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Avivados religiosos ladran como perros, saltan como sapos, corren locamente, se desploman postrados por horas, incapaces de moverse o hablar, o brincando en el suelo como peces fuera del agua. “Haciendo al diablo subir al árbol”, “Risa Santa” y otros fenómenos, incluso “libre compañerismo sexual”.

Agosto, 1801

El “Avivamiento de Cane Ridge”

Participaron aproximadamente veinte mil personas.

Bourbon County, Kentucky, Estados Unidos de América

Del libro “Primitiva Traits in Religious Revivals (Rasgos primitivos de avivamientos religiosos)”, un estudio en la evolución mental y social. Por Frederick Morgan Davenport. Negro Universities Press, New York. Páginas 74-84.

 

“El relato del Elder Stone arroja alguna luz. ‘Muchos, muchos, se desplomaron… y continuaron por horas en un estado aparentemente sin respirar e inmóviles, a veces reviviendo por unos minutos y exhibiendo síntomas de vida mediante un gruño profundo o un chillido penetrante, o por una oración, pronunciada fervientemente, pidiendo perdón. Después de quedarse postrados por horas… se levantarían, gritando liberación.’

Tanto hombres como mujeres gritaban durante el sermón, y al final se daban la mano los unos a los otros en lo que se conocía como el ‘éxtasis de cantar’. El Reverendo Sr. Lyle… describió la muchedumbre de Cane Ridge como corriendo de un predicador a otro predicador, si se susurraba que era ‘más avivado’ en tal o cual lugar, juntándose con entusiasmo alrededor de cualquier hermano ‘vencido’, riéndose, saltando, sollozando, gritando, desmayándose. De volverse lánguida la asamblea, dice él, unos pocos chillidos y dos o tres casos de desplomados prontamente los estimularían, y tan lejos en cada dirección como la gente pudiera ver u oír, otros serían llevados por el contagio, desplomándose de igual manera. Se permitían que niños predicaran; una niña de siete años de edad fue llevada en los hombros de un varón, exhortando a la multitud ‘hasta que se rindió exhausta sobre la cabeza de quien la cargaba’.

Aquellos que se desplomaron fueron llevados a una casa de reunión cercana. ‘En ningún momento se veía lleno menos de la mitad del piso. Algunos permanecían acostados calladitos, incapaces de moverse o hablar. Algunos hablaban, pero no podían moverse. Algunos daban sus talones contra el piso. Algunos, emitiendo chillidos, brincaban de allá para acá como peces fuera del agua. Muchos, acostándose, daban vueltas una y otra vez, sin detenerse, por horas. Otros corrían locamente sobre tocones o bancos, y luego se hundían en el bosque, gritando ‘¡Perdido! ¡Perdido!’

Cuando este frenesí estaba en su apogeo, estas multitudes avivadas estaban sujetas a un conjunto de manifestaciones nerviosas y musculares probablemente tan variadas y terribles como jamás afectaran a la población del mundo.

Respecto a extravagancias y desórdenes, hay un número grande de referencias corroborantes provistas por Lyle, Peter Cartwright, Lorenzo Dow y otros contemporáneos. Siguiendo el ‘ejercicio de desplomarse’, el fenómeno en Kentucky más notable y característico fue el de las ‘sacudidas’. Se estremecían violentamente todas las coyunturas de la infeliz víctima. En ocasiones, la cabeza fue tirada de un lado a otro con gran rapidez. En otras, fueron afectados los pies, y el sujeto saltaría como sapo. Frecuentemente, el cuerpo sería tirado violentamente al suelo, donde continuaría brincando de un lugar a otro. Peter Cartwright declara haber visto a más de quinientas personas sacudiéndose a la vez en su congregación. En el 1800, ninguno estaba exento de ser tocado –bien fuera santo o pecador, blanco o negro, excepto, como Lorenzo Dow comenta ingenuamente, ‘esos naturalistas quienes deseaban experimentarlo para luego filosofar sobre ello, o los más impíos. Los malvados lo temen más que la viruela o la fiebre amarrilla’.

Otro fenómeno no tan común era el ‘ejercicio’ de ladrar. Los devotos de este rito dignificado se juntaban en grupos, cada uno sosteniéndose sobre sus manos y pies, a manera de perros, gruñendo e intentando morder al pie de un árbol, mientras el ministro predicaba –una práctica que designaron como “haciendo al diablo subir al árbol”.

Habiendo alcanzado la tensión nerviosa su punto máximo, es interesante tomar nota de su caída hasta el mínimo a través del carácter cambiante de los fenómenos. Pasado un año, o dos, algunas formas más templadas de histeria comenzaron a manifestarse en algunos renglones, hasta que, en el 1803, la “risa santa” se constituyó en una característica de la adoración. Mientras predicaba el ministro, los miembros irrumpirían, uno tras otro en carcajadas, y luego en coro, lo cual se concebía como risa solemne. Pese a que fuese bulliciosa la risa, era piadoso el comportamiento de los afectados.

También hubo alegaciones graves, tales como las que se habían escuchado comúnmente en tiempos anteriores respecto a campañas al aire libre en varios lugares del país, sobre el libre compañerismo extraordinario entre los sexos. Y estas alegaciones fueron hechas no por los impíos sino por prominentes ministros valientes de buena reputación, quienes inauguraron planes para la vigilancia de noche para ‘reconocer el campamento y la arboleda’. Bien sea que tengamos que admitir exageraciones en lo concerniente a este mal en la literatura sobre avivamientos, es preciso tener presente que la pasión humana de amor y la pasión espiritual de amor parecen estar, conforme a la psicología moderna, entretejidos delicadamente, particularmente en el caso de la juventud entre los catorce y los veinticinco años de edad, y es probable que sea más dañino que útil para el auto dominio del individuo, exhibido tanto en sus actividades sexuales como espirituales, el tipo de excitación espiritual que genera un avivamiento sobrecargado de emocionalismo.

Aparecieron en Kentucky también aquellas formas más moderadas de desorden que veremos más adelante en los avivamientos de Edwards y Wesley. Me refiero a tales evidencias de la ausencia de ordinaria deliberación racional como las indicadas por cantar distintos himnos a la vez, vociferantes oraciones pronunciadas a la vez por muchos y fuertes exclamaciones de aprobación.

La dificultad de imponer control fue acentuado por la muy considerable medida de ignorancia, superstición y temor que existía actualmente en aquella población.”

Traducido del inglés al español por Homero Shappley de Álamo

Nota del traductor. La gran similitud entre los fenómenos de Cane Ridge y los del pentecostalismo actual, fundado por William Seymour, en Los Ángeles, California, en el 1906, está plenamente comprobada. En Puerto Rico, todos estos fenómenos, quizás con la excepción de “ladrar como perros al pie de un árbol para hacer al diablo subir el árbol”, se han dado en abundancia. El estudioso que compara este tipo de “avivamiento religioso” con los eventos de Pentecostés (Hechos 2),  entendidos correctamente y no interpretados como acostumbran hacerlo los pentecostales, no puede menos que darse cuenta de las grandes y aleccionadoras diferencias. Ya es hora de renunciar todos los pentecostales sus extravagancias y desórdenes, pues respaldo bíblico para semejantes manifestaciones no lo hay. “Dios no es Dios de confusión sino de paz” y de orden (1 Corintios 14:33, 40). ¡Amén!

 
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"Hágase todo decentemente y con orden" (1 Corintios 14:40).

 

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