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Ateos en el huerto del Edén. Muchos estudios e intercambios sobre ateísmo, escepticismo, humanismo y evolución darwiniana en esta Web.

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Darwin en el estrado

 

La hipótesis de la existencia de Dios bajo escrutinio

 “El Dios del Antiguo Testamento acaso sea el carácter más desagradable de todas las ficciones...”, dice Richard Dawkins.

Richard Dawkins, etnólogo, biólogo evolucionista darwiniano, escritor y ateo acérrimo. Autor de La hipótesis de la existencia de Dios.

Richard Dawkins, etnólogo, biólogo evolucionista darwiniano, escritor y ateo acérrimo. Autor de La hipótesis de la existencia de Dios.

 

Análisis de algunas posiciones, argumentos y opiniones de Richard Dawkins, FRS FRSL, etnólogo, biólogo evolucionista darwiniano, escritor y ateo inglés acérrimo.

“El Dios del Antiguo Testamento acaso sea el carácter más desagradable de todas las ficciones: celoso y orgulloso de serlo; un maniático empeñado en controlarlo todo, pusilánime e injusto; un depurador étnico vindicativo y sanguinario; un matón misógino, homofóbico, racista, infanticida, genocida, pestilencial, megalómano, sadomasoquista y caprichosamente malévolo.”

[Primera oración, del primer párrafo, del Capítulo 2, de La hipótesis de la existencia de Dios, por Richard Dawkins, etnólogo, biólogo evolucionista darwiniano, escritor y ateo acérrimo.]

“Es injusto atacar a un blanco tan fácil. El ejemplo más feo de La Hipótesis de la existencia de Dios no debería servir para mantenerla en pie o hacerla caer, como tampoco su cara cristiana contraria insípida ‘Jesús, manso, humilde y apacible’. … No estoy atacando a las cualidades de Yahvé, Jesús, Alá o cualquier otro dios específico tal como Baal, Zeus o Wotán. En lugar de ello, definiré La hipótesis de la existencia de Dios de una forma más defendible, a saber: Existe una inteligencia sobrehumana y sobrenatural que diseñó y creó adrede el universo y todo lo que en él hay, incluyendo a nosotros”.

[Oraciones del segundo párrafo, del Capítulo 2, de la misma obra.]

Estimado Sr. Richard Dawkins, usted afirma: No estoy atacando a las cualidades de Yahvé, Jesús, Alá o cualquier otro dios…”. Pero, en realidad, difícil sería encontrar en cualquier idioma un ataque más directo, virulento, violento, sañoso o fulminante que el suyo lanzado a través de la primera oración, del Capítulo 2, de su libro La hipótesis de la existencia de Dios. Fuego concentrado de muchos cañones verbales tirados simultáneamente. Grandes balas de adjetivos muy pesados descargados para matar. ¡Por lo menos veintiún cualidades desastrosas atribuidas por usted al Dios del Antiguo Testamento en una sola oración! Sin duda, un récord para el Libro de Guinness.

Atacar ferozmente al principio, para luego decir más adelante “No estoy atacando…” evidencia una sutileza literaria y psicológica efectuada para distanciarse de su propio ataque. Estratagema ingeniosa para aminorar un tanto en el público el tremendo impacto explosivo de su arremetimiento brutal contra Yahvé y Jesús. Sin embargo, la inconsecuencia de sus declaraciones el lector racional no la pasa por desapercibida. Efectivamente, usted miente al decir “No estoy atacando a las cualidades de Yahvé, Jesús…” Las atacó sí, y de qué manera, desde la primera palabra del Capítulo 2 hasta negar el ataque. Esta contradicción descarada me hace dudar, Sr. Dawkins, de su capacidad para el raciocinio sano. También pone en tela de juicio su habilidad de ser objetivo y totalmente honesto en sus apreciaciones. Atacando… No estoy atacando. ¡Qué embrollo en su mente! ¿O lo hace a propósito, acaso pensando orgullosamente que ninguno se dé cuenta?

Si no está “atacando a las cualidades de Yahvé, Jesús…”, ¿por qué abre el Capítulo 2 con un ataque embestidor contra ellos? Si no está atacándolos, más sensato y razonable hubiese sido empezar el Capítulo 2 con la negación “No estoy atacando…”, procediendo, entonces, con su propia definición de La hipótesis de la existencia de Dios de la manera que lo hace: “Existe una inteligencia sobrehumana y sobrenatural que diseñó y creó adrede el universo y todo lo que en él hay, incluyendo a nosotros”.

No estoy defendiendo en este momento la existencia de Yahvé, como tampoco la de “su cara cristiana contraria insípida, Jesús”, como describe usted, denigrantemente, a Jesús, sino estoy llamando atención a una equivocación obvia –la de “Atacar… No estoy atacando”- que ha cometido su maquinaria intelectual –la de usted, Sr. Dawkins- con las implicaciones no positivas para usted que fluyen de ella. Desde luego, comprendo que este error rojo suyo se lo achacara usted tal vez al poder irresistible de la Selección Natural Darwiniana, indiferente, ciega y sin propósito, quizás explicando que, para la SNA, la verdad y la honestidad son valores inexistentes.

Qué quede claro: al atacar usted al “Dios del Antiguo Testamento” está atacando al Dios del Nuevo Testamento, pues son el mismo Dios. Esta verdad es axiomática para el lector inteligente y objetivo que lee desde Génesis hasta Apocalipsis. En particular, el Dios de Apocalipsis manifiesta todos los atributos del Jehová Dios del gran Diluvio, las plagas traídas sobre Egipto y la exterminación de los amalecitas, eventos relatados en el Antiguo Testamento. No son dos Dioses sino uno solo. Así que, los veintiún atributos que usted aplica al Jehová Dios del Antiguo Testamento es necesario aplicárselos al Dios de actualidad en quien creen más de mil millones de seres humanos del tiempo presente.

Ahora bien, tratándose de la Selección Natural Darwiniana, ¡ella misma reviste con creces todas las cualidades horrendas que usted atribuye a Dios! Al Dios de toda la Biblia. Al Jehová Dios Padre de todos los cristianos y todos los judíos. ¿Habrá pasado por alto usted este hecho?

A manera de constataciones empíricas, traigo las creencias y actuaciones de algunas naciones e imperios ateos de tiempos modernos.

-Alemania, bajo Adolfo Hitler y los nazis. No solo embrollan a gran número de países en la Segunda Guerra Mundial sino que su racismo bestial se manifiesta despiadadamente contra los judíos, cruelmente muertos más de seis mil miles de estos, incluso niños, mujeres y ancianos.

-Rusia, bajo Vladimir Lenin, Josef Stalin, Nikita Khrushchev, etcétera, y la policía secreta "NKVD -KGB".

-La China, bajo Mao Zedong y sus sucesores. Durante las décadas de los 1930 y 1940, se hizo poderosa una organización, apoyada por el gobierno chino, llamada al principio "Unión de los sin dios", cambiando su nombre más adelante a "Unión de los beligerantes ateos".

-Vietnam del Norte, bajo Ho Chi Minh y Võ Nguyên Giáp.

-Cambodia, bajo el dictador ateo sanguinario Pol Pot y los Khmer Rouge.

-Corea del Norte. Bajo el dictador ateo Kim II-sung, y sus sucesores, desde 1948 hasta el presente.

-Albania, Laos, Vietnam, México y Cuba, países gobernadores por ateos durante etapas determinadas de su existencia en tiempos modernos.

En estos países, muchos millones de gobernantes y empleados gubernamentales, incluso gran cantidad de policías secretas y multitudes de militares, practicaron durante años, aun décadas, toda clase de atrocidad contra masas de humanidad, no eximiéndose niños, mujeres o ancianos.

Numerosos megalómanos (Hitler, Stalin, Mao Zedong, Pol Pot) sentenciaron a vastas poblaciones a miseria, esclavitud social, esclavitud física, torturas psicológicas, torturas físicas barbáricas o muerte lenta y prematura, a menudo, violenta, en campos de concentración, prisiones, recámaras de gases venenosas, etcétera, pereciendo, además, incontables millones a consecuencia de motines, revoluciones civiles o guerras de gran escala.

Maniáticos empeñados en controlarlo todo, pusilánimes e injustos. Sadomasoquistas y caprichosamente malévolos.

Depuradores étnicos y racistas fanáticos vindicativos y sanguinarios que no perdonaron a infantes, niños, mujeres o ancianos, efectuando genocidios, desterramientos masivos, homicidios, ultrajes, robos y pillaje devastadores, y causando, además, hambrunas y pestilencias mortíferas.

Cientos de millones de vidas arruinadas de mil maneras. Veintenas de millones extirpadas, como se matan hordas de insectos.

Esta multitudinaria cría de la Selección Natural Darwiniana, unida en matrimonio al Ateísmo, trajo, durante el siglo XX y principios del XXI, indecible devastación, sufrimiento y muerte a un porcentaje sustancial de la población mundial del planeta Tierra. Vástagos crueles de esta unión continúan dedicados, hasta el sol de hoy, a los mismos fines increíblemente dañinos.

Conozca toda esta cría a la SND, o no, la apruebe y apoye, o no, fue engendrada por ella y el ateísmo, conforme al principio de la evolución darwiniana que dicta que todo lo que existe y se hace en el universo material es fruto, o manifestación, de la SND. Así que, Richard Dawkins es fruto de la SND. También Adolfo Hitler. Además, este servidor, y aun lo que estoy escribiendo. De la línea de los homo sapiens (humanos modernos), cuyos precursores eran los homo hábiles, homo erectus, etcétera. Esta es la tesis, según la que la Selección Natural Darwiniana es una tremenda fuerza pujante e irresistible que determina el desenvolvimiento de todo el universo material.

De manera que creer, Sr. Richard Dawkins, en la SND, resulta ser peor que creer en el Dios de la Biblia. ¡Ah! ¡Claro! Usted no meramente “cree” en la SND sino que la tiene como una gran “Realidad totalmente innegable”. Pero, un número muy elevado de sus correligionarios científicos –me imagino que objete usted fuertemente el vocablo “correligionarios”, pues encierra esa palabra “religión” tan odiada por usted- no se solidariza con su convicción, y consabido es que una abrumadora mayoría del populacho vulgo no la comparte. De todos modos, suponiendo que la SND sea una Realidad, vuelvo a afirmar que aliarse con ella y sostenerla incondicionalmente es peor que creer en el Dios de la Biblia.

Recapitulando, la Selección Natural Darwiniana, bien sea una “Realidad” o una “Ficción”, es responsable por la indecible devastación, sufrimiento y muerte, en proporciones masivas, traídos sobre un porcentaje sustancial de la población mundial del planeta Tierra durante el siglo XX y principios del XXI.

En cambio, el Dios de la Biblia, bien sea una “Ficción” o una “Realidad”, NO reclama haber levantado los déspotas (Hitler, Stalin, Mao Zedong, Pol Pot, Ho Chi Minh, etcétera) que, juntamente con sus hordas de secuaces y simpatizantes, sembraron destrucción, terror y muerte entre aproximadamente la tercera parte de los humanos modernos (más o menos 2,000 millones).

No es justo, ni intelectualmente honesto, lanzar acusaciones terribles contra Dios sin haber estudiado lo que dice él de sí mismo, o lo que se dice de él, en el Nuevo Testamento, el único documento original acerca de él para los tiempos que abarca la Era Común. Sr. Dawkins, ¿ha estudiado usted este documento cuidadosa e imparcialmente? Dada su belicosidad hacia Dios y su intransigente posición a favor de la SND, no dudo de que el estudio objetivo del documento raye, para usted, en lo imposible. Pero, si ni siquiera lo intenta, ¿qué credibilidad merecerían sus ardientes acusaciones fulminantes contra Dios?

Personalmente, escrutando el Nuevo Testamento desde Mateo hasta Apocalipsis, no encuentro evidencia alguna al efecto de que Dios sea “un maniático obsesionado con controlarlo todo”: gentes, razas, sociedades, culturas, naciones, imperios, la política, gobernantes, individuos; bienes, el comercio; el clima, movimientos de platos tectónicos; enfermedades, años de vida, muerte. Claro, él da a conocer sus designios para los humanos; su voluntad, su deseo, pero, no coacciona a nadie. No suprime forzosamente el libre albedrío de ningún ser humano, más bien dejando que cada cual conduzca su vida como quisiera.

Suponiendo que él fuera el déspota “maniático”, el “megalómano”, del cuadro que usted pinta de él, interviniendo y manipulando todo a sus “caprichos malévolos”, en tal caso, él, sin duda, hubiese rayado de la faz de la tierra a Hitler, Stalin, etcétera, con sus séquitos, antes de que hicieran tanto daño, pues los tales son las personificaciones en carne viva de todas las fuerzas opuestas a la voluntad de Dios. ¡Y que hubiese eliminado a usted también, Sr. Richard Dawkins, antes de que escribiera La hipótesis sobre la existencia de Dios, porque usted se ha declarado a voz en cuello ser enemigo de él y todo lo que él representa! Pero, no ha hecho ni lo primero ni lo segundo.

Lógicamente, respondería usted, supongo, que no lo ha hecho porque no existe, porque Dios no es nada sino una “ficción” de las peores.

De todas maneras, bien que sea “ficción” o “realidad”, él se proyecta en el Nuevo Testamento como observador de los desenvolvimientos de los humanos, y no como dictador todopoderoso, celoso, iracundo y fanáticamente intolerante, que imponga su voluntad con puño de hierro. Se proyecta como observador que aguarda pacientemente la consumación del tiempo que él asegura haber programado para los humanos y el universo material. Así que, el tiempo dirá, Sr. Dawkins, si usted tiene razón, o si la tiene este “Dios observador” que usted cataloga como “el carácter más desagradable de todas las ficciones”. Vuelvo a recalcar que el Dios del Nuevo Testamento es el mismo del Antiguo. Algunas acciones efectuadas por él durante tiempos del Antiguo Testamento –el gran Diluvio, las plagas traídas sobre Egipto, etcétera- tengo la firme intención de tratarlas en una próxima charla con usted.

Sucede, pues, que este Dios de la Era Común no intervino para evitar: la destrucción de Jerusalén y derrota aplastante de Israel en el siglo I, la gran apostasía del cristianismo que comenzó aun durante la vida de los apóstoles de Jesús, las muchísimas persecuciones contra distintas divisiones del cristianismo, o entre ellas mismas, incluso, las inquisiciones efectuadas por el catolicismo romano; tampoco las espantosas plagas de la Edad Media, las guerras religiosas, tales como las cruzadas y la Guerra de los Treinta Años, o las innumerables guerras sociales-políticos-económicas que culminaron en las dos tremendas Guerras Mundiales del siglo XX. Entonces, ¿con qué justificación tildarlo, Sr. Dawkins, de “maniático obsesionado con controlarlo todo”?

Más bien, lo que hace este Dios es, a grandes rasgos: informar derroteros, advertir consecuencias, señalar peligros, ofrecer esperanza y proveer, para todo humano, una vía de escapar la liquidación terminante para siempre, sin obligar a ninguno a hacerle caso. Acciones que la Selección Natural Darwiniana no toma nunca. Porque la SND es, según sus partidarios la presentan, una fuerza netamente material, ciega, sin propósito definido alguno, indiferente a emociones, deseos o voluntades; ocupada enteramente con la preservación y procreación de las formas de vida material más fuertes y hábiles.

Precisamente, por lo que hace Dios, y cómo lo está haciendo, grandes multitudes le describen como: amoroso, justo, misericordioso, perdonador, galardonador, paciente, bueno, bondadoso, sabio y digno de admiración, deseando honrarle, hacer suyo sus atributos positivos y seguir, voluntaria y gustosamente, sus consejos. O sea, su descripción de él es diametralmente opuesta a la que usted hace.

¿Será que usted, Sr. Dawkins, haya tenido desde su niñez un concepto notablemente distorsionado de Dios? ¿Un concepto impartido por teólogos y predicadores también faltos de entendimiento? ¿Qué se haya enfocado desmedidamente en la “severidad” de Dios, sin comprender el por qué o el cuándo de ella, hasta el extremo de no poder ver o apreciar la “bondad” de Dios? ¿Estaría usted enfrascado en una pelea a muerte con un “dios ficticio” de su propia creación, sustituyendo su “dios ficticio” por el verdadero Dios real de la Biblia?

Hasta la próxima.

Atentamente,

Homero Shappley de Álamo

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