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Estudios sobre el Espíritu Santo en esta Web

Estudios sobre dones sobrenaturales en esta Web

Intercambio que incluye una discusión importante sobre “el don del Espíritu Santo”

El don del Espíritu Santo. Parte 1.

"El don del Espíritu Santo"

Parte 2

El evangelista Felipe expone al eunuco, tesorero del reino de los etíopes, una de las profecías acerca del Mesías. Escuchando el evangelio, el eunuco pide ser bautizado. ¿Habló lenguas extrañas antes de bautizarse, o después? ¿Recibió algún don sobrenatural? ¿Podía Felipe impartirle algún don sobrenatural? Respuestas a estas preguntas se dan en este estudio.

El evangelista Felipe expone al eunuco, tesorero del reino de los etíopes, una de las profecías acerca del Mesías. Escuchando el evangelio, el eunuco pide ser bautizado. ¿Habló lenguas extrañas antes de bautizarse, o después? ¿Recibió algún don sobrenatural? ¿Podía Felipe impartirle algún don sobrenatural? Respuestas a estas preguntas se dan en este estudio.

¿Recibieron de inmediato algún don sobrenatural todas las personas convertidas durante el tiempo de los apóstoles en el Siglo I?

A.  Los teólogos, pastores y evangelistas pentecostales aseguran que sí, afirmando la gran mayoría, con fiera convicción, que todo convertido ha de “hablar lenguas” como sello de su conversión. “Conversión”, según ellos, no incluye el bautismo “para perdón de los pecados”. Así pues, conforme a su doctrina, toda persona que “acepta a Cristo como su Salvador” debería “hablar lenguas”, no siendo el bautismo prerrequisito para hacerlo. ¿Tienen razón? Estudiemos, con paciencia y objetividad, estos temas, ampliando y refinando nuestro entendimiento espiritual, no asumiendo que sea bíblica la posición oficial de los pentecostales simplemente porque son muchos los que la sostienen con arrojo.

B.  Primero, anotamos algunos textos bíblicos que, al parecer, apoyan la tesis pentecostal.

1.  Hechos 2:38. “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.”

a)  Según esta proclamación, “el don del Espíritu Santo”  lo recibe enseguida todo aquel que se arrepienta y se bautice. Mediante el análisis, realizado en la “Parte 1”, del caso de Cornelio y los suyos, ya comprobamos que este “don” otorgado al que es bautizado bíblicamente no es el poder del Espíritu que “cayó” sobre Cornelio y los demás presentes en su casa cuando Pedro disertó para ellos sobre Cristo y el evangelio, como tampoco el que fue derramado sobre los apóstoles en Pentecostés.

b)  Tomemos nota: el “don del Espíritu Santo” mentado en Hechos 2:38 se recibe después del bautismo, y no antes. “Bautícese… y recibiréis.” El texto no lee: “Recibiréis el don del Espíritu Santo tan pronto haga profesión de fe, pero no deberéis bautizarse hasta después de seis meses de estudios como candidatos para el bautismo”.

c)  “El don del Espíritu Santo” prometido en Hechos 2:38, ¿acaso sea el don sobrenatural de “diversos géneros de lenguas” nombrado en 1 Corintios 12:10? Negativo. Toda persona bautizada bíblicamente recibe “el don del Espíritu Santo” vinculado al bautismo en Hechos 2:38, pero no toda persona bautizada bíblicamente en el tiempo de los apóstoles recibía el don de lenguas, verdad inexpugnable establecida en 1 Corintios 12:30.

d)  Tomemos nota: Pedro no dice “recibiréis algún don sobrenatural” sino “el don”, singular, “del Espíritu Santo”. “El don”, singular, contrasta con “los dones espirituales”, plural, expresión que encabeza la categoría de dones sobrenaturales desglosados en 1 Corintios 12:1-10.

e)  Comprobado que “el don del Espíritu Santo” vinculado al bautismo en Hechos 2:38 no es el poder sobrenatural del Espíritu derramado en Pentecostés y en la casa de Cornelio, y que tampoco es el don de lenguas o algún otro don sobrenatural, lógicamente es preciso definirlo guiado por otras enseñanzas divinas acerca del Espíritu Santo, tarea que pretendemos haber realizado, de forma muy concisa, en la “Parte 1" de este estudio.

2.  Marcos 16:17-20. (16) “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. (17) Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; (18) tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. (19) Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. (20) Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.”

a)  “Y estas señales seguirán a los que creen”, pero no todo aquel que creyera recibiría algún “don sobrenatural”, ni en el momento de creer ni después. Ver la prueba más adelante en la Partida “C”. De cierto, no todo aquel que creyera recibiría el don de “hablar lenguas”, doctrina ya establecida de manera irrebatible.

b)  No perdamos de vista la verdad importante que se revela en el Versículo 20: “confirmando la palabra con las señales que la seguían”. Las señales seguían “la palabra”. ¿Con qué propósito? Confirmándola, es decir, estableciendo el origen divino de “la palabra”. “Confirmando la palabra.” El propósito de “las señales” no fue nunca confirmar la conversión del creyente sino ¡probar que “la palabra” no era de hombres sino de Dios! Gran verdad que, al parecer, los guías pentecostales no han captado hasta el sol de hoy, pues siguen enseñando insistentemente que “las lenguas” son necesarias para “confirmar la conversión”.

3.  1 Corintios 12: 7. “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.” ¿Qué significa “la manifestación del Espíritu” y cuántos la reciben?

a)  El tema principal de los Capítulos 12, 13 y 14 de la 1 Corintios es el de los dones sobrenaturales, introducido en 1 Corintios 12: 1 al escribir el apóstol Pablo: “No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales”. En cuanto a la expresión “la manifestación del Espíritu” (1 Corintios 12:7),  el contexto indica que es sinónimo de “diversidad de dones” (1 Corintios 12:4), “diversidad de ministerios” (1 Corintios 12:5) y “diversidad de operaciones” (1 Corintios 12:6). Así pues, el sentido de “a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu” es, efectivamente, “a cada uno le es dado algún don sobrenatural”.

b)  “Cada uno” recibe algún don sobrenatural bien pudiera entenderse como que “todos y cada uno, sin excepción”, recibiera algún sobrenatural, es decir, el 100% de los creyentes bautizados recibiría algún don sobrenatural. Mas sin embargo, la información traída y analizada más adelante, en la Partida “C”, demuestra que semejante interpretación de “cada uno” no puede ser la correcta.

4.  1 Corintios 12:11. “Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.” Aplican las observaciones que acabamos de hacer en la Partida “3”, “a)” y “b)”.

5.  1 Corintios 12:13. “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.”

a)  Por un solo Espíritu”, o sea “por la autoridad de “un solo Espíritu fuimos todos bautizados…”. Cristo ordena el bautismo en agua como condición para ser añadido al reino (por ejemplo, en el diálogo que sostuvo con Nicodemo, Juan 3:1-7). También el Espíritu Santo establece la misma condición (por ejemplo, mediante el apóstol Pedro, en el día de Pentecostés, Hechos 2:38), concordando los dos perfectamente en esta doctrina.

b)  “Fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres.” Este bautismo no es el bautismo “con el Espíritu Santo” (Hechos 11:16), o “en Espíritu Santo” (Mateo 3:11), sino el bautismo en agua por la autoridad del Espíritu , siendo este bautismo necesario para ser añadido a la iglesia (Hechos 2:47), la cual es el cuerpo espiritual del Señor (Efesios 1:23). Gálatas 3:27-28 guarda una similitud notable con 1 Corintios 12:13, tratando los dos textos del bautismo y mencionándose en los dos “judíos… griegos… esclavos o libres” . “Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:27-28). Ninguno está “revestido” de Cristo hasta no sumergirse en las aguas del bautismo. Por lo tanto, los pentecostales que “hablan lenguas” antes de bautizarse, ¡las hablan sin haberse revestido de Cristo! Este sinsentido pone en tela de juicio la validez de sus “lenguas”, y por ende, la de su “conversión”. De hecho, sus “lenguas” no son idiomas hablados por el poder sobrenatural conferido por el Espíritu Santo sino “jerigonzas” sin sentido, producto de un éxtasis inducido humanamente.

c)  “Beber de un mismo Espíritu” no es sinónimo de “recibir algún don sobrenatural”. De la manera que todo creyente ha de nacer del Espíritu para ser admitido al reino de Dios (Juan 3:1-8), asimismo todos los que nacen del Espíritu han de beber “la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” (1 Pedro 2:2), proveyendo el Espíritu Santo mismo esta “leche espiritual no adulterada” mediante la Palabra que él ha revelado (1 Juan 5:5). El recibimiento de algún don sobrenatural no es necesario para nacer del Espíritu; tampoco para “beber” del Espíritu. Santiago explica que el poder divino indispensable para nacer del Espíritu es la Palabra inspirada. “Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad(Santiago 1:18). Pablo concurre. “No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1:16). Este mismo “evangelio”, o “palabra de verdad”, es el agua viva de la que bebe el creyente obediente.

6.  1 Corintios 12:18. “Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso.” Referente al sentido de “cada uno”, ver los comentarios en la Partida “3”, “a)” y “b)”. “Dios ha colocado los miembros… como él quiso.”   ¿Quiere decir esto que Dios diera algún don sobrenatural a todos y cada uno de los miembros? Favor de considerar las evidencias traídas en la Partida “C”.

7.  1 Corintios 12:27-31. (27) “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular. (28) Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas. (29) ¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos maestros? ¿hacen todos milagros? (30) ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos? (31) Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aun más excelente.”

a)  El Versículo 28 dice: “a UNOS puso Dios en la iglesia…”. Según el Versículo 18, “Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso”. “Quiso” poner “a unos” con dones sobrenaturales. Diciendo el texto “a unos”, claramente se implica que “no a todos”. “A UNOS puso Dios en la iglesia…” , impartiéndoles dones sobrenaturales para que pudieran realizar sus distintos ministerios en aquella etapa inicial de la iglesia cuando estaba en proceso la revelación del Nuevo Testamento.

b)  El “camino aun más excelente” que el de “los dones mejores” es el del amor tal cual definido con asombrosa elocuencia y profundidad en 1 Corintios 13.

C.  No todas las personas convertidas en el tiempo de los apóstoles durante el Siglo I recibieron enseguida algún don sobrenatural. A continuación, presentamos algunas evidencias encontradas en el Nuevo Testamento.

1.  Hechos, los Capítulos 2, 3, 4, 5 y 6.

a)  Hechos 2:37-47. En el día de Pentecostés, “los que recibieron” la “palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” (Hechos 2:40). Estos tres mil, ¿hablaban enseguida lenguas extrañas? ¿Recibió cada uno enseguida algún don sobrenatural? La historia divina de aquellos eventos no dice nada al respecto, sino que se relata que “perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (42).

(2)  ¡Nada sobre “lenguas” o “dones! Curioso, ¿no cree usted, estimado lector?, de estar los pastores pentecostales en lo cierto al afirmar que las “lenguas” han de acompañar la conversión, confirmándola. Conforme a su tesis, los tres mil debían hablar “lenguas”, obligatoria y necesariamente. De haberlo hecho, seguramente el Versículo 42 leería: “Y todos hablaban lenguas, y perseveraban en la doctrina de los apóstoles…”. Mas sin embargo, no lee así el texto. ¿Acaso omitiera Lucas tan importante asunto como el de hablar tres mil personas “lenguas extrañas”? ¡Inconcebible! No mencionando él semejante manifestación del Espíritu Santo, se deduce que los tres mil convertidos en Pentecostés no hablaron “lenguas”. Se arrepintieron, y, bautizándose “para perdón de los pecados” (38), recibieron “el don del Espíritu Santo” (38), naciendo del Espíritu (Juan 3:1-7), pero no hablaron lenguas extrañas ni recibieron, en aquel día, don sobrenatural alguno.

(1)  Quienes hablan “otras lenguas” (Hechos 2:1-8) en Pentecostés y hacen “muchas maravillas y señales” en los días subsiguientes son “los apóstoles”. “Y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles” (Hechos 2:43). No por los ciento veinte, ni por los tres mil, sino “por los apóstoles”. El cuadro que los pentecostales pintan de Pentecostés es una falsificación mayúscula de los acontecimientos verdaderos.

b)  Después de Pentecostés, la iglesia fundada en Jerusalén sigue creciendo a ritmo acelerado, añadiéndose muchos miles (Hechos 4:4,32-33; 5:14), pero de los añadidos no se dice que todos y cada uno de ellos hablaran “lenguas” o recibieran algún don sobrenatural. Hecho inexplicable, si las “lenguas” son señal absolutamente necesaria para la confirmación de la conversión. Los apóstoles siguen haciendo milagros, pero no se afirma lo mismo acerca de todos los muchos miles de cristianos nuevos. “Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo...” (Hechos 5:12). De hecho, no se atribuye ninguna obra sobrenatural a ninguno que no fuera apóstol hasta el tiempo cuando comenzaron a ejercer su ministerio los “siete varones” nombrados en Hechos 6:1-10. Veamos las evidencias en Hechos, los Capítulos 2, 3, 4 y 5, siguiendo la secuencia de eventos tal cual relatada por el cronista inspirado Lucas.

(1)  En Pentecostés, solo los apóstoles “fueron… llenos del Espíritu, y comenzaron a hablar en lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:4).

-Solo los apóstoles, y no los ciento veinte, estaban en “la casa donde estaban sentados”, temprano en la mañana de Pentecostés, cuando el “estruendo como de un viento recio llenó toda la casa” (Hechos 2:1-2).

-Solo los apóstoles, y no los ciento veinte, hablaban “en lenguas” (Hechos 2:1-8).

-“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once…” (Hechos 2:14), y no con los ciento veinte. ¿Se fija usted?

-Muchos de los que oyeron la predicación de Pedro “se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles…”. La multitud no se dirige a los ciento veinte.

-Los tres mil convertidos “perseveraban en la doctrina de los apóstoles…” (Hechos 2:41).

-“Muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles(Hechos 2:43), y no por los ciento veinte o los tres mil nuevos cristianos.

(2)  El “cojo de nacimiento” es curado por intervención de los dos apóstoles Pedro y Juan (Hechos 3:1-10).

(3)  “Todo el pueblo” concurre “al pórtico que se llama de Salomón”, donde el apóstol Pedro les predica (Hechos 3:11-26).

(4)  “Los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos” echan a los apóstoles Pedro y Juan en la cárcel (Hechos 4:1-3).

(5)  Pese al encarcelamiento de los dos apóstoles, la iglesia sigue creciendo, “y el número de los varones era como cinco mil” (Hechos 4:4). Cinco mil varones, y por implicación quizá más de cinco mil damas. Más de diez mil miembros solo en Jerusalén, ¿y todos y cada uno de ellos, sin excepción, hablaban lenguas extrañas? ¿Y todos y cada uno de ellos, sin excepción, recibieron algún don sobrenatural? ¡NADA COMENTA LUCAS al RESPECTO!

(6)  Al siguiente día, las autoridades mandan a traer a los apóstoles Pedro y Juan, “y poniéndolos en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad…?” “Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo…” (Hechos 4:5-8). Pedro, apóstol, “lleno del Espíritu Santo”, es quien expone ante los gobernantes y demás presentes, la causa de Cristo.

(7)  Los apóstoles Pedro y Juan, “puestos en libertad, vinieron a los suyos…” (Hechos 4:23). Cuentan a “los suyos” lo acontecido. Luego, todos “alzaron unánimes la voz a Dios”, pronunciando una oración que abarca desde el Versículo 24 hasta el 30, integradas armoniosamente en ella alabanzas para Dios, palabras de David, referencias a Herodes, Pilato y los gentiles, como además peticiones específicas. Todo entendible. Sin jerigonzas. Sin lenguas angelicales. Sin griterías. Sin confusión. El contenido de la oración prueba, ciertamente, que uno de los apóstoles oró en voz alta, diciendo “Amén” los demás, acorde con las directrices indicadas en 1 Corintios 14:16-17. “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios” (Hechos 4:31).

-¿Estaban congregados los más de diez mil cristianos en Jerusalén en “el lugar” aludido? Muy improbable.

-Aquel lugar “tembló”. ¿Se trata del enorme templo judío? ¿O del gran pórtico llamado Salomón? Muy dudoso.

-La evidencia circunstancial indica que se trata solo de un lugar donde solo los apóstoles “estaban congregados”.

-Los apóstoles Pedro y Juan “vinieron a los suyos”, es decir, se juntaron con los demás apóstoles, y no con toda la gran multitud de discípulos. Ellos, los apóstoles, y no toda la muchedumbre de los discípulos, son quienes oran la oración.

-En aquel lugar, solo los apóstoles “fueron llenos del Espíritu Santo”, lo cual se entiende como una renovación, o ampliación, del poder del Espíritu en ellos, capacitándolos para seguir predicando y revelando “toda la verdad” (Juan 16:13), pues no proclamaron “toda la verdad” en Pentecostés sino que seguían dando a conocer “la ley de de Cristo” (1 Corintios 9:21) hasta completar el Nuevo Testamento antes de la muerte del último de su número. Como fruto de ser “llenos del Espíritu Santo” los apóstoles “hablaban con denuedo la palabra de Dios”. (Hechos 4:31)

-Sigue la secuencia de eventos, y sostiene nuestras conclusiones el lenguaje de Hechos 4:33. “Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección… El enfoque es sobre “los apóstoles”, y no sobre el vasto número de cristianos novatos.

(8)  Los cristianos que vendían sus propiedades “ponían a los pies de los apóstoles” su precio (Hechos 4:35.

(9)  Muertos Ananías y Safira por haber “mentido… a Dios” y tentado “al Espíritu del Señor” (Hechos 5:1-11), continúa la historia de aquellos tiempos con la observación “Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón. De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos, mas el pueblo los alababa grandemente” (Hechos 5.12-13).

-Que conste: ¡los apóstoles seguían haciendo “muchas señales y prodigios”. Estas obras sobrenaturales no se atribuyen a todos y cada uno de los millares y millares de discípulos nuevos.

-“Estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón.” ¿Quiénes “estaban todos unánimes”? Gramaticalmente, todos los apóstoles, pues el enfoque es sobre los apóstoles, siendo “los apóstoles” el antecedente de “todos”.

-“Todos unánimes” se aplica consistentemente a los apóstoles.

-Hechos 1:14. “Todos estos”, es decir, los apóstoles nombrados en el versículo anterior (Hechos 1:13), “perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres…”.

-Hechos 2:1-2. Temprano en la mañana de Pentecostés, los apóstoles “estaban todos unánimes juntos en “la casa donde estaban sentados”.

-Hechos 4:24. Los apóstoles “alzaron unánimes la voz a Dios”.

-Hechos 5:12. “Estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón.”

-Tratándose de los tres mil convertidos en Pentecostés, también se dice que perseveraban unánimes cada día en el templo” (Hechos 2:46). Pero, en Hechos 5:12 la mirilla del historiador es sobre los apóstoles y no sobre los discípulos. Todos los apóstoles “estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón”. Doce predicadores en el mismo pórtico. Doce evangelistas, llenos del Espíritu, en el mismo lugar. Doce apóstoles de Cristo perfectamente unidos en su testimonio, ante el pueblo y frente a la creciente multitud de discípulos.

-Apoya esta apreciación de aquellos eventos el detalle apuntado en el Versículo 13: “De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos…”.  

-¿Quiénes son “los demás”? Razonamos que no se trata del “pueblo”, ya que muchos judíos seguían convirtiéndose a Cristo, añadiéndolos Cristo a su iglesia. Precisamente, el siguiente versículo del mismo pasaje dice: “Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres” (Hechos 5:14). Más adelante en la secuencia del relato histórico se observa: “Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe(Hechos 6:7). Entonces, “los demás”, ¿sería este grupo el resto de la iglesia? Es decir, ¿los demás discípulos? Esta parece ser la única interpretación lógica. Claro está que los apóstoles formaban un grupo exclusivo. Durante aquellos meses subsiguientes a Pentecostés, ellos, y solo ellos, estaban frente a la enorme congregación en Jerusalén. ¿Quiénes daban testimonio de Cristo? Ellos, los apóstoles, varones escogidos por Cristo mismo, y que habían estado con él “todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía… comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que… fue recibido arriba” (Hechos 1:21-22). ¿Quiénes “hacían muchas señales y prodigios”? ¡Los apóstoles! Al principio, solo los apóstoles. La prueba sobreabunda. ¿Quién de los discípulos se atrevería a juntarse con estos doce varones?

-Asombrosamente, en el presente, no son pocos los autonombrados “líderes cristianos” que, sí, definitivamente, se atreven a juntarse a los apóstoles originales de Cristo, atrevida y descaradamente llamándose “apóstol”. Entre ellos figuran algunas mujeres “pastoras”, las que, empeñadas en sobrepasar a los varones, también toman el título de “apóstol”. Sus errores y pecados se multiplican, pues no solo se adjudican puestos y títulos no bíblicos sino que también quebrantan la orden del Espíritu Santo, según la que la mujer no debiera tomar dominio sobre el varón. “Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio” (1 Timoteo 2:12).

(10)  El castigo fulminante que sufrieron Ananías y Safira no detuvo el crecimiento de la iglesia en Jerusalén. Al contrario, “los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres” (Hechos 5:14). No solo de Jerusalén sino “aun de las ciudades vecinas” traen “enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados” (Hechos 5:16). ¿Sanados por quiénes? ¡Por Pedro, y por inferencia, por los demás apóstoles! “Y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos” (Hechos 5:15).

-Suponiendo que todos y cada uno de los quince mil, veinte mil, veinticinco mil miembros de la iglesia en Jerusalén recibiera algún don sobrenatural, incluso el don de sanidad, ¿cómo se explica que Lucas no incluya siquiera una pequeña referencia a sus señales y prodigios? Veinte mil hombres y mujeres hablando lenguas extrañas, profetizando y haciendo señales y prodigios, inclusive, sanando a muchos miles. Este es el escenario que suponen los pentecostales. Sin embargo, ni una insinuación de ello aparece en el relato de Lucas.

-¿Por qué traer los “enfermos y atormentados de espíritus inmundos” a la presencia de los apóstoles en Jerusalén si todos y cada uno de los veinte mil cristianos nuevos también hacían señales y prodigios? Tomando en cuenta todas las expresiones que señalan el continuo crecimiento de la iglesia, “veinte mil” parecería un estimado más o menos acertado.

-“Todos eran sanados” (Hechos 5:16). Sin excepción. No importando su condición física. Leprosos, amputados, parapléjicos, ciegos, cojos, con cáncer. Ni siquiera se intima que se les exigiera “fe” a todos y cada uno como “condición para recibir sanidad”. Tampoco había que “imponer manos al enfermo” o “ungirle con aceite”. Bastaba siquiera la “sombra” de un apóstol verdadero del Señor.

-Las “campañas de sanidad” efectuadas por líderes pentecostales de actualidad ni se asemejan a lo que pasó allá en Jerusalén.

(11)  La historia sigue. Todos los apóstoles fueron encarcelados. “Mas un ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel y sacándolos, dijo: Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida”. (Hechos 5:17-20). Así pues, de nuevo, los doce apóstoles, unánimes, entran en el templo y enseñan (Hechos 5:21). Llamados a cuentas una vez más por el sumo sacerdote, “Pedro y los apóstoles” responden: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29). Explican: “Nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen (Hechos 5:32).

-Dios da el Espíritu Santo a todos los que “le obedecen”. A cada persona arrepentida y bautizada por inmersión “para perdón de los pecados” Dios da “el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38).

-Negando que el bautismo sea “para perdón de los pecados” (Hechos 2:38; 22:16), y anteponiendo el perdón de pecados al bautismo, efectivamente, los pentecostales no enseñan ni obedecen correctamente el mandamiento del bautismo. Por consiguiente, no reciben el verdadero “don del Espíritu Santo”. Más bien, reciben del “espíritu de engaño” dones ficticios, por ejemplo, lenguas jerigonzas, en lugar del poder sobrenatural de hablar otros idiomas sin haberlos estudiado. Esto los expone a muy graves peligros espirituales, entre ellos, se les hace muy difícil reconocer, admitir y aceptar verdades tales como las que se resaltan en este estudio.

-Dios da el Espíritu Santo “a los que le obedecen”, pero esto no significa que todos y cada uno de ellos hable lenguas extrañas o reciba algún don sobrenatural. El análisis que estamos realizando sostiene concretamente esta conclusión.

(12)  Los apóstoles salen “de la presencia del concilio… Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo” (Hechos 5:41-42).

(13)  Los DOCE convocaron a la multitud de los discípulos” para resolver el asunto de las viudas (Hechos 6:1-2). Mandan a escoger “a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo” (Hechos 6:3). “Toda la multitud” (Hechos 6:5) de los discípulos debía escoger a siete varones de entre quizá diez o doce mil varones, tal vez aún más. Algunos de estos varones se destacaban no solo por su “buen testimonio… y sabiduría” sino también por ser “llenos del Espíritu Santo”. Se deduce que no todos los miles de varones convertidos a Cristo contaban con estos rasgos sobresalientes.

-Esta expresión “llenos del Espíritu Santo”, ¿acaso sería sinónimo de “poseedores de dones sobrenaturales” o de “habladores de lenguas extrañas”? No necesariamente. Apoyan esta respuesta todos los datos puestos a relieve en este análisis, según el de que, hasta este punto en el desarrollo de la obra de Dios, los apóstoles eran quienes hacían señales y prodigios, y no la muchedumbre de los discípulos.

-Con todo, “llenos del Espíritu Santo”, los apóstoles “comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen… las maravillas de Dios” (Hechos 2:1-13). Y, de nuevo, “llenos del Espíritu Santo” los apóstoles “hablaban con denuedo la palabra de Dios” (Hechos 4:31). Por lo tanto, “llenos del Espíritu Santo” en el caso de los varones a escogerse, puede significar que ya para esta fecha había en la iglesia de Jerusalén algunos varones, en adición a los apóstoles, utilizados por el Espíritu para predicar, por inspiración divina, el evangelio. De haber sido así, ¿cómo recibieron tal don sobrenatural? No, por cierto, como lo recibieron los apóstoles en Pentecostés, ni tampoco como Cornelio y los suyos, pues claramente se enseña que el Espíritu Santo “cayó” directamente del cielo solo en estos dos casos (Hechos 11:15-16). Entonces, ¿cómo? Pues, se sobreentiende que por la imposición de las manos de los apóstoles (Hechos 8:14-18).

-Pero, la lógica de esta explicación cae en tela de juicio por el silencio de Lucas referente a “dones impartidos por la imposición de las manos de los apóstoles” durante todos los sucesos hasta la selección de los siete varones. O sea, en los Capítulos 2, 3, 4 y 5 de Hechos, Lucas describe muchas obras de los apóstoles, no apareciendo entre ellas la imposición de manos para impartir dones sobrenaturales.

-Significantemente, los siete varones elegidos son presentados “ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos” (Hechos 6:6). ¿Con qué propósito imponen manos los apóstoles a los siete varones? La razón no está anotada en el texto. ¿Cómo señal de aprobación (Hechos 131-3)? ¿O para impartirles dones sobrenaturales (Hechos 8:14-18)? Nos inclina hacia esta segunda razón lo que ocurrió muy pronto, a saber: “Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo (Hechos 6:8). Amado lector, ¡he aquí el primer ejemplo concreto en la iglesia de señales y prodigios hechos por quien no fuese apóstol! Antes de recibir Esteban la imposición de las manos de los apóstoles él estaba lleno del Espíritu Santo, pero ¿hacía prodigios y señales? Y si él, con los demás varones “llenos del Espíritu Santo”, los hacían, ¿por qué no apuntarlo Lucas? Después de recibir la imposición de las manos de los apóstoles es cuando Esteban hace “grandes prodigios y señales”.

c)  El panorama histórico de “Hechos de Apóstoles” debería ser otro muy distinto, conforme a la doctrina pentecostal. Sintetizando, algo como: “Y todos los muchos millares de convertidos hablaban lenguas, aun antes de bautizarse. Y no solo por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo sino que todos los nuevos cristianos hacían milagros y profetizaban, pues cada uno recibía algún don sobrenatural”.

-Indiscutiblemente, los pastores pentecostales distorsionan grandemente la historia de la iglesia en Jerusalén. Su teología de “lenguas y dones” los ha llevado a reescribir, con cambios sustanciales, la historia de la iglesia del Siglo I. Leemos una y otra vez, una y otra vez, los primeros seis capítulos de “Hechos de Apóstoles”, no encontrando en el relato enseñanzas o escenas típicas del pentecostalismo.

-Estimado pentecostal, los errores doctrinales de Charles Parham y William Seymour, fundadores de su movimiento, sobre “el bautismo en Espíritu, lenguas extrañas y dones sobrenaturales”, los embrollaron en una maraña de interpretaciones torcidas de lo que ocurrió en la iglesia bajo los apóstoles. ¿Con qué justificación seguir usted respaldando y propagando las ignorancias de ellos? ¿Acaso teme usted represalias de parte del Espíritu Santo si renuncia al pentecostalismo? Pues, su temor es infundado, ya que el verdadero Espíritu de Dios no se mueve en el pentecostalismo. Más bien, se expone usted a la ira de Dios por militar en un “movimiento” cuyos fundadores, teólogos y promotores quebrantan casi todos los mandamientos del Nuevo Testamento. Esta es nuestra apreciación a la luz del estudio de los hechos verídicos de los apóstoles y de la iglesia en Jerusalén. Le animamos a ser solo “cristiano”, y no “pentecostal”.

2.  Recalcamos: no todas las personas convertidas en el tiempo de los apóstoles durante el Siglo I recibieron enseguida algún don sobrenatural. A continuación, otra evidencia. Después del martirio de Esteban (Hechos 7), “hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. … Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio (Hechos 8:1-4). La obra de estos que “fueron esparcidos” dio por fruto el establecimiento de numerosas congregaciones en Judea y Samaria. Consultar Gálatas 1:22 y Hechos 1:8; 8:1; 9:31-35, 36-39; 10:1, 44-48; 11:1. Tomemos nota: ¡los apóstoles no acompañaron a los que “iban por todas partes anunciando el evangelio” ! “Todos fueron esparcidos… salvo los apóstoles.”

a)  Reflexionando sobre estos hechos, podemos trazar un silogismo cuya conclusión resulta irrebatible, a nuestro entender..

(1)  En la iglesia del Siglo I, los apóstoles eran los únicos con el poder de impartir dones sobrenaturales (Hechos 8:14-18). Tengamos presente siempre que el Espíritu Santo fue derramado directamente del cielo solo en Pentecostés y en la casa de Cornelio.

(2)  Los apóstoles no acompañaron a los hermanos que “iban por todas partes anunciando el evangelio” y bautizando a las personas que creían, organizándolas en congregaciones.

(3)  Por lo tanto, los nuevos discípulos ganados a través de Judea y Samaria no recibieron enseguida algún don sobrenatural, no exceptuándose el de hablar lenguas extrañas. He aquí la conclusión obvia y patentemente verídica.

b)  El caso de Felipe y los samaritanos ilustra esta conclusión, confirmándola completamente. Hechos 8:5-25.

(1)  Felipe, uno de los siete varones elegidos para servir a la iglesia en Jerusalén, encontrándose entre los “esparcidos”, desciende “a la ciudad de Samaria”, predicando a Cristo.

(2)  “La gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía” (Hechos 8:6).

(3)  Creyendo “a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres(Hechos 8:12).

(4)  Habiendo recibido Felipe la imposición de las manos de los apóstoles (Hechos 6:5-6), este varón podía hacer “señales” (Hechos 8:6), entre las que figuraban echar espíritus inmundos y curar paralíticos y cojos (Hechos 8:7). Sin embargo, no siendo Felipe “apóstol”, no contaba con el poder de impartir dones sobrenaturales mediante la imposición de manos. Por consiguiente, los “hombres y mujeres” bautizados en Samaria ¡no recibieron enseguida ningún don sobrenatural! Consideremos este caso de cerca y con total objetividad.

(a) Creyendo algunos samaritanos, tanto mujeres como hombres, y bautizándose, reciben “el don del Espíritu Santo” vinculado al bautismo en Hechos 2:38, pero no reciben ningún don sobrenatural. En definitiva, ¡no hablan lenguas extrañas! Obsérvese bien que Lucas no comenta nada al respecto. Calificaríamos de muy extraña, aun inexplicable, semejante omisión, suponiéndose indispensables las “lenguas extrañas” como “confirmación de conversión”.

(b)  Conforme a Hechos 5:32, Dios da el Espíritu Santo a todos los samaritanos que le obedecen, pero ninguno de ellos recibe, como fruto inmediato de su obediencia, algún don sobrenatural. Ninguno habla lenguas extrañas.

(c)  Creyendo y bautizándose, los samaritanos nacen del agua, como también del Espíritu (Juan 3:1-7), pero ninguno recibe enseguida don sobrenatural alguno. Sus pecados han sido perdonados y Cristo los ha añadido a su iglesia (Hechos 2:38, 47), pero ninguno ha recibido don sobrenatural alguno. Ninguno ha hablado lenguas extrañas. Querido pentecostal, tome nota. El caso de estos samaritanos descubre errores fundamentales del pentecostalismo.

(d)  Andando el tiempo, “los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios”. Envían allá a Pedro y Juan (Hechos 8:14). Llegando, se reunieron con la iglesia, y “oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos… Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero…”  (Hechos 8:15-18).

-“Oraron… para que recibiesen el Espíritu Santo.” En esta expresión, “el Espíritu Santo” es sinónimo de dones sobrenaturales. De ello podemos estar seguros porque los samaritanos convertidos ya habían recibido “el don del Espíritu Santo” vinculado al bautismo. Ya habían nacido del Espíritu. Ya eran salvos. Ya habían sido trasladados al reino de Dios (Colosenses 1:13). Ya habían sido añadidos a la iglesia.

-Los samaritanos convertidos habían “recibido la palabra de Dios”, obedeciéndola (Hechos 8:14), mas sin embargo, “el Espíritu Santo… aún no había descendido sobre ninguno de ellos”. Esto quiere decir que ninguno de ellos había recibido don sobrenatural alguno. Una cosa es recibir la palabra del Espíritu, andar y vivir en el Espíritu, y disfrutar de las muchas bendiciones que el Espíritu brinda a todo cristiano fiel; otra muy distinta es la de recibir algún don sobrenatural. Esta verdad el caso de los samaritanos la pone de relieve de forma impresionante e inconfundible. Consideremos: si no llega jamás ningún apóstol donde los samaritanos para impartirles dones sobrenaturales, ¿podían ser salvos eternamente aquellos samaritanos obedientes? Sin lugar a dudas. No era imprescindible que todos y cada uno de ellos hablara lenguas extrañas o recibiera algún otro don sobrenatural. Pero, si lo que afirmamos es cierto, entonces, ¿por qué se preocupan los apóstoles, enviando dos de los suyos a Samaria expresamente para impartir dones? La razón: “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe…” (Efesios 4:11-14). Este fue el propósito de los dones sobrenaturales durante la infancia, la niñez y la adolescencia de la iglesia, cuando aún no existía “toda la verdad” en forma escrita, ni se había compilado los libros que componen el Nuevo Testamento.

-El Espíritu Santo “no había descendido sobre ninguno” de los samaritanos, ni descendería jamás sin la intervención de algún apóstol. Pedro y Juan “oraron… para que recibiesen el Espíritu Santo”, pero solo orar no era suficiente; debían imponer manos. “Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.”

-Simón vio “que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo”. Es decir, Simón comprendió que los dones sobrenaturales fueron impartidos por la imposición de las manos de los apóstoles. Felipe no contaba con semejante poder, ni ningún otro cristiano, sino solo y exclusivamente los apóstoles. Simón entendió lo que los pastores y evangelistas pentecostales no han entendido hasta el sol de hoy. Sin ser apóstoles, algunos de ellos oran bulliciosa y persistentemente para que sus feligreses hablen lenguas, profeticen o sanen; otros aseguran poder “llenar del Espíritu” o impartir dones sobrenaturales por la imposición de sus manos. Valiéndose de sugestión e hipnosis, solo logran manifestaciones ridículas, por ejemplo, que los sujetos por ellos tocados en la frente caigan al piso como muertos, o que estallen en un frenesí de bailes y lenguas jerigonzas. En toda la historia de la iglesia del Siglo I no existen escenas parecidas. Atento, querida alma pentecostal. ¿Es usted incapaz de entender lo que entendió aquel Simón de Samaria?

3.  Otra evidencia de que no todos los cristianos del Siglo I recibieron algún don sobrenatural: el caso del etíope, tesorero de la reina Candace. Hechos 8:26-40.

a)  El mismo Felipe que evangelizó a los samaritanos fue llevado por el Espíritu al encuentro con un eunuco, “funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba todos sus tesoros” (8:27).

b)  Yendo de Jerusalén hacia Etiopía, este varón piadoso leía una porción de Isaías, pero no entendía lo que leía. Milagrosamente, Felipe se junta a él, explicándole el sentido del pasaje. Entendiendo el evangelio, el eunuco pide ser bautizado. Confesando su fe en Cristo, Felipe y el eunuco “descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó” Felipe. El eunuco, ya bautizado “para perdón de los pecados”, “siguió gozoso su camino”. ¿Habló lenguas extrañas? ¿Recibió algún don sobrenatural? ¡Imposible! Felipe, no siendo apóstol, no podía impartir al eunuco ningún don. No había ningún apóstol presente, ni se acercó ninguno. ¿Fue salvo el eunuco? ¿Recibió “el don del Espíritu Santo” en virtud de bautizarse? ¿Nació del Espíritu? ¿Fue añadido a la iglesia? Positivo. Positivo. Positivo. Positivo. Y todo esto sin hablar lenguas extrañas o recibir algún otro don sobrenatural. Sigue “gozoso su camino” porque recibe la salvación que su espíritu anhela.

-¡Ojo!, estimado pentecostal. ¡Qué contraste entre el eunuco y los que “hacen profesión de fe” en cultos o campañas pentecostales! Estos no piden ser bautizados porque los predicadores pentecostales no predican el bautismo “para perdón de los pecados” predicado por los hombres llenos del Espíritu en el tiempo de los apóstoles. Estos son declarados “salvos” antes de bautizarse. Estos no siguen gozosos su camino a menos que “hablen lenguas extrañas como señal de conversión”, caigan en éxtasis, bailen como trompo o reciban visiones.

D.  Conclusión. Las evidencias traídas en este estudio sostienen ampliamente una verdad importantísima acerca del Espíritu Santo y sus obras, a saber, no todos los cristianos del tiempo de los apóstoles recibieron enseguida el don sobrenatural de hablar lenguas, como tampoco algún otro don sobrenatural. Durante la etapa inicial de la iglesia en Jerusalén solo los apóstoles hacían señales y prodigios. Creciendo vertiginosamente la membresía de aquella primera congregación, llega el momento cuando los apóstoles imponen manos a siete varones sabios, llenos del Espíritu y de buen testimonio, impartiéndoles dones sobrenaturales. De ahí en adelante, otros cristianos en distintos lugares reciben dones sobrenaturales, siempre con el “fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:12). Una vez cumplida su función, los dones sobrenaturales cesaron conforme a la proclamación clara del Espíritu mismo al decir él por el apóstol Pablo: “Las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará” (1 Corintios 13:8-13). Permanece “toda la verdad” revelada originalmente y confirmada por el Espíritu a través de los dones sobrenaturales (Juan 16:13; Marcos 16:20; Hebreos 2:1-4 y otros textos parecidos). Y esta “verdad” es lo que cuenta, pues este evangelio completo no adulterado es “el poder de Dios para salvación” (Romanos 1:16).

Estudios sobre el Espíritu Santo en esta Web

Estudios sobre dones sobrenaturales en esta Web

Intercambio que incluye una discusión importante sobre “el don del Espíritu Santo”

El don del Espíritu Santo. Parte 1.

 

  

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