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Ceremonias para bodas en esta Web -Listado

Requisitos para casarse después de los sesenta y cinco años de edad

Anillos matrimoniales para los que se casan después de los sesenta y cinco años de edad.

Ceremonia de boda

Queridos hermanos y hermanas, damas y caballeros, nos hemos dado cita en esta (fecha), y en este (lugar) con el sublime propósito de unir en santo matrimonio a la dama ____________ y al Sr. ______________.

¿Quién entrega la novia?

¡Qué pareja más elegante! Este servidor ha tenido el privilegio y honor de casar a varias parejas de adultos jóvenes aquí y en distintos lugares de este país, pero, a la verdad, respecto a sus lindos atuendos y bella presencia física, ¡ustedes dos no se quedan rezagados! Aún más, percibo que les envuelve un aura de profundo gozo y madurez que solo podrían tener dos cristianos de hondos sentimientos nobles, convicciones inconmovibles, confianza imperturbable y esperanzas seguras. Acabo de observar a __________ ejecutar con paso firme la hermosa y solemne marcha nupcial, dando la fuerte impresión de estar plenamente resuelta a llevar a feliz término este acto trascendental que le unirá de por vida como esposa a _________. _________, ¿así es su voluntad? __________, ¿desea usted unirse como esposo de por vida a la preciosa _________?

Antes de presentarse aquí en este momento, ¿ya sabían ustedes que existe una serie de “Requisitos para casarse después de los sesenta y cinco años de edad”? ¿No lo sabían? Pues, en realidad, la culpa es mía, pues se me pasó orientarles cuando primero hablamos de celebrar esta boda. Mis disculpas. De todos modos, me incumbe revisar con ustedes los “Requisitos” antes del Voto matrimonial y el Intercambio de anillos. Ojala los llenen.

1.  En primer lugar, en cuanto al cristiano que enviude y luego, al tiempo, quisiera contraer nuevas nupcias, Dios se lo permite, “con tal que sea en el Señor”, encontrándose esta condición en 1 Corintios 7:39. “…con tal que sea en el Señor” significa que el enviudado se case con una mujer “en el Señor”, o sea, con una dama cristiana. Hermano __________, le felicitamos por acatar esta norma divina, escogiendo usted a la querida ___________ ___________, cristiana fiel de la congregación en ____________, a la cual también pertenece usted. Así, porque quien obedece esta norma ya está unido en espíritu, aun antes de la boda, a la que será su nueva esposa, pues los dos tienen de antemano la misma fe, código moral, práctica espiritual y visión celestial. ¡Qué hermoso! ¡Qué bendición más gloriosa!

2.  Bueno, el “Segundo requisito” quizás lo encuentren un tanto atrevido. Dice: “Los contrayentes mayores de sesenta y cinco años de edad deberían declarar, cada uno, su verdadera edad en presencia del oficiante y de los testigos, con el propósito de evitar engaños en los compromisos o posibles futuras recriminaciones”. Adelantándome en este asunto para tratarlo con la mayor delicadeza, ya verifiqué que el Sr. _______________  ___________ tiene setenta y un años de edad. Amada _________, ¿se compromete usted, sin reservas, a casarse con este varón de setenta y un años de edad? ____ Estimado ___________, dado que muchas mujeres son renuentes a divulgar su verdadera edad, no me atrevo a preguntar a __________ en este foro público cuántos años de edad tiene. Así que, me limito a preguntar a usted: ¿Se compromete a casarse con esta dama que tiene seis años menos que usted? ______ ¡Qué bien!

Los próximos dos “Requisitos” en este listado yo mismo los tengo por demasiado superficiales, hasta descabellados, más sin embargo, me corresponde al menos leérselos. Sinceramente, en su lugar, no los tomaría muy en serio.

3.  El tercero dice: “Los contrayentes mayores de sesenta y cinco años de edad deberían conservar todavía una cantidad sustancial de pelo en la cabeza, aunque sea canoso”. Emmm. Ahí, por lo menos, no tienen problema.

4.  Y el cuarto hasta me da vergüenza leérselo. Dice: “También deberían tener dientes, pues al mellao no le conviene casarse. Preferiblemente, dientes naturales”, dice, “y no cajas postizas, pues estas, a la hora de comer, hacen ruiditos desagradables, y además, hacen a uno roncar más, a menos que se las quite de noche, cosa que tampoco agradaría al cónyuge”. ¡Caracoles! Perdonen. ¡Cuánto me alegro no verme obligado a hacerles preguntas al respecto!

5.  El Quinto requisito es mucho más serio, se lo aseguro. Dice: “La memoria de todo contrayente mayor de los sesenta y cinco debería estar funcionando más o menos normalmente”.

-Querido __________ __________, ¿qué tal su facultad de memoria? ¿Sigue funcionando más o menos bien? _____ Así esperamos, pues esto es sumamente importante para el buen funcionamiento de su matrimonio. Dios le libre de lapsos perjudiciales de memoria. Por ejemplo, dejar a Sari en alguna tienda, luego olvidarse de cuál tienda fuera, o de volver a buscarla.

-Querida __________, ¿qué tal la memoria suya? ¿Puede recordar, sin dificultad o confusión, eventos, conversaciones, impresiones, comidas, visitas, viajes, reuniones de la iglesia, compras recientes? ¿También hechos importantes de los tiempos pasados de su vida, aun de su niñez o adolescencia? ____ ¡Fantástico!

-El Señor Todopoderoso bendiga grande y continuamente las memorias de los dos. Qué jamás se les olvide esta fecha de su boda, esta ceremonia nupcial, la presencia de tantos familiares, hermanos en la común fe y amigos que les amamos, que gustosa y alegremente les brindamos nuestro apoyo moral, alegrándonos por su dicha y deseándoles, fervientemente, muchos, muchos años de felicidad matrimonial. Qué cada uno –usted, __________, y usted, __________- seleccione muy juiciosamente cualquier recuerdo del pasado que quisiera compartir con el otro, cuidándose de que sea positivo para su matrimonio. Qué desde hoy en adelante vayan acumulando abundantes recuerdos preciosísimos en el baúl dedicado a su propio matrimonio.

6.  Pues bien, siguiendo con este listado, el Sexto requisito lee: “Para poder casarse el mayor de los sesenta y cinco, es imprescindible que su corazón sea saludable y fuerte”. ________, ¿cómo está el suyo en este instante? ____ ¿Y el de usted, _________? ____ Por ejemplo, ¿la presión? Me imagino que posiblemente un poco más alta que lo usual, y el pulso más acelerado, por lo emotivo de la ocasión, ¿no? Pero, habiendo escudriñado anteriormente este Sexto requisito, puedo informarles que se trata no tanto del corazón físico como del “corazón” de emociones, sentimientos y virtudes, pues sigue diciendo: “Es decir, corazón rebosante de paciencia, tolerancia, tranquilidad personal, comprensión, compasión y, sobre todo, de amor sincero”. Sus corazones, ¿llenan este requisito? _______

-Querida ____________, ¿trae usted para este nuevo matrimonio a formalizarse en breves instantes toda una canasta muy grande llena de ramilletes frescos y abultados de “paciencia, tolerancia, tranquilidad personal, comprensión, compasión y amor sincero”?

-Respetado ___________ __________, ¿trae usted consigo para __________ una maleta grandote llena también, precisamente, de las mismitas cualidades tan valiosas e imprescindibles para un matrimonio colmado de felicidad? Muchísima “paciencia, tolerancia, tranquilidad personal, comprensión, compasión y, sobre todo, amor sincero”.

-No pocas parejas de adultos jóvenes que se casan, pese a que tengan mucho amor sincero, demuestran tener falta de paciencia con la vida misma, y por ende, poca paciencia el uno para con el otro; poca tolerancia para errores o disgustos, poca paz interna –condiciones de corazón y mente que producen estrés peligroso para su matrimonio, aun al punto de rompimiento. Los mayores de sesenta y cinco tenemos la ventaja de haber vivido ya tantísimas experiencias –positivas y negativas, buenas y malas; placenteras, hasta eufóricas; duras, hasta aplastantes- y por lo tanto, se supone que hayamos aprendido el inmenso valor de ser más pacientes el uno para con el otro, más tolerantes de fallas, insignificancias, manías, hábitos molestosos, actitudes imperfectas. En fin, más tranquilos, comprensivos, compasivos y amorosos. Todas estas virtudes y estados de ánimo se revisten de cada vez más importancia especialmente durante la etapa de la vida que ustedes y este servidor estamos viviendo, por la gracia de Dios.

-Así que, _________ y ____________ les pregunto: ¿Están tranquilos? __________, uno de sus yernos se llama ___________ ___________. Al saludarme en la iglesia, __________ tiene la costumbre de preguntarme: “¿Cómo se encuentra, hermano? ¿Tranquilo?” Me gusta este saludo, pues realmente llama atención a la ecuanimidad que tanta falta nos hace en medio de un mundo, una sociedad, demasiado intranquilos. Conceda Dios a los dos mucha tranquilidad, mucha paz, para que vivan juntos pacífica y sosegadamente.

Querido ___________, un pajarito me dijo que usted comentó a __________, hace pocos meses, que le gustaría viajar un poco, pero acompañado. Pues bien, ¡problema resuelto! Vamos a proceder enseguida a los Votos matrimoniales, el Intercambio de anillos y la Proclamación oficial que los unirá en matrimonio para que viaje acompañado por la bella ____________. ¿Le parece bien? Aprovechamos este momento para desear a los dos un viaje de largos años por tierras y mares de la vida, qué los caminos sean llevaderos, qué las brisas y corrientes les favorezcan, qué los días sean mayormente soleados, qué las tempestades sean pocas y breves, y qué aun en medio de ellas se agarren más fuertemente de las manos, apoyándose y animándose mutuamente, teniendo como seguro destino final la Ciudad Celestial, donde, arribando, encontrarán alojamiento incomparable en las Moradas de la gran “Casa” de Dios.

Procedamos a los votos matrimoniales.  

Los votos matrimoniales

            El Espíritu Santo instruye: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la  mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (Efesios 5:22-24). Estimada dama ___________ __________ __________, ¿acepta usted esta enseñanza divina, estando dispuesta a ponerla por obra en su matrimonio? ______

            El apóstol Pablo añade: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por Ella” (Efesios 5:25). Y dice en Colosenses 3:19: “Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas”. Sr. ___________ __________ ____________, ¿acepta usted estas directrices asentadas por Dios, estando dispuesto a seguirlas en su matrimonio? _______

            Estimada dama ____________ __________ y Sr. ___________ __________, favor de tomarse de ambas manos y de mirarse a los ojos, concentrando los poderes de su mente y espíritu en los términos de gran peso y compromiso expresados en la siguiente promesa que se harán mutuamente:

            ¿Tienen los dos el firme propósito de vivir maritalmente conforme al mandamiento de Dios, y solemnemente prometen amarse el uno al otro y apoyarse mutuamente, tanto en lo moral como en lo material, cuando estén enfermos o con salud, ya sea que estén pobres o ricos por los bienes materiales, y prometen dedicar sus afectos conyugales el uno al otro, exclusivamente, todo el tiempo que Dios les conceda la vida para vivir como esposo y esposa respectivamente? Sari, ¿así se lo promete a Pedro?  Pedro, ¿hace usted esta misma promesa a Sari?

El intercambio de anillos

     Con los anillos, se sellan las promesas y el pacto del matrimonio. El oro es bello, duradero y de mucho valor. El amor matrimonial puro es mucho más bello que el oro, también es perdurable, siendo, además, de muchísimo más valor. El círculo del anillo no tiene fin. Tampoco el verdadero amor entre esposo y esposa.

     Sr. ___________ ___________ favor de entregar a __________ __________ el anillo matrimonial que ha seleccionado usted para ella, mirándole y repitiendo:

“Querida __________, al entregarte este anillo, yo te doy testimonio de mi amor sincero, y contraigo matrimonio contigo. Te hago partícipe de todos mis bienes materiales y me comprometo a serte leal y fiel, y a amarte hasta la muerte.”

    Estimada dama _________ ____________, favor de entregar al Sr. ___________ ____________ el anillo matrimonial que tiene usted para él, mirándole y repitiendo:

“Amado _________, al entregarte este anillo, yo te doy testimonio de mi amor sincero, y contraigo matrimonio contigo. Te hago partícipe de todos mis bienes materiales y me comprometo a serte leal y fiel, y a amarte hasta la muerte.”

     Sr. ____________ _____________ ____________ y dama __________ ________ __________, al haber los dos declarado que se aman con gran amor y que tienen fe el uno en el otro, habiendo hecho mutuas promesas de ser esposo y esposa respectivamente, en mi capacidad de ministro del evangelio del Señor, los declaro esposo y esposa en la presencia de Dios y de las personas presentes, quienes son representantes de la sociedad en que vivimos y testigos de este solemne y trascendental acto, y cordialmente anhelo que Dios los haga felices.

            “A los que Dios ha unido, ningún hombre los separe.”

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