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Profecías para hoy y mañana. También del pasado. Cumplidas, cumpliéndose o a cumplirse. Gran cantidad de estudios relevantes.

Señales de los tiempos actuales. Muchas identificadas y analizadas.

La Segunda Venida de Jesucristo. El milenio, rapto, poco de tiempo, ARMAGEDÓN y muchos otros temas relevantes disponibles en esta Web.  Lista, con enlaces.

Los tronos de los apóstoles de Cristo. Asignados un reino, los apóstoles se sientan “en tronos juzgando a las doce tribus de Israel”.

El juicio que comienza con la casa de Dios. 1 Pedro 4:17-19. Parte 2 de Juicios y destinos espirituales. Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios…”

 

 

De juicios y destinos espirituales

 

¿Confusión de juicios en el Nuevo Testamento?

 

 

Una multitud de seres humanos de ambos sexos, distintas edades, nacionalidades, culturas, religiones o creencias ateas se van acercando, uno a uno, a estrados en el Juicio de las naciones, ante el trono de la gloria del Hijo del Hombre a realizarse después de la Segunda Venida en gloria., gráfica para el subtítulo El juicio de las naciones, del estudio Juicios y destinos espirituales, en editoriallapaz.org.

 

Una multitud de seres humanos de ambos sexos, distintas edades, nacionalidades, culturas, religiones o creencias ateas se van acercando, uno a uno, a estrados en el Juicio de las naciones, ante el trono de la gloria del Hijo del Hombre, a realizarse después de la Segunda Venida en gloria.

 

Preguntas y planteamientos

¿Una contradicción doctrinal seria en las enseñanzas de Cristo y sus apóstoles?

Respuestas y comentarios

Análisis de textos bíblicos relevantes

 

Preguntas, inquietudes y planteamiento de una contradicción seria por un lector muy consagrado al estudio de las Sagradas Escrituras.

“¿Cómo es eso de ir al paraíso del Hades o a un lugar de tormento inmediatamente después de morir? ¿Acaso debemos entender que ya fuimos juzgados? Notará allí usted que le estoy presentando una contradicción doctrinal seria, ya que planteo lo siguiente: de ser el caso que yo muera hoy, y por ventura sea llevado por ángeles al "seno de Abraham", ¿deberé entender que permaneceré allí hasta que el Señor me llame a Juicio y allí me diga "…entra en mi gozo"? O sea, ¿debería entrar a un estado similar o igual donde estaba ya antes? Y al que estaba en el tormento, ¿lo mandará de nuevo al tormento? Entonces, ¿qué sentido tendría el juicio final?”

Respuestas, comentarios y análisis de textos relevantes

 “¿Acaso… ya fuimos juzgados?”, pregunta usted, querido hermano en Cristo. O sea, ¿es juzgado cada alma-espíritu tan pronto se quede sin cuerpo físico a causa de la muerte que este sufre? Mi respuesta: entiendo que sí.

Al final de su correo, usted expresa cierto temor por haber abordado este tema y los demás presentados en su comunicación. Pues, le hago saber que, a la verdad, yo mismo vengo reflexionando sobre estos mismos temas hace muchos años, deseando entenderlos mejor para mi propia satisfacción y crecimiento espiritual, como, además, para explicárselos a otras personas, por ejemplo, usted, que también desean más luz sobre ellos. Así que, usted se une a este servidor y a otros tantos que hemos tenido inquietudes, dudas y no pocas preguntas al confrontar estos temas en la Biblia. 

Veamos. Juntando los textos bíblicos relevantes a sus preguntas y planteamientos, y esforzándome, sin violentar los textos, para eliminar aparentes contradicciones, he llegado a la conclusión de que el alma-espíritu de cada uno es juzgado “después de la muerte” de su cuerpo físico, y no mil años, o miles de años después, sino enseguida, antes de ser trasladado a cualquier lugar en las regiones espirituales.

 

Una figura humana se aleja de las dimensiones terrenales hacia las espirituales y como alma-espíritu sin cuerpo físico se presentará ante el tribunal de Cristo donde su destino espiritual será decidido según las obras que hizo estando en su cuerpo físico en la tierra, ilustración para el subtítulo El juicio después de la muerte, del tema Juicios y destinos espirituales.

 

Una figura humana se aleja de las dimensiones terrenales hacia las espirituales y como alma-espíritu sin cuerpo físico se presentará ante el tribunal de Cristo donde su destino espiritual será decidido según las obras que hizo, estando en su cuerpo físico en la tierra.

 

El juicio después de la muerte

Hebreos 9:27

A mi entender, el texto de Hebreos 9:27 respalda esta conclusión de manera prácticamente contundente. Dice: “…está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.” Después de la muerte del cuerpo físico, ¿qué ocurre? “…el juicio.” ¿Qué juicio? Contextualmente, el juicio de “los hombres que mueran”, físicamente, “una sola vez”. Cada hombre (varón, mujer, cada ser humano) muere físicamente una sola vez, y “después de esto”, es decir, su muerte, la muerte de su cuerpo físico, el próximo evento para cada uno es “el juicio”. El juicio sobre su vida “mientras estaba en su cuerpo” (2 Corintios 5:10).

En el texto no se colocan, ni por inferencia, otros eventos entre la muerte del cuerpo físico y el juicio del alma-espíritu. Por ejemplo: ser trasladado al Paraíso o al Tártaro en el Hades, la resurrección de los mártires, la resurrección de los buenos, la resurrección de los malos, la Segunda Venida de Cristo en gloria, la destrucción del universo material y el fin del tiempo. El adverbio “después” no se extira hasta miles de años para abarcar tales eventos antes de efectuarse “el juicio”.

Hace miles de años murieron Adán, Eva, Caín, Abel, Tubal-caín, Matusalén, Noé, Nimrod, Sansón, Jezabel, Nefertiti, Salomón, Acab y multitudes de su época. ¿Todavía aguardan el juicio después de su muerte? ¿Es larguísimo el “después” para aquellos, pero cortísimo para los que mueren en el presente?

“…los hombres” no mueren todos a la vez, en masa, sino uno a uno, individualmente, y “después” de la muerte de cada uno el próximo evento para cada uno es “el juicio” de cada uno, individualmente, y no en masa. No mueren individualmente para luego tener que esperar todos hasta la muerte del último, para solo entonces ser llevados todos a un juicio a efectuarse en un solo “día” después de la Segunda Venida de Jesucristo.

El alma-espíritu del muerto no se queda en limbo, esperando, reiteramos, hasta miles de años para una decisión del Juez Jesucristo (Juan 5:22 y 27) sobre su destino en las esferas espirituales. Lógicamente, hace falta una pronta determinación al respecto, y esto es precisamente lo que se enseña en Hebreos 9:27. Después de la muerte, el próximo evento efectuado enseguida es “el juicio” de cada alma-espíritu individualmente. “…cada uno” recibe “según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios 5:10). “…es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo”, dice la primera cláusula del versículo, pero no se añade “a la vez, en un solo día de juicio”. Cada uno se comparece como alma-espíritu al morir su cuerpo físico. Juzgado cada uno individualmente, los justos y obedientes a la voluntad de Dios son llevados al Paraíso, en el Hades, mientras los injustos y desobedientes son enviados al Tártaro, también en el Hades, pero separado del Paraíso por una gran sima, donde las condiciones son las opuestas a las del Paraíso (Lucas 16:19-31). Al proseguir este estudio, comprenderemos que otros textos bíblicos sostienen esta explicación.

 

Una multitud de seres humanos de distintas razas, nacionalidades, culturas, de ambos sexos, jóvenes, adultos y ancianos, ocupan una espaciosa expansión celestial ante el trono de gloria, y el Juez Jesucristo separará las ovejas de los cabritos, conforme a ls obras de cada uno, ilustación para el tema Juicios y destinos espirituales.

 

El juicio de las naciones ante el “trono de gloria”

después de la Segunda Venida del

“Hijo del Hombre” en “gloria”

Mateo 25:31-46

Ahora bien, “el juicio” de Hebreos 9:27 NO es el juicio de las naciones proyectado, según Mateo 25:31-46, por el propio Jesucristo para después de su Segunda Venida en gloria.

El juicio de las naciones Cristo lo proyecta para después de su Segunda Venida. “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos” (Mateo 25:31-32).

Escrutando cuidadosamente todo el texto de Mateo 25:31-46, concluyo que estas naciones reunidas delante del Hijo del Hombre después de su venida en gloria son las naciones encontradas en la tierra justamente en el día de la Segunda Venida, y no, en definitiva, todas las naciones desde la primera, hace miles de años, hasta el fin del tiempo, ni todos y cada uno de los seres humanos habidos en el planeta Tierra desde Adán y Eva hasta el último vivo al llegar el fin del mundo. Son las naciones existentes durante el “poco de tiempo” entre el fin del Milenio de libertad religiosa y la Segunda Venida del Señor(Apocalipsis 20:1-10).

La inmensa mayoría de los ciudadanos de estas naciones se compone de gentes ateas. Incluso, muchísimos gobernantes engañados por Satanás (Apocalipsis 16:12-16) al quedarse suelto él después de los mil años (el Milenio) durante los que es atado (limitado, restringido) en el abismo (Apocalipsis 20:1-10). “…tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales… van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso.” Estos reyes (gobernantes de toda suerte) engañados se reúnen, con sus séquitos igualmente engañados y personas depravadas de toda clase, en un lugar llamado “Armagedón” (Apocalipsis 16:13, 14 y 16) para “la batalla” final entre las fuerzas del bien y del mal. Aparecen de nuevo en las revelaciones de Apocalipsis 20:8-9. Suelto Satanás después de los “mil años” en el abismo, sale “a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar. Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; y de Dios descendió fuego del cielo, y los consumió”. Muertos por intervención divina directa, son citados para juicio delante del “trono de gloria” del “Hijo del Hombre” después de su Segunda Venida en “gloria”. Estos son “los cabritos” puestos “a la izquierda” (Mateo 25:33). Tan desesperados frente al triunfante e invencible “Rey de reyes y Señor de Señores” que se atreven a porfiar que hicieran lo mismo que las ovejas. Pero, terribles “cabritos” eran, y el Juez responde: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” (Mateo 25:41).

Aunque la mayoría de los seres humanos vivos en el día de la Segunda Venida “como ladrón en la noche” integran las fuerzas ateas y depravadas levantadas contra la Deidad y su iglesia en la tierra (Apocalipsis 20:7-9) en el fiero último conflicto moral-espiritual llamado “Armagedón” (Apocalipsis 16:16), habrá entre esas naciones muy corruptas y perseguidoras al menos algunas personas buenas y justas. Estas personas, no teniendo conocimiento de Cristo y su evangelio, o quizás solo un conocimiento somero, manifestarán su bondad y justicia por medio de obras de caridad y justica. Estas son las que, en el juicio de las naciones tal cual proyectado según Mateo 25:31-46, dirán, con humildad, honestidad, asombro e ingenuidad sumamente admirables: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?” Mientras el creyente con amplio conocimiento de Jesucristo y su evangelio bien sabe, cuando hace tales obras, precisamente para quién las hace y con qué motivo, dando honra y gloria a Jesucristo, estas personas no tienen tal conocimiento. Pertenecen a la categoría de los que “…hacen por naturaleza lo que es de la ley…  mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos” (Romanos 2:14-15). No saben el evangelio puro, sin embargo, por naturaleza -por su humildad innata, buena disposición y sentido común del bien y del mal, de lo justo, de lo bueno- actúan de acuerdo con principios fundamentales del evangelio puro, haciendo bien al vecino. Estos son “las ovejas” puestas “a la derecha” en el juicio de las naciones ante el “trono de gloria” del “Hijo de Hombre”. Estos “justos” irán “a la vida eterna” (Mateo 25:46).

Estas ovejas puestas a la derecha en el juicio de las naciones no pueden ser los justos y obedientes admitidos, como almas-espíritus, al Paraíso del Hades desde el tiempo de Adán y Eva hasta el fin del “poco de tiempo” que precede de inmediato la Segunda Venida de Cristo. Por la sencillísima razón de que todos los moradores en el Paraíso de Hades ¡son resucitados ANTES de la Segunda Venida! Y, juntándose “en las nubes” con los justos vivos en la tierra en el día del fin, los que son transformados sin experimentar la muerte de sus cuerpos físicos (1 Corintios 15:51-52), ¡acompañan al Señor en su Segunda Venida como el “Fiel y Verdadero” montado en su “caballo blanco””! (1 Tesalonicenses 4:13-18; Apocalipsis 19:11-21) Habiendo recibido ya, mediante la resurrección y/o transformación inmediata, su cuerpo espiritual glorificado, espiritual, poderoso e inmortal (1 Corintios 15:42-44), no son citados para ser sometidos de nuevo a juicio en el juicio de las naciones delante del “trono de gloria” del “Hijo del Hombre” después de su Segunda Venida en “gloria”. ¿Juzgar de nuevo a los que ya son reyes y sacerdotes espirituales glorificados, coronados de gloria, honra e inmortalidad? ¡Del todo inconcebible!

 

Personas de distintas culturas, razas y nacionalidades se presentan ante el gran trono blanco, algunas con armas, bebidas embrigantes, etcétera, que usaban en la tierra, para ser juzgadas, cada una, conformea a sus obras, gráfica para el subtítulo El juicio ante el gran trono blanco, del estudio Juicios y destinos espirituales.

 

El juicio ante “el gran trono blanco”

Apocalipsis 20:11-15

Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

¿Será este juicio delante del “gran trono blanco” revelado al apóstol Juan en la isla de Patmos en el año 95 el mismo que el juicio de las naciones profetizado por Jesucristo en año 30 durante su ministerio terrenal? ¿Dos cuadros distintos, con enfoques un tanto diferentes, del mismo evento? Personalmente, lo considero probable.

En ambos cuadros aparece un “trono”. El “trono de gloria” en el de Mateo 25; el “gran trono blanco” en el de Apocalipsis 20.

En ambos cuadros un miembro de la Deidad ocupa el trono. El “Hijo del Hombre” en el de Mateo 25; “Dios” en el de Apocalipsis 20. Dios el Padre concede todo juicio a su Hijo Jesucristo, según explica el propio Hijo en Juan 5:22 y 27. Esto no quiere decir necesariamente, a mi entender, que el Padre no esté presente para el juicio del “trono de gloria” o que el Hijo no esté presente para el juicio del “gran trono blanco”.

En ambos cuadros el juicio es llevado a cabo justamente después de la Segunda Venida de Cristo. “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria”, en Mateo 25. Después de que “huyeron la tierra y el cielo”, en Apocalipsis 20.

En ambos cuadros figuran gentes engañadas, destacándose sus líderes ateos, de las naciones existentes durante el “poco de tiempo” previo a la Segunda Venida de Cristo. Lo hemos comprobado ya en lo concerniente al cuadro de “las naciones” de Mateo 25. Y los vemos claramente en el cuadro de Apocalipsis 20, pues vemos a…

 “…los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios” (Apocalipsis 20:12). Seguramente, estos son los mismos “pequeños y grandes” que “fueron muertos” por Jesucristo al final de la batalla de Armagedón (Apocalipsis 19:17-21). La fraseología es, efectivamente, la misma, y el enlace, en términos de tiempo, entre Armagedón y el juicio del “gran trono blanco”, es evidente. Estos “pequeños y grandes” son los “reyes… capitanes… fuertes… jinetes… libres y esclavos” que pelean contra el Cordero en Armagedón (Apocalipsis 19:18). Son ateos y depravados empeñados en destronar a Dios y destruir a su iglesia en la tierra. ¡Son los mismos que “los cabritos” de Mateo 25! No apareciendo sus nombres escritos “en el libro de la vida”, son lanzados “al lago de fuego” (Apocalipsis 20:15), sinónimo del fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” de Mateo 25:41.  

En ambos cuadros figuran almas-espíritus exonerados de sus pecados, a quienes se les otorga la dicha de ir “a la vida eterna” por comportarse como “ovejas” en medio de lobos durante los días de su vida en la tierra. Esto está muy claro en Mateo 25, y entendido por implicación en Apocalipsis 20. Tener a la mano “el libro de la vida” en el juicio del “gran trono blanco” implicaría existir la posibilidad de haber personas citadas para el juicio a quienes se les pudiera conceder, por misericordia divina, entrada “a la vida eterna”. Además, la oración Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” implica, certeramente, que los nombres de algunos fueron hallados sí “en el libro de la vida”.

Estos, pese a no ser cristianos durante los días del “poco de tiempo” que viven en cuerpos de carne y sangre, no se dejan llevar por las corrientes de ateísmo y depravación moral que arrebatan a la gran mayoría de los seres humanos de referida etapa abreviada. Humildes como ovejas (Mateo 25:33), tratan bien a los cristianos perseguidos (Mateo 25:40), y quizás aun a algunos de sus perseguidores, pues así es la ingenuidad y bondad de seres humanos verdaderamente humildes que ni siquiera hacen acepción de personas. Debido a sus obras de caridad y su justicia (Mateo 25:34-40), como también a su conciencia limpia y al hecho de que, sin saber el evangelio, “hacen por naturaleza” lo que es del evangelio (Romanos 2:14-16), sus nombres aparecen en “el libro de la vida” (Apocalipsis 20:12), otorgándoles entrada en el Reino glorificado y eterno de Dios (Mateo 25:34; Mateo 19:14; 2 Pedro 1:11). “…Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia(Hechos 10:34-35). Así que, “ovejas” en el juicio de las naciones, según Mateo 25, y en el juicio del “gran trono blanco”, también, por inferencia, almas de la misma categoría.

¡OJO! Recalcamos para énfasis: entre los tales no se encuentran los justos de todas las edades de la tierra que transpiran antes de la Segunda Venida de Cristo, pues los justos en el Paraíso del Hades son resucitados previo a la Segunda Venida y los cristianos vivos en la tierra son transformados previo a la Segunda Venida, juntándose tanto aquellos como estos “en el aire” para acompañar al Señor Jesucristo en su Segunda Venida (1 Tesalonicenses 4:13-18; Apocalipsis 19:14).

 

El gran trono blanco sobre una gran plataforma redonda, con gradas alredor para subir y seres  humanos enfilñandose hacia el Juez supremo, ilustra el subtítulo El juncio al mundo con justicias en un día establcido por Dios, del tema Juicios y destinos espirituales, en editoriallapaz.

 

El juicio “al mundo con justicia” en

“un día” establecido por Dios

Hechos 17:31-32

“Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17:30-31).

 

Así que, un día en particular, un solo día “establecido” para juzgar “al mundo con justicia”.

En este contexto, ¿abarca “mundo” a todos los seres humanos desde Adán y Eva hasta los últimos vivos en el planeta Tierra al Cristo presentarse en su Segunda Venida? En tal caso, sumarían unos cuantos miles de millones. Más o menos dieciséis miles de millones (16,000,000,000) dicen los eruditos en la ciencia de poblaciones. ¿A ser sometidos a juicio en un solo “día”? Desde luego, “…para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día” (2 Pedro 3:8), y para él “nada es imposible”, dicen, pero ¿será necesario invocar tales consideraciones para entender o explicar el texto?

¿Abarca “mundo” a todos y cada uno de los justos y obedientes admitidos al Paraíso del Hades a través de todos los siglos de la existencia humana en la tierra? Razonamos que NO, ¡NEGATIVO!, ya que todos los habitantes del Paraíso están totalmente a salvo, seguro e irreversible su destino final, el cual es su nueva “casa no hecha de manos, eterna, en los cielos” (2 Corintios 5:1). Ellos no están esperando otro juicio, definitivamente que no, sino la resurrección de su cuerpo, proceso que resulta en la perfecta transformación del cuerpo material a cuerpo espiritual, poderoso, glorioso e inmortal. Su esperanza se hace espectacular realidad cuando son resucitados, transformados y glorificados ANTES de la Segunda Venida de Cristo. ¡ANTES! Así, recibiendo sus nuevos cuerpos espirituales, ¡acompañan al Señor en su Segunda Venida! Enseñanza diáfanamente clara de 1 Tesalonicenses 4:13-18. ¿Con qué sentido someterlos de nuevo a otro juicio después de la Segunda Venida? Semejante desenlace para ellos no se enseña en las Sagradas Escrituras. ¡Ah! Estoy consciente de haber expresado lo mismo varias veces ya, y pido disculpas por las repeticiones, pero para que no se nos pierda de vista hechos imprescindibles para el entendimiento de “juicios”.

Dado que “mundo” no abarca a la multitud en el Paraíso del Hades que aguardan su resurrección y glorificación, se deduce que se trata de los pecadores impenitentes cuya sentencia oficial y final será dada a conocer en “el día del juico” establecido “para ser castigados” ellos eternamente, “día” identificado en 2 Pedro 2:9. “MUNDO”, pues, sinónimo de gentes no convertidas a Dios.

Dios “…juzgará al mundo con justicia”. ¿Qué quiere decir “con justicia”? Su significado se pone de manifiesto perfectamente en los dos cuadros proféticos del juicio de las naciones existentes en los días previos a la Segunda Venida de Cristo. El cuadro de Cristo en Mateo 25 y el cuadro del apóstol Juan en Apocalipsis 20, ambos examinadas cuidadosamente ya.

Añadimos que la “justicia” a aplicarse en ese “día” a los impenitentes incorregibles se reviste de solemne severidad tajante. Será la demostración del justo juicio de Dios… Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan…”,manifestándose “el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder” (2 Tesalonicenses 1:5-9).

Entonces, ¿por qué proclamar a los atenienses, y, por extensión, a toda la humanidad, que Dios ha establecido tal “día” de juicio para el “mundo” de los no convertidos al Señor? ¿Por qué exhortarles a arrepentirse? Respuesta: para que se arrepientan de verdad y a tiempo, se bauticen “para perdón de los pecados” (Hechos 2:37-47; 22:16), y perseveren hasta el fin en santidad, ¡tomando todas las medidas necesarias para evitar verse obligados a presentarse en el juicio después de la Segunda Venida de Cristo! Para los así llevados a juicio, no habrá ni misericordia ni escapatoria. Su culpabilidad y condenación están selladas. Su sentencia es irreversible. No hay provisión alguna para una apelación. El día de su juicio ante la Deidad cae después de la Segunda Venida de Cristo, y será para ellos el día “para ser castigados” a condenación perpetua (2 Pedro 2:9).

 

El rico y Lázaro sometidos a juicio

Lucas 16:19-31

A los textos anteriores sumamos el relato de Cristo sobre el rico y Lázaro (Lucas 16:19-31). ¿Descartamos este texto como espurio, como una interpolación de algún escritor que no fuera Lucas, o como una ficción cuyas circunstancias fueran todas inventadas? Si lo tenemos como auténtico, si aceptamos que se trata de dos personas reales, y no ficticias, y si admitimos que se trata de desenlaces reales de dos vidas reales, entonces, hemos de deducir que al morir cada uno, ¡su destino espiritual fue decidido enseguida! Lázaro para el Paraíso; el rico impenitente para el Tártaro. Esta decisión presupone un juicio. El juicio del individuo, del alma-espíritu de cada uno, “después de la muerte” de su cuerpo físico, tal y como dice Hebreos 9:27. ¿Cómo asignar destinos espirituales sin efectuarse tal juicio?

 

El ladrón arrepentido en la cruz sometido a juicio

Lucas 23:42-43

Lo mismo es aplicable al ladrón arrepentido crucificado juntamente con Jesucristo. “De cierto de cierto te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso”, le dice Cristo (Lucas 23:43). El ladrón es sometido a juicio por Cristo ahí mismo en la cruz. ¿Siempre había sido ladrón? ¿Robaría de vicio? ¿O para llenar alguna necesidad aguda, por ejemplo, obtener alimento para familiares hambrientos? Desconocemos, pero Jesucristo sabía. Algún temor de Dios tenía aquel ladrón, pues regaña al otro ladrón, diciendo: “¿Ni aun temes tú a Dios?” Y, además, algún conocimiento del reino de Dios, ya que suplica a Cristo: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.” (Lucas 23:39-42). ¿Venir Cristo en su reino? Tal pensamiento implica no poco conocimiento del reino que Cristo predicaba incesantemente durante su ministerio terrenal.

Entonces, el Señor pasa juicio sobre aquel ladrón en ese momento, absolviéndole sus pecados y abriéndole paso para ir él al Paraíso. De verdad, ¡grande es la misericordia de Dios! Tremendo ejemplo aquel ladrón para todo violador de leyes. Recalcamos: ahí en aquel escenario de la crucifixión, inevitable para ambos la muerte dolorosísima de sus cuerpos físicos, Jesucristo somete a juicio al ladrón arrepentido. ¿La decisión del juez Cristo? “…hoy estarás conmigo en el Paraíso.” Ya en el Paraíso, su salvación eterna asegurada absolutamente, aquel varón no sería sometido de nuevo a tal juicio. Consolado y cuidado, aguardaría la resurrección a vida eterna en cuerpo transformado, hecho espiritual, glorioso e inmortal, semejante al cuerpo de gloria que posee el Señor en la actualidad (Filipenses 3:20-21). “Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo.” “Y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre.” (Juan 5:22 y 27).

 

Un solitario ser humano se acerca al tribunal de Cristo para ser juzgado según sus obras, sean buenas o malas, ilustración para el subtítulo El juicio ante el tribunal de Cristo, del tema Juicos y destinos espirituales, en editoriallapaz.

 

El juicio “ante el tribunal de Cristo”

2 Corintios 5:10

Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.”

Desarrollando aún más este hilo de investigación, afirmo que el juicio de 2 Corintios 5:10 es este mismo juicio hecho, esta decisión tomada, después de la muerte del cuerpo físico, enseguida, y no después de la Segunda Venida de Cristo.

Cada uno se comparece “ante el tribunal de Cristo” al salir de su cuerpo físico en el momento de derrumbarse este como “morada terrestre” que se deshace, o “tabernáculo” desinflado y caído al suelo (2 Corintios 5:1). Enseguida, abandona al cuerpo físico que ya no le sirve de morada (2 Pedro 1:14). Entrando en la esfera espiritual como alma-espíritu sin cuerpo físico, es llevado “ante el tribunal de Cristo” donde su destino espiritual es determinado “según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo”. La decisión es irreversible. O para el Paraíso o para el Tártaro, sin derecho a apelaciones, sin nuevos juicios.

Los dos vocablos “Juicio Final” no se hallan en 2 Corintios 5:1-10, como tampoco en Romanos 14:12 ó 1 Pedro 4:5.

De hecho, los vocablos “Juicio Final” no se hallan en la versión Reina Valera de 1960 en ninguno de los veintisiete libros del Nuevo Testamento, como tampoco la cláusula “el día del juicio final”. Y aunque aparecieran, o su equivalente, ello no significaría que se enseñara un solo juicio en el Nuevo Testamento. De la manera que se enseñan dos resurrecciones, una antes de los mil años, la otra, después (Apocalipsis 20:1-10), asimismo se enseñan dos juicios, el uno de individuos que mueren antes del día de la Segunda Venida de Cristo, y el otro, de gentes vivas en el día de la Segunda Venida de Cristo, pero muertas por la espada (Palabra) que sale de su boca, para luego, enseguida, ser levantadas y llevadas directamente, en masa, delante del “gran trono blanco”, donde están sometidos a juicio, según sus obras.

En algún momento no precisado (hasta donde alcanza mi conocimiento de la Biblia), “los malos” encarcelados en el Tártaro, en el Hades, son resucitados y llevados ante el trono de juicio. Siendo “de condenación” su “resurrección” (Juan 5:29), no se presentan “en el día del juicio” para una revisión de su caso y posible anulación de cargos sino “para ser castigados” (2 Pedro 2:9), escuchando la sentencia determinada para ellos, a saber: “pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder” (2 Tesalonicenses 1:9).

 

El juicio después de la muerte del cuerpo físico, abstracto intrigante que el subtítulo del mismo nombre en Juicios y destintos espirituales, en editoriallapaz.org.

 

El juicio de los falsos profetas en “aquel día”

Mateo 7:21-23

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.”

“…en aquel día.” ¿Cuál día? El día del juicio. ¿Cuál juicio? Me parece que el juicio después de la Segunda Venida, cuando el Hijo del Hombre se sienta sobre “el trono de gloria” para juzgar a las distintas agrupaciones de almas-espíritus ya identificados en este estudio y de las maneras ya explicadas.

Entre los malos del Tártaro resucitados “a condenación” (Juan 5:28-29) y los “pequeños y grandes” súbitamente muertos en los últimos instantes de Armagedón y llevados a juicio, figuran “muchos” falsos profetas y profetisas que intentarán defenderse, como lo hacen “los cabritos” a la izquierda en el juicio de las naciones que aseguran haber servido a Cristo exactamente como las “ovejas”. Pero, el Juez Cristo los rechaza con palabras duras, diciendo: “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”. ¿Por qué “nunca”? Porque, pese a sus ilusiones, creencias, afirmaciones y postulaciones de “cristiano verdadero, profeta enviado por Dios, profetisa enviada por el Espíritu Santo, apóstol de Cristo, apóstola de Dios”, etcétera, etcétera, ¡no obedecieron nunca el evangelio verdadero de salvación, y, consiguientemente, nunca fueron reconocidos como salvos por el Señor! Por ejemplo, no se bautizaron por inmersión y “para perdón de los pecados” como manda Jesucristo en su evangelio (Hechos 2:37-47, Romanos 6:3-7), siguiendo más bien sus propias ideas y doctrinas acerca del modo y el propósito para el bautismo.

 

Estimado hermano, compañero de estudios bíblicos, sinceramente, ¿encuentra usted lógicas y lúcidas estas explicaciones, o no? ¿Bíblicas, o no? Durante muchos años, insertaba yo, mentalmente, el concepto de “Juicio Final” en textos bíblicos sobre juicios donde ni los dos vocablos ni el concepto o doctrina generalmente asociada con ellos estaban necesariamente presentes. Ese proceder entorpecía mi entendimiento de estos temas.

 

¿El Paraíso del Hades lo mismo que el

Paraíso de la tierra nueva con cielos nuevos?

 

¿Tormento -Juicio- el mismo tormento de nuevo?

 

“O sea, ¿debería entrar a un estado similar o igual donde estaba ya antes? Y al que estaba en el tormento, ¿lo mandará de nuevo al tormento? Entonces, ¿qué sentido tendría el juicio final?”

Comentarios. En cuanto a “un estado similar o igual donde estaba ya antes”, me limito a aclarar que existen diferencias notables entre el Paraíso del Hades y el “Paraíso de Dios”, sinónimo de “los cielos nuevos, con tierra nueva” en los que habitarán los salvos eternamente. Por ejemplo, los que son llevados al Paraíso del Hades aún no tienen cuerpo nuevo espiritual, inmortal, glorificado. Este cuerpo poderoso y glorioso lo reciben en el acto de la resurrección y transformación. En el Paraíso del Hades son consolados y preservados hasta la consumación del “misterio de Dios”, es decir, su plan, o designio, para la humanidad y el universo material. Resucitados y glorificados, acompañan a Jesucristo en su Segunda Venida, y, una vez concluidos los eventos finales en los que tengan el privilegio de participar, pasan a ocupar eternamente el “lugar” idílico, perfecto, que el Señor Jesucristo prometió durante su ministerio terrenal al decir: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay. Voy, pues, a preparar lugar para vosotros…” (Juan 14:1-3). Ya constituidos “espíritus… hechos perfectos” (Hebreos 12:23), se han librado total y eternamente de todo vínculo con el universo material y con el Hades. De aquí en adelante, para ellos “…todas las cosas” son “nuevas” (Apocalipsis 21:5).

En cuanto a los habitantes del Tártaro del Hades, pregunta usted: “¿qué sentido” habría en someterlos a juicio de nuevo, habiendo sido enjuiciados ellos ya al ser consignados al Tártaro? Respondo, abundando un tanto más sobre textos ya citados. De la manera que los ángeles que “no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada”, rebelándose, están reservados en prisiones de oscuridad para “el día del juicio” (2 Pedro 2:4; Judas 1:6), asimismo los “injustos” impenitentes están reservados en el Tártaro “para ser castigados en el día del juicio” (2 Pedro 2:9). Tanto aquellos ángeles caídos como los humanos injustos impenitentes fueron hallados culpables y encarcelados, sentenciados a cárcel por las evidencias incontestables en su contra. Aguardan “el día del juicio”. ¿Qué pasará en este “día del juicio”? Lo aguardan “para ser castigados”, dice el texto. Pero, ¡ya están castigados! Correcto. Porque su culpabilidad es incuestionable y su intransigencia malvada confirmada y reconfirmada. Son insalvables, irredimibles. Y, por lo tanto, encarcelados. Tratándose de los humanos injustos impenitentes e incorregibles, ya comenzó su castigo en el Tártaro. Sin embargo, falta la proclamación oficial de su culpabilidad, con la sentencia correspondiente de “castigo”. Este acto tomará lugar en “el día del juicio” determinado por la Deidad. Día “para ser castigados” aquellos, tanto ángeles como seres humanos, para los cuales no hubo remedio antes de su “arresto” espiritual, ni lo habrá nunca. Estos “sufrirán”, de una vez para siempre, “pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder” (2 Tesalonicenses 1:9). Sus expedientes sellados, incinerados, para así decirlo, y echados al olvido. Su memoria borrada eternamente. Estrellas errantes eran cuya luz malvada desaparece para siempre de las dimensiones celestiales de la Deidad, sus ángeles fieles y los humanos redimidos y glorificados. El alcance de los “castigos” dictados por la Deidad en “el día del juicio” de su proclamación pienso que solo el Señor Todopoderoso y Justo lo sepa.

 

El juicio que comienza con la casa de Dios. 1 Pedro 4:17-19. Parte 2 de Juicios y destinos espirituales. Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios…”

 


 

El juicio que comienza con la casa de Dios. 1 Pedro 4:17-19. Parte 2 de Juicios y destinos espirituales. Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios…”

Los tronos de los apóstoles de Cristo. Asignados un reino, los apóstoles se sientan “en tronos juzgando a las doce tribus de Israel”.

Profecías para hoy y mañana. También del pasado. Cumplidas, cumpliéndose o a cumplirse. Gran cantidad de estudios relevantes.

Señales de los tiempos actuales. Muchas identificadas y analizadas.

La Segunda Venida de Jesucristo. El milenio, rapto, poco de tiempo, ARMAGEDÓN y muchos otros temas relevantes disponibles en esta Web.  Lista, con enlaces.

 

  

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