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Lista de Guías para clases bíblicas en esta Web

Lección 3 de la serie Los demonios y los endemoniados. Guía para el desarrollo de clases bíblicas.

Los Demonios y los endemoniados. Lista de estudios para este tema.

 

 

Los DEMONIOS y los endemoniados

 

Tercera lección

Esta gráfica de fuerzas del bien contra fuerzas del mal ilustra el estudio sobre El solitario siervo que expulsaba demonios, Lección 3 de la serie Los demonios y los endemoniados.

 

El solitario siervo que expulsaba demonios
Marcos 9:33-40  

 

(33) “Y llegó a Capernaum; y cuando estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino? (34) Mas ellos callaron; porque en el camino habían disputado entre sí, quién había de ser el mayor. (35) Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos. (36) Y tomó a un niño, y lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dijo: (37) El que reciba en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí sino al que me envió. (38) Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía. (39) Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí. (40) Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.”

A.  “Hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios(38). No vieron a muchos, sino “a uno” solo. ¿Quién era este solitario expulsor de demonios? No se nos informa su nombre. De seguro, no era uno de los doce, pues estos no lo conocían. ¿Acaso integraba los setenta discípulos que él Señor también designó, dotándolos del poder de hacer milagros, y enviándolos de dos en dos delante de él (Lucas 10:1-12, 17-20)? Negativo. Conforme a la secuencia de eventos trazada por Lucas, el solitario expulsor de demonios ya efectuaba su ministerio antes del nombramiento de los setenta (Lucas 9:49-50).

B.  ¿En el nombre de quién “echaba fuera demonios”? “En tu nombre”, es decir, en el nombre de Jesucristo?

C.  ¿Quién le autorizó a echar demonios, impartiéndole el poder de hacerlo? No se nos dice explícitamente en el relato.

1.  ¿Actuó él por cuenta propia, arrogándose a sí mismo el poder de echar demonios, sin contar con la autorización de Cristo, o de Dios el Padre? Dios es quien reparte poderes sobrenaturales, bien sea por Cristo o el Espíritu Santo (1 Corintios 12:4-11; Hebreos 2:1-4). Por lo tanto, se deduce que el solitario discípulo no recibiera el poder de echar demonios sin la intervención de Dios en el cielo, o del Hijo en la tierra.

2.  Este solitario discípulo, ¿acaso lo seleccionara Cristo mismo en alguna ocasión, dotándolo del poder de echar demonios y comisionándolo a andar a solas por los campos en el cumplimiento de su misión particular? Quizá, pero de haber sucedido así, curioso sería que Cristo no replicara a Juan: “Yo mismo lo envié”.

3.  De no haberlo enviado Cristo, entonces ¿quién? Pues, Dios, el Padre. No existe otra explicación plausible, a nuestro entender. ¿Con qué razón lo haría el Padre así, tomando tal acción sin el conocimiento del Hijo? Lejos sea de nosotros atribuir nuestros pensamientos a Dios. Con todo, una razón es evidente: dar testimonio independiente al poder del nombre de Cristo Jesús, su Hijo. “Yo soy el que doy testimonio de mi mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí(Juan 8:18).

4,  ¿Tomó aquel solitario discípulo la iniciativa, pidiendo a Dios o a Cristo poder y ministerio, o lo escogió Dios, si bien no Cristo mismo? Desconocemos. Lo que sí  podemos concluir confiadamente es que el varón creía fuertemente en el poder del nombre de Cristo, y por ende, que Cristo era el Hijo de Dios. Llevado por su admirable convicción, andaba solo por las tierras de Israel, echando fuera demonios en el nombre de Cristo, acción que acarreaba no poco peligro personal para él, dada la intemperante ira de los fariseos incrédulos contra el Señor.

D.  Echar fuera demonios Cristo lo cataloga como “milagro”. “Porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí” (39).Invocando el nombre de Cristo, el solitario discípulo hacía verdaderos milagros, librando totalmente a los endemoniados curados a través de su intervención, no haciéndolo, desde luego, por sus propios encantamientos sino por el poder de Dios que actuaba en él.

1.  Los exorcismos practicados por religiosos a través de la historia humana, ¿son auténticos milagros efectuados por el único Dios verdadero, iguales en todo aspecto a los de Cristo, los doce, el solitario discípulo y los setenta? Negativo. Tal vez haya ciertas similitudes, pero examinados tantos los exorcistas y sus sujetos, como también minuciosamente todo procedimiento, juntamente con los resultados, referidos “exorcismos” quedan cortos como auténticos milagros de Dios.

-“Exorcismo, práctica que consiste en expulsar los demonios o espíritus malignos de las personas o lugares que están poseídos por ellos o corren el peligro de estarlo. El exorcismo lo ejecuta por lo general una persona dotada de una autoridad religiosa especial, como el sacerdote o el chamán. Esta práctica era común en las sociedades antiguas y tenía su origen en la magia. En la antigua Babilonia (hoy Irak), los sacerdotes rompían una imagen de arcilla o de cera que simbolizaba al diablo, con el fin de destruir al demonio real. Los griegos y los egipcios realizaban ritos similares. Muchas religiones siguen hoy practicando el exorcismo en todo el mundo.

En la Biblia encontramos diversas referencias al demonio y el exorcismo. El Nuevo Testamento relata cómo Jesucristo expulsaba a los espíritus malignos a través de la oración y de su autoridad. Los sacerdotes de la Iglesia Católica necesitan un permiso especial para practicar el exorcismo. En noviembre de 2000, la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó un decálogo de normas para regular esta práctica y evitar de este modo los posibles abusos de la misma.” Biblioteca de Consulta Microsoft ® Encarta ® 2005. © 1993-2004 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

2.  El “hombre de pecado” se identifica como “inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos(2 Tesalonicenses 2:9). Los exorcismos de actualidad, incluso los que practican los pentecostales, pertenecen a la categoría de “señales y prodigios mentirosos”. Son atribuidos a un “gran poder”, pero el “gran poder” tras ellos no es el de Dios sino el de Satanás. Para el ingenuo o el ignorante, son “señales y prodigiosos” auténticos, mas para el instruido y sabio en las Escrituras son “mentirosos”. “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad(Mateo 7:22-23). “Nunca”, porque nunca obedecieron siquiera las condiciones sencillas de la Gran Comisión, repudiando al bautismo como requisito para perdón (Marcos 16:15-16; Hechos 2:38). Pensaban haber echado demonios, pero se engañaron, no comprendiendo a cabalidad quiénes son los demonios, ni entendiendo su acción en el cuerpo del ser humano poseído. Hicieron “maldad”, confundiendo, despistando y engañando a las almas faltas de conocimiento bíblico con sus pretensiones de “milagros” y evangelios distorsionados de “señales y prodigios mentirosos”. Todo aquel que afirma “echar fuera demonios” debe considerar seria y sobriamente la advertencia cortante de Cristo, a no ser que se esté engañando a sí mismo, como también a los que le siguen.

E.  “Pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía(38). Según Lucas 9:1-6, Cristo reunió a los doce discípulos, dándoles “poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades. Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos. … Y saliendo, pasaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio y sanando por todas partes”. En sus andanzas, encuentran al solitario discípulo que echaba fuera demonios. Se dirigen a él, insistiendo que se una a ellos. Al negarse, le prohíben seguir su ministerio.

1.  ¿Por qué rehúsa el solitario siervo seguir a los doce? No encontrando una explicación en el relato, recurrimos al raciocinio, iluminado, así esperamos, por el conocimiento, aunque imperfecto, de las directrices divinas para los ministros de Dios.

a)  Porque andaba en el cumplimiento de una misión asignada a él en particular, la que dejaría de efectuar eficaz y plenamente al unirse a los doce.

-Uniéndose a los doce, se reducen sus oportunidades de sanar a endemoniados y hablar de Cristo. ¿Cuántos se necesitan para echar fuera a un demonio y hablarle al curado de Cristo? Trece lo pueden hacer, pero también uno solo. Trece que trabajan todos en el mismo lugar y con la misa gente suelen lograr menos, por persona, que trece que trabajan, cada uno, en un lugar distinto y con gente distinta.

-Estas observaciones ponen de relieve ciertos aspectos negativos de “trabajar en equipo” los siervos del Señor. “Equipos” de cinco, ocho o diez siervos dedicados a la misma tarea, en el mismo lugar y con la misma gente. Haciendo entre todos el trabajo que dos podían realizar, variando poco el resultado. Y cuidado que un solo siervo bien consagrado y efectivo produjera el mismo resultado. Con todo, “trabajar en equipo” sana y bíblicamente ofrece no pocas ventajas. Pero, al “solitario siervo”, valiente y eficaz, ¿con qué justificación disuadirlo o censurarlo?

b)  Porque debía ser fiel al que lo envió, bien fuera a Cristo o a Jehová Dios, no sujetándose a voluntad de hombres, ni siquiera a la de los doce. Complaciendo a los doce, ¿a quién agradaba y por qué? “Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gálatas 1:10).

2.  “…se lo prohibimos.” Los doce prohíben al siervo solitario proseguir con su ministerio legítimo. ¿Con qué autoridad o razón? ¡Ninguna!

a)  ¿Acaso se lo prohibieran porque aquel solitario militara en una iglesia o concilio diferente a la iglesia o concilio de los doce, o porque predicara una doctrina diferente a la de los doce? Ni por la primera razón, ni por la segunda.

-Cristo aún no había establecida su iglesia. “Edificaré mi iglesia” (Mateo 16:18), dijo a los apóstoles. Tiempo futuro. La fundó en el día de Pentecostés, diez días después de su ascensión (Hechos de Apóstoles, los capítulos uno y dos). Las “demás iglesias”. Pues, ¡ni hablar! Cristo no las fundó. Fueron fundadas por religiosas mucho después del establecimiento de la iglesia de la que Cristo es cabeza y Salvador. ¿Y lo de “concilios”? Cristo jamás autorizó a concilio alguno para su iglesia.

-¿Qué palabra, expresión o hecho implica que el solitario discípulo proclamara algún mensaje “diferente” al de Cristo y los doce? ¡Ninguno! Al contrario, se infiere que cualquier proclamación suya sobre Cristo y el Reino de Dios armonizara perfectamente con la doctrina del Señor por la razón de que aquel hombre hacía milagros auténticos, haciendo, por lo contrario, solo prodigios engañosos el predicador de evangelios diferentes (Gálatas 1:6-10).

b)  La prohibición que pronunciaron los doce, ¿obedecía a pretensiones o motivaciones egoístas? Dejándonos llevar por lo acaecido antes del intercambio entre Juan y Cristo en torno al solitario discípulo, concluimos que el trato de los doce a este descubría actitudes, ilusiones, pretensiones o motivaciones no sanas. Consideremos:

-Camino a Capernaum, disputaban “entre sí, quién había de ser el mayor”.

-Llegados a la casa en la ciudad, Cristo “llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos”. Luego, toma a un niño en sus brazos, diciendo: “El que reciba en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí”.

-Precisamente, en este contexto, “Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía. Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis”. O sea, Cristo dice a Juan, efectivamente:

-“No actuaron bien. Su deber era recibir humildemente a aquel siervo, como yo a este niño, pues obraba milagros en mi nombre, prueba más que suficiente para tenerlo como aprobado por mi Padre. Pero, su ilusión de poder y grandeza los impulsó a intentar sojuzgarlo a su propia voluntad humana, descubriéndose sus motivaciones y pretensiones carnales. El celo no recto los hizo cometer serios errores.”

F.  “Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es” (40). Haciendo milagros verdaderos e invocando al nombre de Cristo conforme a la voluntad de Dios, el discípulo solitario obraba en armonía con el designio de Dios y el propósito de Cristo. No así aquel que dice “Señor, Señor, en tu nombre hacemos sanidades y echamos fuera demonios”, pero no hace la voluntad del Padre que está en los cielos. Obviamente, no todo aquel que dice “Señor, Señor”, lo dice “por” el Señor. Sin embargo, infinidad de “discípulos” que andan en diversas “doctrinas y mandamientos de hombres” quiere hacer creer que son “por” el Señor solo en virtud de invocar su nombre. Citan el caso del discípulo solitario, argumentando: “No tenemos que estar unidos en una sola doctrina o práctica para pertenecer a Cristo. Podemos andar desunidos en distintas iglesias y doctrinas, como los doce y el solitario discípulo andaban separados, pero todos somos igualmente del Señor. A la luz de este estudio, las falacias fatales de su posición son muy evidentes. Los doce y el solitario discípulo simplemente no andaban en distintas iglesias o movimientos, con doctrinas y prácticas contradictorias. Momentáneamente, entorpecía la unidad entre ellos las pretensiones egoístas de los doce a escaños altos de poder en el Reino de Cristo. Ciertamente, el discípulo solitario no era un “cristiano sectario”, con su propia agenda, ministerio, movimiento, evangelio o doctrina. Presentarlo como tal es hacerle una gran injusticia. Quien enseña o implica que Cristo lo concibiera como tal se expone, opinamos, a la ira divina, jamás habiendo sido el Señor autor o partidario del sectarismo cristiano sino autor y propulsor de “perfectos en unidad”. “Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti… para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste” (Juan 17:21-23).

 

 

Lección 3 de la serie Los demonios y los endemoniados. Guía para el desarrollo de clases bíblicas.

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