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José Luis nos hace “Tres preguntas relacionadas con el bautismo” 

1. ¿Cómo un sordo puede "oír" el evangelio?”

“2. ¿Cómo un mudo puede "invocar el nombre" confesando "con la boca" que Jesús es el Señor?”

“3. ¿Cómo puede uno "bautizarse" si las condiciones, circunstancias, momentos, lugares, etc. no lo permiten? Y me refiero al caso concreto del ladrón en la cruz al cuál Jesús le dijo: "Hoy estarás conmigo en el paraíso".


www.paocsk.com

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:15-16).

“¡Enhorabuena!  

Me encantó la explicación a esta porción de la Escritura [José Luis se refiere a Romanos 10:9-13.   /bautismo_Romanos_10_9_13.htm] y estoy de acuerdo completamente con todos esos puntos, a pesar de ser un congregante de una iglesia que no bautiza para salvación, sino para testimonio de su fe... y claro "para perdón de pecados", pero no es obligatorio, ni prioritario... en nuestra iglesia... pues me surgen ciertas preguntas al respecto... 

y al abrir la puerta para mayores dudas y el compromiso serio de estar en las mejores disposiciones de seguir estudiando, aquí dejo tres preguntas que atañen a una misma duda: 

Ustedes dijeron en este intercambio:

 

‘Desde luego, el agua misma del bautismo no lava los pecados sino que lo hace la sangre de Cristo, más sin embargo la sangre del Señor se hace eficaz solo mediante la obediencia al evangelio, figurando el bautismo entre las ordenanzas incondicionales del evangelio para alcanzar perdón.’ 

¿Ok? Estas ordenanzas incondicionales del evangelio para alcanzar perdón, según lo que leí y quieren dar a entender, son: Oír (Romanos 10:17), creer (Romanos 10:14), invocar su nombre (Romanos 10:13), arrepentirse (Hechos 2:38) y bautizarse (Hechos 22:16). 

Sé que pudieran parecer tontas estas preguntas, pero me gustaría una respuesta inteligente como la que leí acerca de interpretar Romanos 10:13... 

1. ¿Cómo un sordo puede "oír" el evangelio?”

 

-Respuesta. Interesante. De hecho, no lo puede oír literalmente.

 

a)  Sin embargo, si sabe leer, lo podría leer, y al leerlo con entendimiento, el efecto en su mente sería, se supone, más o menos lo mismo como si lo hubiese escuchado.

 

b)  O, suponiendo que hubiese aprendido a “hablar por señas”, una persona capacitada para transmitir el mensaje de Dios por medio de tales señas podría comunicárselo.

 

c)  De no saber leer, como tampoco interpretar las señas, ¿cómo aprendería el evangelio? Pues, quizás por observar la conducta, las obras, los actos de obediencia (por ejemplo, el del bautismo por inmersión) y las acciones realizadas para rendir culto al Creador (por ejemplo, la cena del Señor). Poseyendo facultades mentales normales, es de esperarse que aprenda a funcionar responsablemente en el diario vivir, pese a la sordera y falta de letra. Hasta qué medida pudiera tal persona adentrarse en materias filosóficas-morales-religiosas-espirituales lo determinarían varios factores –deseo, empeño, disciplina, persistencia, sacrificio. ¿Qué impide que piense, reflexione, analice, razone y llegue a conclusiones más o menos como cualquier otra persona en sus cabales? Y si todo esto lo puede hacer, ¿con qué razón plantear que no pudiera aprender y obedecer al evangelio?

 

d)  Con todo, mi convicción personal es que Dios juzgará a cada uno conforme a su propia sabiduría divina y perfecta, tomando en cuenta, creo, los impedimentos físicos-psíquicos de cada persona afligida. Suponiendo correcta esta tesis, sin jamás pretender hablar de parte de Dios como tampoco ser dogmático, no se quiere decir, de modo alguno, que la persona sin impedimentos no tenga que obedecer los mandamientos de Cristo (Juan 14:15, 21, 24), incluso el de bautizarse “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:18-20), “para perdón de los pecados” (Marcos 16:15-16; Hechos 2:38; 22:16). 

“2. ¿Cómo un mudo puede "invocar el nombre" confesando "con la boca" que Jesús es el Señor?”

 

-Respuesta.

 

a)  Obviamente, no podía “invocar el nombre”, confesando “con la boca”, audiblemente, él mismo, que Jesús es el Señor.

 

b)  Por otro lado, sabiendo escribir, podía escribir su confesión al efecto de que cree que Jesús es el Señor, pidiendo que otra persona la leyera en voz alta.

 

c)  O, indicando de alguna manera su deseo de obedecer al evangelio, el cristiano responsable de ayudarle a tomar los pasos bíblicos, podía preguntarle que si cree que Jesús es el Señor. Entonces, el mudo podía asentir con la cabeza, dando a entender que sí cree. ¿No sería esta acción completamente aceptable, dado el impedimento físico que sufre el mudo?

 

d)  También respondo a esta pregunta con las mismas afirmaciones hechas en la partida “d)”, de la respuesta a la primera pregunta.

 

“3. ¿Cómo puede uno "bautizarse" si las condiciones, circunstancias, momentos, lugares, etc. no lo permiten? Y me refiero al caso concreto del ladrón en la cruz al cuál Jesús le dijo: "Hoy estarás conmigo en el paraíso". Y supongo yo, que en medio de muchas guerras, en muchos hospitales con pacientes terminales y en otras condiciones similares, creyentes salvos que no pudieron bautizarse, ¿cómo lavan sus pecados? Ah ok, dicen que lo hace la sangre de Cristo, pero ¿qué es efectiva (no me gusta esta palabra) mediante la obediencia al evangelio y sus ordenanzas incondicionales para alcanzar el perdón? No me parece, o, entonces... ¿qué es lo que realmente quieren decir?”

 

-Respuesta.

 

a)  En el escrito citado, ya sustituimos la palabra “eficaz” por la palabra “efectiva” en la oración sobre el poder de la sangre de Cristo. Gracias.

 

b)  Estimado Sr. José Luis, en lo concerniente al “ladrón en la cruz”, tratamos ampliamente este caso en varios escritos desglosados en la Página  www.editoriallapaz.org/bautismo_compilacion.htm.

 

c)  También analizamos, mediante artículos e intercambios anotados en la misma Página, el argumento contra la necesidad de bautizarse “para perdón de los pecados” (Hechos 2:38) basado en “condiciones o circunstancias físicas que imposibiliten el bautismo por inmersión”, animándole a leerlos detenidamente. Volvemos a hacer hincapié en el hecho de que tales excepciones no justifican, para personas no afectadas por las condiciones o circunstancias indicadas, el incumplimiento de los mandamientos a bautizarse por inmersión, “enseguida” (Hechos 16:33), “para perdón de los pecados”. ¿Con qué sentido decir: “Yo no me voy a bautizar enseguida, por inmersión, para perdón, porque fulano quiere hacerlo, pero se ve impedido, encontrándose hospitalizado y al punto de fallecer”? Razonando así, bien pudiera uno decir: “No voy a congregarme, ni comer la cena del Señor, ni cantar alabanzas, porque fulano quisiera hacerlo, pero no puede debido a la gravedad de su enfermedad terminal”.

 

d)  Todo aquel que está en salud y puede acatar los mandamientos de Dios, incluso el que dice “bautícese cada uno, en el nombre de Jesucristo, para perdón de los pecados”, ¡qué los obedezca lo más pronto posible, no postergando su obediencia o desechando los mandamientos “porque mengano no puede obedecerlos”! Obedezcamos, pues, humilde y prontamente, todo mandamiento del Señor, dejando a Dios juicios sobre quienes no pudieran, según nuestras percepciones humanas, obedecerlos. Ni perdamos de vista el que no pocos seres humanos desaprovechan, quizás una y otra vez, oportunidades para aprender y obedecer al evangelio, encontrándose luego en situaciones que dificulten o imposibiliten su obediencia. ¿Cómo juzgará Dios a los tales? Ciertamente, me cuidaré de opinar o juzgar de parte de él. Pero, con esta salvedad: señalaré sí el riesgo inherente en rechazar cualquier persona la primera oportunidad de reconciliarse con el Todopoderoso, como además, oportunidades subsiguientes, posponiendo el arrepentimiento y bautismo “para perdón” hasta ya no poder dar “frutos dignos de arrepentimiento” (Lucas 3:8) o sumergirse en agua para que sean lavados “sus pecados” (Hechos 22:16), así naciendo “de agua y del Espíritu” (Juan 3:1-8) y experimentando el “lavamiento de la regeneración” (Tito 3:5). ¿Tuvo usted (cualquier persona) oportunidad de dar “frutos dignos de arrepentimiento” y zambullirse (sepultarse) en agua “a fin de” andar “en nueva vida” (Romanos 6:3-6), pero no la aprovechó? Posponiendo la obediencia hasta la hora de ya no poder cumplir, ¿pensaría culpar o denunciar a Dios al negar él concederle la salvación procurada por usted en el lecho de la muerte, en sus últimas horas agónicas? Le insto a no apelar al caso del “ladrón en la cruz” antes de haber analizado detenidamente los escritos relevantes ya indicados, teniendo presente, especialmente, que aquel ladrón arrepentido:

 

(1)  Vivió y murió bajo el Antiguo Testamento, no entrando el Nuevo Testamento en vigor hasta después de la muerte del testador, Jesucristo (Hebreos 9:15-17), específicamente, en el día de Pentecostés, cincuenta días después de resucitarse Cristo (Hechos 2).

 

(2)  Posiblemente se hubiese bautizado con el bautismo de Juan el Bautista cuando “las multitudes salían para ser bautizadas por él” (Lucas 3:7), bautizando Juan “para perdón de pecados” (Lucas 3:3), dando lugar a esta posibilidad el hecho de tener el ladrón cierto conocimiento del reino de Dios, como indica su expresión “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (Lucas 23:42).

 

(3)  Fue perdonado personalmente por Cristo antes de fallecer el Señor en la cruz, conociendo este perfectamente el corazón del ladrón en ese momento, como también todos sus antecedentes.

 

“Lo que yo creo, es que creer y arrepentirse (lo que si seguramente hace 'efectiva' la sangre de Cristo), es algo fundamental del ser humano y que este puede llegar a ello, no importando ninguna condición física, situación social o cultural, circunstancia, momento o lugar, pues creer y arrepentirse son cosas del corazón (no el rojo y que bombea sangre, el otro, el que menciona Romanos 10:10)... y así cómo dicen que "invocar el nombre de Jesús" o "que Jesús es el Señor" es porque el contexto nos dice que Pablo tenía en la mirilla a los judíos inconversos... subrayan POR ISRAEL... Yo subrayo ¿será que el bautizo es para ciertas personas en la mirilla de los autores según el contexto de los libros del Nuevo Testamento en el que se encuentran los versículos? ¡Estaría excelente estudiar esto desde la hipótesis que ustedes proponen! Y sería delicioso que pudieran compartirlo...”

 

-Análisis nuestro.

 

1.  Bien que tanto “creer” como “arrepentirse” sean acciones iniciadas en la mente, ni la una ni la otra se validan hasta no manifestarse en actos de obediencia vinculados inextricablemente con fe verdadera y arrepentimiento sincero, según enseñanzas claras de múltiples textos del Nuevo Testamento. Habiendo tratado ya estas doctrinas en varios escritos, me limito en esta ocasión a citar unos pocos pasajes bíblicos que las apoyan.

 

a)  La fe que salva es la que “obra por el amor” (Gálatas 5:6). Tomemos nota del verbo “obra”, siendo “fe” el sujeto del verbo en el versículo citado. En cambio, el Espíritu Santo apunta dramáticamente que “la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma”. “Obras”, producto del verbo “obrar”. “Muerta” es la fe no acompañada de obras, entre las cuales figuran la obediencia a mandamientos tales como “bautícese”. “Los demonios creen y tiemblan” (Santiago 2:14-26, en particular los versículos del 17-19), más sin embargo, no son salvos. Asimismo, la persona que dice “Creo que Jesús es el Hijo de Dios” pero no procede a bautizarse, sin demora, “para perdón”, pudiendo hacerlo, ¿por qué no concluir que su fe “muerta” sea más o menos como la de los demonios? Escuchando y creyendo el tesorero de Etiopía el evangelio predicado por Felipe, pronto llega el momento cuando dice “Creo que Jesús es el Hijo de Dios”. Enseguida fue bautizado por Felipe (Hechos 8:26-40). Rehúsan seguir este ejemplo, y los demás ejemplos de conversión en Hechos de los apóstoles, los que creen en “salvación por fe sola”, permitiendo que esta teología equivocada desarrollada durante la Reforma sea la dominante en su interpretación de textos que exponen el plan de Dios para la salvación del alma. Peligroso proceder, aun ruinoso.

 

b)  De la manera que hay una fe muerta, asimismo hay un arrepentimiento estéril. Se trata de una “tristeza del mundo” que solo “produce muerte”. En cambio, “la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación (2 Corintios 7:9-10). O sea, un arrepentimiento genuino, sincero, el que hace al arrepentido cambiar su forma de ser y actuar. Quien no realice tal cambio, ¿qué evidencia mostraría para probar su profesado arrepentimiento? Un arrepentimiento intelectual, no seguido por obras, ¿de qué sirve?

 

2.  Sr. José Luis, estas consideraciones ponen en tela de juicio su creencia según la cual creer y arrepentirse sean “algo fundamental del ser humano y que este puede llegar a ello, no importando ninguna condición física, situación social o cultural, circunstancia, momento o lugar, pues creer y arrepentirse son cosas del corazón”.

a)  ¿Meramente “del corazón”? ¡De modo alguno! Pues, siendo meramente “del corazón”, y no complementados por obras, obediencia y cambios verdaderos, resultan incompletos, y por consiguiente, insuficientes para alcanzar el “perdón de los pecados” ofrecido por el amoroso Dios, “Padre de los espíritus”.

 

b)  ¿Qué el ser humano pudiera llegar a recibir la salvación “no importando ninguna condición física, situación social o cultural, circunstancia, momento o lugar”? Esto lo plantea usted, pero “agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación” (1 Corintios 1:21). Esta “predicación” es, pues, absolutamente necesaria en el plan de Dios, ya que “la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). Escuchando el alma que busca de Dios la “predicación” y creyendo las buenas nuevas de salvación, ha de proceder a obedecer las demás condiciones “para perdón”, incluso  arrepentirse sinceramente de cualquier situación social, cultural, moral o espiritual que lo separe de Dios, acto que requiere alteraciones de conducta, personales y reales, en las esferas sociales-culturas-morales-espirituales, quedando corta una decisión mental, nada más. Muchas situaciones sociales o culturas de la mayoría de las personas que escuchan por primera vez la “predicación” del evangelio son incompatibles con una vida de santidad en Cristo. Por ejemplo, ¿qué debería hacer el que vive en adulterio? ¿Arrepentirse mentalmente, nada más? ¿O ha de tomar pasos para corregir su vida social-moral? Usted, Sr. José Luis, aboga una salvación acomodaticia, la cual no armoniza con la “predicación” mediante la que le place a Dios salvar a los que la creen y obedecen.

 

3.  Pregunta usted: “¿Será que el bautizo es para ciertas personas en la mirilla de los autores según el contexto de los libros del Nuevo Testamento en el que se encuentran los versículos?” A continuación, nuestra respuesta.

 

a)  Una “multitud” de personas se juntó en Jerusalén, en el día de Pentecostés, del año 30, cuando los apóstoles, “todos llenos del Espíritu Santo”, comenzaron a predicar el evangelio. Los datos indican que hasta veintenas y veintenas de miles, pues “moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo(Hechos 2:1-5). Por el testimonio del historiador judío Flavio Josefo se sabe que hasta tres millones, o más, solían concurrirse para las fiestas solemnes de la Pascua y Pentecostés. ¿A cuántos de aquella multitud tenían los apóstoles “en la mirilla” cuando, respondiendo a la pregunta “Varones hermanos, ¿qué haremos?”, dicen: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo, para perdón de los pecados…”? ¡A TODOS Y CADO UNO! “…bautícese CADA UNO…”

 

b)  Dondequiera que predicaran los apóstoles y evangelistas del Siglo I, al tener “en la mirilla”, bien fuera a una sola persona (el caso de Felipe y el tesorero de Etiopía –Hechos 8:26-40), una familia (la del carcelero de Filipos –Hechos 16:25-40) o muchas personas (Felipe ante los samaritanos –Hechos 8:5-12); Pablo ante los corintios (Hechos 18:1-8), ¡siempre predicaban a todos y cada uno el bautismo “para perdón de los pecados”! “…y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados” (Hechos 18:8). ¿Cuáles son las acciones tomadas por los que oyen el evangelio y aceptan seguirlo? ¡Creen y son bautizados! Recalco: “…oyendo, creían y eran bautizados.” No solo creían sino también “eran bautizados”. No fueron bautizados seis meses después de creer, un año o cinco años, sino que al oír y creer fueron bautizados “enseguida”, por la sencilla razón de que el bautismo bíblico es “para perdón”.

 

c)  Así que, amado José Luis, los apóstoles y evangelistas inspirados, al predicar el bautismo “para perdón”, no tenían “en la mirilla” solo a “ciertas personas” sino a toda persona que les escuchara. Y no solo a judíos sino también a gentiles. Su forma de expresarse ¿Será que el bautizo es para ciertas personas en la mirilla de los autores…” implica, a mi entender, que solo pocas personas fueron instruidas por los predicadores del Siglo I a bautizarse enseguida para perdón, siendo la realidad todo lo contrario, como acabamos de comprobar.

 

d)  Ahora bien, los predicadores inspirados del Siglo I no cambiaron las condiciones para salvación establecidas por Cristo en la Gran Comisión, enfocándose en personas que no pudieran obedecerlas cabalmente. Cristo ordenó: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:15-16). Asimismo hicieron, y asimismo predicaron. El que pocas o muchas personas no pudieran llegar a escucharlos no les llevó a desistir de la tarea. Igualmente, el que unos pocos oyentes, al creer, no pudieran bautizarse “enseguida”, por la razón que fuera, no les llevó a eliminar el bautismo de la Gran Comisión como condición para salvación.

 

e)  Pero, respetado José Luis, ¡eliminar el bautismo de la Gran Comisión como condición para salvación es justamente lo que hace la inmensa mayoría de los predicadores del presente! Teniendo “en la mirilla”, ya sea a una sola alma o a grandes multitudes, ¡callan el bautismo! No dicen: “…bautícese cada uno… para perdón”. Más bien dicen algo como “Solo creer, y será salvo. ¡Levante la mano, y declárese salvo! Orad la oración del pecador por salvación y será salvo” –expresiones jamás encontradas en el Nuevo Testamento; doctrinas de hombres que desvían a las almas. ¡Ni una palabra sobre el bautismo! Pican por la mitad a la Gran Comisión, eliminando el bautismo como condición para salvación.

 

f)  Mediante este sitio de Internet, este servidor tiene en la mirilla a toda persona que acuda a este medio en busca de conocimiento espiritual y la salvación de su alma. Mi mensaje para todos y cada uno es el mismo predicado en el Siglo I: Oír, o leer, el evangelio puro, creer, arrepentirse, confesar que Cristo es el Señor, sumergirse en agua “para perdón” y ser leal a Dios hasta el fin de sus días. Mi convicción es que ningún visitante a este sitio será salvo meramente por asentir intelectualmente a las verdades expuestas. La obediencia a los mandamientos de Cristo es imprescindible, y entre sus mandamientos figura prominentemente el de bautizarse para ser salvo. Qué alguien no pueda bautizarse como el Señor manda, pues el tal Dios le juzgará, reitero, conforme a los particulares de su caso. Así creo y entiendo. De todos modos, a mi no me corresponder decidir el destino de tal persona, atañendo solo al Todopoderoso el juicio final.

 

4.  Ojalá haya sido tan “delicioso” para usted leer lo escrito como lo ha sido para este servidor explorar estos temas planteados por usted. Me despido en el amor del Señor, deseando para usted, y todo lector de este intercambio, abundantes bendiciones espirituales en Cristo. Homero Shappley de Álamo 

 

“Muchas gracias y muchas bendiciones, tantas como las que dejan en mi vida con sus estudios... ¡Saludos!

 

 

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