El don del Espíritu Santo. Tres casos bíblicos prueban que los convertidos en el siglo I no hablaban lenguas extrañas enseguida.

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Estudios sobre el Espíritu Santo en esta Web

Estudios sobre dones sobrenaturales en esta Web

Intercambio que incluye una discusión importante sobre “el don del Espíritu Santo”

¡Cero "pentecostales" en la iglesia de Jerusalén!

Muchas evidencias analizadas. No se encuentra rasgo alguno de "pentecostalismo" en los apóstoles.

El don del Espíritu Santo. Parte I

 

“El don del Espíritu Santo”

Parte II  

 

Esta gráfica de dos apóstoles que imponen manos a dos cristianos para impartirles dones espirituales ilustra el tema El don del Espíritu Santo, Parte II, en editoriallapaz.

 

 

¿Recibieron de inmediato algún

don sobrenatural todas las

personas convertidas a Cristo

durante el tiempo de los

apóstoles en el siglo I?

 

A. Trasfondo.

Respondiendo a la pregunta, los teólogos, pastores y evangelistas pentecostales aseguran que sí, afirmando la gran mayoría, con fiera convicción, que todo convertido ha de “hablar lenguas” como sello de su conversión.

Ahora bien, la “conversión a Cristo y salvación del alma” no incluye, según ellos, el bautismo “para perdón de los pecados” predicado por los apóstoles del Señor en el día de Pentecostés del año 30, día en que fue establecida la iglesia (Hechos 2:37-47). Así pues, conforme a sus doctrinas, lo único necesario para hablar lenguas extrañas sería “aceptar a Cristo como su Salvador, orar la oración del pecador por perdón y declararse a sí mismo salvo”, no siendo el bautismo prerrequisito para recibir el perdón de pecados, ni tampoco para recibir “el don del Espíritu Santo”.

¿Tienen razón, o no? Estudiemos, con paciencia y objetividad, estos temas, ampliando y refinando nuestro entendimiento espiritual, no asumiendo que sea bíblica la posición oficial de los pentecostales de actualidad simplemente porque sean muchos los que la sostienen con tanta fogosidad y arrojo que conquistan con violencia psicológica-emotiva a mentes desconocedoras de enseñanzas fundamentales del Nuevo Testamento sobre las verdaderas ejecutorias del Espíritu Santo y los verdaderos dones espirituales-sobrenaturales impartidos por él en el siglo I. 

B. Nuestra respuesta a la pregunta: ¿Recibieron de inmediato algún don sobrenatural todas las personas convertidas a Cristo durante el tiempo de los apóstoles en el siglo I?, es un rotundo “¡Negativo!” Y para énfasis, la repetimos: No todas las personas convertidas en el tiempo de los apóstoles durante el siglo I recibieron enseguida algún don espiritual-sobrenatural.

 

En esta pintura muy detallada se ve una multitud de personas delante de los apóstoles en Jerusalén en el día de Pentecostés, escuchando muy atentamente la explicación del propósito de las lenguas de fuego y el ruido como de un viento recio que señalaban el poder del Espíritu Santo que cayó solo sobre los apóstoles en aquel día, ilustración para el estudio sobre El don del Espíritu, Parte 2, en editoriallapaz.

 

Una gran multitud de personas se congrega para escuchar a los apóstoles

proclamar el evangelio en Jerusalén en el día de Pentecostés del año 30.

Aproximadamente tres mil creyeron, se arrepintieron y fueron bautizados

aquel mismo día. ¿Hablaron todos lenguas extrañas, o solo los apóstoles?

 

El caso de los tres mil convertidos en Pentecostés del año 30

y de las decenas de miles convertidos en Jerusalén

durante los próximos seis años.

 

1. Textos bíblicos relevantes: Hechos de apóstoles, los capítulos 2, 3, 4, 5 y 6.

a) Hechos 2:37-47. En el día de Pentecostés, “los que recibieron” la “palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” (Hechos 2:40). Estos tres mil, ¿hablaban enseguida lenguas extrañas? ¿Recibió cada uno enseguida algún don sobrenatural? La historia divina de aquellos eventos no presenta evidencia alguna al efecto de que lo hicieran. Solo relata que los convertidos en Pentecostés “perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hechos 2:42).

(1) ¡Ninguna evidencia al efecto de que los tres mil hablaran lenguas extrañas de la misma manera que los apóstoles las hablaron, ni tampoco de que recibieran dones espirituales-sobrenaturales de cualquier otra categoría

De tener los teólogos y pastores pentecostales razón al afirmar que las lenguas sobrenaturales hayan de acompañar la conversión, confirmándola, se anticiparía encontrar alguna evidencia convincente relacionada con los tres mil convertidos en Pentecostés. Conforme a su tesis, aquellos tres mil debían hablar lenguas necesaria y obligatoriamente. Suponiendo que lo hicieran, Hechos 2:42 debería leer: Y todos hablaban lenguas extrañas, y perseveraban en la doctrina de los apóstoles…”. Mas, sin embargo, no lee así el texto.

¿Acaso omitiera el historiador Lucas tan importante asunto como el de hablar tres mil personas lenguas extrañas? ¡Inconcebible!

No mencionando él semejante manifestación del Espíritu Santo, se deduce que los tres mil convertidos en Pentecostés no hablaran lenguas extrañas. Se arrepintieron, y, bautizándose “para perdón de los pecados” (Hechos 2:38), recibieron “el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38), naciendo del Espíritu (Juan 3:1-7), pero ¡no hablaron lenguas extrañas ni recibieron, en aquel día, don sobrenatural alguno!

(2) Quienes hablan “otras lenguas” (Hechos 2:1-8) en Pentecostés y hacen “muchas maravillas y señales” en los días subsiguientes son “los apóstoles”“Y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles” (Hechos 2:43). ¿Por quiénes? “…por los APÓSTOLES.” Tomemos nota: no por los ciento veinte discípulos que se congregaban en el templo durante los diez días antes de Pentecostés (Lucas 24:53; Hechos 1:14-15), ni tampoco por los tres mil, sino “por los APÓSTOLES”. El cuadro que los pentecostales pintan de Pentecostés resulta, pues, una falsificación mayúscula de los acontecimientos verdaderos. Eso se llama “reescribir la historia conforme a creencias personales, haciendo caso omiso a hechos contrarios verificados”. El mismito error que teólogos e historiadores católicos romanos cometen respecto al papado.

 

Señales y prodigios hechos solo por los apóstoles

durante la fase inicial de la iglesia, estando solo

ellos frente a la congregación en Jerusalén.

 

b) Después de Pentecostés, la iglesia fundada en Jerusalén sigue creciendo a ritmo acelerado, añadiéndose muchos miles (Hechos 4:4,32-33; 5:14), pero de los añadidos no se dice que todos y cada uno de ellos hablaran lenguas extrañas o que recibieran algún don sobrenatural. Hecho inexplicable, si las lenguas extrañas son señal absolutamente necesaria para la confirmación de la conversión.

Los apóstoles siguen haciendo milagros, pero no se afirma lo mismo acerca de las decenas de miles de cristianos nuevos en Jerusalén. Lo que sí se relata es lo siguiente: “Y por la mano de los APÓSTOLES se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo...” (Hechos 5:12).

De hecho, no se atribuye ninguna obra sobrenatural a ninguno que no fuera apóstol hasta el tiempo cuando comenzaron a ejercer su ministerio los “siete varones” nombrados en Hechos 6:1-10. Veamos las evidencias en Hechos, los capítulos 2, 3, 4 y 5, siguiendo la secuencia de eventos tal cual relatada por el cronista inspirado Lucas.

(1) En Pentecostés, solo los apóstoles “fueron… llenos del Espíritu, y comenzaron a hablar en lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:4).

Solo los apóstoles, y no los ciento veinte, estaban en “la casa donde estaban sentados”, temprano en la mañana de Pentecostés, cuando el “estruendo como de un viento recio llenó toda la casa” (Hechos 2:1-2).

Solo los apóstoles, y no los ciento veinte, hablaban “en lenguas” (Hechos 2:1-8).

“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once…” (Hechos 2:14), y no con los ciento veinte. ¿Se fija usted?

Muchos de los que oyeron la predicación de Pedro “se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles…”. La multitud no se dirige a los ciento veinte sino solo a los apóstoles.

Los tres mil convertidos “perseveraban en la doctrina de los apóstoles…” (Hechos 2:41).

“Muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles (Hechos 2:43), y no por los ciento veinte ni por los tres mil nuevos cristianos.

(2) El “cojo de nacimiento” es curado por intervención de los dos apóstoles Pedro y Juan (Hechos 3:1-10).

(3) “Todo el pueblo” concurre “al pórtico que se llama de Salomón”, donde el apóstol Pedro les predica (Hechos 3:11-26).

(4) “Los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos” echan a los apóstoles Pedro y Juan en la cárcel (Hechos 4:1-3).

(5) Pese al encarcelamiento de los dos apóstoles, la iglesia sigue creciendo. “…y el número de los varones era como cinco mil” (Hechos 4:4). Cinco mil varones, y por implicación quizá más de cinco mil damas. Más de diez mil miembros solo en Jerusalén¿y todos y cada uno de ellos, sin excepción, hablaban lenguas extrañas? ¿Y todos y cada uno de ellos, sin excepción, recibieron algún don sobrenatural? ¡NADA COMENTA LUCAS al RESPECTO! Nada en absoluto.

(6) Al siguiente día, las autoridades mandan a traer a los apóstoles Pedro y Juan, “y poniéndolos en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad…?” “Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo…” (Hechos 4:5-8). Pedro, apóstol, “lleno del Espíritu Santo”, es quien expone ante los gobernantes y demás presentes el Camino de Cristo.

(7) Los apóstoles Pedro y Juan“puestos en libertad, vinieron a los suyos…” (Hechos 4:23). Cuentan a “los suyos” lo acontecido. Luego, todos “alzaron unánimes la voz a Dios”, pronunciando una oración que abarca desde el versículo 24 hasta el 30, integradas armoniosamente en ella alabanzas para Dios, palabras del rey David, referencias a Herodes, Pilato y los gentiles, como además peticiones específicas. Todo entendible. Sin jerigonzas. Sin lenguas angelicales. Sin griterías. Sin confusión. El contenido de la oración evidencia, certeramente, que uno de los apóstoles oró en voz alta, diciendo “¡Amén!” los demás apóstoles presentes, acorde todo el procedimiento de la oración con las directrices indicadas en 1 Corintios 14:16-17. “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios” (Hechos 4:31).

¿Estaban congregados los más de diez mil cristianos en Jerusalén en “el lugar” aludido? Muy improbable.

Aquel lugar “tembló”. ¿Se trata del enorme templo judío? ¿O del gran pórtico llamado Salomón? Muy dudoso.

La evidencia circunstancial indica que se trata solo de un lugar donde solo los apóstoles “estaban congregados”.

Los apóstoles Pedro y Juan “vinieron a los suyos”, es decir, se juntaron con los demás apóstoles, y no con toda la gran multitud de discípulos. Ellos, los apóstoles, y no toda la muchedumbre de los discípulos, son quienes oran la oración.

En aquel lugar, solo los apóstoles “fueron llenos del Espíritu Santo”, lo cual se entiende como una renovación, o ampliación, del poder del Espíritu en ellos, capacitándolos para seguir predicando y revelando “toda la verdad” (Juan 16:13), pues no proclamaron “toda la verdad” en Pentecostés sino que seguían dando a conocer “la ley de Cristo” (1 Corintios 9:21) hasta completar el Nuevo Testamento antes de la muerte del último de su número. Como fruto de ser “llenos del Espíritu Santo” los apóstoles “hablaban con denuedo la palabra de Dios”. (Hechos 4:31)

Sigue la secuencia de eventos, y sostiene nuestras conclusiones el lenguaje de Hechos 4:33. “Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección…” El enfoque es sobre “los apóstoles”, y no sobre el vasto número de cristianos novatos.

(8) Los cristianos que vendían sus propiedades “ponían a los pies de los apóstoles” su precio (Hechos 4:35).

(9) Muertos Ananías y Safira por haber “mentido… a Dios” y tentado “al Espíritu del Señor” (Hechos 5:1-11), continúa la historia de aquellos tiempos con la observación “Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón. De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos, mas el pueblo los alababa grandemente” (Hechos 5.12-13).

Qué conste: ¡los apóstoles seguían haciendo “muchas señales y prodigios”. Estas obras sobrenaturales no se atribuyen a todos y cada uno de los millares y millares de discípulos nuevos.

“Estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón.” ¿Quiénes “estaban todos unánimes”? Gramaticalmente, todos los apóstoles, pues el enfoque es sobre los apóstoles, siendo “los apóstoles” el antecedente de “todos”.

“Todos unánimes” se aplica consistentemente a los apóstoles.

Hechos 1:14. “Todos estos”, es decir, los apóstoles nombrados en el versículo anterior (Hechos 1:13), “perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres…”.

Hechos 2:1-2. Temprano en la mañana de Pentecostés, los apóstoles “estaban todos unánimes juntos” en “la casa donde estaban sentados”.

Hechos 4:24. Los apóstoles “alzaron unánimes la voz a Dios”.

Hechos 5:12. “Estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón.”

Tratándose de los tres mil convertidos en Pentecostés, también se dice que perseveraban unánimes cada día en el templo” (Hechos 2:46). Pero, en Hechos 5:12 la mirilla del historiador es sobre los apóstoles y no sobre los discípulos. Todos los apóstoles “estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón”. Doce predicadores en el mismo pórtico. Doce evangelistas, llenos del Espíritu, en el mismo lugar. Doce apóstoles de Cristo perfectamente unidos en su testimonio, ante el pueblo y frente a la creciente multitud de discípulos.

Apoya esta apreciación de aquellos eventos el detalle apuntado en el versículo 13: “De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos…” 

¿Quiénes son “los demás”? Razonamos que no se trata del “pueblo”, ya que muchos judíos seguían convirtiéndose a Cristo, añadiéndolos Cristo a su iglesia. Precisamente, el siguiente versículo del mismo pasaje dice: “Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres” (Hechos 5:14). Más adelante en la secuencia del relato histórico se observa: “Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe” (Hechos 6:7). Entonces, “los demás”, ¿sería el resto de la iglesia? Es decir, ¿los demás discípulos? Esta parece ser la única interpretación lógica.

Claro está que los apóstoles formaban un grupo exclusivo. Durante aquellos meses subsiguientes a Pentecostés, ellos, y solo ellos, estaban frente a la enorme congregación en Jerusalén. ¿Quiénes daban testimonio de Cristo? Ellos, los apóstoles, varones escogidos por Cristo mismo, y que habían estado con él “todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía… comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que… fue recibido arriba” (Hechos 1:21-22). ¿Quiénes “hacían muchas señales y prodigios”? ¡Los apóstoles! Al principio, solo los apóstoles. La prueba sobreabunda. ¿Quién de los discípulos se atrevería a juntarse con estos doce varones?

Asombrosamente, en el presente, no son pocos los autonombrados “líderes cristianos” que sí, definitivamente, se atreven a juntarse a los apóstoles originales de Cristo, atrevida y descaradamente llamándose “apóstol”. Entre ellos figuran algunas pastoras, las que, empeñadas en sobrepasar a los varones, también toman el título de “apóstol”, o “apóstola”. Sus errores y pecados se multiplican, pues no solo se adjudican puestos y títulos no hallados en el Nuevo Testamento sino que también quebrantan la orden del Espíritu Santo, según la que la mujer no debiera tomar dominio sobre el varón. “Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio” (1 Timoteo 2:12).

(10) El castigo fulminante que sufrieron Ananías y Safira no detuvo el crecimiento de la iglesia en Jerusalén. Al contrario, “los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres” (Hechos 5:14). No solo de Jerusalén sino “aun de las ciudades vecinas” traen “enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados” (Hechos 5:16). ¿Sanados por quiénes? ¡Por Pedro, y por inferencia, por los demás apóstoles! “Y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos” (Hechos 5:15).

Suponiendo que todos y cada uno de los quince mil, veinte mil, hasta veinticinco mil miembros, o aún más, de la iglesia en Jerusalén recibieran algún don sobrenatural, incluso el don de sanidad, ¿cómo se explica que Lucas no incluya siquiera una pequeña referencia a sus señales y prodigios? ¡Veinte mil hombres y mujeres hablando lenguas extrañas, profetizando y haciendo señales y prodigios, inclusive, sanando a muchos miles! Este es el escenario que suponen los pentecostales. Sin embargo, ¡ni una insinuación de semejante escenario aparece en el relato de Lucas!

¿Por qué traer los “enfermos y atormentados de espíritus inmundos” a la presencia de los apóstoles en Jerusalén si todos y cada uno de los veinte mil cristianos nuevos también hacían señales y prodigios? Tomando en cuenta todas las expresiones que señalan el continuo crecimiento de la iglesia, “veinte mil” parecería un estimado más o menos acertado.

“Todos eran sanados” (Hechos 5:16). Sin excepción. No importando su condición física. Leprosos, amputados, parapléjicos, ciegos, cojos, con cáncer. Ni siquiera se intima que se les exigiera “fe” a todos y cada uno como “condición para recibir sanidad”. Tampoco había que “imponer manos al enfermo” o “ungirle con aceite”. Bastaba siquiera la “sombra” de un apóstol verdadero del Señor.

Las “campañas de sanidad” efectuadas por líderes pentecostales de actualidad ni se asemejan a lo que pasó allá en Jerusalén, en el día de Pentecostés del año 30, y los meses, quizás los dos o tres años subsiguientes.

(11) La historia sigue. Todos los apóstoles fueron encarcelados“Mas un ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel y sacándolos, dijo: Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida”. (Hechos 5:17-20). Así pues, de nuevo, los doce apóstoles, unánimes, entran en el templo y enseñan (Hechos 5:21). Llamados a cuentas una vez más por el sumo sacerdote, “Pedro y los apóstoles” responden: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29). Explican: “Nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen(Hechos 5:32).

Dios da el Espíritu Santo a todos los que “le obedecen”. A cada persona arrepentida y bautizada por inmersión “para perdón de los pecados” Dios da “el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38).

Negando que el bautismo sea “para perdón de los pecados” (Hechos 2:38; 22:16), y anteponiendo el perdón de pecados al bautismo, efectivamente, los pentecostales no enseñan ni obedecen correctamente el mandamiento del bautismo. Por consiguiente, no reciben el verdadero “don del Espíritu Santo”. Más bien, reciben del “espíritu de engaño” dones ficticios, por ejemplo, lenguas jerigonzas, en lugar del poder sobrenatural de hablar otros idiomas sin haberlos estudiado. Esto los expone a muy graves peligros espirituales, entre ellos, se les hace muy difícil reconocer, admitir y aceptar verdades tales como las que se resaltan en este estudio.

Dios da el Espíritu Santo “a los que le obedecen”, pero esto no significa que todos y cada uno de ellos hable lenguas extrañas o reciba algún don sobrenatural. El análisis que estamos realizando sostiene concretamente esta conclusión.

(12) Los apóstoles salen “de la presencia del concilio… Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo” (Hechos 5:41-42).

(13) Los DOCE convocaron a la multitud de los discípulos” para resolver el asunto de las viudas (Hechos 6:1-2). Mandan a escoger “a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo” (Hechos 6:3). “Toda la multitud” (Hechos 6:5) de los discípulos debía escoger a siete varones de entre quizá diez o doce mil varones, tal vez aún más. Algunos de estos varones se destacaban no solo por su “buen testimonio… y sabiduría” sino también por ser “llenos del Espíritu Santo”. Se deduce que no todos los miles de varones convertidos a Cristo contaban con estos rasgos sobresalientes.

Esta expresión “llenos del Espíritu Santo”, ¿acaso sería sinónimo de “poseedores de dones sobrenaturales” o de “habladores de lenguas extrañas”? No necesariamente. Apoyan esta respuesta todos los datos puestos a relieve en este análisis, según el que, hasta este punto en el desarrollo de la obra de Dios, los apóstoles eran los únicos que hacían señales y prodigios, y no, pues, la muchedumbre de los discípulos.

Cierto es que la expresión “llenos del Espíritu Santo” se relaciona en algunos textos con el poder sobrenatural de hablar otros idiomas a perfección sin haberlos aprendido jamás, y también con el de predicar por inspiración divina. Por ejemplo, “llenos del Espíritu Santo”, los apóstoles “comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen… las maravillas de Dios” (Hechos 2:1-13). Y, “llenos del Espíritu Santo” los apóstoles “hablaban con denuedo la palabra de Dios” (Hechos 4:31). Sin embargo, no siempre. Por ejemplo, Juan el Bautista estaba “lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre”(Lucas 1:15), pero, “ninguna señal hizo”(Juan 10:41).

Por lo tanto, la expresión “llenos del Espíritu Santo” en el caso de los varones cristianos a escogerse para atender a los necesitados de la muy numerosa congregación en Jerusalén no significa necesariamente que hablaran lenguas extrañas, ni que hicieran prodigios y maravillas sobrenaturales. Mas bien, “…llenos del Espíritu Santo”, a través del “don del Espíritu Santo” recibido al bautizarse (Hechos 2:38), con una entrega tal, con una diligencia, un dinamismo y cualidades espirituales que los hicieran destacar entre la gran multitud de discípulos.

Refuerza esta explicación el silencio de Lucas referente a “dones impartidos por la imposición de las manos de los apóstoles” durante todos los sucesos hasta la selección de los siete varones. O sea, en los capítulos 2, 3, 4 y 5 de Hechos, Lucas describe muchas obras de los apóstoles, no apareciendo entre ellas en ningún contexto, ni por implicación, la imposición de manos para impartir dones sobrenaturales. Esto sería curioso de verdad, aún inexplicable, de haber los apóstoles impartido dones sobrenaturales, mediante la imposición de sus manos, a lo largo del tiempo desde Pentecostés hasta las selección de los siete varones.

Significantemente, los siete varones elegidos son presentados “ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos” (Hechos 6:6), y esta es la primera mención de tal acto en el relato histórico de Lucas. ¿Con qué propósito imponen manos los apóstoles a los siete varones? La razón no está anotada en el texto. ¿Acaso cómo señal de aprobación (Hechos 13:1-3)? ¿O para impartirles dones sobrenaturales (Hechos 8:14-18)? Nos inclina hacia esta segunda razón lo que ocurrió muy pronto, a saber: “Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo” (Hechos 6:8). Amado lector, ¡he aquí el primer ejemplo concreto en la iglesia de señales y prodigios hechos por quien no fuese apóstol! Antes de recibir Esteban la imposición de las manos de los apóstoles él estaba lleno del Espíritu Santo, pero ¿hacía prodigios y señales? Y si él, con los demás varones “llenos del Espíritu Santo”, los hacían, ¿por qué no registrarlo Lucas en su historia? Después de recibir la imposición de las manos de los apóstoles es cuando Esteban hace “grandes prodigios y señales”.

c) El panorama histórico de “Hechos de Apóstoles” debería ser otro muy distinto, conforme a la doctrina pentecostal. Sintetizando, sería algo como lo siguiente:

“Y todos los muchos millares de convertidos hablaban lenguas extrañas, aun antes de bautizarse. Y no solo por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo, sino que todos los nuevos cristianos hacían milagros y profetizaban, pues cada uno recibía algún don sobrenatural”. Versión pentecostal de la historia de la iglesia en Jerusalén.

Indiscutiblemente, los pastores pentecostales distorsionan grandemente la historia de la iglesia en Jerusalén. Su teología de “lenguas y dones” los ha llevado a reescribir, con cambios sustanciales, la historia de la iglesia del siglo I. Leemos una y otra vez, una y otra vez, los primeros seis capítulos de “Hechos de Apóstoles”, no encontrando en el relato enseñanzas o escenas típicas del pentecostalismo.

Estimado pentecostal, los errores doctrinales de Charles Parham y William Seymour, fundadores de su movimiento, sobre “el bautismo en Espíritu, lenguas extrañas y dones sobrenaturales”, los embrollaron en una maraña de interpretaciones torcidas en torno a lo que ocurrió en la iglesia dirigida personalmente por los apóstoles. ¿Con qué justificación seguir usted respaldando y propagando las ignorancias de ellos? ¿Acaso teme usted represalias de parte del Espíritu Santo si renuncia al pentecostalismo? Pues, su temor es infundado, ya que el verdadero Espíritu de Dios no se mueve en el pentecostalismo. Más bien, se expone usted a la ira de Dios por militar en un “movimiento” cuyos fundadores, teólogos y promotores quebrantan casi todos los mandamientos del Nuevo Testamento. Esta es nuestra apreciación a la luz del estudio de los hechos verídicos de los apóstoles y de la iglesia en Jerusalén. Le animamos a ser solo “cristiano”, y no “pentecostal”.

 

¡Cero "pentecostales" en la iglesia de Jerusalén!

Muchas evidencias analizadas. No se encuentra rasgo alguno
de "pentecostalismo" en los apóstoles.

 

En esta gráfica un cristiano que salió de Jerusalén a causa de la persecución que se desató a consecuencia del martirio de Esteban proclamo el evangelio en un lugar de Judea, ilustración para el tema El don del Espíritu Santo, Parte 2, en editoriallapaz.

 

El caso de los cristianos esparcidos por Judea y Samaria,

“salvo los apóstoles”.

 

2. Recalcamos: no todas las personas convertidas en el tiempo de los apóstoles durante el siglo I recibieron enseguida algún don sobrenatural. A continuación, otra evidencia.

Después del martirio de Esteban (Hechos 7), “hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. … Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio (Hechos 8:1-4). La obra de estos que “fueron esparcidos” dio por fruto el establecimiento de numerosas congregaciones en Judea y Samaria, hallándose datos relevantes en Gálatas 1:22 y Hechos 1:8; 8:1; 9:31-35, 36-39; 10:1, 44-48; 11:1. Tomemos nota: ¡los apóstoles no acompañaron a los que “iban por todas partes anunciando el evangelio”“Todos fueron esparcidos… salvo los apóstoles.”

a) Reflexionando sobre estos hechos, podemos formular un silogismo cuya conclusión resulta irrebatible, a nuestro entender.

(1) En la iglesia del siglo I, los apóstoles eran los únicos con el poder de impartir dones sobrenaturales (Hechos 8:14-18). Tengamos presente siempre que el Espíritu Santo fue derramado directamente del cielo solo en Pentecostés y en la casa de Cornelio.

(2) Los apóstoles no acompañaron a los hermanos que “iban por todas partes anunciando el evangelio” y bautizando a las personas que creían, organizándolas en congregaciones.

(3) Por lo tanto, los nuevos discípulos ganados a través de Judea y Samaria no recibieron enseguida algún don sobrenatural, no exceptuándose el de hablar lenguas extrañas. He aquí la conclusión obvia y patentemente verídica.

 

El evangellista Felipe predica el evangelio a los samaritanos, ilustración para el estudio a fondo sobre El don del Espíritu Santo, Parte 2, en editoriallapaz.
 

El caso de los samaritanos convertidos a Cristo

por la predicación del evangelista Felipe

 

b) El caso de Felipe y los samaritanos ilustra esta conclusión, confirmándola completamente. Hechos 8:5-25.

(1) Felipe, uno de los siete varones elegidos para servir a la iglesia en Jerusalén, encontrándose entre los “esparcidos”, desciende “a la ciudad de Samaria”, predicando a Cristo.

(2) “La gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía” (Hechos 8:6).

(3) Creyendo “a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres” (Hechos 8:12).

(4) Habiendo recibido Felipe la imposición de las manos de los apóstoles (Hechos 6:5-6), este varón podía hacer “señales” (Hechos 8:6), entre las que figuraban echar espíritus inmundos y curar paralíticos y cojos (Hechos 8:7). Sin embargo, no siendo Felipe “apóstol”, no contaba con el poder de impartir dones sobrenaturales mediante la imposición de manos. Por consiguiente, los “hombres y mujeres” bautizados en Samaria ¡no recibieron enseguida ningún don sobrenatural! Consideremos este caso de cerca y con total objetividad.

(a) Creyendo algunos samaritanos, tanto mujeres como hombres, y bautizándose, reciben “el don del Espíritu Santo” vinculado al bautismo en Hechos 2:38, pero no reciben ningún don sobrenatural. En definitiva, ¡no hablan lenguas extrañas! Obsérvese bien que el historiador Lucas no registra en ninguna instancia que los samaritanos convertidos a Cristo hablaran lenguas extrañas. Calificaríamos de muy extraña, aun inexplicable, semejante omisión, suponiéndose indispensables las lenguas extrañas como “confirmación de conversión”.

(b) Conforme a Hechos 2:38 y 5:32, Dios da el Espíritu Santo a todos los samaritanos que le obedecen, pero ninguno de ellos recibe, como fruto inmediato de su obediencia, algún don sobrenatural. Ninguno habla lenguas extrañas.

(c) Creyendo y bautizándose, los samaritanos nacen del agua, como también del Espíritu (Juan 3:1-7), pero ninguno recibe enseguida don sobrenatural alguno. Sus pecados han sido perdonados y Cristo los ha añadido a su iglesia (Hechos 2:38, 47), pero ninguno ha recibido don sobrenatural alguno. Ninguno ha hablado lenguas extrañas. Querido pentecostal, tome nota. El caso de estos samaritanos descubre errores fundamentales del pentecostalismo.

(d) Andando el tiempo, “los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios”. Envían allá a Pedro y Juan (Hechos 8:14). Llegando, se reunieron con la iglesia, y “oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos… Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero…”  (Hechos 8:15-18).

“Oraron… para que recibiesen el Espíritu Santo.” En esta expresión, “el Espíritu Santo” es sinónimo de dones sobrenaturales. De ello podemos estar seguros porque los samaritanos convertidos ya habían recibido “el don del Espíritu Santo” vinculado al bautismo. Ya habían nacido del Espíritu. Ya eran salvos. Ya habían sido trasladados al reino de Dios (Colosenses 1:13). Ya habían sido añadidos a la iglesia.

Los samaritanos convertidos habían “recibido la palabra de Dios”, obedeciéndola (Hechos 8:14), mas, sin embargo, “el Espíritu Santo… aún no había descendido sobre ninguno de ellos”. Esto quiere decir que ninguno de ellos había recibido don sobrenatural alguno.

Así que, obviamente, una cosa es recibir la palabra del Espíritu, andar y vivir en el Espíritu, y disfrutar de las muchas bendiciones que el Espíritu brinda a todo cristiano fiel; otra muy distinta es la de recibir algún don sobrenatural. Esta verdad el caso de los samaritanos la pone de relieve de forma impresionante e inconfundible.

Consideremos: si no llega jamás ningún apóstol donde los samaritanos para impartirles dones sobrenaturales, ¿podían ser salvos eternamente aquellos samaritanos obedientes? ¡Positivo! Sin lugar a dudas. Para ser salvos, no era imprescindible que todos y cada uno de ellos hablara lenguas extrañas o recibiera algún otro don sobrenatural.

Pero, si lo que afirmamos es cierto, entonces, ¿por qué se preocupan los apóstoles, enviando dos de los suyos a Samaria expresamente para impartir dones? Pues, el propósito de repartir dones espirituales-sobrenaturales el apóstol Pablo lo expresa con admirable concisión en su epístola a los efesios, diciendo: “…a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe…” (Efesios 4:11-14). Este fue el propósito de los dones sobrenaturales durante la infancia, la niñez y la adolescencia de la iglesia, cuando aún no existía “toda la verdad” en forma escrita, ni se había compilado los libros que componen el Nuevo Testamento.

El Espíritu Santo “no había descendido sobre ninguno” de los samaritanos, ni descendería jamás sin la intervención de algún apóstol. Pedro y Juan “oraron… para que recibiesen el Espíritu Santo”, pero solo orar no era suficiente; debían imponer manos. “Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.”

 

El caso de Simón el mago

 

Simón vio “que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo”. Es decir, Simón comprendió que los dones sobrenaturales fueron impartidos por la imposición de las manos de los apóstoles. Felipe no contaba con semejante poder, ni ningún otro cristiano, sino solo y exclusivamente los apóstoles. 

Simón entendió lo que los pastores y evangelistas pentecostales no han entendido hasta el sol de hoy.

Sin ser apóstoles, algunos de ellos oran bulliciosa y persistentemente para que sus feligreses hablen lenguas, profeticen o sanen; otros aseguran poder “llenar del Espíritu” o impartir dones sobrenaturales por la imposición de sus manos. Valiéndose de la sugestión y la hipnosis, solo logran manifestaciones ridículas, por ejemplo, que los sujetos por ellos tocados en la frente caigan al piso como muertos, o que estallen en un frenesí de bailes y lenguas jerigonzas. En toda la historia de la iglesia del siglo I no existen escenas parecidas. 

¡Atenta, querida alma pentecostal! ¿Es usted incapaz de entender lo que entendió aquel Simón de Samaria?

 

El evangelista Felipe expone al eunuco, tesorero del reino de los etíopes, una de las profecías acerca del Mesías. Escuchando el evangelio, el eunuco pide ser bautizado. ¿Habló lenguas extrañas antes de bautizarse, o después? ¿Recibió algún don sobrenatural? ¿Podía Felipe impartirle algún don sobrenatural? Respuestas a estas preguntas se dan en este estudio.

 

El evangelista Felipe expone al eunuco, tesorero del reino de los etíopes, una de las profecías acerca del Mesías. Escuchando el evangelio, el eunuco pide ser bautizado. ¿Habló lenguas extrañas antes de bautizarse, o después? ¿Recibió algún don sobrenatural? ¿Podía Felipe impartirle algún don sobrenatural? Respuestas a estas preguntas se dan en este estudio.

 

El caso del etíope, tesorero de la reina Candace

 

3. Otra evidencia de que no todos los cristianos del siglo I recibieron algún don sobrenatural la tenemos en el caso del etíope, tesorero de la reina Candace. Hechos 8:26-40.

a) El mismo evangelista Felipe que evangelizó a los samaritanos fue llevado por el Espíritu Santo al encuentro con un eunuco, “funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba todos sus tesoros” (Hechos 8:27).

b) Yendo de Jerusalén hacia Etiopía, este varón piadoso leía una porción de Isaías, pero no entendía lo que leía. Milagrosamente, Felipe se junta a él, explicándole el sentido del pasaje. Entendiendo el evangelio, el eunuco pide ser bautizado. Confesando su fe en Cristo, Felipe y el eunuco “descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó” Felipe. El eunuco, ya bautizado “para perdón de los pecados”“siguió gozoso su camino”.

¿Habló lenguas extrañas? ¿Recibió algún don sobrenatural? ¡Imposible! Felipe, no siendo apóstol, no podía impartir al eunuco ningún don. No había ningún apóstol presente, ni se acercó ninguno. ¿Fue salvo el eunuco? ¿Recibió “el don del Espíritu Santo” en virtud de bautizarse? ¿Nació del Espíritu? ¿Fue añadido a la iglesia? Positivo. Positivo. Positivo. Positivo. Y todo esto sin hablar lenguas extrañas o recibir algún otro don sobrenatural. Sigue “gozoso su camino” porque recibe la salvación que su espíritu anhela.

¡Ojo!, estimado pentecostal. ¡Qué contraste entre el eunuco y los que “hacen profesión de fe” en cultos o campañas pentecostales! Estos no piden ser bautizados porque los predicadores pentecostales no predican el bautismo “para perdón de los pecados” predicado por los hombres llenos del Espíritu en el tiempo de los apóstoles. Estos son declarados “salvos” antes de bautizarse. Estos no siguen gozosos su camino a menos que “hablen lenguas extrañas como señal de conversión”, caigan en éxtasis, bailen como trompo o reciban visiones.

C. Escudriñemos otros textos relevantes.

 

Hechos 2:38

“…y recibiréis el don del Espíritu Santo.”

¡Todos los convertidos a Cristo reciben “el don del Espíritu Santo”!

 

1. Análisis breve de Hechos 2:38. “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.”

a) Según esta proclamación, “el don del Espíritu Santo” lo recibe enseguida todo aquel que se arrepienta y se bautice. Mediante el análisis efectuado en la “Parte I” de estos estudios sobre El don del Espíritu Santo, con el enfoque sobre el caso de Cornelio y los suyos, ya comprobamos que este “don del Espíritu Santo” de Hechos 2:38, otorgado a todo aquel que es bautizado bíblicamente, no es, en definitivo, el poder del Espíritu que “cayó” sobre Cornelio y los demás presentes en su casa cuando Pedro disertó delante de ellos acerca de Cristo y el evangelio, como tampoco el poder que fue derramado sobre los apóstoles en el día de Pentecostés. Definitivamente, este “don del Espíritu Santo” de Hechos 2:38 no es sinónimo con el don espiritual-sobrenatural de hablar lenguas, ni tampoco con cualquier otro don sobrenatural.

www.editoriallapaz.org/don_del_Espiritu_Parte_1.htm para el estudio a fondo del caso de Cornelio.

b) Tengamos presente que el “don del Espíritu Santo” mentado en Hechos 2:38 se recibe después del bautismoy no antes. “…bautícese… y recibiréis el don del Espíritu Santo.” 

El texto no lee: “Recibiréis el don del Espíritu Santo tan pronto haga profesión de fe, pero no deberéis bautizarse hasta después de seis meses de estudios como candidatos para el bautismo”. Sin duda, los pentecostales quisieran que así hubiese sido escrito el trozo, pero nada ni remotamente parecido escribió el médico Lucas, historiador que investigó cuidadosamente lo ocurrido y predicado en Pentecostés del año 30.

c) "El don del Espíritu Santo” prometido en Hechos 2:38, ¿acaso sea el don espiritual-sobrenatural de “diversos géneros de lenguas” nombrado en 1 Corintios 12:10? Negativo. Toda persona bautizada bíblicamente recibe “el don del Espíritu Santo” vinculado al bautismo en Hechos 2:38, pero no toda persona bautizada bíblicamente en el tiempo de los apóstoles recibía el don de lenguas, verdad inexpugnable establecida en 1 Corintios 12:30. “…¿hablan todos lenguas?” La única respuesta satisfactoria a esta pregunta retórica es: ¡negativo! No todos hablan lenguas extrañas.

d) Lo que NO dice el apóstol Pedro en Pentecostés sirve para realzar lo que sí dice. NO dice Pedro a la multitud de almas delante de él: “Bautícese cada uno de vosotros, y recibiréis el don de hablar lenguas extrañas y otros dones espirituales-sobrenaturales”. Lo que sí dice es: “Arrepentíos y bautícese cada uno… y recibiréis el don”, singular, “del Espíritu Santo”“El don”singular, contrasta con “los dones espirituales”plural, expresión que encabeza la categoría de dones sobrenaturales desglosados en 1 Corintios 12:1-10.

e) Comprobado que “el don del Espíritu Santo” vinculado al bautismo en Hechos 2:38 no es el poder sobrenatural del Espíritu derramado en Pentecostés y en la casa de Cornelio, y también comprobado que tampoco se trata del don de lenguas o algún otro don sobrenatural, lógicamente es preciso definirlo guiado por otras enseñanzas divinas acerca del Espíritu Santo, tarea que pretendemos haber realizado, de forma muy concisa, en la “Parte I" de este estudio.

 

Marcos 16:17-20

“Y estas señales seguirán a los que creen…”

 

2. Análisis de Marcos 16:17-20. (16) “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. (17) Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; (18) tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. (19) Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. (20) Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.”

a) “Y estas señales seguirán a los que creen”, pero no todo aquel que creyera recibiría algún don espiritual-sobrenatural, ni en el momento de creer ni después. Pruebas contundentes ya las presentamos en la muy importante Partida “B” arriba. De cierto, no todo aquel que creyera en el siglo I recibiría el don de hablar lenguas extrañas, doctrina ya establecida de manera irrebatible.

b) No pasemos por alto la verdad importantísima que se revela en el versículo 20, la que dice: “…confirmando la palabra con las señales que la seguían”. Vemos, pues, que las señales seguían “la palabra”. ¿Con qué propósito la seguirían? ¡La confirmaban! Se subraya: “…CONFIRMANDO la PALABRA”. Es decir, establecían el origen divino de “la palabra”. ¿Qué cosa confirmaban acerca de “la palabra”? Precisamente, que ella procedía de Dios, no originándola ángeles o humanos.

Entonces, se pone de relieve que el propósito de “las señales” no fue nunca confirmar la conversión del creyente sino ¡proveer evidencia indiscutible al efecto de que “la palabra” predicaba por los apóstoles no era de hombres sino de Dios! Gran verdad que, obviamente, los guías pentecostales no han captado hasta el sol de hoy, pues siguen enseñando insistentemente que “las lenguas” son necesarias para “confirmar la conversión”, ERROR mayúsculo que propagan por todo el mundo, mal instruyendo a almas que solo están empezando a oír y escudriñar las doctrinas del Nuevo Testamento.

 

Análisis de algunos versículos claves de 1 Corintios 12

 

3. 1 Corintios 12: 7. “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.” ¿Qué significa “la manifestación del Espíritu” y cuántos la reciben?

a) El tema principal de los capítulos 12, 13 y 14 de la 1 Corintios es el de los dones sobrenaturales, introducido en 1 Corintios 12: 1 al escribir el apóstol Pablo: “No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales”. Tratándose de la expresión “la manifestación del Espíritu” (1 Corintios 12:7), en este contexto de los dones espirituales-sobrenaturales se refiere principalmente a la “diversidad de dones” (1 Corintios 12:4), también llamada “diversidad de ministerios” (1 Corintios 12:5) “diversidad de operaciones” (1 Corintios 12:6). Así pues, el sentido de “a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu” sería, efectivamente, que “a cada uno le es dado algún don espiritual-sobrenatural”.

b) El significado de “…cada uno…” ¿Son sinónimos estas dos palabras con “todos y cada uno, sin excepción; el 100%? ¿Significan que el 100% de los creyentes bautizados recibiría algún don espiritual-sobrenatural? La respuesta a estas preguntas la presentamos ya, con lujo de evidencias, en la Partida “B”. La respuesta a estas preguntas la presentamos ya, con lujo de evidencias, en la Partida “B”. Recapacitando: la respuesta es que no, negativo, el 100% de los creyentes bautizados no recibió, ni enseguida ni más adelante, algún don espiritual-sobrenatural.

“Y a UNOS puso Dios en la iglesia…”, escribe el apóstol Pablo más adelante, en el versículo 28, explicando que no todos hablaban lenguas, interpretaban lenguas, profetizaban, hacían milagros, etcétera (1 Corintios 12:28-30). Convendría tener en mente esta explicación al comenzar con el versículo 1 el análisis de 1 Corintios 12. Lo mismo ocurre en el caso del 1 Corintios 14: los primeros versículos se interpretan correctamente a la luz del versículo 6 en adelante. Ver la Partida 7, a), para más comentarios sobre “Y a UNOS puso Dios en la iglesia…”.

4. 1 Corintios 12:11. “Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.” Aplican las observaciones que acabamos de hacer en las Partidas “3”, “a)” y “b)”, arriba. También destacamos la cláusula “como él quiere”. ¿Reservaba el Espíritu Santo el derecho de dar dones espirituales-sobrenaturales a algunos miembros de la iglesia en Corinto, pero a otros no? Los divisionistas en aquella congregación que decían: “Yo soy de Pablo, y yo soy de Apolos; y yo de Cefas”, ¿tenían todos algún don espiritual-sobrenatural? El hermano que cometió adulterio con su madrasta, ¿poseía tal don? ¿Y los miembros que se emborrachaban en la mesa del Señor? Si todos y cada uno de los miembros de la iglesia en Corinto contaban con por lo menos un don de esta categoría, ¿cómo explicar el malísimo estado de aquella congregación, pues padecía de muchas enfermedades espirituales gravísimas?

5. 1 Corintios 12:13. “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.”

a) “…por un solo Espíritu, o sea por la autoridad de “un solo Espíritu fuimos todos bautizados…”. El propio Jesucristo establece el bautismo en agua como condición para ser añadido al Reino de Dios. Por ejemplo, en el diálogo que sostuvo con Nicodemo, a quien dice que es necesario nacer del agua, sinónimo del bautismo, y, además, nacer del Espíritu, para ser admitido al Reino espiritual (Juan 3:1-7), remachando el apóstol Pablo esta doctrina en Colosenses 1:13. El Espíritu Santo, a su vez, proclama la mismita condición. Por ejemplo, mediante el apóstol Pedro, en el día de Pentecostés, declarando el bautismo necesario “para perdón de los pecados” y condición para ser añadido a la iglesia (Hechos 2:37-47), concordando los dos perfectamente en estas enseñanzas.

b) “Fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres.” Este bautismo “en un cuerpo” no es el bautismo “con el Espíritu Santo” (Hechos 11:16), ni “en Espíritu Santo” (Mateo 3:11), sino el bautismo en agua por la autoridad del Espíritu, siendo este bautismo necesario para ser añadido a la iglesia (Hechos 2:47), la cual es el cuerpo espiritual del Señor (Efesios 1:23).

El texto de Gálatas 3:27-28 guarda una similitud notable con el de 1 Corintios 12:13, tratando los dos pasajes del bautismo y mencionándose en los dos “judíos… griegos… esclavos o libres”“Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:27-28).

De manera que ningún ser humano está “revestido” de Cristo hasta no sumergirse en las aguas del bautismo. Por lo tanto, los pentecostales que “hablan lenguas” antes de bautizarse, ¡las hablan sin haberse revestido de Cristo! Por cierto, este sinsentido pone en tela de juicio la validez de sus “lenguas”, y, por ende, la de su “conversión”. De hecho, sus “lenguas” no son idiomas hablados por el poder sobrenatural conferido por el Espíritu Santo sino jerigonzas sin sentido, producto de un éxtasis inducido humanamente.

c) “…beber de un mismo Espíritu” no es sinónimo de “recibir algún don sobrenatural”. De la manera que todo creyente ha de nacer del Espíritu para ser admitido al reino de Dios (Juan 3:1-8), asimismo todos los que nacen del Espíritu han de beber “la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” (1 Pedro 2:2), proveyendo el propio Espíritu Santo esta “leche espiritual no adulterada” mediante la Palabra que él ha revelado (1 Juan 5:5).

El recibimiento de algún don sobrenatural no es necesario para nacer del Espíritu; tampoco para “beber” del Espíritu. El apóstol Santiago explica que el poder divino indispensable para nacer del Espíritu es la Palabra inspirada. Dice, con diáfana claridad: “Él”, o sea, Dios el Padre, “de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad” (Santiago 1:18). El apóstol Pablo, lleno del Espíritu Santo, concurre, diciendo: “No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1:16). Este mismo “evangelio”, o “palabra de verdad”, es el agua viva de la que bebe el creyente obediente. Dejemos que el Espíritu Santo nos explique la “doctrina de Cristo”, evitando así que la tergiversemos con interpretaciones humanas que producen evangelios diferentes.

6. 1 Corintios 12:18. “Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpocomo él quiso.” Referente al sentido de “cada uno”, ver los comentarios en la Partidas “3”, “a)” y “b)”, y 4, arriba. Dios ha colocado los miembros… como él quiso.” ¿Quiere decir esto que Dios diera algún don sobrenatural a todos y cada uno de los miembros? La respuesta se halla en la Partida “B”, arriba.

7. 1 Corintios 12:27-31. (27) “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular. (28) a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas. (29) ¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos maestros? ¿hacen todos milagros? (30) ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos? (31) Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aún más excelente.”

a) El versículo 28 dice: “Y a UNOS puso Dios en la iglesia…”. Según el versículo 18, “Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso”. “Quiso” poner “a unos” con dones sobrenaturales, es decir, dotar “a unos” con tales “dones”. Ahora bien, la frase “a unos” claramente implica que “NO a todos”. “A UNOS puso Dios en la iglesia…”, impartiéndoles dones sobrenaturales para que pudieran realizar sus distintos ministerios en aquella etapa inicial de la iglesia cuando estaba en proceso la revelación del Nuevo Testamento, no existiendo todo el canon de este “nuevo pacto” en forma escrita. Es más, cuando el apóstol Pablo escribió este texto de 1 Corintios 12 sobre los dones sobrenaturales, en 54 o 55 del siglo I, faltaban 40 años para terminar la revelación de “toda la verdad” por escrito en 95 al recibir el apóstol Juan las profecías y revelaciones de Apocalipsis.

En los versículos del 28 al 30, se identifican los ministerios espirituales constituido mediante la repartición por Dios de dones espirituales-sobrenaturales, a saber: los de apóstoles, profetas y maestros. Los ministerios que confirmaba el origen divino del evangelio eran: los de hacer milagros, sanar, hablar lenguas e interpretar lenguas.

Las preguntas retóricas “¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas”? ¿todos maestros?”, requieren una respuesta negativa. “No, negativo, no todos son apóstoles… no todos sanan… no todos hablan lenguas…”

b) En el versículo 31, el “camino” que es “aún más excelente” que el de “los dones mejores” es el del amor tal cual definido con asombrosa elocuencia y profundidad en 1 Corintios 13.

D. Conclusiones.

Las evidencias traídas en este estudio sostienen ampliamente una verdad importantísima acerca del Espíritu Santo y sus obras, a saber, no todos los cristianos del tiempo de los apóstoles recibieron enseguida el don sobrenatural de hablar lenguas, como tampoco algún otro don sobrenatural. 

Durante la etapa inicial de la iglesia en Jerusalén solo los apóstoles hacían señales y prodigios.

Creciendo vertiginosamente la membresía de aquella primera congregación, llega el momento cuando los apóstoles imponen manos a siete varones sabios, llenos del Espíritu y de buen testimonio, impartiéndoles dones sobrenaturales.

De ahí en adelante, otros cristianos en distintos lugares reciben dones sobrenaturales, siempre con el “fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:12).

Una vez cumplida su función, los dones sobrenaturales cesaron conforme a la proclamación clara del Espíritu mismo al decir él por el apóstol Pablo: “Las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará” (1 Corintios 13:8-13).

Permanece siempre “toda la verdad” revelada originalmente y confirmada por el Espíritu a través de los dones sobrenaturales (Juan 16:13; Marcos 16:20; Hebreos 2:1-4 y otros textos parecidos). Y esta “verdad” obedecida es la que cuenta para vida eterna, pues este evangelio completo no adulterado es “el poder de Dios para salvación” (Romanos 1:16).

 

 


 

El don del Espíritu Santo. Parte I

¡Cero "pentecostales" en la iglesia de Jerusalén! Muchas evidencias analizadas. No se encuentra rasgo alguno de "pentecostalismo" en los apóstoles.

Cornelio, centurión, y los suyos: Cómo y cuándo fueron salvos. Bautizados en Espíritu Santo y agua. Análisis a fondo de Hechos 10:1-48; 11:1-18 y 15:7-11.

Estudios sobre el Espíritu Santo en esta Web

Estudios sobre dones sobrenaturales en esta Web

Intercambio que incluye una discusión importante sobre “el don del Espíritu Santo”

 

  

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