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También por Rafael Navarro: "La nueva ruta del cristianismo"

 

Por qué no creer en Jesucristo

  Por Rafael Navarro

[El texto de este mensaje por Rafael Navarro fue copiado electrónicamente del correo que nos envió. La ironía de las primeras líneas pronto la comprende el lector al adentrarse en el artículo.]


Ciudad Juáraz. Población: aproximadamente 1.5 millones (2010)  www.inewscatcher.com

 

“Jesucristo está equivocado, sí… grandemente equivocado. Sus tesis y los conceptos contenidos en la Sagrada Escritura, a la que conocemos como Biblia, es una evidente y errónea versión, que no tiene ningún sentido y, además, carece de fundamento para vivir en el mundo actual.

Los errores de la Biblia y del mismo Jesús de Nazaret se fundamentan en la realidad actual, en la práctica ‘cristiana’ de los millones de hombres y mujeres del Siglo XXI que han encontrado la verdad verdadera, no las falacias del que se autonombró Hijo de Dios y en realidad fue un humilde hijo de carpintero.

Bajo la tesis de los nuevos ‘mesías’, a los que conocemos en la actualidad como ministros, sacerdotes, obispos, apóstoles, pastores, profetas, cardenales y Papa, el hijo del carpintero y de la mujer iletrada, llamada María, no cumple los requisitos para tener una jerarquía en la iglesia moderna.

Los motivos sobran, el tal Jesús era un hombre pobre, sin cuentas bancarias, sin sirvientes, sin vehículo (carruajes) para su transportación personal, era hijo de un carpintero, no acudió a ningún Instituto Bíblico ni a ningún seminario a estudiar la carrera que lo acreditaría como ‘maestro’ y, en su caso, como ministro. Los que le decían maestro estaban en un error, porque El no tenía papeles de ninguna escuela…

Es inconcebible que Jesús, si en realidad era el Hijo del Dios Altísimo, haya entrado a Jerusalén en un burro que ni siquiera era de su propiedad… ¡era prestado! y eso es contra la Biblia que pide a los creyentes que “no debas a nadie... ¡nada!”.

Ahora sabemos que el concepto de la prosperidad no se reflejó en El, ya que así como empezó su ministerio (pobre y sin casa), así lo terminó. Todo obedece a su pasado, que seguramente estaba marcado por demonios de pobreza que el Nazareno nunca rompió.

Incluso, contrario a lo que dice la teoría de la prosperidad, este hombre “no tenía donde recostar su cabeza”, era un paria que se las ingeniaba para pagar los impuestos adivinando en qué pez podría haber una moneda oculta para saldar sus deudas con el fisco.

La visión del tal Jesús estaba acentuadamente vinculada con los pobres de su época, a los que ¡les daba de comer!, como si se lo merecieran… ¡qué horror!, predicarles al aire libre, en incómodos lugares, entre apretones y mujeres que sangraban de sus partes íntimas correteándolo para tocarlo… ¡guacala…qué asco!.

Si realmente hubiera sido el hijo de Dios viviría como los actuales ministros de la fe, los que se llaman ministros cristianos, sacerdotes, cardenales, apóstoles que viven en casas del primer mundo, llenos de lujos, con sirvientes, viajando por muchos países, con un sistema para comunicar las ‘buenas nuevas’, comiendo en los mejores restaurantes y predicando en templos bien acondicionados.

Los verdaderos ministros ‘cristianos’ no permiten que los zarrapastrosos los toquen o los saluden. ¿Y Jesús?... ¡ja!, sanando leprosos malagradecidos, ¡qué pérdida de tiempo! Esos milagros no sirven, lo de moda es adivinar el futuro a través de los cientos de ‘profetas’ que pululan hasta por debajo de las piedras. Un verdadero es hacer crecer la pierna hasta dejarla al mismo nivel de la otra que mide unos milímetros más de la que está ‘enferma’ y el paciente ni lo sabía.

Los milagros verdaderos, los auténticos, son hacer llover polvo de oro que no tiene ningún precio en el mercado, escupir diamantes de plástico, transformar el agua en vino (que en realidad es como un kool aid de paquetito)…Y el milagro de milagros: soplar, mover las manos hacia el aire, gritar fuerte y derribar multitudes que, después de caer, se levantan igual o más pecadores que antes de ir al suelo.

Ese Jesús erróneo no merece ser venerado ya, por simple y por mensajes tan exiguos y sin profundidad: “tuve hambre y me diste de comer” ¿qué es eso? ¿una burla? Lo que da de comer es la imaginación, la visión profética de los actuales ministros y pastores. De allí que los prototipos de estómagos de esos ‘servidores’ de dios, son universales: vientres prominentes y cachetes abultados, como en los viejos tiempos… cristianismo puro.

Para sacar el billete de la bolsa de los fieles que los siguen, con cierta ceguera espiritual, hay que vestirse con atuendos vistosos, chillones o de marca. Vender quimeras, predicar que los ganadores y futuros ciudadanos del cielo son los que tienen dinero; los perdedores, los de siempre, son los pobres, los desposeídos, los que cargan la maldición del espíritu de pobreza sobre sus vidas y sus generaciones.  

Cuánta penuria la de Jesús, durmiendo como los animales, debajo de los árboles, en el campo, al lado de los riachuelos… en la casa de la suegra de Pedro... ¡casa prestada! ¡camastro prestado!

Lo que en realidad vale en este tiempo es rendirle culto y servir al dios mammon (príncipe de las riquezas). Hacer dinero, mucho dinero con predicaciones sorprendentes, donde el centro de la predicación sea el que emite la voz. Lo real, son los cantantes cristianos y sus grandes disqueras que se atreven a vender la música que producen (dedicada a Dios) al precio que les da la gana, para que sean lo suficientemente ricos y puedan viajar por todo el mundo realizando conciertos con las luces apagadas, sintiéndose como ‘tocados’ de Dios… Eso si es cristianismo real, no como el de los miserables apóstoles que seguían a Jesús, sucios y perdedores… sin maestrías ni doctorados, ni escuela… ¡pescadores!, ¡guacala!, oliendo a pescado, con las manos todas callosas y los pies llenos de grietas.

La verdadera obra es solicitar el diezmo, las ofrendas, las aportaciones especiales, el cobro de servicios religiosos, porque “el obrero es digno de su salario”.

Mientras más rico eres, más se te respeta. Un pobre predicador como Jesús solo aspiró a conocer a unos cuantos ricos de su tiempo, al joven que encontró en el camino y que no lo quiso seguir, a Nicodemo (el que lo visitó de noche), a Zaqueo (el chaparrito que se subió al árbol de sicomoro y que después invitó a Jesús a su casa), a José de Arimatea, el que le prestó la tumba, porque ni para eso tenía, ¡para una tumba! Y lo peor del caso es que sabía que iba a morir y no previó para un servicio funerario… ¡Pues claro!, tirando el perfume que se pudo haber vendido o dándole de comer a tanto zarrapastroso ¡cómo iba a tener dinero!

Y como Jesús no tenía la unción que se necesita para llegar a los poderosos, nadie lo invitaba a los eventos públicos, ni privados, ni a bendecir negocios, ni a celebrar las bodas de los ricos y cuando lo invitaban, estaba junto con los meseros preguntando si todavía tenían vino para la fiesta.

Por eso los mensajeros ‘cristianos’ de la actualidad son tan populares: están como invitados especiales en las fiestas de los poderosos que son los mismos que explotan al pueblo miserable al que Jesús protegió y amó; estos ministros reciben regalos caros de quienes gobiernan, porque se los merecen por ser guías espirituales del pueblo; son invitados especiales a los banquetes públicos y privados; dan conferencias de moral en instituciones de todo el mundo… y nadie los mete a la cárcel cuando atentan contra niños, amas de casa, jovencitas y jovencitos que confían en ellos. El poder evita que entren a las cárceles y cuando se libran de las rejas, dicen que “Dios hizo un milagro”.

La vida para ellos si tiene sentido y un día morirán en un hospital, rodeados de los mejores médicos del mundo, con los aparatos más sofisticados de la medicina, al lado de ‘cristianos’ igual que ellos, que estarán orando por el alma del pastor que muere, ya de por sí destinada ¿al cielo?

En las camas de hospital mostrarán sus cuerpos sin ninguna marca como las de Jesús y sus apóstoles, sus cuerpos estarán satisfechos, notablemente cuidados por los años de trabajar en templos confortables y vivir en casas dignas de los que triunfan en el mundo, no de los fracasados que no tienen donde recostar la cabeza, como Jesús y sus apóstoles.

Ellos no morirán como los que siguieron a Jesús y pagaron las consecuencias, con los cuerpos lastimados por el cansancio, lacerados por los azotes que recibieron en las cárceles, con sus manos y sus pies horadados por los clavos de una cruz… ellos no morirán viendo al Señor en el cielo como lo vio Esteban, ni decapitados como Juan el Bautista y Pablo de Tarso; ni abandonados como Juan, el Evangelista en una isla inmunda.

Ellos no morirán como Jesús que hasta el último suspiro sostuvo su convicción y no vendió su alma, ni su destino a los poderosos, menos a Satanás que al arranque de su ministerio le pidió que se arrodillara ante él. Su sangre bendita era para saldar el compromiso con el padre y para ganar la batalla al pecado, del cual nos libró.

Yo me quedo con El y con los pobres… ¿y tú?

Si en tu templo no se predica a Jesucristo como centro de una vida de amor, de paz, pero también de sufrimiento, estás en el lugar equivocado.

Si en tu templo están más preocupados por el dinero que por tu salvación, estás en el lugar equivocado.

Si en tu templo, no puedes hablar con tus pastores, porque no tienen tiempo para ti ni para otros de tu iglesia, estás en el lugar equivocado

Si en tu templo no hacen nada por los pobres… no dudes, esa iglesia no honra, no sirve y no es de Dios.  

El hermano Rafael Navarro ejerce su ministerio en Ciudad Juárez, Chihuahua, considerada en un tiempo como ‘La ciudad más violenta del mundo’. El templo se llama Banco de Misericordia y acepta invitaciones a seminarios y predicaciones. No cobra por sus servicios, solo los gastos de transportación y alimentación (cuando sea posible).

Su ministerio lo ejerce en un barrio pobre de Ciudad Juárez. La iglesia donde pastorea es ampliamente bendecida por Dios en muchos aspectos.

El hermano Navarro responde todos los correos electrónicos.”

 

También por Rafael Navarro: "La nueva ruta del cristianismo"

Desglose de numerosos recursos relacionados con el "evangelio de la prosperidad"

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