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-Desglose de estudios extensos en esta Web sobre distintos aspectos de la unidad de la iglesia

 

Largos días en el
“Templo de la Unidad de la Fe”
 


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Las dos grandes columnas del templo edificado por el rey Solomón, en Jerusalén, se llamaban "Boaz" y "Jaquín".

Las dos grandes colomnas del "Templo de la unidad de la fe" se llaman "Sumisión" y "Amor".

I.  Introducción.

A.  Este servidor se siente muy complacido al tener el honor de compartir con los presentes el siguiente tema: Largos días en el “Templo de la Unidad de la Fe”.

B.  Seguramente, Dios se alegra por los fieles que desempeñan ministerios en su Reino y se contenta por cada hermano y hermana, bien sea joven, adulto o entrado en años, que se presenta diciendo: “Quiero prepararme para ejercer algunos ministerios en la iglesia del Señor”.

C.  Los que ya hace tiempo estamos trabajando en la viña del Señor también nos sentimos sumamente gozosos y, además, muy animados al saber que otras personas amantes del Señor y su Verdad, deseen unir sus esfuerzos a los nuestros.

D.  Pues bien, guiados por nuestros propios estudios, observaciones y experiencias, nuestra fuerte convicción es que todo aquel que deseara ejercer algún ministerio espiritual, primero debería visitar al menos “Cuatro lugares santos”.

1.  Al referirnos a “Cuatro lugares santos”, no estamos pensando en Jerusalén, Roma, Mecca o el río sagrado hindú llamado el Ganges.

2.  Más bien, contemplamos a “Cuatro templos sagrados” que existen en las expansiones santas del espíritu de todo ser humano consagrado al servicio del único Dios verdadero, los que se identifican como:

a)  “El Templo de la Oración y la Meditación”

b)  “El Templo de la Santificación y la Santidad”

c)  “El Templo de la Sana Doctrina”, y…

d)  “El Templo de la Unidad de la Fe”.

3.  Para alcanzar el muy deseable grado de "buen ministro de Jesucristo", es preciso que el candidato pase largos días, semanas, meses, en cada uno de estos “Cuatro templos”.

4.  Aun después de haber logrado tal grado, el buen ministro volverá una y otra vez a pasar tiempo en estos “Templos”, porque llega al ententendimiento de que si no lo hace con frecuencia, bien puede bajar de grado, convirtiéndose en un ministro mediocre, y por ende, problemático para Dios y su pueblo, la iglesia. Precisamente, el que frecuenta estos “Templos” suele encontrar a distintas categorías de ministros, por ejemplo:

a)  A candidatos para los ministerios,

b)  A principiantes en los ministerios y…

c)  A ministros maduros y experimentados.

 

5,  ¿Conoce usted estos “Cuatro templos”? ¿Ha entrado en ellos? ¿Ha pasado largos días en ellos? Le invito a acompañarme en esta ocasión en una visita al grandioso y elegante “Templo de la Unidad de la Fe”.

 

II.  “El Templo de la Unidad de la Fe.”

A.  Acerquémonos con reverencia.

1.  Este imponente “Templo” es sagrado, como lo era el templo levantado por Salomón en Jerusalén.

2.  Es hermoso, espacioso e imponente, una maravilla del mundo espiritual.

B.  Lo primero que nos impresiona son las dos columnas principales, una a cada lado de la entrada, al estilo del templo salomónico. Salomón llamó “Boaz” y “Jaquín” las dos columnas de aquel templo que construyó en Jerusalén (2 Crónicas 3:15-17). Las dos columnas principales en el Templo de la Unidad de la Fe se llaman:

1.  "Sumisión", nombre del todo apropiado, pues obiviamente, la unidad perfecta es posible solo donde todos los discípulos del Señor se someten, con respeto y humildad, a la autoridad divina (Mateo 28:18-20; Filipenses 2:5-8).

2.  "Amor", escogido este nombre porque el amor fraternal no fingido es el vínculo perfecto que une a todos los cristianos que andamos juntos en armonía de espíritu y mente (Colosenses 3:14).

C.  Pasamos entre las dos columnas "Sumisión" y "Amor" y nos encontramos parados en un piso espacioso de mármol sólido y pulido, de color rosado con tonalidades gríses.

1.  Lozetas de bronce bruñido, colocadas de tal manera que deletrean las palabras “La verdad eterna e inmutable de Dios”, están encuestadas en el piso.

2.  Reflexionando, entendemos que esta “Verdad eterna e inmutable” es el fundamento seguro que sostiene el formidable “Templo de la Unidad de la Fe”, siglo tras siglo, pese a los terremotos violentos provocados por Satanás quien está empeñado en hacer agrietarse y desbaratarse el Templo. ¡Cuán gloriosa es la obra de Dios como manifestada en este templo!

D.  Un tanto hacia la izquierda y cerca de la entrada, nos llama la atención un pedestal que sostiene una placa con letras en alto relieve formadas de oro fino y colocadas contra un trasfondo de tercio pelo de color carmesí. Leemos:

1.  "Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosostros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado." Cristo.

2.  Desde luego, el buen ministro sabe que estas palabras se hallan en Juan 17:20-23, formando parte de una emotiva e instructiva oración que pronunció Cristo poco antes de morir en la cruz.

3.  Comprende que están grabadas en oro puro por su valor incalculable como poder para lograr y mantener la unidad entre los discípulos.

4.  También comprende que todo buen ministro las lleva grabadas eternamente en su corazón, deseando fervorosamente ser partícipe en el cumplimiento del noble deseo expresado por el Señor sobre la unidad ideal de todos los creyentes.

5.  Además, reconoce que el color carmesí del trasfondo simboliza la sangre de Cristo por medio de la que se sellaron estas palabras, como también todas las demás del Nuevo Testamento (Mateo 26:26-29).

 

E.  Hacia la derecha discernimos una mesa larga de exquisito diseño tallada en madera maciza de caoba y detrás de la mesa sillas del mismo diseño y material. Siete pergaminos abiertos descansan encima de la mesa. No se cierran nunca, ni de día ni de noche. Los ilumina una luz pura y suave que emana maravillosamente de la alta bóveda arriba de la mesa como de un lugar celestial.

1.  La luz diáfana es la de la sabiduría divina que cae, tal cual rayos del Sol de justicia (Malaquías 4:2; Apocalipsis 1:16), sobre los escritos en la mesa.

2.  Todo aquel que entra en este “Templo” deberia sentarse a la mesa, primero frente a un pergamino, luego frente al siguiente, hasta estudiarlos todos. Aquí todo buen ministro de Jesucristo pasará largas horas estudiando los textos escritos en los pergaminos, meditando y reflexionando. Los trozos inspirados que contienen los siete pergaminos son los siguientes:

a)  Efesios 4:3-6. "Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos."

b)  Filipenses 2:2-3. "Completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagaís por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo."

c)  Filipenses 3:16. "Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa."

d)  1 Corintios 1:10. "Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer."

e)  Romanos 15:5-6. "Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo."

f)  Efesios 4:13 y 16. "Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo... de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor."

g)  1 Corintios 12:12-13. "Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu."

3.  Definitivamente, cada “buen ministro de Jesucristo” pasará largas horas, ¡aún días enteros!, sentado a esta “Mesa de los siete pergaminos”, procurando entender perfectamente el significado completo y profundamente espiritual, práctico y sabio, de la doctrina divina sobre la unidad de la fe y de los santos.

a)  Con el detenimiento necesario, analizará inteligentemente la relación que guarda la unidad a la fuerza de la iglesia contra el mal, plenamente consciente de que esta fuerza se debilita en proporción a las contiendas y divisiones injustificadas desatadas en el cuerpo del Señor.

b)  Comprende cuán importante es la unidad para el éxito de la causa de Cristo en la tierra.

c)  Entiende que su propio ministerio será un fracaso si no trabaja, unido en espíritu y esfuerzo, a los demás ministros competentes, juntamente con todos los demás miembros del cuerpo, sinceramente leales a Cristo y su evangelio único.

4.  En el reverente silencio del gran “Templo de la Unidad de la Fe”, inmerso en el estudio, la meditación y la oración, el “buen ministro de Jesucristo” comulga con...

a)  “El único Dios verdadero” (Juan 17:3), quien exige la unidad, odiando la división y clasificándola como una “abominación” (Proverbios 6:19).

b)  Jesús, el Hijo de Dios, quien rogó por la unidad de todos los creyentes (Juan 17:20-23),

c)  El Espíritu Santo, revelando este Ser toda la hermosa doctrina de la unidad divulgada en el Nuevo Testamento; unidad y no “ecumenismo”,

d)  Los apóstoles, quienes abogaron incansablemente por la unidad y…

e)  Todos los miembros fieles de la iglesia, disfrutando estos de la unidad, beneficiándose de ella de incontables maneras y promoviéndola como indispensable para el bien y el progreso de la iglesia.

F.  Al lado izquierdo del “Templo de la Unidad de la Fe” cuelgan dos murales pintados a todo color en lienzos de tamaño gigantesco.

1.  El “Primer mural” es una escena escalofriante, como del infierno mismo. Entre los ateos, idólatras, adúlteros y pecadores de toda clase, vemos también a algunos ministros de la iglesia de Cristo: evangelistas, predicadores, maestros y maestras condenados eternamente por ser hallados culpables de fomentar contiendas y divisiones injustificables, de las que no se arrepintieron a tiempo.

a)  Neófitos en los ministerios, los que pasaron muy poco tiempo en el “Templo de la Unidad de la Fe”, prefiriendo más bien visitar la “Casa Malvada de los Divisionistas”.

1.  Neófitos en los ministerios, los que pretendieron “mejorar la iglesia”, al decir de ellos, por medio de introducir cambios en la organización y el culto, más bien resultando sus innovaciones humanas en divisiones y apostasía.

2.  Neófitos en los ministerios, los que atrevidamente despreciaron en el liderazgo a los varones maduros, sabios y bíblicos. Obstinadamente empeñados en “reavivar a la iglesia”, o “modernizarla” al estilo de las populares “iglesias comunitarias”, al de “iglesias de televisión” o “de carpa”, etcétera, sembraron mucha discordia y división. No arrepentidos, reciben el castigo divino conforme a sus obras.

b)  Pero, aparecen en este “Mural” no solo neófitos sino también siervos cargados de años, rechazados en el día final por haberse convertido en “dogmáticos y cismáticos”, habiendo insistiendo tercamente en sus opiniones e interpretaciones privadas. Perdiendo el amor por la unidad y dividiendo, sin causa justificada, a las congregaciones, estos dejaron de frecuentar el “Templo de la Unidad de la Fe”, encerrándose demasiado tiempo en la “Casa Malvada de los Divisionistas”.

c)  Allí sufren todos, tanto ancianos como principiantes, pena de eterna condenación por ser culpables de la séptima abominación . "Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma el que siembra discordia entre hermanos " (Proverbios 6:16-19). Las enemistades, pleitos, contiendas y disensiones son obras de la carne (Gálatas 5:19-21). "Los que practican tales cosas no heredarán el Reino de Dios."

2.  El “Segundo mural” es como una visión luminosa del cielo de Dios, de “cielos nuevos, con tierra nueva”.

a)  Entre los seres que disfrutan con gran alegría y contentamiento el Paraíso celestial presentado en este mural se cuentan los cristianos que pasaron largos días en el “Templo de la Unidad de la Fe”, luchando con todas sus energías y hasta el fin de sus días por la unidad del pueblo de Dios.

b)  Allí están los que amaban la paz y eran “solícitos”, en todo momento, para “guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4:3).

c)  Allí está todo “buen ministro de Jesucristo” que se cuidaba de formar divisiones y de participar en las que otros fomentaban. Que predicaba y practicaba la unidad con el mismo afán y esmero que manifestaban los apóstoles.

II.  Conclusión:

A.  El ministro que pasa mucho tiempo comulgando con Dios, Cristo, el Espíritu y los apóstoles en el “Templo de la Unidad de la Fe”...

1.  Sale completamente saturado del espíritu de unidad y…

2.  Convencido de su importancia trascendental para Dios y la iglesia.

3.  Hace consigo mismo un compromiso, tan fuerte como una juramentación (Hebreos 6:16-20), de procurar siempre la unidad entre todos los hermanos, tanto en el plano congregacional como en el universal, y de no atentar nunca contra el “Templo de la Unidad de la Fe”.

B.  El que pasa mucho tiempo en este “Templo” hace suya la plegaria de Cristo, orando todos los días: “Tú, oh Padre, en Cristo, y Cristo en tí, y los dos en nosotros para que seamos uno, perfectamente unidos, para que el mundo crea”.

C.  Todos los verdaderos ministros de Dios en el mundo entero están unidos ya que:

1.  Todos aman la paz y la armonía.

2.  Todos hablan el mismo lenguaje espiritual.

3.  Todos tienen la misma visión de “un cuerpo, y un Espíritu… una esperanza… un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos…” (Efesios 4:1-6).

4.  Todos obran hombro a hombro por la unidad de la iglesia.

 

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