subjetivo a la fe cristiana basada en la “experiencia carismática personal” y no en la autoridad final de la Palabra de Dios.

Lo que distingue a la Biblia de todo el resto de los libros que reclaman procedencia “divina” es que ella lleva un sello que ningún otro documento posee. Los milagros, prodigios, y señales que acompañaron la producción de la Biblia en el transcurso de la historia, fueron una marca sobrenatural y una característica única de la Escritura inspirada, que categórica e indubitablemente establece que su procedencia es Divina. Dios estampó su firma, confirmando su Palabra con señales y prodigios portentosos para la credibilidad de su mensaje y para establecer un testimonio perpetuo de su Nombre en esta tierra.  

LAS SEÑALES DE CONFIRMACIÓN

El evangelio de Marcos en el Nuevo Testamento lista una serie de señales y prodigios sobrenaturales, entre los cuales encontramos la expulsión de demonios, las lenguas, inmunidad a venenos, y la sanidad de enfermos: “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” (Marcos 16:17,18)

            Hasta aquí el pasaje pareciera estar diciendo que estas señales iban a ser una marca perpetua para todos los creyentes en todo tiempo, pero en el último versículo de este libro dice: “Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén” (Marcos 16:20).

            Las señales encontradas en Marcos tenían como objetivo fundamental confirmar la Palabra; ellas fueron utilizadas por Dios para corroborar que el evangelio y sus escritores eran una obra de Dios, y una vez que la Palabra fue confirmada o acreditada, vino el cierre del canon del Nuevo Testamento (Apocalipsis 22:18,19), y las señales de confirmación cesaron por cuanto ya habían servido a su propósito.

            El Nuevo Testamento es categórico en establecer que las señales y prodigios mencionados en el libro de Marcos eran para confirmar o validar la Palabra de Dios:

“Por tanto, se detuvieron allí mucho tiempo, hablando con denuedo, confiados en el Señor, el cual daba testimonio a la palabra de su gracia, concediendo que se hiciesen por las manos de ellos señales y prodigios” (Hechos 14:3). “¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad” (Hebreos 2:3,4).  

LOS ANTIGUOS FUNDAMENTOS

            La confirmación de las Escrituras por medio de señales y prodigios es un fenómeno que tiene sus fundamentos en el Antiguo Testamento, cuando Dios, por primera vez decidió poner por escrito Su Palabra, siendo Moisés el instrumento escogido para producir la primera Escritura Sagrada.

            Todo israelita presenció las diez plagas en Egipto (Éxodo 7-10), la muerte de los primogénitos egipcios (Éxodo 11-12), la apertura del Mar Rojo (Éxodo 14), el maná (Éxodo 16), la roca de la cual salió agua (Éxodo 17), la promulgación de la ley acompañada de truenos, relámpagos, y una espesa nube sobre el monte Sinaí (Éxodo 19-20), confirmando a Moisés como el primer escritor sagrado: “Entonces Jehová dijo a Moisés: He aquí, yo vengo a ti en una nube espesa, para que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo, y también para que te crean para siempre” (Éxodo 19:9).

            Debido a estas señales y prodigios, el ministerio de Moisés jamás fue cuestionado en la historia judía, su credibilidad y reputación se ha mantenido incólume a través de los siglos: “Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros, discípulos de Moisés somos. Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ése [Cristo], no sabemos de dónde sea” (Juan 9:28,29). Y de la misma forma, la credibilidad, reputación, y autoridad de la Biblia perdura gracias a las señales y prodigios que la confirmaron. 

CRISTO, LA CONFIRMACIÓN FINAL

            La más grande y maravillosa obra de confirmación de las Sagradas Escrituras vino a través de la persona, palabra, y obra de Jesucristo. Dios confirmó el ministerio de Cristo con prodigios y señales extraordinarios para la credibilidad de su mensaje: Dios le habló desde los cielos y todo el pueblo escuchó la voz (Mateo 3:17; Juan 12:28); el Señor resucitó a Lázaro, después de cuatro días (Juan 11); dio vista a ciegos de nacimiento (Juan 9), curó todo tipo de enfermedades, etc.

            El Señor, además dijo que si no creían a su Palabra, debían creer a sus obras: “Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre” (Juan 10:37,38). La manifestación de señales y prodigios era la marca divina y que autentificaba la Palabra, persona, y obra de Jesucristo: “Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él” (Juan 3:1-2). Claro está que la manifestación de señales por parte de Cristo fue prolífica (Hechos 2:22), y corroboraban quien decía ser: “El hijo de Dios, el Cristo, Dios hecho carne”; y su resurrección de entre los muertos, testificada por más de quinientas personas (1Corintios 15:6), fue la prueba definitiva e indiscutible que sus reclamos eran ciertos.            

LOS PRODIGIOS Y SEÑALES: LA FIRMA DE DIOS

Los prodigios, señales, y maravillas hechas por Dios en el transcurso de la historia de la redención, tenían como propósito específico confirmar la Palabra, y también el ministerio de los agentes quienes iban a producirla. Esto queda de manifiesto cuando Cristo continuó con el fenómeno de la confirmación de la Escritura después de su ascensión a la diestra de Dios, confirmando el ministerio de los apóstoles quienes iban después a escribir el Nuevo Testamento, permitiendo que se hiciesen por medio de ellos, señales y prodigios (Hechos 2:43; 4:30; 5:12; 8:13; 14:3; 15:12), y una vez que la Palabra fue confirmada, Dios cerró el canon de las Sagradas Escrituras para establecer un testimonio inmutable, eterno, y creíble de su voluntad a todas las generaciones. ¡Ningún otro libro “sagrado” lleva tan magníficas credenciales! ¡Sólo la Biblia lleva la firma del único Dios verdadero! 

LA CONFUSIÓN PENTECOSTAL Y CARISMÁTICA

El pentecostalismo y el movimiento carismático, mal entendiendo el propósito de las señales y prodigios, han transformado la fe cristiana en un “circo”; haciéndoles creer a los incautos que estas señales sobrenaturales han estado siempre vigentes para todo cristiano y en todo tiempo por el sólo hecho de creer: “Y estas señales seguirán a los que creen…”. El pasaje no dice que estas señales son para todo tiempo, pero sí dice que son para confirmar la Palabra (Mr.16:20), y la Palabra ya está confirmada, y el canon de las Escrituras cerrado.

            No entender que estas señales eran temporales y que sólo sirvieron para confirmar la Palabra ha producido excesos carismáticos y confusión en las filas evangélicas por décadas. Muchos creen que las lenguas, son una señal de mayor espiritualidad, una segunda bendición dicen otros, pero no entienden que reclamar estas señales de confirmación en la actualidad, es ponerse a la misma altura de Moisés, Cristo, y los apóstoles, socavando la autoridad de la Palabra de Dios, reabriendo el canon de las Sagradas Escrituras el cual el Señor ya cerró de una vez y para siempre. 

EL SINDROME DE: “DIOS ME DIJO”

¿Quién no ha escuchado alguna vez, en ámbitos evangélicos, decir a alguien la expresión: “Dios me dijo”. Ahora bien, la cuestión es cómo Dios le dijo. Si alguien dice: “El Señor me dijo en sueños que hiciera esto o aquello”, no existen razones para creer tal cosa. Si otro dice que tuvo una visión y que el Señor le reveló algo, tampoco es creíble. Y si otro dice que el Señor, María, o un ángel del cielo se le apareció para revelarle personalmente ciertas verdades, eso es pura fantasía, porque el Nuevo Testamento establece que estas formas de revelación pertenecían a la dispensación del Antiguo Testamento, pero ahora en el Nuevo Testamento Dios se revela por medio de su Hijo, quien escogió hombres para producir las Sagradas Escrituras del Nuevo Testamento y revelar su voluntad, confirmándolas con prodigios y señales para perpetua credibilidad del mensaje: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo…” (Hebreos 1:1,2).

No obstante, si alguna persona dice: “Leyendo las Escrituras y por medio de ellas Dios me reveló la necesidad de arrepentirme, unirme a una iglesia bíblica para servirle; o cualquier otra verdad con fundamento bíblico”; eso está bien, porque a través de la Escritura Cristo revela su voluntad.

Ahora bien, un cristiano maduro puede con mayor facilidad determinar cual sea la voluntad de Dios en todos los aspectos de su vida, porque opera sobre la base de principios bíblicos, velando primero por lo que es más ventajoso para el reino de Dios que sus propios intereses; sus sentidos están ejercitados y entrenados en la obediencia a la Palabra de Dios (Hebreos 5:11-14), pero reclamar que Dios se revela por otros medios que no sean su Palabra, en el mejor de los casos es ignorancia. 

LAS SEÑALES vs. LOS MILAGROS

Gran parte de la confusión que existe en el mundo carismático es producto de no saber diferenciar ni distinguir entre lo que es una señal y lo que es un milagro. El milagro es un concepto más general y se puede definir como cualquier suceso sobrenatural, extraordinario y maravilloso de origen divino; en cambio, una señal, aunque tiene el mismo elemento sobrenatural, tiene una connotación diferente, puesto que su propósito específico es confirmar algo o alguien. Toda señal es un milagro, sin duda, pero no todo milagro es una señal. En el caso de las señales del Nuevo Testamento eran para confirmar la Palabra de Dios (Marcos 16:20), no obstante, también ocurrieron milagros discretos, sin el elemento espectacular que era propio de las señales, para proteger, socorrer o sanar alguna persona. Un milagro puede ser imperceptible para los demás, pero no por eso menos glorioso, por ejemplo: El caso de la mujer que fue sanada del flujo de sangre que padecía por largo tiempo (Lucas 8:42b-48). Nadie percibió la realidad de ese milagro al instante de ser realizado, y si Cristo no revela la situación, exigiendo saber quien lo había tocado, nadie habría sabido de esta maravillosa sanidad. Este era indiscutiblemente un milagro, no menos impresionante que una señal, pero no tenía el propósito de confirmar nada ni a nadie, sino sólo sanar a una hija de Abraham que llevaba sufriendo de este azote por doce años. Los milagros son un medio providencial por medio del cual Dios actúa para sanidad o ayuda de alguien, según el puro afecto de su voluntad.

Si Dios hubiera querido hacer notorio este suceso, porque tenía planes de hacer de esta mujer un mensajero especial para llevar a efecto algún propósito específico en su plan redentivo; sin duda, el Señor habría hecho algo espectacular para que no le quedara duda a ninguno de los presente que ésta era la mujer que había escogido para llevar a cabo sus planes, como lo fue en el caso de Moisés (Éxodo 19:9), y de Cristo (Mateo 3:16,17), pero no fue así, sino que Dios actuó discretamente, trayendo sólo sanidad a esta acongojada mujer. Por lo tanto, la palabra “milagro” no es un concepto análogo al término “señal”, puesto que un milagro puede pasar inadvertido para el resto de las personas que están presentes, y además, estos sucesos providenciales siempre estarán presentes en la agenda de Dios; en cambio, una señal es por naturaleza sensacional y espectacular, y tiene el propósito de confirmar algo o alguien, como lo es el caso de las Escrituras, la casa de Dios, y los hombres elegidos por Dios para el cabal cumplimiento de su eterno propósito en Cristo Jesús, y una vez que estos agentes fueron confirmados, las señales carecieron de significado y propósito. 

FALSIFICANDO LA FIRMA DE DIOS

La Biblia es explícita en establecer que estos dones sobrenaturales eran para confirmar la Palabra: “Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían” (Léase Marcos 16:17,18,20); y la Palabra de Dios ya fue confirmada (Hechos 14:3; He. 2:3,4); y el canon de la Escritura Sagrada fue cerrado para siempre (Apocalipsis 22:18,19) [véase artículo La Confirmacion De La Palabra Por Medio De Prodigios Y Señales].

En la actualidad hay una elite de pentecostales y carismáticos que promueven este tipo de manifestaciones extáticas e influencian a sus seguidores a buscarlas, pero no han meditado en la gravedad de las implicaciones de reclamar estos dones sobrenaturales de confirmación.

Dentro de la gran variedad de señales y prodigios de confirmación encontrados en el Nuevo Testamento, como dar vista a ciegos, hacer andar paralíticos, resucitar muertos, etc., se imitan aquellas señales de sanidad de imposible verificación, y el agónico ejercicio psicológico de tratar de “hablar en lenguas desconocidas o angelicales” que desconciertan y confunden a todos los presentes, pero:

1.  Reclamar o intentar imitar estos dones de confirmación en la actualidad es socavar lo excepcional y único de la obra sobrenatural que Dios utilizó para confirmar su Palabra, y el ministerio de aquellos que la pusieron por escrito (Moisés y los escritores del Nuevo Testamento).

2.  Reclamar o intentar imitar estos dones de confirmación en la actualidad es destruir el testimonio de Dios, porque se intenta falsificar la firma de Dios con ridículas y baratas imitaciones de milagros. Las señales y prodigios eran el sello de Dios que acreditaba su Palabra y autentificaba a sus escritores.

3.  Reclamar o intentar imitar estos dones de confirmación en la actualidad es promover la reapertura del canon de las Sagradas Escrituras para poner las palabras de aquellos que reclaman estos dones sobrenaturales a la misma altura que la de Moisés y los apóstoles de Cristo.

4.  Reclamar o intentar imitar estos dones de confirmación en la actualidad es, en resumidas cuentas, unirse al diablo en su campaña por destruir la autoridad y credibilidad de la Palabra de Dios, poniendo a la par las poderosas señales que acompañaron la confirmación de las Escrituras con las débiles y fraudulentas señales de los charlatanes modernos.

5.  Reclamar el don de sanidad en la actualidad es una impiedad y crueldad muy grande no estar trabajando en un hospital, clínica, o consultorio médico, porque si se posee este maravilloso don es una obligación moral frecuentar centros de atención medica; pero muy por el contrario, aquellos que están involucrados en esto buscan ambientes controlados, con cámaras de televisión y parafernalia, y cientos de crédulos incautos que angustiados por su dolencia buscan un milagro.

            Las implicaciones son graves y traen consigo severas consecuencias (léase Apocalipsis 22:18,19); por lo tanto, compete a todo individuo probar si los espíritus son de Dios o no. “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1Juan 4:1). Y la única forma de probar los espíritus es a la luz de la infalible e inerrante Palabra de Dios, estándar absoluto de verdad, confirmada con portentosos prodigios y señales para que nadie dudara de su origen divino. 

LAS LENGUAS:
Una Señal de Confirmación y de Juicio sólo para los Judíos

            En el listado de “señales” encontradas en el evangelio de San Marcos 16:17,18,20, encontramos el fenómeno de las “lenguas” presente, pero nótese que ellas eran sólo una parte del gran bloque de señales que Dios utilizó para confirmar la Palabra, y es lógico asumir que una vez que la Palabra fue confirmada y validada de forma única y excepcional, todas estas señales perdieron totalmente su propósito. En la medida que el cierre del canon de las Sagradas Escrituras se acercaba, también se acercaba el ocaso de todas estas magníficas obras de confirmación cuyo cumplimiento se da en la era apostólica, y cuyo registro se encuentra, en gran parte, en el libro de los Hechos de los Apóstoles.

            El primer caso donde se habló en lenguas es en el día de Pentecostés en Hechos 2:1-4. Pentecostés fue la ocasión en la cual Dios confirmó públicamente la iglesia como la casa de Dios (1Timoteo 3:15) para esta dispensación con la señal de las lenguas, y puso su mano poderosa sobre los apóstoles para que dieran testimonio de la verdad con prodigios y señales; y así abrirse paso ante un mundo hostil.

            El pasaje dice: “...y comenzaron a hablar en otras lenguas” (versículo 4b); es decir, en otros idiomas que no fueran su idioma nativo (hebreo). La expresión “lenguas” o lenguaje también es utilizada en los versículos 6 y 11: “...y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua... cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios”; dando a entender que el milagro de las lenguas ocurrido en Pentecostés era simplemente hablar en un idioma diferente, un idioma que jamás estudiaron. El carácter milagroso de las lenguas se demostraba en que gente inculta era sobrenaturalmente capacitada para hablar en un idioma desconocido para ellos. Esta señal testificaba a todo el mundo que Dios estaba con ellos, una señal que ahora nadie podía negar ni cuestionar.

            Un caso similar ocurrió en casa de Cornelio en el que Pedro no vaciló en conectar las lenguas ahí ocurridas con lo sucedido en Pentecostés (Hechos 10:44-47).

            Otro caso en el cual el fenómeno de las lenguas estaba presente es en el caso de Pablo con los supuestos discípulos de Apolos (Hechos 19:1-7). Por lo tanto, no existe ninguna razón para creer que las lenguas eran manifestaciones verbales sin significado; “jerigonza”, como se estila en ambientes pentecostales y carismáticos.  

LAS LENGUAS EN LA DÉBIL IGLESIA DE CORINTO

            El libro de Primera de Corintios también aporta significativa información acerca del fenómeno de las lenguas, pero antes de introducirnos en este estudio es importante advertir que esta iglesia no estaba entre la “elite” más espiritual de las iglesias del Nuevo Testamento que existía en la era apostólica. Esta iglesia tenía serios problemas.

Pablo exhorta a evitar excesos y reprime manifestaciones de falsa espiritualidad, recomendando el amor por sobre los demás dones espirituales, y enfatizando la superioridad de la profecía por sobre las lenguas; exigiendo además, que todo se hiciese “decentemente y en orden” (1Corintios 14:40), “para que en todo adornen la doctrina de Dios” (Tito 2:10).  

PRIMERA DE CORINTIOS 12

            Este pasaje describe la unidad del Espíritu y la variedad de los dones espirituales para la edificación del cuerpo de Cristo. En relación al fenómeno de las lenguas, el pasaje dice: “...diversos géneros de lenguas” (versículo 10c); es decir, diferentes tipos de idiomas; por lo tanto, el lenguaje sigue siendo consistente en el hecho que las lenguas que Pablo menciona aquí son idiomas, tales como Inglés, Francés, o Alemán, y esta verdad se hace más obvia cuando Pablo exige interpretación para estas lenguas. No existe fundamento bíblico todavía para creer que las lenguas a las que hace mención o referencia Pablo, en este pasaje, eran de otra naturaleza que las encontradas en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Por lo tanto, es perfectamente deducible que estas lenguas son simplemente idiomas.

            A medida que nos acercamos al capítulo trece, Pablo nos introduce un camino mejor: “Mas yo muestro aún un camino más excelente”, el amor. En el apogeo y sensacionalismo de estos dones sobrenaturales, Pablo se da espacio para poner en orden de importancia los dones del Espíritu, clasificando el amor en primer lugar, seguido de la fe y la esperanza (13:13). Estas palabras de Pablo parecen ser un esfuerzo para desviar la atención de los Corintios de aquellos dones temporales, y estimular a la búsqueda de aquellos dones superiores y permanentes, para que cuando llegara el ocaso de estos dones sobrenaturales no colapsara la débil fe de muchos de estos hermanos. 

PRIMERA DE CORINTIOS 13

            Pablo, en el capítulo trece, describe la importancia, la permanencia, y la trascendencia del amor en todos los aspectos de la vida cristiana, y además profetiza en el más claro de los lenguajes la defunción de los dones sobrenaturales, entre los cuales encontramos el fenómeno de las lenguas. “El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará” (1Corintios 13:8).

Las lenguas proveían sólo un conocimiento parcial de la voluntad de Dios en una situación determinada, “en parte conocemos” (versículo 9),  pero una vez que se compiló toda la Palabra, todo este tipo de revelaciones sobrenaturales ya no se necesitaron más, ahora todos los escritos que componen el Nuevo Testamento revelan la voluntad de Dios de una manera completa, ya no una revelación parcial o un conocimiento “en parte”, sino una revelación completa, objetiva, y fidedigna, un documento sagrado confirmado con prodigios y señales para que no le quedara duda a ningún mortal, hasta el día final, de la autoridad, legitimidad, y veracidad de Su Palabra. 

PRIMERA DE CORINTIOS 14

No toma mucho tiempo determinar que el capítulo 14 de Primera de Corintios es simplemente una reprensión a los excesos, desordenes, e inmadurez de esta iglesia. Da clara impresión que estos dones sobrenaturales le estaban inflando el ego a muchos hermanos y, sin duda, esto estaba generando competencia y celos entre ellos para ver quien era más espiritual en la iglesia, abusando del don de las lenguas (1 Corintios 3:3). El desorden y la confusión que esto producía estaba dañando la imagen de la iglesia ante el mundo incrédulo; y por esto, Pablo intenta regular el uso de este don para evitar los excesos y desordenes.

En los versículos 21 y 22, Pablo procede a explicarles que las lenguas eran también una señal de juicio para los judíos (Véase Isaías 28:11,12); juicio que tuvo su cumplimiento en el año 70 d.C. con la destrucción de Jerusalén por los romanos.

En conclusión, las lenguas eran una señal de confirmación de la Palabra de Dios, y también una señal de juicio para los judíos. ¡Qué utilidad podría tener este don ahora a casi dos mil años de su extinción! 

LA CONFUSIÓN PENTECOSTAL Y CARISMÁTICA

            El llamamiento cristiano es a creer en Dios, no a sentirlo (sensorialmente). La naturaleza caída del hombre siempre ha querido conocer a Dios subjetivamente a través de los sentidos, de la experiencia religiosa, pero Dios sólo puede ser conocido por medio de la fe, no por vista, ni por ningún otro sentido. La fe es la puerta que nos lleva al conocimiento de Dios y la verdad, y la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios (Romanos 10:17). Dios se comunica con el hombre por un único medio objetivo de revelación, su Palabra.

Desafiamos el enfoque subjetivo del mundo pentecostal y carismático en su afán de querer justificar y legitimizar estas experiencias religiosas extáticas (de éxtasis), como manifestaciones del Espíritu Santo en sus iglesias como las lenguas, la danza, la risa santa, y otras payasadas, que socavan el testimonio de Dios y destruyen los fundamentos de la fe cristiana.

Estas manifestaciones extáticas que pretenden pasar por obra del Espíritu Santo, son simplemente demostraciones sensacionalistas de almas inestables, psicológicamente perturbadas, o mal guiadas, que por no estar satisfechas con la plenitud y objetividad de la Palabra de Dios, buscan estas manifestaciones raras para liberar tensiones, o bien, para querer añadirle credibilidad a la Palabra de Dios.

La parafernalia carismática sensacionalista no pasa la prueba de la Biblia. La Biblia es el estándar para evaluar los espíritus (1Juan 4:1), y el espíritu de estas manifestaciones no se ajustan a las enseñanzas del Nuevo Testamento; es más, tienden a desacreditar la excepcionalidad de las señales que sirvieron para confirmar el Nuevo Testamento, y una vez que el canon de las Escrituras se cerró, estas señales cesaron, pues ya habían cumplido su propósito: "...pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas" (1 Corintios 13:8). 

EL BAUTISMO DEL ESPÍRITU SANTO

            El “bautismo del Espíritu Santo” es una doctrina bíblica que ha sido mal interpretada por gran parte del mundo evangélico de corte pentecostal, y está produciendo excesos de tipo carismático, y al mismo tiempo crea un estado de confusión y división que estropea aún más la ya deteriorada imagen que presenta la cristiandad contemporánea.

            La expresión “el bautismo del Espíritu Santo” es primeramente mencionada por Juan el Bautista en los evangelios, otra vez dicha por el Señor en el libro de los Hechos, y finalmente es utilizada por el apóstol Pedro (Mateo 3:11; Marcos 1:8; Lucas 3:16; Juan 1:33; Hechos 1:5; Hechos 11:16).

            Ahora bien, ¿qué es “el bautismo del Espíritu Santo”? “El bautismo del Espíritu Santo” fue una obra de Dios institucional múltiple ocurrida en Pentecostés para confirmar y dar poder a la iglesia que Jesús había edificado durante su ministerio terrenal, validando el ministerio de los apóstoles quienes eran parte de la iglesia, y que iban a producir gran parte de las Escrituras del Nuevo Testamento, confirmándolas por medio de señales, entre las cuales encontramos las lenguas. Dios, en el día de Pentecostés, iba a testificar al mundo que la institución de la iglesia iba a ser el instrumento para representar su Nombre en esta tierra, ella iba a ser “la casa del Dios viviente columna y baluarte de la verdad” (1Timoteo 3:15), en un nuevo formato, ya no de roca y mármol, sino de “piedras vivas” para ser edificadas como casa espiritual y sacerdocio santo (1 Pedro 2:5). El Señor no quería dejar dudas a nadie con respecto a la autenticidad y divinidad de la nueva institución que había edificado y que esperaba confirmación para efectos de testimonio (véase Hechos 2:1-4).

            “El bautismo del Espíritu Santo” en el día de Pentecostés era el cumplimiento de la profecía de Joel: “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones” (Joel 2.28).

            Por lo tanto, la expresión “derramaré mi Espíritu” encontrada en el Antiguo Testamento es análoga a la expresión “el bautismo del Espíritu Santo” en el Nuevo Testamento. Ambas frases tienen la misma connotación e ilustran el fenómeno de la confirmación de la iglesia y los apóstoles del Señor en el día de Pentecostés con la señal de las lenguas.

Ahora bien, la autentificación de la iglesia y la validación del ministerio de los apóstoles iban a ser una obra única y perpetua, pero aún quedaba pendiente la inclusión de los gentiles a la iglesia para sellar la completa obra de confirmación. Pedro conecta lo sucedido en la casa de Cornelio con lo que pasó en Pentecostés (Hechos 11:15-17), estableciendo un vínculo indivisible con la iglesia ya confirmada el día de Pentecostés en Jerusalén (léase Hechos 10:44-48).  Todo esto era una sola obra de Dios, en donde ahora confirmaba la inclusión de gentiles a la iglesia para establecer un solo lugar donde el gentil y el judío pudieran servir juntos al Señor, derribando la pared intermedia (Efesios 2:14). Era importantísimo que Dios diera testimonio a los judíos que los gentiles también podían ser parte de la casa de Dios y servirle en igualdad de condiciones. Pedro ya había sido advertido en una visión acerca de la universalidad del mensaje del evangelio (Hechos 10:9-17), y al ver esta clara señal de Dios que impartía a los gentiles los mismos dones que habían experimentado en Pentecostés procedió a bautizarlos inmediatamente, haciéndolos parte de la iglesia.

Dios, con este evento concluía la confirmación de la iglesia y noticiaba al mundo y a los judíos que este era el lugar por medio del cual se iba a representar, este lugar era ahora la casa de Dios en esta última etapa de representación ante el mundo. En el tabernáculo y en el templo Dios había hecho descender su gloria shekina para efectos de confirmación, pero en esta particular ocasión Dios había derramado de su Espíritu autentificando este nuevo formato para la casa de Dios. Este era un diseño más efectivo y de cobertura mundial que iba a hacer notorio su nombre universalmente: “Y verán todos los pueblos de la tierra que el nombre de Jehová es invocado sobre ti, y te temerán” (Deuteronomio 28:10). En esta nueva institución no iba haber acepción de personas, todos (judío y gentil) podrían llevarle ofrendas de paz a Dios y ser aceptados. Por lo tanto, el bautismo del Espíritu Santo es una obra institucional concluida, irrepetible, pero con efecto continuo y perpetuo en la institución de la iglesia del Nuevo Testamento. En la iglesia del Nuevo Testamento reposa la autoridad de lo alto, sólo ella lleva la firma de Dios en esta tierra para llevar a efecto oficialmente la Gran Comisión, y todo aquel que quiera la autoridad de Dios en su ministerio debe unirse a la institución que fue milagrosamente confirmada con señales y prodigios en el día de Pentecostés. 

¿CÓMO ES BAUTIZADA UNA PERSONA CON EL BAUTISMO ESPÍRITU SANTO?

  Todo aquel creyente que se une, por el bautismo en agua, a una iglesia verdadera (bíblicamente constituida) es automáticamente bautizado con el bautismo del Espíritu Santo, puesto que pasa a ser parte de la institución que ya fue confirmada y autentificada en Pentecostés.  

LO QUE NO ES EL BAUTISMO DEL ESPÍRITU SANTO

            Ahora bien, gran parte del mal entendido se debe a dos razones: 1) La gente confunde la doctrina del Espíritu Santo morando en el creyente con el bautismo del Espíritu Santo, y 2) no entiende la suficiencia de la regeneración, la justificación por fe, y la justicia de Cristo imputada al creyente. El Espíritu Santo mora en el creyente en el momento de la conversión, pero eso no tiene nada que ver con la doctrina del bautismo del Espíritu Santo.

La regeneración y la doctrina del bautismo del Espíritu Santo son cosas completamente diferentes; una, es una obra redentiva donde el Espíritu Santo hace morada en el corazón del creyente para impartir vida eterna, y la otra es una obra eclesiástica institucional de confirmación de la iglesia, la casa de Dios, en esta dispensación para representación del Nombre de Dios en esta tierra. 

LA PENTECOSTALIZACIÓN DE LAS IGLESIAS EVANGÉLICAS

          Desde hace décadas que todas las iglesias evangélicas en todas partes del mundo han sido influenciadas, en mayor o menor grado, por el subjetivismo de la visión “cristiana” pentecostal. El pentecostalismo carece de estructura doctrinal o teológica, opera sobre la base de la experiencia subjetiva, y sus adeptos son guiados a buscar la experiencia del “bautismo del Espíritu Santo”, acompañada del hablar en lenguas y otras manifestaciones extáticas. Se ajusta y adapta a cualquier iglesia que no tenga una doctrina bíblica bien definida o claras convicciones teológicas. Imperceptiblemente invade la congregación y con los años se asimila a ella y crece para formar creyentes con un enfoque completamente subjetivo a la fe cristiana, no basado en la verdad objetiva de la Palabra de Dios, quienes buscan experimentar y sentir (sensorialmente) a Dios en vez de creer a su Palabra como la única fuente de verdad y autoridad teológica.

Este ambiguo ambiente “cristiano” carismático es caldo de cultivo para la proliferación de los famosos “profetas de la prosperidad”, “apóstoles”, y el caricaturezco personaje con el síndrome del “ungido de Dios” que casi siempre viene con el "don de sanidad" incorporado que promueve el servilismo incondicional de los feligreses en congregaciones de gente bien intencionada, víctima de esta tendencia religiosa.

           Estos son los excesos producidos por sistemas de religión no basados en la Palabra de Dios, sino en la subjetividad de sus experiencias religiosas como los sueños, las visiones, y hasta apariciones, quienes subyugan a sus súbditos con la máxima: "Dios me dijo que hicieran esto y aquello". Estos sistemas religiosos están lejos de lo que Dios espera de una iglesia, y además promueven la heterodoxia doctrinal, el cisma, el servilismo, y socavan la autoridad y credibilidad de la Palabra de Dios, fundamento de la fe cristiana. 

LAS SEÑALES Y PRODIGIOS DE SATANÁS

Dios ha facultado y dado poder a Satanás para hacer señales y prodigios mentirosos para engañar y confundir al incauto. En el incidente donde Dios realiza señales y prodigios por medio de Moisés, podemos ver que el diablo también fue capaz de reproducirlas para endurecer el corazón del faraón (Éxodo 7:8-13). Por lo tanto, es responsabilidad personal discriminar la procedencia de las señales y prodigios.

No obstante, Dios no nos ha dejado solos a merced de Satanás, sino que nos ha entregado elementos de juicio para juzgar estas cosas. El apóstol Juan nos exhorta a no creer a todo espíritu: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4:1).

            Primero, este pasaje está claramente diciendo que existen otros espíritus en el universo que no son de Dios y que debemos juzgarlos. Por lo tanto, es importantísimo conocer qué clase de espíritus existen para saber como tratar con ellos. En el mundo existen tres clases de espíritus: El Espíritu de Dios, el espíritu del diablo, y el espíritu del hombre.

            Segundo, el apóstol nos exhorta a “probar los espíritus”, Pero ¿cómo los probamos? ¿Cómo podríamos saber si son de Dios o no?

            Tercero, el apóstol también nos alerta de “falsos profetas”, y Cristo también nos advierte del mismo peligro: “Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos” (Mateo 23:23,24).

¿Entonces como probamos los espíritus para determinar si el profeta es falso o verdadero? La Palabra de Dios está completamente confirmada por señales y prodigios sobrenaturales, y una vez que el canon de las Escritura se cerró, también terminaron las señales que servían para confirmarla. Ahora, ya no necesitamos los prodigios y maravillas de confirmación para determinar si algo es de Dios o no, pues ya tenemos una Palabra confirmada para “probar los espíritus”. La Palabra es ahora la vara o el estándar en donde medir nuestras experiencias subjetivas y determinar la procedencia de los espíritus.

Por Héctor Hernández Osses

Temuco, Chile
 
 

Notas del administrador de www.editoriallapaz.org. Para estudios más detallados relacionados con algunos temas abordados por el Sr. Héctor Hernández Osses, particularmente sobre 1 Corintios, los Capítulos 12, 13 y 14, y el "don del Espíritu Santo" mentado en Hechos 2:38, recomendamos al lector considerar los títulos en  www.editoriallapaz.org/espiritu_santo_lista_recursos.htm

El ESPÍRITU SANTO

Desglose de estudios disponibles en este sitio de Internet
 relacionados con los poderes y obras del Espíritu Santo.

 

  

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