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Estudios para los siervos del Señor que ministran en su iglesia. Formato de conferencia. Adaptable para clases.

Serie de estudios

“La Unidad de la Iglesia” 

Esta gráfica de índole fractal identifica el tema ‘La formación del carácter del consiervo de Dios que ama la Verdad divina y la Unidad de la iglesia’, Lección 1 de la serie ‘La unidad de la iglesia’, en editoriallpaz.org.

Lección 1  

"La formación del carácter del consiervo de Dios que ama la Verdad divina y la Unidad de la iglesia"

I.  Introducción.

A.  Salutación.

B.  El tema de esta serie de conferencias: “La unidad de la iglesia”.

  1.  ¿Por qué estudiar los ministros del Señor este tema?

2.  Porque todo líder espiritual de la iglesia edificada por Cristo debe anhelar vivir y trabajar en armonía, paz y unidad con los demás ministros fieles de Dios. Además, porque en el grueso de los casos las controversias y divisiones que surgen entre los seguidores de Cristo las causan líderes inmaduros y no los miembros que no ocupan puestos en la iglesia (Hechos 20:29-31), aunque algunas excepciones se registran.

a)  "Armonía." Al articular esta bella palabra, el sonido que se escucha es poético, musical y grato al oído.

b)  Les invitamos a participar en una “Dinámica de grupo”. Con la meta de relajar todo nuestro ser y concentrar nuestros poderes emotivos e intelectuales en el tema de la “Unidad”, pronunciemos todos a una voz la palabra: "Armonía". Y otra vez: "Armonía". También pronunciemos todos a la vez la tranquilizante palabra monosilábica: "Paz". Articulemos todos al unísono el hermoso vocablo "Unidad". Y de nuevo: "Unidad". Esta palabra es pacífica y conciliatoria, de matices celestiales, y vinculada estrechamente con los sublimes sustantivos "Verdad" y "Deidad".

(1)  Al decir usted estas preciosas palabras de nuestro idioma, y escucharlas, ¿qué emoción o sensación siente en su ser interior? Es de suponerse que despierten en nuestro corazón sentimientos de …

(a)  Bonanza, tranquilidad y sosiego;

(b)  Contentamiento, seguridad y fortalecimiento;

(c)  Amabilidad y afabilidad;

(d)  Dulzura de espíritu, satisfacción.

(2)  ¿Y qué expresiones afloran en su rostro?

(a)  ¿Acaso una sonrisa, aunque pequeña?

(b)  ¿Se relajan los músculos de su cara, desapareciendo los ceños?

c)     En esta “Dinámica de grupo”, las próximas palabras a pronunciarse son: "Contiendas, discusiones, debates y divisiones". ¿Quieren repetirlas todos a una voz? “Contiendas, discusiones, debates y divisiones” . Al decirlas o escucharlas, ¿qué emociones invaden su corazón?

(1)   ¿Cómo se siente su espíritu? ¿Acaso un tanto triste, lastimado, abatido, angustiado o aun avergonzado?

(2)   ¿Se torna bien serio su semblante manifestando profunda preocupación? ¿Se opaca el brillo de sus ojos?

II.  El tema de la esta segunda conferencia sobre “La unidad de la fe y de la iglesia” es el siguiente: “La formación del carácter del consiervo de Dios que ama la verdad divina y la unidad de la iglesia”. A continuación, se definen los vocablos principales de este tema.

A.  "Consiervo" significa lo mismo que "embajador de Dios" , "colaborador de Dios" (2 Corintios 5:18 - 6:1; 1 Corintios 3:9), "ministro" (2 Corintios 3:6) o "líder". En el contexto de estos estudios, estos términos identifican a todo hombre, mujer o joven de la iglesia que ejerza algún ministerio espiritual, es decir, que administre, de la manera que sea, la "multiforme gracia de Dios".

B.  "Formación."

1.  El desarrollo del carácter, o sea, la creación del nuevo carácter del cristiano consagrado. El nuevo carácter es sinónimo del "nuevo hombre" en Cristo (Colosenses 3:9-10; Gálatas 6:15).

2.  Definitivamente, el desarrollo completo del carácter cristiano maduro es un proceso indispensable para el siervo de Dios que aspira al éxito en sus ministerios.

C.  "Carácter." Se trata del conjunto de atributos, actitudes y valores morales o espirituales que definen quién es usted ante Dios, la iglesia y la sociedad. “Característica o particularidad; manera de ser que distingue a una cosa o una persona de otras” (Diccionario de uso del español, María Moliner, Gredos, Madrid. Tomo I, 514).

1.  ¿Qué tipo de carácter debe tener el siervo de Dios que hace el papel de portador y promotor de la “Unidad” entre los seguidores de Cristo?

a)  La respuesta es obvia: ¡el mismo tipo de carácter que manifestó Cristo durante su propio ministerio terrenal!

b)  ¿Hasta qué medida tenemos, cada uno de nosotros, el carácter de Cristo? Sinceramente, ¿el carácter del Señor lo queremos hacer nuestro, aun hasta el grado de suplantar nuestro propio “yo” con el mismo espíritu del Cristo? El apóstol Pablo afirma haberlo logrado, escribiendo: “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20).

2.  Podemos tenerlo -el carácter noble, refinado y completo de verdadero embajador de Dios- si estamos dispuestos a pasar mucho tiempo en “Cuatro Lugares Santos”.

a)  Al decir “Cuatro Lugares Santos”, no estamos pensando en Jerusalén o el Vaticano en Roma, ni mucho menos en la Meca, lugar santo para los musulmanes, o el Gangas, río que los hindúes tienen por sagrado.

b)  Más bien, nos referimos a “Cuatro Templos Sagrados” que existen en las expansiones santas del mundo espiritual de Dios. Se trata de...

(1)  "El Templo de la Oración y la Meditación";

(2)  "El Templo de la Santificación y la Santidad";

(3)  "El Templo de la Sana Doctrina"; y

(4)  "El Templo de la Unidad de la Fe y de la Iglesia".

c)  Para la formación de un carácter maduro y sólido en el Señor, es preciso que el candidato a los ministerios pase largos días, semanas, meses, en cada uno de estos “Cuatro Templos Sagrados”.

d)  Aun después de haber logrado el alto y codiciado grado de  "buen ministro de Jesucristo" (1 Timoteo 4:6), el siervo sabio volverá una y otra vez a pasar tiempo en estos “Cuatro Templos Sagrados”.

(1)  Lo hace porque comprende que de no hacerlo con frecuencia, bien puede bajar de nivel espiritual en lugar de seguir subiendo, vergonzoso acontecimiento que no pocos ministros viven. Amado consiervo, ¿está usted subiendo o bajando?

(2)  Entiende que su carácter, abatido por incesantes pruebas y tentaciones, puede debilitarse o, peor aún, agrietarse exponiéndose al fracaso espiritual catastrófico. ¿Está el diablo zarandeando a usted en la actualidad? ¿Se siente usted flojo, desanimado o frío ante las exigencias de los ministerios que le corresponden? ¿Con cuánta frecuencia visita usted a los “Cuatro Templos Sagrados” para reforzar su compromiso, refrescar su espíritu y reabastecer sus recursos espirituales?

(3)  El siervo que ha adquirido “inteligencia espiritual” (Colosenses 1:9) en abundancia sabe que puede aflojarse convirtiéndose en un ministro mediocre, incompetente y problemático tanto para Dios como para su pueblo, la iglesia. Consciente del peligro, vuelve una y otra vez a los “Cuatro Templos Sagrados”.

e)  ¿Conoce usted estos “Cuatro Templos Sagrados”? ¿Ha entrado en ellos? ¿Ha pasado largos días en ellos? ¿Vuelve una y otra vez a pasar tiempo en ellos?

f)  Le invito a acompañarme en esta ocasión en una visita al “Templo de la Unidad de la Fe y de la Iglesia”. ¿Quiere? Vamos, y al entrar en referido lugar de Dios, veremos que todo el ambiente es propicio para adquirir muchos atributos esenciales para la formación de un carácter noble, refinado y completo en Cristo.

 

III.   El "Templo de la Unidad de la Fe y de la Iglesia".

A.  Acerquémonos con reverencia.

1.  Es sagrado este lugar, como lo era el templo levantado por Salomón en Jerusalén.

2.  Es hermoso este “Templo”, espacioso e imponente, una maravilla del mundo espiritual.

B.  Las dos columnas principales se llaman “Sumisión” y “Amor”. Lo primero que nos impresiona son “las dos columnas principales”, una a cada lado de la entrada, al estilo del templo salomónico. Salomón llamó “Boaz” y “Jaquín” a las dos columnas del templo que construyó (2 Crónicas 3:15-17). Las dos columnas principales en el Templo de la Unidad de la Fe también tienen nombres muy especiales y de gran significado.

1.  Una se llama "Sumisión”. ¿Y por qué se le da el nombre “Sumisión”? Obviamente, porque la perfecta unidad en la iglesia es posible solo donde TODOS los feligreses SE SOMETEN, con respeto y humildad, a la autoridad divina (Mateo 28:18-20; Filipenses 2:5-8).

2.  La otra columna se llama "Amor”. Al contemplar nosotros esta columna y reflexionar, encontramos totalmente apropiado el nombre “Amor”, pues, ciertamente, “el amor fraternal no fingido” (1 Pedro 1:22) es “el vínculo perfecto” que une a todos los cristianos que andamos juntos en armonía de espíritu y mente (Colosenses 3:14).

3.  El siervo de buen corazón se queda contemplando por largo tiempo estas dos imponentes columnas, estudiando su perfecta simetría, profundizando en su significado, hasta que los dos atributos, la "Sumisión" y el "Amor", se quedan impregnados eternamente en su carácter.

a)  Determina ser siempre sumiso a Dios.

b)  Conoce el consejo del Espíritu Santo que dice “Someteos unos a otros en el temor de Dios” (Efesios 5:1), como también la directriz que lee “estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo” (Filipenses 2:1-4), y decide implementarlos siempre en su vida y sus ministerios, en el empeño incansable de conseguir que haya verdadera unidad en la iglesia.

c)  Fija en su mente y corazón de manera imborrable el deber de siempre amar con amor sincero y desinteresado a los demás ministros del Señor, como también a todos los seguidores de Cristo.

d)  Será sumiso y amará con amor entrañable, “de corazón puro” (1 Pedro 1:22), para cumplir la voluntad de Dios, salvar su propia alma y asegurar la unidad en la iglesia.

C.  El “Fundamento y el Piso” del “Templo”. Pasamos entre las dos columnas "Sumisión" y "Amor" y nos encontramos parados en un “piso espacioso de mármol sólido y pulido, de color rosado con tonalidades grisáceas”. “Lozas de bronce bruñido” colocadas en el piso de tal manera que deletrean las palabras “La Verdad Eterna e Inmutable de Dios”.

1.  Maravillados, meditamos sobre cuán importantes son el fundamento y un piso bien hecho para la solidez y permanencia de toda estructura, y, en particular, para el gran “Templo de la Unidad de la Fe y de la Iglesia”.

a)  Dada la función práctica e indispensable de este “Templo”, su fundamento debe ser grueso, ancho, seguro, muy fuerte e indestructible, asegurando que el “Templo” permanezca perfectamente intacto hasta el fin. ¿De qué material están hechos su fundamento y piso? Precisamente, del que señalan las palabras grabadas en las “Lozas de bronce bruñido”: ¡de la "Verdad Eterna e Inmutable de Dios"! (Hebreos 6:16-18; 1 Corintios 3:10-11). “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6). “Tu palabra es verdad” (Juan 17:17). “La palabra de Dios vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:22-25).

b)  Este fundamento seguro sostiene el Templo de la Unidad siglo tras siglo, aun en medio de los terremotos violentos de contiendas y divisiones provocados por Satanás, ser maligno siempre empeñado en hacer agrietarse y desbaratarse el Templo.

2.  Parado en este “gran piso hermoso”, profundamente impresionado por todo lo que sus sentidos captan, el siervo inteligente y espiritual del Señor comprende en lo más profundo de su espíritu que el “Fundamento sólido de la Unidad” es la “Verdad divina absoluta e irrevocable”, y que donde no se conoce o no se honra esta “Verdad” ¡es imposible que exista la Unidad espiritual enseñada en las Sagradas Escrituras!

a)  En estos momentos de seria reflexión, el siervo inteligente se hace el fuerte compromiso de pasar mucho tiempo en el “Templo de la Sana Doctrina” donde aprenderá toda la Verdad de Dios revelada en su totalidad por el Espíritu Santo (Juan 16:7-15).

b)  Los fuertes compromisos con Dios, la Verdad y la iglesia definen y fortalecen el carácter del buen ministro de Jesucristo. Contribuyen a la formación de un carácter recio en el Señor, íntegro y vertical.

D.  El “Pedestal con un mensaje en alto relieve”. Un tanto hacia la izquierda y cerca de la entrada, nos llama la atención un “Pedestal” que sostiene una “Placa con letras en alto relieve formadas de oro fino y colocadas contra un trasfondo de tercio pelo de color carmesí”. Querido hermano, acompáñeme para ver lo que dice la placa.

1.  El mensaje lee: "Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado". Firma: Jesucristo (Juan 17:20-23).

2.  Admirados, razonamos que estas palabras del Señor están deletreadas en “oro puro” por su valor incalculable, teniendo, además, poder para facilitar y mantener la unidad entre los discípulos, y que el “color carmesí” simboliza la sangre de Cristo con la cual se sellaron estas palabras sagradas (Mateo 26:26-29). Ciertamente, esta es la "oración de oro por la unidad de la iglesia".

3.  Esta oración se imprime indeleblemente en el corazón de todo buen ministro, motivándolo a desear fervientemente hacerse partícipe en el cumplimiento de la plegaria solemne de Cristo por la unidad de sus discípulos.

E.  La “Mesa de los Siete Pergaminos”. Hacia la derecha, discernimos una “Mesa larga de exquisito diseño tallada en madera maciza de caoba” y, detrás de la mesa, “Sillas del mismo diseño y material”. Acerquémonos. Es la “Mesa de los Siete Pergaminos.” Encima de la “Mesa” descansan “Siete pergaminos” abiertos. Nunca se cierran, ni de día ni de noche, y son iluminados por una luz pura y suave que emana, refulgentemente, como de algún lugar celestial, de la alta bóveda arriba de la mesa

1.  La “Luz diáfana celestial” es la de la sabiduría divina que cae, tal cual rayos del Sol de justicia (Malaquías 4:2; Apocalipsis 1:16), sobre los escritos en la mesa.

2.  Todo aquél que entra en el Templo debe sentarse a la mesa, primero frente a un pergamino, luego frente al siguiente, hasta estudiarlos todos detenidamente.

a)  Aquí todo buen ministro de Jesucristo pasará largas horas estudiando los textos escritos en los pergaminos, meditando y reflexionando.

b)  Millares y centenares de millares de siervos consagrados y competentes lo han hecho.

3.  Los trozos inspirados que contienen los siete pergaminos son los siguientes:

a)  El “Primer pergamino”: Efesios 4:3-6. " Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos."

(1)  Amado consiervo en el Señor, ¿es la “solicitud” un rasgo notable de su carácter? ¿Es usted siempre "solícito" por la unidad?

(2)  "Solícito", es decir, “diligente y cuidadoso... para hacer algo que otro le pide o manda” (Diccionario de uso del español, Tomo 2, 1194). Pues, amado, el Espíritu Santo es quien “pide”, efectivamente, “mandando” que seamos “solícitos en guardar la unidad” . ¿Lo somos? ¿Somos realmente diligentes y cuidadosos en cuanto a la unidad de la fe y de la iglesia? ¿Acaso descuidamos la unidad, siendo más bien propensos a tolerar o aun fomentar la división?

b)  El “Segundo pergamino”: Filipenses 2:2-3. "Completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo."

(1)  Todo aquel que ama la unidad es humilde. No hace nada “por vanagloria” . Comprende perfectamente que la vanagloria crea malestar entre los hermanos, provocando contiendas, las cuales pueden desembocar en divisiones.

(2)  Respetado consiervo, en la formación de su carácter, ¿figura la “HUMILDAD” como rasgo sobresaliente? Los demás siervos del Señor, ¿a usted le tienen por “humilde”? ¿O lo tienen por soberbio, vanaglorioso, y por ende, contencioso?

c)  El “Tercer pergamino”: Filipenses 3:16. "Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa."

(1)  El que ama la unidad aprende la “regla” inspirada, infalible e incambiable que garantiza la unidad. Todos los líderes fieles aprenden “una misma regla”, el Nuevo Testamento, y no muchas reglas distintas. Entendida y aplicada correctamente, esta “regla” ella asegura, inexorablemente, la unidad de los santos.

(2)  ¿Conoce usted perfectamente la única “regla” divina? ¿Está efectuando su ministerio conforme a ella para que haya unidad en la iglesia?

d)  El “Cuarto pergamino”: 1 Corintios 1:10. "Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer."

(1)  Según este “Pergamino”, todos los líderes espirituales de la iglesia del Señor estamos en el solemne deber de hablar “una misma cosa” cuando de las doctrinas básicas y esenciales se trata, y no muchas cosas distintas. ¿Habla usted lo mismo que hablan los líderes maduros, bien informados, entendidos y sabios de la iglesia? ¿Siente gran satisfacción en hablar, juntamente con los demás, “una misma cosa” ? ¿Acaso le proporciona algún placer perverso el llevar lo contrario, contradecir, hablar “otra cosa”?

(2)  ¿Mide usted cuidadosamente sus palabras? Su forma habituada de expresarse ¿contribuye al espíritu de unidad de la iglesia? ¿Ventila usted con cordura sus opiniones, interpretaciones, evaluaciones, críticas?

(3)  “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno” (Colosenses 4:6). ¿Refleja su carácter esta disciplina en el habla?

(4)  El que ama la unidad es "tardo para hablar" (Santiago 1:19). En la formación de su carácter, ¿ha aprendido usted a controlar su lengua? ¿A no ser pronto para hablar? ¿A no hablar demasiado? ¿A callarse cuando las circunstancias demandan silencio? Se observa en no pocos predicadores, maestros y maestras la tendencia de “hablar demasiado”, tanto en la congregación como en las casas o las calles. No es de sorprenderse que los culpables de este error enuncien, tarde o temprano, palabras hirientes que causan ofensas y aun divisiones.

e)  El “Quinto pergamino”: Romanos 15:5-6. "Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo."

(1)  Dios puede ayudarnos a tener "un mismo sentir" porque él es, tal y como señala el texto inspirado, paciente y lleno de consolación.

(2)  ¿Es usted paciente y lleno de consolación? Ser muy paciente para con todos los miembros de la familia de la fe, saber sobrellevarlos (1 Tesalonicenses 5:14; Colosenses 3:13), saber consolarlos -estos atributos de carácter nos ayudan grandemente a solidarizarnos con los demás cristianos, a tener, juntamente con ellos, “un mismo sentir” , a unirnos a ellos en adoración, glorificando a Dios “unánimes, a una voz” .

f)  El “Sexto pergamino”: Efesios 4:13 y 16 lee. "Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo... de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor."

(1)  "Perfecto" quiere decir "maduro". El que ama la unidad es maduro en Cristo.

(2)  ¿Es usted maduro? Al pararse al lado de Cristo, quien aboga siempre por la unidad de la iglesia, ¿encuentra usted que tiene la misma estatura espiritual que tiene él por tener usted el mismo carácter, la misma mente (1 Corintios 2:16), el mismo espíritu (1 Corintios 6:17) y los mismos ideales de armonía, paz y unidad?

g)  El “Séptimo pergamino”: 1 Corintios 12:12-13. "Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu."

(1)  El que ama la unidad ha bebido del Espíritu, de "un mismo Espíritu" , del Espíritu de unidad, de la fuente de la verdad divina y de la unidad que enseña el Espíritu.

(2)  Las aguas frescas y puras de la unidad limpian y refrescan su alma, fluyendo por todo su ser. Nunca bebe de las aguas venenosas del “Pozo de la Amargura” o del “Pozo de las Contiendas Fatulas”.

4.  Cada ministro pasará largas horas, ¡aún días enteros!, sentado a esta “Mesa de los Siete pergaminos”, procurando entender perfectamente el significado completo y profundamente espiritual, práctico y sabio, de la doctrina divina de la unidad de la fe y de los santos.

a)  Analizará inteligentemente la relación evidente entre la unidad y la fuerza de la iglesia contra el mal. Comprenderá por qué dijo el Señor: "Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá" (Mateo 12:25).

b)  Comprenderá cuán importante es la unidad para el éxito de la causa de Cristo en la tierra. Las ecuaciones elementales son:

(1)  La Verdad  +  la Unidad  +  la Acción = ¡El éxito!

(2)  La Verdad  +  la Unidad  +   la Inacción = El fracaso en los ministerios.

(3)  La Verdad  +  las Contiendas +  la Acción =  Divisiones y, por ende, Fracasos en los ministerios.

(4)  El Error doctrinal  +  la División  +  la Acción = El Denominacionalismo.

c)  Entenderá que su propio ministerio será un fracaso de no trabajar él mismo unido en espíritu y esfuerzo a los demás miembros del cuerpo.

5.  Aún más reverente a causa del silencio solemne que prevalece en el gran Templo de la Unidad de la Fe y de la Iglesia, inmerso en el estudio, la meditación y la oración, el buen ministro comulga con...

a)  … “el único Dios verdadero , quien exige la unidad, odiando la división;

b)  … Jesucristo, quien rogó por la unidad de todos los creyentes;

c)  …el Espíritu Santo, el Ser que reveló toda la doctrina hermosa de la unidad expuesta en el Nuevo Testamento;

d)  …los apóstoles, quienes abogaron incesantemente por la unidad y...

e)  … todos los miembros fieles que disfrutan de la unidad, recreándose sus almas en sus beneficios y promoviéndola como indispensable para el bien y el progreso de la iglesia.

6.  Aquí en este Templo de la Unidad su carácter se va ajustando al molde de la Verdad y de la Unidad, molde diseñado por Dios mismo. Se concretiza alrededor de estos dos grandes principios, “Verdad” y “Unidad”, que gobernarán todas sus conversaciones y actividades durante el resto de su ministerio.

a)  Es prácticamente imposible que se convierta tal ministro en divisionista.

b)  Es "ministro de la unidad", y como tal, detesta y repudia toda división.

c)  Es incapaz de caer en disimulaciones tontas, de participar en o aprobar tertulias clandestinas subversivas en contra de la unidad de la iglesia y de la fe. Es incapaz de iniciar divisiones, unirse a claques disidentes o aliarse con divisionistas. Se ha convertido en verdadero “ministro de la unidad”.

7.  Sin embargo, lamentablemente hay quienes leen y estudian estos “Pergaminos sobre la unidad”, se levantan de la mesa, salen del “Templo” y se enfrascan, algunos enseguida, otros luego, en contiendas y divisiones. Se deduce que su carácter de ministro no se adaptó a la forma del molde divino.

F.  Dos murales enormes. Al lado izquierdo del Templo de la Unidad de la Fe y de la Iglesia cuelgan “Dos murales” pintados a todo color en lienzos de tamaño gigantesco.

1.  El primer “Mural” es una escena escalofriante como del infierno mismo. Entre los ateos, idólatras, adúlteros y pecadores de toda estirpe se encuentran también algunos ministros de la iglesia de Cristo: evangelistas, predicadores, maestras y maestros condenados eternamente por haber sido hallados culpables de causar contiendas y divisiones, de las que no se arrepintieron a tiempo.

a)  Observamos que algunos de ellos eran neófitos en los ministerios espirituales, pero no de los neófitos humildes y sabios que fomentan la unidad sino del tipo soberbio y osado que provoca contiendas. Al parecer, pasaron muy poco tiempo en el Templo de la Unidad de la Fe, prefiriendo más bien recrearse en la Casa Malvada de los Señores Divisionistas. La paga amarga de su necio proceder es el castigo eterno. Al revisar sus expedientes comprendemos que se trata de:

(1)  Neófitos en los ministerios que pretendieron mejorar la iglesia por medio de introducir cambios en la organización y el culto, cambios que resultaron más bien en divisiones y apostasía.

(2)  Neófitos en los ministerios que atrevidamente despreciaron a los hermanos maduros en el liderazgo, pensando reavivar a la iglesia por medio de modernizarla al estilo de las iglesias tipo “comunitaria”.

b)  Pero no todos los líderes que serán rechazados en el Juicio Final son neófitos faltos de entendimiento y humildad. También hay líderes de largos años en los ministerios. Sus expedientes revelan que se volvieron, al andar de los años, dogmáticos y cismáticos (divisionistas), insistiendo en imponer sus opiniones e interpretaciones privadas. Al no lograr conquistar a todos los cristianos al alcance de su influencia, recurrieron a la división de congregaciones. Dejaron de frecuentar el Templo de la Unidad de la Fe y se encerraron en la Casa Malvada de los Divisionistas.

c)  Allí en el infierno sufren todos, tanto siervos cargados de años como principiantes, pena de eterna condenación por ser culpables de la séptima abominación. "Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma el que siembra discordia entre hermanos" (Proverbios 6:16-19). Las enemistades, los pleitos, las contiendas y las disensiones son obras de la carne. "Los que practican tales cosas no heredarán el Reino de Dios" (Gálatas 5:19-21).

d)  Contemplando horrorizado esta escena infernal, asombrado y temblando, el siervo perspicaz llena su alma del temor de Dios, afirmando categóricamente: "¡Para allá no voy yo! ¡Jamás seré culpable de fomentar divisiones! ¡Para el infierno no quiero ir! ¡Dios me libre!"

e)  Nos preguntamos por qué hay en el presente una proliferación tan alarmante de contenciosos, pendencieros, discutidores y divisionistas entre el pueblo de Dios. Sin duda, este mal mayúsculo se debe en parte al hecho de que muchos obreros simplemente no han contemplado detenidamente este “Mural del castigo eterno”. El genuino temor de Dios y de la perdición eterna no es atributo de su deficiente carácter.

2.  El segundo “Mural” es como una visión luminosa del Cielo de Dios, de “cielos nuevos, con tierra nueva” .

a)  Entre los que disfrutan con gran alegría y contentamiento el Paraíso celestial presentado en este “Mural” están los que pasaron largos días en el Templo de la Unidad de la Fe y de la Iglesia, luchando con todas sus energías y hasta el fin de sus días por la unidad del pueblo de Dios.

b)  Allí están los que amaban la paz y eran solícitos en todo momento para “guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” .

c)  También está todo buen ministro que se cuidaba de formar divisiones, o de participar en las que otros fomentaban. Que predicaba y practicaba la unidad con el mismo afán y esmero que los apóstoles manifestaban.

d)  El buen ministro lucha eternamente por la unidad de la iglesia y de la fe.

(1)  Su carácter luchador no puede ser pasivo, indiferente o cobarde. No se calla. Predica, enseña y exhorta sobre la Unidad.

(2)  Denuncia enérgicamente toda división y a todo divisionista. Debidamente equipado con "toda la armadura de Dios" , hace batalla contra los batallones de divisionistas.

(3)  Su nombre aparece entre los que disfrutan eternamente el Paraíso de Dios.

IV.  Conclusión:

A.  El ministro que pasa mucho tiempo comulgando con Dios, Cristo, el Espíritu Santo y los apóstoles en el Templo de la Unidad de la Fe y de la Iglesia:

1.  Sale completamente saturado del Espíritu de Unidad.

2.  Totalmente convencido de la importancia trascendental de la unidad para la obra eficaz y el bienestar espiritual de la iglesia.

3.  Hace consigo mismo un compromiso, tan fuerte como una juramentación (Hebreos 6:16-20), de procurar siempre la unidad entre todos los hermanos, tanto en escala congregacional como universal, y de no atentar nunca contra el grandioso Templo de la Unidad de la Fe.

B.  El que pasa mucho tiempo en este “Templo” hace suya la plegaria de Cristo, orando todos los días: “Tú, oh Padre, en Cristo, y Cristo en ti, y los dos en nosotros para que seamos uno, perfectamente unidos, para que el mundo crea”.

C.  Todos los verdaderos ministros de Dios en el mundo entero están unidos porque:

1.  Aman la paz y la armonía;

2.  Hablan el mismo lenguaje espiritual, el de la Verdad y de la Unidad;

3.  Tienen la misma visión de “un cuerpo, y un Espíritu… una misma esperanza… un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos…” (Efesios 4:1-6);

4.  Obran hombro a hombro por la unidad de la iglesia.

D.  A continuación, se hace un resumen de los atributos de carácter que tiene el que ama y promueve la unidad de la iglesia y la fe:

1.  Sumiso a Dios y la iglesia.

2.  Obediente a Dios.

3.  Amante de la verdad y de la unidad. Ama a Dios y la iglesia. Es atado fuertemente a todos los hermanos fieles por el vínculo perfecto del amor fraternal no fingido.

4.  Recio en el Señor por ser fortalecido siempre con la Verdad eterna e inmutable de Dios.

5.  Vertical.

6.  Íntegro.

7.  Empeñado en hacer cumplir en su propio ministerio la "oración de oro por la unidad" (la placa con letras de oro que vimos en el pedestal).

8.  Solícito por la unidad.

9.  Humilde ante Dios y los miembros de la iglesia.

10.  Conocedor de la regla inspirada que garantiza la unidad.

11.  "Tardo en hablar" , asegurando que sus palabras sirvan para promover la unidad entre los hermanos.

12.  Maduro en Cristo, habiendo alcanzado la "medida de la estatura de Cristo" .

13.  Purificado y refrescado todo su ser con las aguas de la verdad y de la unidad que ha tomado de la fuente del Espíritu Santo.

14.  Incapaz de convertirse en divisionista.

15.  Temeroso de Dios. La sentencia de castigo eterno para los divisionistas le infunde temor.

16.  Amante de la salvación eterna.

17.  Plenamente comprometido a promover siempre la unidad de los santos.

E.  Amado consiervo de Dios, de haber usted desarrollado ya este carácter, le felicitamos.

F.  Si ha comenzado a desarrollarlo pero no lo ha perfeccionado, le animamos a pasar más tiempo en el Templo de la Unidad de la Fe y de la Iglesia.

G.  De tener usted un carácter que carece de la mayoría de estos atributos, le exhortamos a arrepentirse, a humillarse ante Dios y la iglesia, a confesar sus faltas y a comenzar de nuevo, pasando mucho tiempo en el "Templo de la Oración y de la Meditación", en el "Templo de la Santificación y de la Santidad" y en el "Templo de la Sana Doctrina", como también en el "Templo de la Unidad de la Fe".

 

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