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Índice completo del Capítulo Seis

APOCALIPSIS

Capítulo Seis de
Análisis de las profecías y visiones

Espantoso drama de dos grandes bestias apocalípticas

 Capítulo 13 de Apocalipsis

La primera bestia de Apocalipsis 13

Acto 1

Escena 2

La sexta cabeza-rey-reino de la primera “bestia” de Apocalipsis 13 recibió una “herida de muerte”, “pero su herida mortal fue sanada”.

PDF de este estudio

Apocalipsis 13:3-10 

“Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia, 4 y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella? 5 También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias; y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses. 6 Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo, y de los que moran en el cielo. 7 Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación. 8 Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo. 9 Si alguno tiene oído, oiga. 10 Si alguno lleva en cautividad, va en cautividad; si alguno mata a espada, a espada debe ser muerto. Aquí está la paciencia y la fe de los santos.”

 

[Se sigue el patrón de bosquejo iniciado en la Escena 1.]

 

G.  “Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada (Apocalipsis 13:3). Abre el telón, y comienza la Escena 2 del Acto 1 del Espantoso drama de dos grandes bestias apocalípticas. Ahí en medio del escenario permanece aquella terrible bestia que subió del mar. Juntamente con el apóstol, estamos mirando cuando una de las siete cabezas de aquella bestia recibe una “herida de espada” (Apocalipsis 13:14) tan fuerte como para resultar “mortal”. Pero, sorprendentemente, ¡la cabeza herida se sana!


El arco de triunfo dedicado a Constantino el Grande, el “Salvador” del Imperio Romano.

 

1.  Una de las siete cabezas sufre una “herida mortal”. Pero, según Apocalipsis 13:12, la bestia misma recibió la “herida mortal”. Este versículo dice: “La primera bestia, cuya herida mortal fue sanada” (Apocalipsis 13:12). “Cabeza herida”; bestia herida. El significado es el mismo. Obviamente, “cabeza” es sinónima de “bestia”, y esto confirma nuestra tesis según la que las siete cabezas” son siete manifestaciones distintas en la tierra de aquella bestia malévola primordial. La misma bestia hace acto de presencia en la tierra en siete ocasiones distintas mediante siete reinos seculares-políticos distintos. En una de sus presentaciones, sufre una “herida mortal”.

 


Orgías en Roma. Muchos funcionarios y ciudadanos depravados. Muchos esclavos. La sexta cabeza de la primera bestia de Apocalipsis 13 recibe una "herida de muerte", pero su "herida mortal" fue sanada. ¿Cuándo y cómo fue herida? ¿Por quiénes? ¿Cuándo y cómo fue sanada?

2.  “…una de sus cabezas significa uno de los siete reinos seculares idolátricos ya identificados en la Escena 1. La frase equivale a decir “uno de los siete reyes”, pues los “siete reyes” también simbolizan siete reinos seculares.

3.  “…como herida de muerte…” Tan profunda y severa era esta herida que hubiese causado la muerte bajo circunstancias normales.

4.  “…pero su herida mortal fue sanada.” El reino representado por esta “cabeza”, sufre una herida profunda, a consecuencia de la que agoniza y está para sucumbir, pero asombrosamente, ¡se recupera! “…su herida mortal fue sanada.”

5.  ¿Cuál de los grandes reinos seculares del mundo es representado por la cabeza “herida de muerte” que “fue sanada”? Todas las evidencias señalan hacia el Imperio Romano.

a)  ¿Cuándo recibió el Imperio Romano una “herida mortal”? Al escudriñar los caudalosos datos históricos sobre aquel reino, encontramos en el Siglo III de la Era Cristiana eventos y circunstancias que dejaron gravemente herido al Imperio Romano.

b)  ¿Quiénes asestaron esta “herida mortal” al Imperio Romano durante el Siglo III de la presente Era? Entre los protagonistas, discernimos a:

(1)  Numerosos pretendientes al trono de Roma. Estos se enfrascaron en sangrientas guerras civiles, compitiendo despiadadamente por la corona del Imperio. Sus acciones bélicas debilitaron notablemente no solo a las instituciones gubernamentales sino también la capacidad del Imperio para defenderse contra el enemigo foráneo, destruyéndose o perdiéndose grandes cantidades de recursos de toda índole.


www.usa.edu  
Bárbaros del norte de Europa invaden algunas áreas del Imperio Romano durante el Siglo III y principios del Siglo IV. ¿Asestaban al Imperio una “herida mortal”? ¿Figuran en el cumplimiento de la profecía sobre la sexta cabeza-rey-reino?

(2)  También los bárbaros que habitaban el norte de Europa, más allá del río Danubio, los que en aquel siglo se arremetían contra el Imperio, o lo infiltraban, adueñándose de cada vez más territorio: francos, godos, alemanes, sajones, marcomanos, hérulos, lombardos, gépidos, visigodos, vándalos, etcétera.

(3)  Colaboraron en el acto de asestar al Imperio Romano una “herida mortal”  las masas de esclavos y pordioseros, pues estas multitudes producían poco, pero consumían mucho, agotando aún más los recursos del Imperio.

(4)  Se hicieron cómplices del acto los funcionarios y ciudadanos depravados, quienes saquearon, moral y espiritualmente, al Imperio mucho antes de que los bárbaros lo hicieran literalmente.


Busto del emperador romano Constantino el Grande, “Salvador” del Imperio Romano 
www.wordpress.com


www.wikipedia.org 
La “Nueva Roma”, llamada prontamente “Constantinopla”, fue establecida por Constantino el Grande como la nueva capital del Imperio Romano. Esta nueva capital fue inaugurada el 11 de mayo de 330 d. C. Ya “para el año 337 d. C., tenía cincuenta mil habitantes; para el año 400, aproximadamente cien mil; y para el año 500, casi un millón”. La fundación de esta nueva capital, su rápido crecimiento y la consolidación del poderío del Imperio Romano en el Oriente, ¿acaso significaran que las profundas heridas recibidas por el Imperio en el Occidente fueran sanadas?

c)  ¿Cómo y cuándo fue sanada la “herida mortal”?

(1)  En primer lugar, nos llama la atención una hazaña importantísima del emperador romano Constantino el Grande, a saber, puso fin a las guerras civiles romanas, venciendo a su rival Majencio en el año 312 d. C., e imponiéndose como único emperador en el año 324.

“Nacido con el nombre de Flavio Valerio Constantino, en Naissus (hoy, Niš, en la actual Serbia), hijo del prefecto del Pretorio (jefe militar de la Guardia Pretoriana) Constancio Cloro (más tarde emperador Constancio I) y de Elena (que llegó a ser canonizada como santa Elena). Luchó contra los sármatas y se unió a su padre en Britania, en el 306. Fue tan popular entre sus tropas que le proclamaron augusto cuando Constancio murió ese mismo año. Sin embargo, durante las dos siguientes décadas tuvo que luchar contra sus rivales al trono, y no logró ser emperador único hasta el 324.

En el 312, en la víspera de una batalla contra Majencio, su rival en la península Itálica e hijo de Maximiano, se dice que soñó cómo se le apareció Cristo y le dijo que grabara las dos primeras letras de su nombre (XP en griego) en los escudos de sus tropas. El día siguiente, la leyenda dice que vio una cruz superpuesta en el sol y las palabras ‘con esta señal serás el vencedor’ (en latín, in hoc signo vinces). Derrotó a Majencio en la batalla del Puente Milvio, cerca de Roma, en octubre de ese año (312). El Senado aclamó al vencedor como salvador del pueblo romano y le tituló primus augustus. Constantino consideró que el Dios cristiano le había proporcionado la victoria, por lo que abandonó sus anteriores creencias paganas.” (Microsoft ® Encarta ® 2007. © 1993-2006 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.)

Después de vencer Constantino a Majencio en la batalla decisiva del Puente Milvio, fue erigido un arco de triunfo en el que se proclamó que Constantino había “salvado” al Imperio Romano (Gibbon, El debilitamiento y la caída del Imperio Romano, Tomo I, Página 295). De hecho, lo salvó de la muerte inminente que hubiese sufrido inexorablemente el Imperio de haber continuado las guerras civiles, y demás atropellos, hasta dejarlo postrado en el suelo.

 



Esquema de una porción de la “Nueva Roma”, en Bizancio. Muchos edificios elegantes de gobierno, para deportes y las artes, lujosas residencias, anchas avenidas. Esplendor dondequiera.

(2)  Postulamos que la “herida mortal” que sufrió el Imperio Romano fue sanada al establecer el emperador Constantino el Grande una nueva capital para el Imperio en Bizancio, cerca de la antigua Troas, consolidando las fuerzas militares romanas e infundiendo a la ciudadanía un nuevo espíritu de confianza y poder.

(3)  La “Nueva Roma” fundada. Roma se salva y se sana, renaciendo.

-En noviembre del año 324 d. C., Constantino el Grande, acompañado por sus consejeros, ingenieros y sacerdotes sacerdotes, no del paganismo sino del cristianismo ya en plena apostasía- trazó los límites de la nueva capital para el Imperio Romano, llamándola la “Nueva Roma”. El nombre es muy significante. “¡Nueva Roma!” Es decir, Roma renacida. Roma resucitada. ¡El Imperio Romano salvado y sanado! He aquí el cumplimiento, al pie de la letra, de lo que se profetizó en Apocalipsis 13:3. Aun antes de fallecer Constantino, ya algunos romanos llamaban a la nueva capital “Constantinopla” en honor a su fundador, pero el nombre original era “Nueva Roma”.

-Esta nueva capital del Imperio Romano fue inaugurada el 11 de mayo de año 330 d. C.

-“En menos de dos siglos, Constantinopla llegó a ser la ciudad más rica, hermosa y civilizada del mundo, continuando así por diez siglos. Para el año 337 d. C., tenía cincuenta mil habitantes; para el año 400, aproximadamente cien mil; y para el año 500, casi un millón.”

-“Por espacio de mil años, aquí el Imperio Romano sobrevivía el diluvio de bárbaros que inundaba a Roma (en el oeste). Por ocho siglos después de Mahoma, resistió la ola musulmana que inundaba a Asia, África y España.”

-Constantinopla iba a “dominar al alma del oeste por mil años” (Citas e información tomadas de: La historia de la civilización, Tomo IV, La era de la fe, Páginas 3-5, por Will Durant).

(4)  Así que, las evidencias para la sanación de la “herida mortal” asestada al Imperio Romano son realmente abrumadoras. Esta “herida mortal… fue sanada” durante la primera mitad del Siglo IV d. C., cuando la nueva capital fue establecida, llamándose precisamente la Nueva Roma”.

d)  Resaltando la duración del Imperio Romano. La tendencia de algunos historiadores, particularmente del hemisferio occidental, es fijar el fin del Imperio Romano para el Siglo V después de Cristo. Seguramente, se equivocan, pues evidencias históricas abundantes e inexpugnables demuestran que aquel Imperio continuaba existiendo durante más de un milenio después del Siglo V. Incuestionablemente, la fecha correcta para la caída del Imperio Romano es clave para el entendimiento correcto de varias profecías apocalípticas. Escrutando cuidadosamente los datos relevantes, y fijándonos especialmente en la sanación de la “herida mortal”, afirmamos confiadamente que el Imperio Romano, lejos de caer en el Siglo V, tomó medidas en el Siglo IV que lo salvó, haciendo posible que permaneciera vivo como “cabeza-rey-reino” durante largos siglos adicionales. Este hecho nos sirve como llave indispensable para descifrar algunas profecías apocalípticas. Afirmamos, específicamente, que…

(1)  En el oriente, el Imperio Romano permaneció hasta el año 1453 d. C., año en el que los musulmanes conquistaron a Constantinopla.

(2)  En el occidente, el Imperio Romano se mantuvo, oficialmente, hasta el año 1806 d. C., cuando Francisco II renunció el título de “emperador” del Sacro Imperio Romano.

(3)  Por lo tanto, no es correcto decir que el Imperio Romano muriera para siempre en el año 476 d. C., falacia que ha dado por resultado no pocas interpretaciones erróneas de las profecías de Apocalipsis sobre las bestias, los cuernos, el “pequeño cuerno” y la gran ciudad-gran ramera”.

(a)  El renombrado historiador Edward Gibbon respalda la conclusión que, respetuosamente, estamos presentando. Su magna obra “El debilitamiento y la caída del Imperio Romano”, catalogada entre las creaciones literarias mejores del mundo, ¡no termina con los eventos del año 476 d. C. sino con los eventos del Siglo XVI! ¿Por qué abarca el libro del historiador Gibbon hasta el Siglo XVI? ¡Por la sencilla razón de que el Imperio Romano permaneció sobre la faz de la tierra hasta el Siglo XVI d. C.! Es más: continuó, aunque fuera solo de nombre, aun hasta el año 1806 d. C. Así pues, nos parece tener toda la razón al plantear que cualquier comentarista que intente interpretar las profecías apocalípticas sobre las dos bestias, los “siete reyes” y los “diez cuernos”, no dará ni cerca del blanco si ignora esta verdad fundamental, o sea, si ignora estas fechas correctas para el fin del Imperio Romano, primero en el oriente, luego en el occidente.

(b)  Tratándose del Imperio Romano, la siguiente aclaración aparece en el libro “The Levant” –“El Levante: historia y arqueología del Mediterráneo oriental”, editor Olivier Binst. Konemann. Página 189. “Usualmente, los historiadores se refieren al imperio oriental, gobernado desde Constantinopla, donde el cristianismo se afianzó poco a poco, como el Imperio Bizantino. Sin embargo, no se debería pasar por alto que sus habitantes se consideraban romanos, bien vivieran en la Crimea, el sur de Egipto, cerca del Tigres o a orillas del Danubio. La tendencia de los historiadores de occidente es fijar el fin de la antigüedad clásica y el principio de la Edad Media dentro del marco de los eventos, entre otros, del Siglo V, cuando históricamente Roma dejó de ser la capital imperial, ya fuera por los saqueos y conquistas de Roma (en el 410, el 455 y el 472), ya por el destronamiento del último emperador occidental Romulus Augustus en el 476. Sin embargo, esta demarcación de eventos es irrelevante para el Mediterráneo oriental.” ¿Por qué “irrelevante”? Porque el Imperio Romano no terminó con la caída de Roma en el occidente. Sanado de su “herida mortal”, siguió fuerte en el oriente por largos siglos.

(c)  “Czar”, título tomado por los monarcas rusos, se deriva de “césar”. “Para fines del Siglo XV, Muscovy (Moscú) había absorbido la mayoría de las demás principalidades rusas. Al desmoronarse el Imperio Bizantino en el 1453, se quedó como el único estado ortodoxo de significancia. Iván III se casó con una princesa bizantina en el 1472, adoptando el título de czar (césar)” (Atlas histórico del mundo medieval. 600 1492 d. C. John Haywood. Barnes & Noble. New York. 3.12). Efectivamente, el czar Iván III pretendía que la corona bizantina pasara a él, así preservándose la continuidad del antiguo Imperio Romano.

(d)  “‘Imperio Bizantino es el término usado por historiadores modernos para describir la continuación del Imperio Romano Oriental después de la accesión de Heraclo (610 641). Cuando Heraclo tomó el trono, el Imperio estaba al punto de ser derrotado por el vecino Imperio Persa-Sasaniano. Para salvarlo, Heraclo reformó el ejército y la administración, efectivamente creando un estado nuevo. El griego, siempre el idioma de la mayoría en el Imperio Oriental, reemplazó al latín como idioma oficial del gobierno. A esto se debe que los europeos occidentales medievales vieran al Imperio Bizantino como un estado helenista; sin embargo, los bizantinos seguían pensando de sí mismos como romanos, hasta la derrota final del Imperio por los turcos otomanos en 1453(Atlas histórico del mundo medieval. 600 1492 d. C. John Haywood. Barnes & Noble. New York. 3.15).

(e)  Tan relevante como instructiva es la siguiente cita de “El levantamiento y la caída de la antigua Roma”, (Anness Publishing House Ltd., Hermes House, 88-89 Blackfriars Road, Londres, Inglaterra. 2007. Página 9. www.hermeshouse.com. www.annesspublishing.com): “La caída del Imperio Romano en el occidente es irresistiblemente fascinante, despertando, en lo referente a sus causas, interminable controversia. De más significación es que el Imperio Romano como concepto potente no expiró en el año 476 d. C. El Sacro Imperio Romano, creado cuando Carlomagno fue coronado por el Papa en Roma en el año 800 d. C., intentó, con algún éxito, reavivar el Imperio, y perduró por un milenio. Entonces, Napoleón fundó su imperio de corta vida, con todo y águilas, arcos triunfales y oportunidades concedidas a otras gentes que quisieran unirse al régimen. Sin embargo, al fin y al cabo, quizá el heredero más grande de Roma fuera espiritual más bien que militar. … La Iglesia Católica, con su jerarquía y ambiciones universales, es la heredera más obvia de la antigua Roma.”

(f)  “El Imperio Bizantino: La Roma del oriente”. “Estrella oriental sobre la Edad de oscurantismo europea, la civilización bizantina, con su centro en Constantinopla, ardió brillantemente, preservando el patrimonio de Grecia y Roma, y esparciendo el cristianismo a través de un vasto reinado.” (National Geographic. Diciembre, 1983. El Imperio Bizantino. Página 722) “Aunque el griego fue declarado oficialmente la lengua del Imperio poco después del tiempo de Justino, la gente del oriente aún tenía a sí misma como romanos. (Llamaban latinos a los francos, bien que no los llamaran bárbaros.) Su emperador de los romanos era el heredero legítimo de Augusto César. Hasta 1453, su Imperio era el Imperio Romano. Pero, fue el antiguo mundo romano pagano cristianizado y virado al revés, o sea, el reino del cielo sobre la tierra.” (National Geographic. Diciembre, 1983. El Imperio Bizantino. Página 727)

(g) Gonzalo Fernández Hernández, profesor de la Universidad de Zaragoza, escribe: “El Imperio Romano de Occidente se enfrenta a unos problemas entre 454 y 476 que desembocan en una reunificación del Imperio (...) 476 no supone el fin de Imperio alguno (...) los soberanos bárbaros federados al Imperio romano reconocen la soberanía nominal de un único emperador con sede en Constantinopla (...) en teoría esta situación perdura hasta la coronación imperial de Carlomagno...” (www.wikipedia.org Artículo “Decadencia del Imperio Romano”).

(h)  El nombre “Imperio Bizantino”: “invención puramente moderna”. “El Imperio Bizantino, o Imperio Romano de Oriente, era el Imperio Romano durante la Edad Media, centrado en su capital Constantinopla y gobernado por Emperadores. Fue llamado ‘Imperio Romano’, como también ‘Romania’ (Griego: Ῥωμανία, Rhōmanía), tanto por sus habitantes como por sus vecinos. Siendo la distinción entre “Imperio Romano” e “Imperio Bizantino” una invención puramente moderna, no es posible fijar una fecha de separación, más sin embargo, un punto importante sería la transferencia por Constantino I, en 324, de la capital desde Nicomedia (en Anatolia) a Bizancio, a orillas del Bósforo, el cual, más adelante, sería llamado Constantinopla (alternativamente, ‘Nueva Roma’).” (Traducción de una porción del Artículo “Byzantine Empire”, www.wikipedia.org.)

(4)  En el Capítulo Siete de este Análisis, comprobaremos que estos hechos sobre la cicatrización de la “herida mortal” asestada a Roma, y la duración del Imperio Romano después de sanado, tienen importancia vital para la interpretación correcta de los “diez cuernos”.

6.  Aclaración. La cabeza que fue sanada era un reino fundamentalmente político-secular y no un reino esencialmente religioso o espiritual. Por lo tanto, es de esperarse que la cabeza, después de sanada, se manifestara, fundamentalmente, como un poder político, y no religioso. De hecho, asimismo sucedió. El Imperio Romano, herido “de muerte”, luego sanado, era, esencial y efectivamente, político-secular en naturaleza. Esta naturaleza fundamental no cambió pese a que la religión cristiana, ya apartada en muchas doctrinas y prácticas del patrón original divino, estuviera inextricablemente unida al nuevo poder político-secular creado. Se desprende de estas consideraciones que la cabeza sanada no sería la iglesia cristiana apóstata, o sea, que no es la Iglesia Católica Romana, ya que esta iglesia es un poder intrínsicamente religioso y no político, aunque no es menos cierto que se envuelve mucho en la política. Expresando nuestra convicción con claridad, para énfasis: La cabeza sanada es el Imperio Romano; la cabeza sanada no es la Iglesia Católica Romana, ni cualquier otra iglesia.

7.  Todas las evidencias contextuales e históricas indican que la cabeza herida, luego sanada, es el Imperio Romano, o sea, la sexta cabeza, monte o rey. Por lo tanto, aplicamos lo que se dice de la bestia en la última parte del Versículo 3, y hasta el Versículo 8, al Imperio Romano, específicamente a su fase de “sanado”.

a)  ¿Por qué aplicarlo a su fase de “sanado”? Por la conexión que se establece en los Versículos 3 y 4 entre la recuperación asombrosa de la bestia y la reacción, que no se hace esperar, de la gente.

(1)  ¿Por qué “se maravilló toda la tierra en pos de la bestia”? Obviamente, ¡porque la bestia fue sanada!

(2)  ¿Por qué “adoraron... a la bestia”? Claro, ¡porque la bestia fue sanada!

b)  Cierto es que mucho de lo que se dice de la bestia en el texto señalado puede aplicarse al Imperio Romano en sus manifestaciones antes de recibir la “herida mortal”. Sin embargo, seguramente fallaríamos en la exégesis del pasaje al pasar por alto la conexión evidente entre la herida sanada y la reacción de la gente.

H.  “…y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia.”

1.  “…se maravilló…” significa que los habitantes de la tierra quedaron extremadamente impresionados al observar que la bestia”, es decir, el Imperio Romano, fue sanada, siguiéndola admirados y atónitos.

a)  Ejemplo impactante de cómo la gente “se maravilló… en pos de la bestia” sanada lo tenemos en el caso de la “Nueva Roma”. Durante los ciento y setenta años subsiguientes al 330, año en el que la “Nueva Roma” (Constantinopla) fue dedicada, centenares de miles de personas se trasladaron a la nueva capital del Imperio, alcanzado la población un millón para el año 500 d. C. Acertadamente, “se maravilló toda la tierra en pos” de la “Nueva Roma.”

b)  Trasladándonos más adelante en la línea del tiempo hasta el Siglo IX de la Era Cristiana, y ubicándonos geográficamente en Europa, vemos que la “bestia” sigue sanándose al formarse y crecer grandemente el “Sacro Imperio Romano”. Allá, ochenta millones de personas se constituyeron en ciudadanos de esta nueva entidad política-secular, la que también formaba parte del sistema político representado por la cabeza sanada, hecho que indica su nombre. ¿Cómo se llama? No solo “Imperio Romano” sino también “Sacro Imperio Romano”, por la fuerte alianza entre el estado secular y la Iglesia Latina, o sea, la Iglesia Católica Romana, en contra distinción a la Iglesia Griega con su centro en Constantinopla. Efectivamente, estos muchos millones de Europa también se maravillaron “en pos” de la cabeza sanada.

2.  “…de toda la tierra…”, frase retórica, cuyo significado se entiende como “de muchísimos lugares de la tierra” donde la bestia sanada ejercitaba su poder e influencia.

I.  “…y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?” (Apocalipsis 13.4)

1.  El Versículo 8 identifica a estos adoradores de Satanás y del nuevo poder político-secular (la bestia sanada) como “los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo”.  Sus nombres no están “escritos en el libro de la vida” por la razón obvia de que estas multitudes que van en pos de la bestia sanada son gente idólatra, pese a identificarse como “cristianos”.

a)  Idolatran al poderío político, bélico y económico de la bestia sanada, exclamando con admiración exagerada: “¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?” O sea, para ellos, ¡la bestia sanada era lo máximo, lo más grande del mundo! Fue herida de muerte, pero para asombro del mundo, ¡fue sanada y seguía adelante, airosamente triunfante, con gran pompa, orgullo y poder!

b)  Idolatran a los nuevos falsos dioses al Papa de la Iglesia Católica Romana, a María “la Madre de Dios”, al falso cristo de los “prodigios mentirosos”, a los “santos beatificados”, a las imágenes de personajes bíblicos, a las de mártires, a las reliquias- que la bestia presentaba al mundo, siguiendo a los sacerdotes “cristianos” en cultos, ritos y doctrinas completamente pervertidos (2 Tesalonicenses 2:3-4; 1 Timoteo 4:1-5).

2.  “…y adoraron al dragón…” Sin duda, muchos de aquellos habitantes que se postraban, si bien no literalmente, por lo menos en espíritu y mente, ante la bestia sanada (Roma sanada), no se daban cuenta de que estaban adorando, en realidad, al diablo. Sin embargo, efectivamente, lo hacían, pues la bestia que ellos seguían y admiraban tanto había recibido su poder y autoridad del mismo Satanás. Satanás moraba en la bestia, manifestándose tanto en organizaciones y actividades políticas como en las de naturaleza religiosa.

3.  Nos parece correcto y necesario hacer la siguiente aplicación general de las acusaciones implícitas contra aquellos que “…adoraron al dragón... y adoraron a la bestia”. Toda persona de toda época y de todo lugar que idolatre al poder político-secular o se someta a las falsas religiones sostenidas e impuestas por el estado secular, ¡también es culpable de adorar al “gran dragón”, el cual es Satanás! Si tal persona alberga en algún rincón de su corazón la ilusión de salvar su alma, lo indicado sería que se arrepintiera enseguida de tan tremendo pecado, buscando en la Biblia, particularmente en el Nuevo Testamento, la “sana doctrina” y obedeciéndola “para perdón de los pecados” (1 Timoteo 4:16; Hechos 2:38-47).

J.  “…y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses (Apocalipsis 13:5).

1.  “…cuarenta y dos meses…” Es decir, por un tiempo determinado por Dios. Este número, al igual que los demás números en Apocalipsis, se reviste de matices simbólicos. Por consiguiente, no es preciso interpretarlo literalmente como si se tratara de un período exacto de cuarenta y dos meses literales, ni un día menos ni un día más, o de mil doscientos sesenta años proféticos. A nuestro entender, cualquier número apocalíptico de esta categoría se interpreta conforme al contexto del pasaje donde aparece.

a)  ¿Cuándo comienza el período señalado por los “cuarenta y dos meses”? Conforme a la interpretación que estamos desarrollando, comienza cuando Roma es sanada de su “herida mortal”. O sea, comienza más o menos durante la cuarta década del Siglo IV de la Época Cristiana (330 340 d. C.).

b)  ¿Cuándo termina el período? Lógicamente, al llegar la Roma sanada a su fin. En el Oriente, esto ocurre para mediados del Siglo XV. En Europa, el Imperio Romano, permanece hasta el año 1806. Sin embargo, para los efectos, terminó en el año 1555 d. C.

c)  A pesar de no ser necesario interpretar literalmente los “cuarenta y dos meses” como mil doscientos sesenta años literales, curiosamente la duración de la Roma sanada corresponde, más o menos, al período de mil doscientos sesenta años. Sumando 1,260 años proféticos al año 330 d. C., fecha para la inauguración de la “Nueva Roma”, el total es de 1,590 años, lo cual nos lleva al año 1,590 d. C. Pues bien, según el historiador Edward Gibbons, el Imperio Romano de Occidente, o sea, el Sacro Imperio Romano centrado en Europa, perdió su poder efectivo en el año 1555 d. C., siendo tan solo treinta y cinco años la diferencia entre esta fecha y la de 1,590 d. C.

2.  “…para actuar…” La Roma sanada actúa. ¿Qué cosas hace la nueva Roma durante los “cuarenta y dos meses”?

a)  Blasfema. “Abre su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo, y de los que moran en el cielo” (Apocalipsis 13:6).

(1)  Pero, ¿no es la Roma sanada la misma Roma que abrazó al cristianismo en el Oriente al igual que en el Occidente? Positivo; ella es la misma. Entonces, ¿cómo puede la Roma “cristiana” ser culpable de tantas blasfemias? Para todo aquel que conoce tanto la “sana doctrina” del Nuevo Testamento de Cristo como la historia del cristianismo, aunque sea a grandes rasgos, esta aparente anomalía no será un gran enigma. La Roma “cristianizada” era culpable porque sus gobernantes, siendo corruptos moral y doctrinalmente observación confirmada ampliamente por testimonios y hechos históricos- se presentaban ante el mundo como los ungidos del Dios verdadero, acto impúdico y blasfemo.

(2)  En el Occidente (Europa), reyes o emperadores se confabularon con el Papa de la Iglesia Católica Romana, llamando el reino secular-político que crearon el “Sacro Imperio Romano”, nombre blasfemo, ya que de “sacro” no tenía ni un asomo aquel Imperio bañado en sangre y apoyado por una iglesia en plena apostasía.

(3)  Se nos dice que la bestia sanada blasfemaba no solo del nombre de Dios y de los seres celestiales sino también “de su tabernáculo”, es decir, del tabernáculo de Dios. ¿Qué es este “tabernáculo”? No se trata del tabernáculo judío, sino de la iglesia verdadera de Dios, de la misma que guarda la sana doctrina, de la que no cae en apostasías, de la que no va en pos de evangelios o dioses extraños, de la que siempre viste un traje espiritual blanco y sin arrugas. Este “tabernáculo” espiritual de la Era Cristiana es “el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación” (Hebreos 9:11), o sea, es “la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” (Hechos 20:28).

b)  Reiteramos que la cabeza sanada no es pasiva sino muy activa. No solo blasfema sino también hace “guerra contra los santos”, aun venciéndolos. “Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos”  (Apocalipsis 13:7). Esto es lo que el apóstol Juan ve en esta Escena de la visión, y nosotros lo vemos cumplido cabalmente en eventos históricos fácilmente comprobados.

(1)  Por ejemplo, antes de recibir la “herida mortal”, el Imperio Romano levantó varias persecuciones contra la iglesia, ¡pero no logró vencerla! Herido aquel Imperio “de muerte”, de pronto se recupera de tal manera que “toda la tierra se maravilló en pos” de él, y de nuevo hace “guerra contra los santos” logrando, en esta ocasión, vencerlos. “Se le permitió… vencerlos.”

(2)  Pero, ¿no es la Roma sanada un imperio “cristiano”? A la verdad, pretendió ser un imperio “cristiano”. ¿No repudió la Roma sanada al paganismo practicado por gentes no convertidas a Cristo, instalando en su lugar “el cristianismo”? Pues, la historia confirma que lo hizo en buena medida (Gibbon. El debilitamiento y la caída del Imperio Romano. Tomo I. Capítulo 20). Entonces, si la Roma sanada es “cristiana”, ¿por qué se dice de ella que hace “guerra contra los santos” hasta vencerlos?

(a)  He aquí la razón escalofriante: ¡la Roma sanada no es realmente “cristiana” sino todavía “pagana”! Todo un caudal de hechos históricos comprueba que no nos equivocamos al observar que aquella Roma era pagana, disfrazada hábil y mañosamente de “cristiana”. Solo podremos entender correctamente la serie de profecías que estamos analizando teniendo presente esta realidad innegable sobre la verdadera naturaleza del Imperio Romano sanado. Repetimos para énfasis: la Roma sanada no es “cristiana” de verdad, sino pagana, pues el “cristianismo” que instala como religión del estado es corrupto, siendo, en verdad, un nuevo tipo de paganismo, el “paganismo cristiano”.

(b)  Lamentablemente, el “cristianismo” que el emperador Constantino el Grande conoció no era puro, conforme al designio de Dios, sino ya bastante corrupto, particularmente en su organización y adoración. Aún más triste es el hecho de que Constantino y los emperadores que le siguieron en el trono del Imperio Romano en el Oriente, corrompieron aún más al cristianismo, creando una complicada jerarquía eclesiástica contraria a la organización sencilla establecida por Dios, jerarquía que se ponía cada vez más celosa de tradiciones religiosas humanas. Esta misma “jerarquía cristiana”, unida en fornicación espiritual al estado político, es la que resiste, reprime y vence a los verdaderos “santos” de Dios.

 

Iconos de la Iglesia Ortodoxa Girega. Estos iconos no se hallaban en la iglesia de los primeros tres siglos de la Era Cristiana, siendo una innovación humana que dio por resultado la corrupción de la verdadera adoración a Dios.
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Íconos de la Iglesia Ortodoxa Griega. Estos no se hallaban en la iglesia de los primeros tres siglos de la Era Cristiana, siendo una innovación humana que dio por resultado la corrupción de la verdadera adoración a Dios enseñada por Jesucristo y el Espíritu Santo. “Vosotros adoráis lo que no sabéis… Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”, dijo Jesucristo, según Juan 4:22-24. “Hijitos, guardaos de los ídolos”, advierte el apóstol Juan (1 Juan 5:21). 

(c)  El mismo tipo de jerarquía eclesiástica fue creado en el Imperio Romano del Occidente (Europa), teniendo su sede en la antigua ciudad de Roma, en la península de Italia. Después de la caída del gobierno político-secular de la Roma occidental, se levantaron en Europa otros reinos políticos (francos, lombardos, etcétera), los que abrazaron aquel cristianismo corrupto, formándose, eventualmente, el “Sacro Imperio Romano”. En el Occidente, ambos poderes, el secular y el eclesiástico, reprimen y persiguen a los verdaderos seguidores de Dios, o sea, a los cristianos leales, en doctrina y vida, a Cristo, asechándolos con tesón maléfico y venciéndolos.

(3)  ¿Qué tipo de “guerra contra los santos” hace la bestia sanada?

(a)  “Guerra” librada mediante persecuciones físicas, incluso guerras religiosas encaminadas a exterminar a cristianos que no se sometieran a la autoridad de la jerarquía episcopal en poder.

(b)  “Guerra” mediante leyes o edictos que privaban a tales cristianos de libertad de culto y del derecho de evangelizar.


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Seguidores de Cristo torturados bárbaramente y ultimados por discrepar con las “autoridades eclesiásticas” en poder. “Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos” (Apocalipsis 13:7).

(4)  ¿Durante qué tiempo se lleva a cabo esta “guerra contra los santos”? Durante la Edad Media cuando la bestia sanada estaba en poder. O sea, desde principios del Siglo IV hasta el tiempo cuando los “diez cuernos” (naciones) dejan “desolada y desnuda” a la “gran ramera” (Apocalipsis 17:16), evento que estudiaremos en el Capítulo Siete de este Análisis.

(5)  ¿Cómo vence la bestia sanada a los verdaderos santos de Dios?

(a)  Matándolos físicamente. En el Oriente, al igual que en el Occidente, los oficiales del Imperio Romano funcionan como el brazo derecho de la iglesia en apostasía, persiguiendo o matando a cuantos creyentes no estén de acuerdo con el tipo del cristianismo reconocido e impuesto por el emperador, o rey. La “bestia” sanada sigue reprimiendo, persiguiendo y matando hasta quedarse vencida ella misma. Se calcula que cincuenta millones de seres humanos fueron muertos durante el tiempo desde las persecuciones iniciadas por el mismo Constantino el Grande contra los arrianos hasta el final de la Edad del Oscurantismo, La reforma y la Contra Reforma, un largo período de más o menos catorce siglos. La causa principal de tan increíble tragedia humana fue oposición a la religión del estado, o sea, al cristianismo politizado y secularizado.

(b)  También contribuye a la derrota de la colectividad de los santos verdaderos la táctica de proscribir poseer o leer algún ejemplar de la Biblia, como además, la de prohibir la promulgación de la “sana doctrina” por el medio que fuese. Trabados así los cristianos verdaderos en su obra, y acosados duramente, mengua la colectividad hasta quedarse, efectivamente, vencida.

(6)  ¿Qué quiere decir “vencerlos”? ¿Acaso signifique que la bestia sanada (el Imperio Romano sanado de su “herida mortal”), aliada con la iglesia apóstata perseguidora, realmente erradiquen del todo a la iglesia auténtica de los territorios que gobernaban durante  la Edad Media? Posiblemente, pero no necesariamente. Qué quede claro, el enfoque es sobre los territorios controlados por las dos bestias de Apocalipsis 13, excluidos los países más allá de las fronteras del Imperio Romano.

(a)  Lo cierto es que, históricamente, durante la Edad Media, el dominio de las fuerzas satánicas, las que se alimentaban de crasa ignorancia en todos los renglones del saber, de supersticiones al granel, engaños religiosos rampantes y maldad profunda, acrecienta, arropa y se sobrepone hasta el extremo de opacar, para los efectos, a la hermosa luz iluminadora que emanaba de la Verdad personificada en Cristo. Tanto es así que aquel tiempo, cubriendo más de un Milenio, también se conoce como la “Edad del Oscurantismo, nombre que despierta visiones espantosas de densas tinieblas”, “de tiempos sin sol”, “de esferas sin luz”. Asimismo fue aquella Edad Media: en términos generales, un tiempo largo sin la luz de la “sana doctrina, “la doctrina de Cristo” (Hebreos 6:1), y sin la luz de la iglesia fiel al Señor, la que proclama y practica, siempre y cuando las circunstancias lo permitan, “la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).

(b)  Desde luego, esta victoria de las tinieblas sobre la luz, de la iglesia apóstata sobre la iglesia verdadera, de la falsa doctrina sobre la “sana doctrina”, de la ignorancia sobre el conocimiento correcto, no se logra de la noche a la mañana. Más bien, vemos, escrutando la historia relevante, que durante la Edad Media las fuerzas de la luz se retroceden poco a poco ante el resurgimiento y fortalecimiento de fuerzas tenebrosas, hasta que entra de lleno la noche larga del oscurantismo espiritual, moral e intelectual.

(c)  ¿Dónde se encuentran los cristianos de verdad durante la noche del Oscurantismo? ¡Están vencidos! “Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos.” Lucharon y fueron derrotados, bien que no en espíritu, al menos sí corporalmente. Sucede, pues, que la profecía muy precisa de Apocalipsis 13:7 fue cumplida al pie de la letra. ¿Por qué pretender lo contrario? Más nos conviene aceptar su cumplimiento como otra evidencia concreta a favor de la inspiración divina de las revelaciones dadas en el libro de Apocalipsis. Conforme a mis investigaciones personales, durante una porción del tiempo cuando domina la bestia sanada ligada a la iglesia apóstata perseguidora, cristianos auténticos, como los que había en el Siglo I, desaparecen de las páginas de la historia disponible para nosotros sobre los territorios del Imperio Romano durante la Edad Media. ¿Fueron vencidos todos hasta el último? ¿Hubo días, meses o años, durante aquella Edad tan sombría, cuando no quedara vivo en aquellos contornos de la tierra ni siquiera un solo cristiano como aquellos fieles del tiempo apostólico? Dios sabe. Pero, ¿no reservó el Señor para sí al menos un pequeño remanente que no cediera ante la bestia y su compañera eclesiástica perseguidora? Si respondo que sí, lo haría por fe, pues no encuentro, en los anales históricos de aquel tiempo y aquellos lugares, evidencias absolutamente inequívocas que pudiéramos citar para probar, de forma contundente, la continuidad ininterrumpida de la iglesia verdadera. Vuelvo a enfatizar que no estamos hablando de todo el planeta terráqueo sino de las áreas bajo el dominio de las dos bestias de Apocalipsis.

(i)  Pero, ¿no promete Cristo en Mateo 16:18 que “las puertas del Hades no prevalecerán contra” la iglesia que él mismo iba a establecer? De hecho, tal es su promesa. Sin embargo, el estudioso que “usa bien la palabra de Dios” (2 Timoteo 2:15) toma nota de que la promesa tiene que ver con el “Hades”, con “las puertas de Hades”, siendo el Hades la región espiritual, y no terrenal, al cual van las almas de todos los que mueren (Lucas 16:19-31; 23:39-43). Dado este hecho, ¿qué es lo que está afirmando Cristo, en realidad, acerca de su iglesia? ¿Qué es el verdadero significado de “las puertas del Hades no prevalecerán contra” la iglesia? Efectivamente, que la muerte no podrá vencer jamás a la iglesia, es decir, que los santos hijos de Dios que mueren en el Señor resucitarán, y que Satanás no podrá impedirlo. ¿Por qué Satanás no podrá impedirlo jamás? ¡Por la sencilla razón de que Cristo le quitó las “llaves de la muerte y del Hades”! (Apocalipsis 1:18) Así que, la promesa de Jesucristo en Mateo 16:18 no fue que su iglesia permaneciera físicamente presente en la tierra durante toda la Edad Cristiana. Más bien, proclama que ni siquiera la muerte o el Hades podrán impedir la glorificación de la iglesia, promesa fabulosa de fuerte consuelo para todo cristiano que aguarda, jubiloso, ser coronado de inmortalidad.

(ii)  Pero, ¿no promete Cristo, en Mateo 28:18, que estaría con su iglesia “todos los días, hasta el fin del mundo”? De cierto, lo promete, pero ¿qué quería decir? ¿Qué implican sus palabras? ¿Qué jamás dejaría que su iglesia fuese perseguida? ¿Qué jamás permitiría que ningún miembro de su iglesia fuese muerto por la fe? ¿Qué jamás soportaría que las “bestias” se levantasen contra su iglesia? Respondemos que la sangre de cristianos martirizados, y el sufrimiento de los demás cristianos que fueron perseguidos, aun torturados, atestiguan la violencia a la cual fue sometida la iglesia verdadera, en contra distinción a la apóstata perseguidora unida a poderes seculares-políticos, durante más o menos diecisiete siglos de su historia. Entonces, ¿qué sucede? ¿Acaso no pudiera cumplir el Señor su promesa de estar siempre con su iglesia “todos los días, hasta el fin del mundo”? A la verdad, Jesucristo no prometió ni explícitamente ni tampoco implícitamente siempre librar a su iglesia, en todo el mundo, de toda violencia física. Por cierto, semejante interpretación de sus palabras en Mateo 28:20 estaría en conflicto con las profecías del Espíritu Santo en Apocalipsis y otras porciones del Nuevo Testamento que advierten persecuciones, aun martirio, para algunos cristianos. Ofrecemos una interpretación más armoniosa con textos y hechos, a saber, que el sentido correcto de las palabras del Señor es que él prometía fortalecer y consolar espiritual, emocional y mentalmente, en todo momento, a sus discípulos fieles. O sea, en cualquier lugar del mundo donde hubiere discípulos verdaderos, y en cualquier tiempo, no importando las circunstancias, ¡allí estaría el Señor para fortalecerlos y consolarlos! Estaría a su lado, como estuvo con Pablo, aun cuando este valiente soldado de la cruz tuvo que presentar defensa en la misma capital del Imperio Romano. “En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado… Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas (2 Timoteo 4:16-18). El Señor fortaleció al espíritu de Pablo, aun librando físicamente al apóstol “de la boca del león” la primera vez que este fue enjuiciado en Roma. Pero, no seguía librando al apóstol de todo peligro físico, pues, pasados unos dos años, Pablo fue aprehendido de nuevo, enjuiciado y condenado a morir, sufriendo martirio por decapitación, conforme a tradiciones antiguas.

-Así que, la bestia hace “guerra contra los santos”, venciéndolos. Pero, una cosa no puede hacer la bestia, a saber: ¡no puede eliminar de la tierra la simiente espiritual pura de Dios! Puede vencer a los santos, pero no puede acabar con la Biblia. Lo ha intentado una y otra vez, pero no puede porque “la palabra de Dios... vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23-25). Sembrada de nuevo en cualquier época y en cualquier lugar, al ser recibida con beneplácito en mentes abiertas a la verdad y en corazones que anhelan conocer al “único Dios verdadero” (Juan 17:3), esta simiente preciosa produce nuevos cristianos auténticos tal cual los que había en el Siglo I.

(d)  Fue rotundo el triunfo de la bestia sobre los santos del Señor en territorios del Imperio Romano durante la Edad Media. Sin embargo, la “simiente... incorruptible”, es decir, “la palabra de Dios”, vivía y permanecía en aquellas tierras (1 Pedro 1:22-25). Finalizando por fin la Edad Oscura y perdiendo la bestia su poder diabólico, la “simiente… incorruptible” comenzó a brotar con fuerza, dando por resultado la reaparición, en aquel escenario del mundo, de muchos nuevos “santos” de Dios y la restauración de la iglesia verdadera en territorios donde los “santos” habían sido vencidos por un tiempo.

c)  ¿Qué hace la primera bestia? No solo blasfema contra Dios y hace “guerra contra los santos” sino que también ejerce “autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación” (Apocalipsis 13:7). Ejerce “…autoridad…” Siguiendo la línea de interpretación que nos parece correcta, se trata de la “autoridad” que tomó el Imperio Romano de Oriente, llamado “Imperio Bizantino” por historiadores, y el “Sacro Imperio Romano” en el occidente, durante la Edad Media, sobre vastos territorios y todas las gentes que los ocupaban. Pese a que fluctuaran, a través de los siglos, la extensión de referidos territorios y el dominio o la influencia de los dos entes políticos-seculares nombrados, los dos mantenían su “autoridad” y control sobre cientos de millones de seres humanos durante los “cuarenta y dos meses” determinados sobre ellos.

K.  Conclusión sobre la identidad de la primera “bestia”. En su esencia fundamental, la primera bestia es la representación de todos los reinos terrenales (seculares-materiales-políticos) fundamentados en la idolatría y violentamente opuestos al único Dios verdadero, sus designios y su Reino Espiritual. En su manifestación particular como la sexta cabeza, la primera bestia de Apocalipsis 13 es el Imperio Romano.

1.  La primera “bestia” es de muy larga vida. Ha existido por miles de años. Si le cortan una cabeza, tarde o temprano ¡le nace otra! Así es que sigue con vida a través de los siglos y siglos, luchando contra Dios y su pueblo.

2.  La primera “bestia” es la misma bestia que es “apresada” y lanzada “dentro de un lago de fuego que arde con azufre” al intervenir Jesucristo, en su rol de jinete del caballo blanco, para poner coto, de una vez para siempre, al conflicto entre el Bien y el Mal (Apocalipsis 19:20; 20:10). El Imperio Romano es herido “de muerte”, se sana y sigue por muchos siglos más, pero no permanece en la tierra hasta el retorno del Señor, con sus “ejércitos celestiales”. Sin embargo, se levanta la séptima bestia-rey, luego la octava bestia-rey, tomando esta octava el poder durante el “poco de tiempo” e iniciando la batalla de “Armagedón” contra Dios y los suyos. Todas estas bestias son manifestaciones terrenales de la “gran bestia universal”, la que simboliza a todo reino opuesto a Dios y su pueblo verdadero.

3.  Recapitulando un poco para énfasis y claridad, en cada una de sus manifestaciones, la primera bestia de Apocalipsis 13 es identificada como una bestia particular. Por ejemplo, Daniel vio “cuatro bestias grandes”. Estas cuatro eran, efectivamente, cuatro “cabezas” distintas de la primordial “bestia” universal, la que tiene siete cabezas y diez cuernos, seguidos por el “cuerno pequeño”.  Daniel vio cuatro manifestaciones de la misma “bestia” simbólica, la que representa, en todo tiempo, a los reinos terrenales fundados sobre la idolatría o el ateísmo, y opuestos, decididamente, al único Dios verdadero.

L.  “Si alguno tiene oído, oiga. Si alguno lleva en cautividad, va en cautividad; si alguno mata a espada, a espada debe ser muerto. Aquí está la paciencia y la fe de los santos” (Apocalipsis 13:9-10). Mediante estas palabras, Dios orienta y anima a los santos verdaderos.

1.  Los imperios malos, representados por la “bestia”, pueden perseguir, esclavizar y aun matar a los verdaderos santos de Dios, pero recibirán, tarde o temprano, su merecido castigo justo. ¡También irán “en cautividad”, o serán muertos! Caerán. ¡Ningún imperio terrenal permanece para siempre! Solo el Reino de Dios es “inconmovible” (Hebreos 12:28).

2.  En los tiempos cuando la bestia persigue a la iglesia, los santos debemos tener paciencia y fe, confiados en el eventual triunfo total de Cristo. He aquí uno de los mensajes más importantes y prácticos del libro de Apocalipsis.

 

Próximo tema: "Otra bestia que... tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón".

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