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Mi cuerpo; mi vida. Ampliación de puntos
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¿Qué tal? Espero que te encuentres bien.

¿Mi vida? ¿Mi cuerpo humano?

 

 

El texto de ¿Mi vida? ¿Mi cuerpo?, orígenes de la vida y derechos sobre ella, se puede leer en esta gráfica JPEG del tamaño de una hoja carta, en editoriallapaz.

 

 

A continuación, el TEXTO de la diapositiva en el formato de ARTÍCULO.

 

¿Qué tal? Espero que te encuentres bien.

¿Mi vida? ¿Mi cuerpo humano?

Pues, primero, quiero aclarar que ¡yo NADA tuve que ver con el inicio de los dos en este planeta Tierra! Mi presencia aquí no la visualicé ni la planifiqué, pues yo no existía antes de ser concebido.

¿La planificarían mis padres? Desconozco. El hecho es que un espermatozoide de mi padre fecundó un óvulo de mi madre. Mis padres no diseñaron ni infundieron de vida aquellas dos células reproductivas complicadísimas, más bien poseyéndolas por herencia física. Uniéndose las dos y formándose una sola, ¡el asombroso ADN(ácido desoxirribonucleico) que resultó contenía el código completo para mi cuerpo actual!

Yo no tenía nada que ver con mi concepción ni tampoco con mi nacimiento. Así que, en términos de “origen” y “vida”, no tengo derecho alguno de reclamar “ni mi cuerpo ni mi vida” como “míos”, incondicional y absolutamente.

Y si no son míos por derecho de creación propia, entonces, ¿con qué justificación pretendería tener yo potestad absoluta sobre ellos? ¿De conservarlos o matarlos a mi capricho o voluntad propia? ¿Sin intentar jamás verificar su origen y propósito? ¿Acaso exista alguna autoridad legítima que me haya otorgado semejante potestad?

Razono que mis padres terrenales no contaran con tal potestad ya que no originaron la vida que me transmitieron a través de aquellas dos células, sirviendo solo como medios para transmitir la vida. Potestad de transmitirla sí; autoridad de eliminarla una vez transmitida, ¡ninguna!

Potencialmente, el ser humano completo y maduro existe en el ADN del óvulo fecundado. ¿Quién cuenta con la autoridad de rescindirle autocráticamente el derecho a la formación natural? ¿Progenitores, pediatras, otros doctores, abogados, cortes o jueces?

¿A cuál humano, u organización de humanos, se le concede potestad sobre la vida misma? ¿Y quién o qué organización se la concedería? ¿De permitirla o terminarla según criterios netamente humanos? ¿De tronchar su desarrollo natural, ya en su estado de feto ya en el de infante, niño, joven o adulto?

Tengo derecho sobre mi propio cuerpo”, apunta la mujer decidida a abortar la criatura en su matriz, es decir, a terminar su vida ya en desarrollo. Sin embargo, ella no creó a su propio cuerpo ni al ser que vive en su matriz. Consiguientemente, no es dueña, por derecho de creación, ni del uno ni del otro. Por ende, se arroga una potestad que no es, inherentemente, suya, ni mucho menos de terceras. La autoridad de extinguir una vida humana, ya sea la suya ya la del pequeño ser humano que vive en su matriz, la de un familiar, la de un vecino o la de cualquier ser humano, no la posee.

Seres humanos adultos que tratan la vida y los cuerpos humanos vivos como si los hubieran creado ellos mismos son muy prontos para autorizar el aborto aun hasta en la hora del alumbramiento.

No pocas jovencitas y mujeres criadas entre gentes que valúan en poco la vida no titubean en procurar terminar con la vida de las criaturas que conciben, pese a que luchen egoístamente para conservar su propia vida. ¿Cuál de las dos vidas vale más?

¿Mi cuerpo? Pues, ¡prestado! Es “mío” solo en este contexto. Me esfuerzo para mantenerlo con vida, pero cada rato se me enferma, se está debilitando y veo que ha de morir ineluctablemente. ¿Tener yo potestad sobre él? ¡No puedo ni siquiera evitar su deterioro y muerte!

El evolucionista darwiniano valúa la vida humana solo en el contexto de la sobrevivencia de los más fuertes. Su tesis abre paso a la eliminación de los menos fuertes. Al aborto, la infanticida y la eutanasia; a denegar auxilio médico a incapacitados, no importando su edad. Para él, la vida humana es tan solo producto de infinitas casualidades de la naturaleza.

Muchísimo más lógico me parece creer que la vida humana la haya originado un Diseñador Inteligentísimo, fijándola propósitos prácticos y nobles. Por cierto, tal Ser ha dado evidencia de su existencia por medio de las maravillas vistas, también comunicando a su máxima creación, es decir, a nosotros los seres humanos, que él es el Autor de la Vida en todas sus tremendas manifestaciones, y, por ende, que tanto el cuerpo humano como el alma-espíritu que mora en él, le pertenecen por derecho de Creador, incluso toda criatura humana concebida, todo niño y todo adulto.

¿Qué crees tú al respecto?

 

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