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"La paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento guardará vuestro corazón y vuestros pensamientos."

Aguas plácidas bajo un cielo parcialmente nublado y con montañas en la lejanía transmiten la sensación de paz, tranquilidad y sosiego, hermosa fotografía que identifica el sermón La paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento guardará vuestro corazón y vuestros pensamientos, en editoriallapaz.org.

 

Aguas plácidas bajo un cielo parcialmente nublado y con montañas en la lejanía transmiten la sensación de paz, tranquilidad y sosiego.

 

I. Introducción.

A. Salutación. Muy queridos hermanos y amigos, sea la paz de Dios con todos y cada uno, abundando en todos nosotros su amor y gracia.

C. El tema para hoy ya lo escucharon en mi salutación, a saber: “La paz de Dios”. La forma larga del tema es el texto completo de Filipenses 4:7. “La paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos.”Uno de mis textos predilectos, lo he citado y adaptado infinidad de veces en mis comunicaciones con hermanos y amigos a través de muchos años. Qué conste: no se trata de “paz con Dios” sino de “la paz de Dios”, o sea, de la que él posee.

1. Se me ocurrió en días pasados que quizás ni siquiera entendiera este servidor a cabalidad la significancia de “la paz de Dios”. Así que, comencé a meditar sobre lo que significa, a profundizar, a explorar las ramificaciones y aplicaciones de esta “paz” divina, un atributo o estado tan trascendental que me quedo admirado de su poder y gloria. Quisiera compartir con ustedes algunos frutos de mis estudios.

2. Primero, citamos algunas definiciones de “Paz” encontradas en dos diccionarios. Paz. Situación en la que no hay guerra ni enfrentamientos entre dos o más países o partes enfrentadas. 3  Situación de tranquilidad y buena relación entre los miembros de un grupo. 4 Tranquilidad o silencio.”  Diccionario Manual de la Lengua Española Vox. © 2007 Larousse Editorial, S.L. Estado de tranquilidad y sosiego.” Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L. Otros sinónimos son: quietud, calma, reposo.

3. Esforzándome para entender, pues, “la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento”, he de confesar que tuve una pequeña contienda con Dios, siempre con todo respeto y reverencia. Esto me sucede de vez en cuando al confrontar este servidor serias dudas sobre procederes o enseñanzas de Dios que no logro entender de manera satisfactoria para mí. A la larga, él siempre me gana, y yo me alegro, pues quiero estar en paz con él hoy, mañana y por la eternidad.

II. [Mi pequeña contienda con Dios.] Pues, le dije: “Señor, se me dice que su paz puede guardar mi corazón y mis pensamientos, y eso lo quiero, pero para que resulte así, deduzco que yo mismo he de recibir su paz en mi vida. Entonces, humildemente pregunto, oh Dios mío: ¿Cómo es la paz suya? Pregunto porque se me revela que usted mismo ha estado en guerra desde mucho antes de la creación del universo, contra Satanás y sus ángeles, los que se sublevaran contra usted, y en este mundo nuestro veo que gran parte de su creación casi siempre está en guerra, bien carnal bien espiritual.”

A. Amados, hago un resumen muy conciso de las hostilidades entre Dios, Cristo y los ángeles buenos por un lado, y por el otro, sus enemigos.

1. El conflicto aludido que suscitó allá antes de la fundación del mundo al abandonar Satanás y sus ángeles el lugar que les fue asignado en la organización del Creador (Judas 6), brotó en una “gran batalla en el cielo”, según Apocalipsis 12:7-11, en los días cuando Jesucristo fue crucificado.

2. El propio Jesucristo se envolvió en aquella guerra espiritual, pues crucificado, en espíritu fue al Hades, donde quitó a Satanás “las llaves de la muerte y del Hades” (Apocalipsis 1:8). Y en cuanto a los demás poderosos del Reino del Mal, se nos dice que “despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Colosenses 2:15).

3. En el huerto del Edén, pronto entra la Deidad en conflicto grave y perene contra los seres humanos rebeldes y desobedientes.

4. Arrecieron las hostilidades en los días de Noé hasta el extremo que Jehová Dios determinó casi acabar con la raza humana. “Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado…” (Génesis 6:6-7).

5. Noé es preservado, con otros siete seres humanos, más sin embargo, al ratito estallan de nuevo las hostilidades entre el Creador y los humanos. Más adelante, el Todopoderoso escoge a Israel como pueblo electo, poniéndose él mismo a pelear por aquel pueblo contra sus enemigos terrenales. Luego, lucha contra el propio Israel por resultar este pueblo tan duro de cerviz e incrédulo. Tantas eran las guerras del Dios Creador que se le conocía como “Jehová de los ejércitos” (1 Samuel 1:3).

B. Pasamos a la edad nuestra, la Era Cristiana, y las hostilidades entre la Deidad y los seres humanos malos siguen, aun empeorándose. Jesucristo funda la “iglesia”, la cual es constituida, efectivamente, un ejército espiritual para hacer guerra espiritual contra las fuerzas de maldad, incluso contra falsos apóstoles, profetas, maestros, pastores y pastoras, malos obreros de toda estirpe.

1. En esta iglesia, todo evangelista ha de ser “buen soldado de Jesucristo” (2 Timoteo 2:3).

2. Tratándose de los cristianos en general, el apóstol Pablo se refiere a “las armas de nuestra milicia”, las cuales “no son carnales” (2 Corintios 10:3-5).

3. Se nos exhorta a vestir “toda la armadura de Dios” (Efesios 6:10-20).

4. Y el mismo ilustre apóstol Pablo califica los años de sus ministerios en el Reino de Dios como una “batalla”, diciendo “He peleado la buena batalla”(2 Timoteo 4:7).

5. Para colmo, se nos habla proféticamente de una terrible “batalla” prevista para el “poco de tiempo” que precede la Segunda Venida de Cristo, la cual “se llama Armagedón” (Apocalipsis 16:13-16).

6. Y como si fuera poco, estamos envueltos muy a menudo en la batalla entre este cuerpo físico y el espíritu, batalla dentro de nosotros, en la mente, en el alma. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (Gálatas 5:17).

C. ¿Paz? ¿Quién tiene paz?

1. ¿Tienen paz ustedes, amados? Aquí, en esta iglesia. Al menos, por un ratito. Pero, ¿al salir de aquí?

2. A veces, ¡ni siquiera se halla paz en la iglesia! Más bien, disgustos pequeños y grandes, desavenencias, contiendas, aun divisiones.

D. Pero, mi alma anhela paz, ¡fervientemente! ¿Y la suya? Anhela “la paz de Dios”, aquella tan poderosa que guarda corazones y pensamientos. Así que, mi di a indagar más a fondo, tras todas las escenas de guerras arriba y abajo, y lo siguiente es lo que mi espíritu encontró. A ver la evaluación suya.

III. [“La paz de Dios” entendida, al menos en parte.] “Dios es espíritu” (Juan 4:23-24) Posee mente y alma (Proverbios 6:16). También Cristo, el Hijo de Dios (1 Corintios 2:16). En verdad, los dos tienen y ofrecen el mismo tipo de paz, como en breve veremos. Entiendo que en lo más adentro de su Ser, donde ningún otro puede llegar, ni Lucifer-Satanás mismo, existe una clase de paz que permanece aún durante las guerras más recias. Entiendo que es la paz que impera, que reina, que no se agita ni se perturba, ni tampoco mengua, cuando existen al menos tres parámetros concretos e indisolubles.

A. Primero. Cuando uno sabe a ciencia cierta quién es.

1. Ahora bien, es evidente que el Dios Creador, ha definido muy precisamente su propio Ser. En esencia él es Dios de amor, y no de odio. Dios de paz, y no de violencia o guerra. Dios santo, y no malo. Dios justo, y no injusto. Dios Creador, y no destruidor. Dios de orden, y no de confusión o caos. Soberano bueno de todo lo creado, visible e invisible, que procura siempre el bien de su creación, ya sea material o espiritual. No puede ser otro tipo de dios. Ha resuelto de una vez por toda la eternidad su identidad. Sabe quién es, y no cambiará. Ha resuelto todo conflicto que pudiera haber suscitado en torno a su identidad, y donde no hay conflicto, amados, ¡hay paz! Verdadera paz.

2. ¿Sabe usted quién es usted mismo? ¿Y yo? ¿Soy creación de Dios, o resultado de procesos evolutivos? ¿Soy linaje de Dios, o del linaje de simios y monos? ¿Soy imagen de Dios, o mero animal superior a los demás animales? ¿Soy criatura perteneciente solo al mundo material, o ser espiritual que ocupa temporalmente un cuerpo animal, pero que continuaré existiendo al fallecer mi cuerpo animal? ¿Soy un avatar digital creado en Facebook, o soy una persona real? Lo cierto es que no puedo entender “la paz de Dios”, ni tener yo mismo su paz en mi ser interior hasta no decidir, definitivamente, esta cuestión de “¿Quién soy yo?”. Quizás una paz que el mundo ofrezca, pero no “la paz de Dios”.

B. Segundo parámetro. Esta “paz de Dios” puede existir, sobreponiéndose y perdurando día tras día, año tras año, cuando uno ha decidido definitivamente, de una vez para siempre, a favor del Bien y en contra del Mal. Amigo, hermano, esta decisión ha de ser absolutamente firme, hasta el extremo de ser irreversible, insobornable, innegociable, irrevocable.

1. El Dios Creador, Soberano, Bueno y Santo, ha hecho su decisión al respecto. En él, en su ser interior, en lo más profundo, sacrosanto e intocable de su espíritu, ¡no hay conflicto sobre el asunto de ir con el Bien o ir con el Mal! Va con el Bien. Decisión irrevocable. Recalcamos: donde no hay conflicto, ¡hay paz! Sobre este asunto del Bien y del Mal, no se libra ninguna batalla en la mente de Dios. Ninguna tirantez entre estos extremos opuestos causa estrés. Al respecto, él está en paz consigo mismo. Y esta es, precisamente, la paz que nos ofrece.

2. Frente a nosotros están el Bien y el Mal. ¿Cuál de los dos ha escogido usted? ¿Y yo? ¿Ha resuelto usted el conflicto entre el Bien y el Mal en lo más adentro de su propio ser? ¿O sigue indeciso, en parte o mucho? ¡Ah!, queridas almas, donde domina la indecisión, ¡no puede haber paz de ninguna clase! Esto es axiomático. ¿Vive usted claudicando entre dos pensamientos (1 Reyes 18:21), intentando servir a dos dioses distintos? Si responde en lo afirmativo, me incumbe decirle que no puede disfrutar de “la paz de Dios”, ni en esta vida, ni en la próxima, a menos que haya arrepentimiento. ¿Padece del mal del “doble ánimo”? ¿Es usted persona inconstante, ambivalente? ¿Cristiano con un pie en la iglesia y el otro en el mundo? De responder en lo positivo a cualquiera de estas preguntas, comprenderá seguramente que “la paz de Dios” quedará siempre más allá de su alcance hasta no tomar usted una decisión absolutamente firme a favor del Bien.

C. Tercer parámetro. Esta “paz de Dios” puede existir, sobreponiéndose y perdurando día tras día, año tras año, cuando uno ha decidido definitivamente por la Verdad, en contra de la mentira y el engaño, ha fijado la salvación de su alma como meta prioritaria de la vida, ha puesto sus ojos en el galardón de la vida eterna y determinado no volver para atrás, pase lo que pase.

1. Tratándose del Dios de la creación y de la Biblia, entiendo que él ha determinado propósitos y procedimientos para su existencia y para todo lo que ha creado. En lo concerniente a ellos, al igual que en lo relacionado con sus atributos de carácter, él es inmutable. En él “Padre de las luces… no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17). En él, no hay ambivalencia, doble ánimo, indecisión. Esto, comprendo, es lo que produce en él una “paz que sobrepasa todo entendimiento”. De su Hijo Jesucristo se dice que él es “el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8).

2. Pues bien, no puedo tener o entender tal maravillosa “paz” hasta no proceder de la misma manera. Establecer mis propósitos, y que sean buenos, los correctos, espirituales; determinar y programar mis procedimientos en esta vida, y que armonicen con la voluntad divina, los designios del Creador para mí en esta vida, en esta existencia terrenal. Si quiero tener “la paz de Dios” y que ella proteja mi corazón y guarde mis pensamientos, no puede haber en mí mudanza, variación, inconstancia.

D. “¡Ah! Pero, habiendo Dios hecho todo esto, logrando un su interior una paz permanente, que ni Lucifer-Satanás mismo puede destruir, sigue, no obstante, en guerra contra todas las fuerzas de maldad.” Bien, amado, eso es correcto, más sin embargo la paz tan grande que llena todo su Ser porque él ha resuelto los conflictos más grandes que pudieran afectarle en lo más personal –aquella  tranquilidad imperturbable, aquella ecuanimidad perene, aquel sosiego que no admite agitación –aquella “paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento”- ¡sigue intacta! Fundamentalmente, porque él está en paz consigo mismo. No está en conflicto consigo mismo. La guerra no es consigo mismo. Las guerras incesantes contra las muchísimas fuerzas de maldad, las terrenales al igual que las celestiales, se libran en dimensiones más allá de su propio corazón y mente.

E. Asimismo le sucede al cristiano que posee “la paz de Dios”. ¡Está en paz consigo mismo! No está en conflicto o guerra consigo mismo. Está en paz con su Creador. Pelea “la buena batalla”, vestido de “toda la armadura de Dios” y utilizando solo armas espirituales, pero esta guerra espiritual se libra en dimensiones más allá del centro sacrosanto de su ser más íntimo, el cual está en paz. ¡Qué maravilla! ¡Qué triunfo de paz! ¡Qué paz tan gloriosa y fuerte! ¡Tan fuerte que guarda al “corazón y los pensamientos”!

F. ¿Y cómo guarda al “corazón y los pensamientos”? Ya quizás no sea tan difícil entender este asunto. Dado que el cristiano sincero y entregado ha tomado en su propio corazón y mente las mismas decisiones que el Dios Creador ha tomado, este mismo estado del espíritu simplemente se convierte en una defensa prácticamente impenetrable –a manera de una cerca o valla de acero inoxidable, o una pared de cristal a prueba de balas- la cual no pueden traspasar sentimientos, emociones o pensamientos que hieran de muerte al alma, al espíritu. Si logran introducirse algunos, las mismas fuerzas de carácter y voluntad que mantienen “la paz de Dios” en el cristiano genuino los controlan y resisten, tarde o temprano dominándolos y echándolos fuera. El apóstol Juan apunta: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios”(1 Juan 3:9).

III. “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”(Juan 16:33).

A. Esta declaración de Jesucristo en torno a “paz”, por un lado, y por el otro, “aflicción”, fue pronunciada la misma noche cuando, habiendo celebrado la Pascua con sus discípulos en el aposento alto y disertado ante ellos sobre varios temas trascendentales, caminó con ellos hasta el huerto de Getsemaní, donde fue arrestado, luego llevado antes las autoridades judías y romanas, torturado y crucificado, arremolinando alrededor de él y sus discípulos asustados conflictos violentos físicos y espirituales. Sabiendo Cristo que su hora había llegado aquella misma noche, ¿cómo decir a los suyos algo como “Estas cosas os he hablado para que en mi tengáis paz”? “Paz” no tocaba suavemente a la puerta de su existencia, de su mundo. Más bien “Conmociones, Confrontaciones y Trato Cruel” asechaban sus pasos, estando al punto de irrumpir en su huerto de paz y descanso. “…para que en mí tengáis paz.” Dudo de que los apóstoles entendieran, en aquel momento y lugar, nada acerca de esta “paz” divina, pero después la comprenderían, aun escribiendo sobre ella.

B. Tampoco es probable que captaran el significado de “En el mundo tendréis aflicción”, o de “...pero confiad, yo he vencido al mundo”, enormes verdades que solo comprenderían al ejecutar cada uno su apostolado.

C. ¿Qué tanta comprensión tenemos nosotros en este día y en este lugar de estas sublimes verdades?

1. Por cierto, tenemos nosotros aflicciones en este mundo. No tanto como las que experimentaron los apóstoles, pero sí algunas, y las sufrimos. A veces, en el matrimonio, en el hogar. Aflicciones traídas por hijos, nietos u otros seres queridos, o no tan queridos. Por la oposición de pecadores de toda categoría. Por asuntos de salud, economía, política, etcétera, que nos atribulan. Pero, todo esto pertenece al mundo, a la existencia material. En nuestro corazón y mente seguimos teniendo la paz que prometió Cristo, “la paz de Dios”, la cual nos infunde confianza, seguridad y esperanza, aun mientras azoten las aflicciones, digo, con tal de que hayamos hecho nuestra la verdadera “paz de Dios”, la entendamos y la conservemos.

2. “En el mundo”, ráfagas de aflicciones pasan sobre nuestro ser, ya débiles o moderadas ya huracanadas, pero nuestro espíritu, donde reina la paz de Cristo y Dios el Padre, se desplaza a gran altura espiritual, cual avión por encima de todas las tormentas, ni siquiera sacudido por lo que pase allá abajo.

IV. “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27). He aquí otro pronunciamiento de Jesucristo aquella noche de la institución de la Cena del Señor y el arresto que sufriría de ahí a poco.

A. Contrasta el Señor la “paz” que él da a sus discípulos con la paz que el mundo da.

B. ¿Conque el mundo dé paz? ¡Claro que sí! Mucha gente que vive sin Dios, aun muchos seres humanos que ni siquiera creen en él, viven en paz consigo mismos. Conformes con su estilo de vida, filosofía y desenvolvimiento en esta tierra. Tranquilos, hasta gozosos, en medio de su existencia netamente secular, materialista-sensual-mundana.

C. Más sin embargo, la paz que poseen es, por naturaleza, temporal, limitada a la duración de lo material. Por ende, es engañosa, pues todo el universo material-temporal está destinado por su Creador a finalizar, ¡y con su desintegración se esfumará para siempre la paz que el mundo da! De manera que la paz que el mundo da es, en realidad, la paz que Satanás ofrece, paz del diablo, paz en la noche tenebrosa de incredulidad o indiferencia a la Divinidad Creadora, paz de pecadores, aun de maleantes y criminales, a gusto con la forma de vida que han escogido. “Paz y seguridad” dirán las naciones engañadas durante el “poco de tiempo” que precede la Segunda Venida de Jesucristo y el fin del mundo (1 Tesalonicenses 5:1-5). “Paz y seguridad” mundanas, engañosas.

V. Invitación.

A. Amigo, amiga, no miembro de la iglesia fundada Jesucristo, ¿acaso está usted en conflicto, o guerra, con sus familiares –cónyuge, hijos, nietos, tíos, tías, suegros- con sus vecinos, empleados del gobierno, de comercios, de la calle, con los humanos en general? Usted no fue traído a este mundo para vivir así –molesto, agresivo, duro, pendenciero. El que le dio vida, y la mantiene hasta este momento, quiere que usted viva “quieta y reposadamente” (1 Timoteo 2:2). ¿Se deleita en los revolúces, en provocar y ser provocado, en revolcar ambientes y gentes, en violencia, aun guerras? Sepa, pues, que el Creador de ángeles y humanos, el Ser inteligentísimo y supremo, Dios sobre todo, no solo es Amor sino también Paz, mandando que usted viva “quieta y reposadamente”.  “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres (Romanos 12:18). Y si usted rehúsa vivir conforme al designio divino,  benéfico y noble, un buen día Dios le hará doblar sus rodillas rebeldes, postrándose en el suelo de humillación y amargo arrepentimiento –amargo porque será demasiado tarde para convertirse en ser humano de paz. Pero, si usted ha comprendido hoy algo de “la paz de Dios”, quisiera poseerla y entenderla mucho mejor, entonces he aquí el momento propicio para convertirse en alma de paz. Lo primero y más importante es hacer las paces para con Dios. Y esto se logra, arrepintiéndose de su vida sin paz, confesando públicamente su fe en Cristo como Hijo de Dios y bautizándose (sumergiéndose) en agua “para perdón de los pecados” (Hechos 2:38).

B. Querido hermano, hermana, de haber usted echado a perder “la paz de Dios” que una vez se supone tuviera, también su Dios de Paz y Amor quiere que usted vuelva a vivir “quieta y reposadamente”. Si su corazón se ha llenado de conflictos y guerras, ya con otros seres humanos ya consigo mismo, y si pensamientos revoltosos y destructivos han desplazado en su mente la tranquilizante “paz de Dios”, hoy usted puede comenzar a recuperar tan valioso tesoro perdido, humillándose, arrepintiéndose y pidiendo restauración espiritual completa. Puede dar a conocer a toda iglesia su decisión y gozosamente uniremos nuestras oraciones a las suyas por la reconciliación que su alma ansia tener.

 

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