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“Dueño de su propia voluntad”
1 Corintios 7:37


Alexandr Solzhenitsyn, Premio Nobel por Literatura, 1970, por sus obras tales como El archipiélago GULAG. Habiendo vivido unos años en Estados Unidos de América, criticó a los habitantes del mundo occidental por su falta de fuerza de voluntad  frente al craso materialismo, inmoralidad, libertinaje, "música intolerable" y cosas parecidas que los hunden en toda suerte de mal social y espiritual.
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I.  Introducción.

A.  Salutación. Queridos hermanos y amigos, tengo el inmenso placer y gran privilegio de compartir con ustedes, en esta ocasión, “bellas palabras de vida”, siempre orando que Dios me use para la edificación de todos y cada uno de los presentes.

B.  Título del mensaje: “Dueño de su propia voluntad”. El mismo es tomado de 1 Corintios 7:37. “Pero el que está firme en su corazón, sin tener necesidad, sino que es dueño de su propia voluntad, y ha resuelto en su corazón guardar a su hija virgen, bien hace.”

1.  “Voluntad.” Una de las tres facultades del alma, siendo las otras dos el conocimiento y la memoria.

2.  “Voluntad.” Todo ser humano normal la tiene. Un “poder”, para hacer bien o para hacer mal. ¿Qué hace usted al ejercer la suya? ¿Qué hago yo con este “poder volitivo” que el Creador me ha impartido?

3.  El significado de “voluntad”, según el Diccionario Anaya de la lengua.

a)  “Facultad del ser humano para gobernar sus actos, decidir con libertad y optar por un tipo de conducta determinado.”

b)  “Capacidad de esforzarse lo que sea necesario para hacer una cosa: fuerza de voluntad; no tiene suficiente voluntad para estudiar una carrera, aunque es inteligente.”

c)  “Intención, gana o deseo de hacer una cosa: siempre quiere que se haga su voluntad; no tengo voluntad de marcharme.” (Diccionario Anaya de la lengua. Madrid. Página 1.139)

II.  La “voluntad” en niños y adolescentes.

A.  ¡Hasta los niñitos tienen su “propia voluntad”! ¿Estoy en lo cierto, queridos padres de niños chiquitos, o maestras de ellos? Mariana, Mauricio, Camila, Shael y Yadiel (niños de dos o tres años de edad, de la congregación) -¿acaso demuestran, a menudo, tener su “propia voluntad”? ¿Querer “gobernar sus actos”? ¿Tener intenciones, ganas o deseos de hacer lo que quisieran? ¿Para consternación, a veces, de sus padres o maestras?

B.  Creciendo el niño, su voluntad aumenta y se fortalece cada vez más. En la adolescencia, tiende a tornarse recia, aun rebelde, y en no pocos casos, hasta violenta.

1.  Si les preguntamos a Omar, Karina o Fabián (niños de cuatro o cinco años de edad, de la congregación): “¿Eres tú dueño de tu propia voluntad?”, a lo mejor no sepan cómo responder por no entender cabalmente los conceptos de “voluntad”, “propia voluntad” o ser “dueño” de tal facultad.

2.  Pero, si planteamos la misma pregunta a un adolescente –no voy a nombrar a ninguno, pues he notado que el adolescente se pone hasta tímido en presencia de muchas personas- posiblemente nos respondiera: YO, yo mismo, yo soy dueño de mi propia voluntad. Hago lo que quisiera con mi vida”. Y asimismo es la condición de mucha juventud del presente: efectivamente, hace lo que quisiera con su vida –para  pesar de padres, maestros, la iglesia y la sociedad en general.

C.  Amados jóvenes y adultos todos, ser “dueño absoluto” de un poder tan grande como lo es la “voluntad humana”, ¿quién tiene DERECHO de serlo? ¿Quién cualifica para ello?

1.  ¿Cualifica el jovencito Omar para comprar y guiar su propio automóvil? ¿La jovencita Andrea Nicol para comprar y administrar su propia casa o negocio?

2.  El adolescente de menos de dieciocho años de edad, ¿acaso cualifica para los mismos trámites o ejecutorias? ¿Casarse? En este país, no cualifica para comprar tabaco o bebidas embriagantes –cosa que no debería hacer aunque cualificara.

3.  Pues, pensándolo bien y analizándolo desde todos los ángulos prácticos legales, sociales, morales y espirituales, ¡tampoco cualifican niños o adolescentes para funcionar como “dueños absolutos” de su propia voluntad individual! En el ejercicio de su voluntad, necesitan instrucción inteligente, supervisión sabia y dirección amorosa. Reconocerlo, o no. Aceptar que eso es así, o no.

a)  Una de las razones más fundamentales es que el niño, como también el adolescente, y aun el adulto joven, suele ser “voluble”. “Voluble” es vocablo que  “se aplica a la persona que cambia fácilmente de opinión o tiene un carácter débil y se deja influenciar. Inconstante, inestable, versátil” (Diccionario Anaya de la lengua. Madrid. Página 1.139)

b)  Conforme a observaciones de este servidor, y de muchos que se detienen para estudiar nuestro ámbito, existe, hoy por hoy, un MAL serio, grande y común en las presentes generaciones, a saber: tratar a niños, aun a niños pequeños, y además, a adolescentes, como si tuvieran “derecho innato” de ser “dueños absolutos” de sus propias voluntades. De ejercer, como si fueran adultos maduros, experimentados y sabios, su voluntad aún inmadura, aún en gestación. De “decidir con libertad” sus acciones. De ejecutar, sin trabas o responsabilidad, su “intención, gana o deseo”.

-Padres, abuelos, demás familiares o adultos que tratan así a niños y adolescentes les hacen una gran injusticia, pues estos niñitos y jóvenes simple y llanamente no están preparados para el pleno ejercicio de una potestad tan grande, la que, no controlada y sujetada con la debida fuerza, puede resultar en daños y tragedias a granel, cosa que está aconteciendo en los contornos nuestros con frecuencia alarmante.

-Niños y adolescentes que imponen su voluntad infantil o inmadura por encima de la de padres, maestros y autoridades de toda categoría. Niños y adolescentes que mandan, aun a adultos.

-Niños y adolescentes que, siguiendo los impulsos de sus voluntades agresivas, egoístas, desenfrenadas, revuelcan hogares, escuelas, calles, comunidades, plazas, parques, estadios, centros de entretenimiento, etcétera.

III.  La “voluntad” en adultos.

A.  Tan poderosa, potencialmente, es la “voluntad humana” que también a nosotros los ADULTOS nos hace falta instrucción inteligente, supervisión sabia y dirección amorosa para emplearla constructivamente, y no destructivamente.

B.  Para dominarla. Domarla. Sujetarla a disciplina. Controlar sus arranques, excesos, claudicaciones, arrebatos, locuras.  Porque si no, la voluntad humana –suelta, imperiosa y egoísta- es capaz de hacer daño, o destruir, ya en parte, ya completamente, a matrimonios, hogares, amistades, iglesias, y aun a poblaciones o naciones enteras –como en el caso de fuertes dictadores tales como Hitler, Joseph Stalin, Pol Pot, Mao Tse-tung, Robert Mugabee y Mobutu. Sobretodo, la voluntad humana es capaz de precipitar al alma misma a la perdición eterna.

C.  Personalmente, quiero ser “dueño de” mi “propia voluntad”, y no estoy dispuesto a permitir que terceras personas –familiares, amigos, profesores, filósofos, políticos, deportistas, músicos, actores o actrices- se adueñen de ella, cosa que sí permiten muchísimas personas de inconstante y débil voluntad propia. Pero, que conste: no quiero ser “dueño absoluto” de mi voluntad por temer no poder domarla siempre, obligándola a hacer solo el bien. De ahí, que hace ya muchos años, determiné entregar al Creador y Dador de mi voluntad la potestad suprema sobre ella, pidiéndole que haga su voluntad en mi ser por encima de la mía propia, sabiendo que, mientras estoy en este cuerpo físico, hay en mí una fuerte inclinación de hacer “la voluntad de la carne…” (Efesios 2:3), lo cual no me conviene, pues, cediendo a “la carne”, se pone en grave peligro la eterna salvación de mi alma.

1.  Amigo, amiga, le recomiendo muy encarecidamente tomar la misma determinación referente a su propia voluntad. Entregar al Dios Soberano, la soberanía sobre su voluntad personal.

2.  Haciéndolo, pasará usted a estar en compañía de Jesucristo mismo, quien, tratándose de “voluntades”, declaró: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Juan 4:34). También dijo: “no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre” (Juan 5:30). “Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre” (Mateo 12:50). Juan, el apóstol de amor, escribió: “…el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:17). Así que, si quiere usted permanecer para siempre en el paraíso celestial, haga que su “propia voluntad” se fusione perfectamente con “la voluntad de Dios”. Esto se logra, aprendiendo correctamente el evangelio de Cristo y obedeciéndolo “de corazón”.

IV.  “Fuerza de voluntad.” Hablemos unos minutos de la “fuerza de voluntad”.

A.  El ser humano que es, de verdad, “dueño de su propia voluntad” posee, por inferencia, alguna “fuerza de voluntad”. Tal cual dice 1 Corintios 7:37, “está firme en su corazón, sin tener necesidad…” de ser gobernado por las creencias o los caprichos de otros seres humanos, habiendo “resuelto en su corazón…” el “tipo de conducta” que está decidido a seguir en su vida.

B.  ¿Con cuánta “fuerza de voluntad propia” cuenta usted? Digo, ¿voluntad para hacer el bien? ¿Acaso, casi ninguna, poca, regular porción, mucha o muchísima? El que tiene gran fuerza de voluntad propia lo compararía…

1.  A una masiva roca sólida en medio de un río de aguas tumultuosas. Las corrientes turbulentas de la vida diaria fluyen en derredor de él, pero él resiste, y sigue resistiendo su presión, por fuerte que sea. Él es realmente, literalmente, inconmovible.

2.  Al último soldado en pie de lucha, habiendo caído o huido los compañeros que una vez también estaban en pie con él. Pero, él es armado de pies a cabeza con “toda la armadura de Dios” (Efesios 6:10-20), teniendo tanta “fuerza de voluntad” que sus enemigos caen vencidos, tarde o temprano, en derredor suyo.

3.  A una gruesa columna alta que permanece intacta y vertical en medio de los escombros de la vida, cuando todo, o casi todo, en derredor suyo, está desplomándose.

C.  Una pregunta: ¿Puede usted ser tentado por los muchos placeres dañinos de la carne que ve día tras día por televisión, en la calle, en el centro comercial, en el lugar de trabajo, en fin, casi dondequiera que vaya? ¿Puede ser tentado?

1.  De Dios se dice, en Santiago 1:13, que él “no puede ser tentado por el mal”. ¿Sabe usted por qué no? Entiendo que una razón fuerte tiene que ver, precisamente, con su voluntad, la voluntad misma del Creador. Así, porque él ha determinado ser bueno, un Dios de amor y bondad, justo, recto y santo, y tanta “fuerza de voluntad” posee que, simplemente, “no puede ser tentado”.

2.  Ahora bien, el apóstol Juan dice por el Espíritu: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios” (1 Juan 3:9). ¿Qué no pueda pecar? ¿Qué cristiano presente hoy se atreve a decir que no puede pecar? Pero, de hecho, al cristiano en quien permanece “la simiente de Dios” le escuchamos decir, cuando tentado: “No puedo hacer eso. No puedo ver eso. No puedo ir a ese lugar. Porque es pecado”. Y, ¿por qué “no puede”? Teóricamente, pudiera, pero dice “No puedo”. ¿Por qué no puede? Amados, el tal realmente “no puede pecar” porque su voluntad de NO PECAR es tan FUERTE que siempre dice un tajante y rotundo “NO” al pecado en todas sus manifestaciones, actuando de acuerdo con su invencible voluntad. Un tajante y rotundo…

-“NO”, a las estupefacientes.

-“NO”, a los licores embriagantes.

-“NO”, a la intimidad sexual sin matrimonio bíblico.

-“NO”, a la pornografía, bien sea impresa o de categoría digital. La perniciosa pornografía está a la vista dondequiera. Disponible casi dondequiera. Por medio del Internet, aun en la privacidad de la oficina, o del hogar. Pero, el de fuerte voluntad contra pecar dice que “NO” a ella, evitando verla en el monitor de su computadora, aunque se encuentre completamente a solas, sin que nadie se diera cuenta.

-¿Cuenta usted con tan fuerte voluntad propia?

-¿Cuántos reconocen el nombre de Alexandr Solzhenitsyn? Ruso. Matemático, dramaturgo, y sobretodo, escritor mundialmente famoso. Ganador del Premio Nobel por Literatura, en 1970, por el “Archipiélago GULAG” y otras obras, en las que cuenta sus experiencias personales durante muchos años como prisionero en campamentos de labor forzada en Rusia, particularmente en Siberia, también documentando las de otros prisioneros, y analizando todo aquel sistema político-económico-social. Solzhenitsyn, una vez expulsado de Rusia, vivió unos años en Estados Unidos de América, regresando, en 1994, a vivir en su país natal. Entre las críticas hechas por él contra los habitantes del mundo occidental, especialmente contra los americanos, fue la de no tener ellos suficiente “fuerza de voluntad” para oponerse varonilmente al craso materialismo, inmoralidad, libertinaje, “música intolerable” y cosas parecidas que los hunden en toda suerte de mal social y espiritual. ¿No tener nosotros los del hemisferio occidental suficiente fuerza de voluntad para combatir males que corroen al espíritu del ser humano y debilitan a naciones enteras? Temo que tenga mucha razón el Sr. Alexandr Solzhenitsyn, fallecido en 2008, a los noventa años de edad. Al respecto, de mi parte, quisiera ser una excepción. No ser como la masa de la humanidad. Tener sí suficiente fuerza de voluntad para resistir, y actuar de acuerdo con mi voluntad fuerte y recta. ¿Qué quiere usted para sí mismo? ¿Hundirse con las masas de flaca voluntad cobarde? ¿O separarse de ellas y destacarse por tener una voluntad personal tan fuerte que las inundaciones de inmoralidad azotando a nuestras culturas no puedan arrastrarle a la perdición?

D.  Dos ejemplos de miembros de nuestra hermandad, es decir, de la Iglesia de Cristo, cuyas vidas nos enseñan verdadera “fuerza de voluntad”, digna de emulación. (Revista Kaio. Tomo 2, Edición 4, Julio/Agosto de 2009)

1.  John Mwaniki, Kenya, África. Fecha: 2008. Cuarenta y dos años de edad. Esposo, padre de seis hijos y predicador consagrado del evangelio puro de Jesucristo. Mártir de Jesucristo.

a)  “John, de cuarenta y dos años de edad, era un esposo cristiano dedicado, padre y predicador del evangelio, cuando fue muerto brutalmente en las calles de Rongai, Kenya. Había salido para socorrer a cristianos quienes, a causa de problemas políticos, habían sido obligados a abandonar sus hogares y tierras. Le habían advertido muchas veces a no continuar, pero su compromiso con Jesús le llevó a cruzar líneas tribales con el propósito de ayudar a otros.

En aquel día triste de febrero, 2008, John y otros dos cristianos fueron confrontados en la calle por miembros del culto/ganga Mungiki, un grupo tratando de forzar a la gente a volver a practicar las religiones autóctonas africanas. Ya que John y los otros dos varones no negaron a Jesús como el Cristo, el grupo asió a dos de ellos, escapando el tercero. Ahí mismo en la calle, decapitaron a John y al otro hermano. Sus cuerpos fueron dejados en la calle a pudrirse, y sus cabezas fueron enviadas, como advertencia, a sus esposas.

Su invencible valentía y fe en Dios, aun mientras mirara en los ojos a sus verdugos, son inspiradoras. Ambos varones pagaron el más alto precio. Pudieran haber negado a Jesús, pero ni siquiera una muerte dolorosa podía quebrantarlos.” (Joe Wells)

b)  ¿Cuánta “fuerza de voluntad” se necesita para someterse a una muerte tan cruel e injusta? Tremenda “fuerza de voluntad” demostraron poseer John y su compañero en la fe. Auténticos cristianos. Auténticos mártires de Jesucristo.

c)  Lastimosamente, no pocos miembros de la iglesia tienen tan poca fuerza de voluntad que ni siquiera apagan el televisor o cambian de canal cuando aparecen escenas pornográficas o se dan programas que apoyan aberraciones sexuales tales como el homosexualismo.

2.  Jován Payes. De “gangsta” a “cristiano”. Este joven decide abandonar una ganga, hace fuerte su propia voluntad y cambia completamente su vida. Citamos una parte de la entrevista que le hicieran.

Pregunta: ¿Qué experimentaste mediante aquel estilo de vida?

“Mayormente, me trajo mucha infelicidad. Con todo, cuando pertenecía a la ganga, me sentía orgulloso de ello y de mis amigos, pero reflexionando sobre el pasado, o estaba ciego tocante al daño que infligía a mi mismo o no me importaba. Experimentando con drogas de toda categoría, tratando el sexo como si fuera un juego, tragando cuarenta onzas de alcohol como mi ‘café’ de desayuno, fumando constantemente, viviendo con una paranoia incesante por los ‘cops’ (policía) y huyendo de ellos, mintiendo sin parar a mi familia, poniéndome violento para salir con lo mío, robando a la gente, dando palizas a personas –así fue mi vida.”

Pregunta: ¿Por qué lo hiciste?

“Jamás tuve la intención de pertenecer a una ganga, pero pienso que unos pocos factores me llevaran a tomar el paso. Lo hice para sobrevivir, pues mis amigos y yo habíamos generado demasiados enemigos. Lo hice para sentirme respetado. Lo hice para sentir que perteneciera a un sitio definido, y se me llenó la cabeza con la idea lista de que esto diera por resultado la solución de todos mis problemas. Como dijera anteriormente, estaba en la ganga de una escuela pequeña, pero eventualmente fuimos integrados a una ganga más grande y notoria.”

Pregunta: ¿Cómo fuiste convertido?

“Ello transcurrió durante el lapso de unos seis meses. Básicamente, un día me volví en sí, pensando: ‘Simplemente, quiero ir al cielo’. Yo confrontaba la muerte potencial dondequiera que fuera. Poco a poco, entonces, comencé a retirarme de la calle y empecé a limpiar mi sistema de muchas drogas. Aun comencé a leer mi Biblia. Y, sin que lo supiera, un primo mayor de edad que yo, fue convertido por un oficial superior del Ejército. En noviembre de 1996, mi primo y yo comenzamos a hablar acerca de la iglesia en la Biblia, y poco después de Navidad (1996), fui bautizado para el perdón de mis pecados.”

Pregunta: ¿Qué tal tu vida después de hacerte cristiano?

“Se me hace difícil explicarlo plenamente, pero la parte más importante de mi respuesta es que mi confianza en la gracia renovadora de Dios es tan vital, haciendo que me ponga de rodillas en muchas ocasiones. Me ha traído tanto confort, tanta fortaleza, tanta vitalidad, tanta capacidad de recuperación. Habiendo sido cristiano durante doce años, comprendo el poder asombroso del Evangelio y del Dios que salvó mi alma, transformándome, pese a mis deslices, y haciéndome una persona mejor –un hijo de Dios. En una palabra, bendito.”

V.  Invitación.

A.  Amado joven, apreciado amigo, amiga, usted que, hasta este decisivo momento haya vivido su vida según “la voluntad de la carne”, sin tomar muy en serio las consecuencias presentes o eternas, quisiera, de todo corazón, animarle, si hay en usted alguna voluntad de hacer el bien, de salvar su alma –quisiera animarle a obedecer, con voluntad resuelta, al evangelio. Qué se levante, caminando al frente con paso firme, con el ánimo de confesar delante de este público el nombre de Cristo, teniendo el propósito de arrepentirse de todo error, vicio, inmoralidad, palabra ociosa, acto de violencia, actitud dañina, y bautizarse (sumergirse) en agua, hoy mismo, “para perdón de los pecados”, tal y como enseña Dios (Marcos 16:16; Hechos 2:38; 22:16). Le recuerdo las palabras del apóstol Juan: “el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”, en contraste con “el mundo” que “pasa, y sus deseos”. Y “la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”, para usted, y para todos, es que usted sea transformado “por medio de la renovación de vuestro entendimiento” (Romanos 12:2). El una vez “gangsta” Jován Payes tuvo la necesaria “fuerza de voluntad” para someterse a este hermoso proceso de renovación mental y espiritual, y doce años más tarde, no está arrepentido. ¡Valor!, pues. ¡Haga lo mismo! Y usted también experimentará todas las bendiciones que él, y millones como él, estamos disfrutando.

B.  Querido hermano, hermana, si su voluntad de servir a Dios ha flaqueado, volviendo usted a vivir según “la voluntad de la carne”, después de haber sido purificado una vez en la sangre del Cordero, me incumbe decirle que su situación es peor que la de la persona que nunca haya obedecido al evangelio (2 Pedro 2:18-20). Urge que usted recobre su “fuerza de voluntad” para vivir en santidad y lo puede hacer en este preciso momento, arrepintiéndose y sometiéndose de nuevo a la “buena voluntad de Dios”, pidiendo perdón, tanto a él como a la iglesia, así logrando plena restauración espiritual. Ármese, pues, de mucha “fuerza de voluntad”. Pase adelante, confiando, y oraremos todos por usted, regocijándonos todos en su reconciliación para salvación.

 

 

  

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