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“Lenguas y profecías”

Exposición versículo por versículo de 1 Corintios 14



Ruinas del templo de Apolo en Corinto
www.missionarytoamerica.wordpress.com  

Lección 3

1 Corintios 14:4

“El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia.”

ANÁLISIS

A.  “El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica…”

1.  Habiendo nacido y crecido Plinio (personaje hipotético) en el Siglo I, en la ciudad de Corinto, su idioma natal es el griego. Al escuchar y obedecer al evangelio predicado por el apóstol Pablo en aquella ciudad, bautizándose “para perdón de los pecados” (Hechos 2:38; 18:8), él es añadido por Cristo a la iglesia (Hechos 2:47). El nuevo cristiano Plinio crece en la fe, mostrándose plenamente comprometido y responsable. Andando el tiempo, el apóstol Pablo le impone manos para que reciba un don sobrenatural (Hechos 8:14-18), impartiéndole el Señor el don espiritual (sobrenatural) de hablar la lengua persa. Al instante, Plinio puede hablar perfectamente esta lengua, completamente extraña para él, sin haberla estudiado jamás. ¡Sin acento; sin errores gramaticales! Al llegar a Corinto cualquier persona de habla persa, Plinio puede hacer uso de su magnífico don divino para predicarle el evangelio. También podría salir en viaje evangelístico a las tierras orientales donde persa es la lengua natal de los habitantes, aprovechando allá su poderoso don para anunciar, sin impedimento lingüístico alguno, “las maravillas de Dios” (Hechos 2:11).

2.  Ahora bien, Plinio recibe el don de hablar persa, pero no el don de interpretarla. Tampoco puede interpretarla, se sobreentiende, ningún otro miembro de la congregación en Corinto, pues, de haber tenido algún hermano el don espiritual de interpretar persa, Plinio hubiese podido dirigirse a la congregación mediante el intérprete. Dadas estas circunstancias, Plinio no debería enunciar en voz audible palabra alguna en persa “en la iglesia” sino callarse (Versículo 28). Puede pedir “en oración poder interpretarla” (Versículo 13), pero ha de guardar silencio “en la iglesia” hasta no recibir de Dios una respuesta positiva. También existe otra opción, a saber, que “hable para sí mismo y para Dios” (Versículo 28). Es decir, que no hable persa en voz audible sino calladamente, en su espíritu.

3.  Sujetándose Plinio debidamente a las directrices del Espíritu Santo, al congregarse con los demás cristianos y optar por hacer uso de su don, hablaría persa solo en su propia espíritu, calladamente, y no en voz alta. Haciéndolo de esta manera, “a sí mismo se edifica”, tal y como dice el Versículo 4 bajo análisis. Que conste: ¡solo “a sí mismo” edificaría, y no a ningún otro de la congregación! Por la sencilla razón de que ningún otro le estaría escuchando. Porque Plinio habla solo para sus adentros, en su espíritu, y no en voz audible. “Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios(Versículo 27).

-Aquí, confrontamos unas problemáticas intrigantes. Si Plinio no entiende en su propia mente lo que él mismo dice en persa, ¿cómo podría edificarse “a sí mismo”, conforme al 14:4? En tal caso, ¿con qué propósito hablar “para sí mismo”, de acuerdo con la directriz en el 14:27? Por otro lado, si entiende en su propia mente lo que dice en persa, se supone que pudiera comunicar a otros, aun a toda la congregación, el mensaje que su mente ha comprendido. En este caso, ¿por qué hablar solo “para sí mismo”, y no para otros?

a)  Supongamos que Plinio, al hablar persa, no entienda en su propia mente lo que él mismo está diciendo. Siendo esta la situación, no debe hablar persa en voz alta en la congregación, a menos que haya intérprete (Versículos 27 y 28). Podría hablar solo “para sí mismo y para Dios”, edificándose solo “a sí mismo”. Mas, ¿cómo edificarse “a sí mismo” si su mente no entiende la lengua persa? “Edificarse” implica: instruirse, ensanchar el entendimiento, fortalecer al espíritu, crecer espiritualmente. La solución a este aparente enigma la provee el mismo Espíritu Santo, a través del apóstol Pablo, en 1 Corintios 14:14-15. “Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto. ¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento.” Plinio habla en persa, “lengua desconocida” para él. Su espíritu habla, pero su entendimiento queda sin fruto. Su espíritu entiende sí, y es edificado, pero su mente, no comprendiendo la lengua persa, no entiende, quedando sin fruto, es decir, sin entendimiento.

(1)  Mediante la explicación de Pablo, se nos enseña que el espíritu de uno puede actuar independientemente de la mente (cerebro, intelecto). El apóstol dice claramente “mi espíritu ora”. Así que, se trata del “espíritu” que moraba en su cuerpo físico, y no del Espíritu Santo. Entonces, al decir Pablo “Oraré con el espíritu… cantaré con el espíritu”, no quiere decir “orar o cantar con el Espíritu Santo” sino con su propio “espíritu”. Pero, quiere decir sí que con su propio “espíritu” oraría y cantaría en “lengua desconocida” para él, quedando su conocimiento (mente, cerebro, intelecto) “sin fruto”, pero no así el entendimiento de oyentes para quienes la “lengua desconocida” usada por Pablo sería una lengua (idioma, dialecto) completamente entendible.

(2)  Al hablar Plinio “para sí mismo” en persa, “lengua desconocida”, recalcamos, para él, su espíritu, entidad espiritual independiente de su mente (intelecto, cerebro) material, ¡es edificado! Su espíritu es edificado independientemente de su mente. Normalmente, habría, conforme a nuestro entendimiento de estos temas, una interacción frecuente entre el “espíritu” de uno y su “mente”, pero la existencia y el funcionamiento del espíritu no dependen de la existencia y el funcionamiento de la mente. Al fin y al cabo, el espíritu sobrevive la muerte del cuerpo físico, incluso la muerte del cerebro (2 Corintios 5:1-10).

(3)  Los dones sobrenaturales se llaman “dones espirituales” en 1 Corintios 12:1. El don espiritual de hablar persa lo recibe el espíritu de Plinio, acomodándose, efectivamente, "lo espiritual a los espiritual" (1 Corintios 2:13). Este varón cristiano posee, al igual que todo ser humano normal, la facultad de voluntad. Ejerciendo esta facultad, Plinio tiene potestad sobre su don sobrenatural de hablar persa. Puede usarlo dondequiera y cuando quiera determine hacerlo. Si decide no usarlo, el Espíritu Santo no le obliga a usarlo. Si decide usarlo cuando no debería, puede hacerlo, aunque las consecuencias resulten ser contraproducentes. Al reunirse con la iglesia “en un solo lugar” (14:23), si decide usarlo solo “para sí mismo”, sin hablar en voz alta, su espíritu será edificado. Su espíritu se comunica consigo mismo a través del don espiritual que el espíritu mismo ha recibido, entendiendo, y por ende, edificándose. La mente humana, con su entendimiento humano, no juegan ningún papel en este escenario.

(4)  Ahora bien, si Plinio decide hablar persa en voz alta, su espíritu, dueño del don espiritual de hablar persa, toma control de la mente de Plinio, de su cerebro, cuerdas vocales, garganta, lengua física y labios, comunicándose audiblemente con cualquier oyente al alcance de la voz física de Plinio. Si ningún oyente entiende persa, Plinio estaría hablando “al aire” (14:9), en términos del mundo material y los seres humanos, aunque tanto su propio espíritu como Dios mismo entendieran lo expresado. Pero, Dios no quiere que hablemos “al aire” sino “palabra bien comprensible” (14:9), para edificación de cualquier oyente. “Hágase todo para edificación” (14:26). Hablar “al aire” no tiene sentido.

(5)  Nuestro hermano Plinio, habiendo recibido en su propio espíritu el don espiritual (sobrenatural) de hablar persa, decide ir a Persia, donde el idioma persa es la lengua natal de millones, para proclamar en persa el evangelio. Llegando, predica, con admirable soltura, en persa. Sus oyentes le entienden perfectamente, pero su propio entendimiento, el de su mente humana, no comprende nada. Algunos persas quedan convencidos, deseando obedecer al evangelio proclamado, con precisión y elocuencia, por Plinio en persa. Ya que este evangelista no entiende, en su mente (cerebro, intelecto) humana, persa, ¿cómo se comunicarían los persas con él, dándole a conocer su deseo de arrepentirse, confesar el nombre de Cristo y bautizarse “para perdón de los pecados” (Hechos 2:38). Pues, es de suponerse que algún persa pudiera conversar, aunque a medias, en griego, la lengua franca de gran parte del Imperio Romano del Siglo I, especialmente en las áreas orientales, tales como Persia. Seguramente, los persas se las arreglarían para hacerse entender, aunque fuera por señas.

b)  Pero, sin duda, no faltaría quien objetara el escenario que acabamos de presentar, planteando que Plinio, al hablar la lengua persa, entienda no solo en su propio espíritu sino también en su propia mente humana, lo que él mismo está diciendo.

(1)  Asumiendo que el asunto fuera tal, surgirían ciertas dificultades tales como las siguientes. Antes de recibir el don espiritual de hablar persa, Plinio no podía entender o hablar nada en este idioma. Habiéndolo recibido, si de repente puede no solo hablarlo sino también entenderlo perfectamente en su mente humana, entonces, lógicamente, su mente estaría traduciendo del persa al griego, su lengua natal, la información impartida sobrenaturalmente, en persa originalmente, por el Espíritu de Dios. Pues bien, si él está entendiendo perfectamente en griego lo que le fue revelado en persa, ¿por qué pedir él “en oración poder” interpretar la lengua persa al griego, conforme al consejo dado por Pablo en 1 Corintios 14:13? ¡Lo puede hacer ya! Por ende, también puede ser su propio intérprete. Y si puede ser su propio intérprete, no tendría que callarse en la iglesia. Tampoco tendría que hablar solo “para sí mismo y para Dios”, o edificarse solo “a sí mismo”.

(2)  Además, el don de “interpretación de lenguas” no fue dado necesariamente a todo aquel que recibiera el don de hablar “diversos géneros de lenguas”. “Porque a este es dada por el Espíritu palabra de sabiduría… a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas (1 Corintios 12:8-10). El apóstol Pablo pregunta retóricamente: “¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos?(1 Corintios 12:30). La respuesta obligatoria es “Negativo”; no todos hablan lenguas; no todos interpretan lenguas. Algunos hablan lenguas; otros las interpretan. La norma indicada es que el cristiano que recibiera, en el Siglo I, el don de hablar “diversos géneros de lenguas” no recibiría también el don de “interpretación de lenguas”. A nuestro humilde parecer, este arreglo demuestra una vez más la sabiduría característica de las obras de Dios. Si el hermano Plinio no solo recibe el don espiritual de hablar el idioma persa sino también dice poder interpretarlo, pese a no haber entendido anteriormente nada expresado en persa, se expone, en la iglesia de Corinto, a la posible crítica: “¡Ah! Hermano Plinio, usted nos comunica en griego lo que supuestamente el Espíritu Santo le revelara originalmente en persa. Ninguno de nosotros entiende persa. Así pues, ¿por qué habríamos de dar credibilidad a su interpretación? Su testimonio personal no basta.” De hecho, si Plinio asegura entender en su propia mente humana lo que le fue revelado originalmente en persa, teóricamente podría…

(a)  Parafrasear en griego lo que le fue revelado en persa con precisión y perfección.

(b)  Dar una traducción inexacta, imprecisa, no profesional, imperfecta.

(c)  Resumir lo revelado.

(d)  Dar el sentido, nada más.

Pero, ¡no es aceptable ninguna de estas acciones! A menos que Plinio haya recibido el verdadero don de “interpretación de lenguas”, no cualificaría para ofrecer alguna traducción del idioma persa al griego que no fuera absolutamente exacta y perfecta.

(a)  Porque, lógicamente, ha de ser absolutamente exacta y perfecta la comunicación de la Palabra inspirada de Dios a cualquier pueblo en su propia lengua (idioma) o dialecto natal.

-Para que el mensaje sea de Dios, y no de los hombres.

-Para evitar errores doctrinales.

-Para hacer posible que hablemos “todos una misma cosa” (1 Corintios 1:10) y que “sigamos una misma regla” (Filipenses 3:16).

No habiendo en la iglesia de Corinto quien traduzca perfectamente la lengua persa a la lengua griega, no es permisible que Plinio se dirija en persa a la feligresía, ni es aceptable que él pronuncie en griego una paráfrasis o resumen de lo supuestamente revelado a él.

(b)  Porque la traducción correcta a cualquier idioma o dialecto de la “buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2), ha de ser testificada, lógicamente, por terceras debidamente cualificadas. Supongamos que el hermano Plinio se pare en la congregación de Corinto y pronuncie un mensaje en lengua persa. Luego, dice en griego a los hermanos presentes: “Esta es la doctrina que Dios acaba de revelarme en persa”, expresando la alegada “doctrina” en griego. Así, él mismo se constituye el único testigo a lo supuestamente revelado, pues ninguno de los presentes entiende persa, ni ha recibido ningún otro hermano el don sobrenatural de interpretar persa. Esto sería totalmente inaceptable. Permitiéndose semejante proceder, se facilitaría la introducción de enseñanzas o prácticas puramente humanas.

-Aplicación al presente. De hecho, este mismo proceder es practicado en no pocas iglesias hoy día, con resultados nocivos para multitudes de ingenuos. La rutina mañosa suele ser: verter “el profeta”, “el pastor” o “el evangelista” que reclama “hablar en lenguas por el Espíritu” un chorro de jerigonzas, diciendo enseguida en la lengua común de los oyentes: “Dios acaba de revelarme en lengua angelical que es necesario que todo cristiano diezme, y que añada ofrendas voluntarias al diezmo, y que él castigará duramente al que no lo haga”. ¿Acaso haya ángel verdadero en la tierra que confirme lo reclamado, testificando que el autor de estas palabras haya hablado en idioma de los ángeles? ¡Claro que no lo hay! Comoquiera, toda persona que conoce las Sagradas Escrituras sabe que Dios mismo eliminó el sacerdocio levítico, y juntamente con él, los diezmos de aquella antigua ley. “Cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley” (Hebreos 7:12). Así que, diga lo que diga el que asegura “hablar lenguas angelicales”, los diezmos fueron clavados en la cruz. (Para estudios detallados al respecto, recomendamos www.editoriallapaz.org/diezmos_compilacion.htm.)

4.  Volvamos un momentito al caso del hermano Plinio. Reunido este hermano con los demás cristianos en Corinto, ¿con qué justificación optaría él hablar persa “para sí mismo”, edificándose solo “a sí mismo”, pudiendo prestar atención a los demás hermanos que trajeran salmos, doctrinas, revelaciones, etcétera (Versículo 26)? Quizás por estar ellos repitiendo materias ya dominadas por él. Cosa semejante hacen algunos oyentes en las congregaciones del presente al estudiar, meditar, reflexionar, en su mente, calladamente, sobre temas distintos al que esté presentando el predicador o maestro.

B.  “…pero el que profetiza, edifica a la iglesia.”

1.  El apóstol Pablo ya había dicho en la oración anterior que “el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación” (Versículo 3). Vuelve a hacer hincapié en el propósito primordial de profetizar, a saber, edificar “a la iglesia”.

2.  Todo lo hecho en la congregación debería edificar. No solo profetizar sino también hablar en lenguas. “Hágase todo para edificación” (Versículo 26b). Quien no sepa o no pueda edificar según las normas de Dios más le conviene sentarse y callarse, a no ser que reciba mayor condenación. “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación” (Santiago 3:1).

 

 

  

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