Realidades e irrealidades. El escapismo, el origen de religión y las evidencias para la realidad de lo invisible. Sermón de texto completo.
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2,470 palabras

 

Realidades e irrealidades

En esta gráfica colorida, un ser humano camina cruzando un puente rústico, rodeado de imágenes que proyecta fuerzas y dimensiones invisibles que le impactan, ilustración para el tema Realidades e irrealidades, en editoriallapaz.
 

El puente es real y también el ser humano caminando por él.

¿Qué tan reales son las fuerzas y dimensiones invisibles

alrededor de aquel ser humano que le impactan de varias

maneras importantes, aun indispensables algunas de ellas?

 

 

Extracto de este mensaje

 

Según los evolucionistas, los seres primitivos que llaman “cro - magnon”, “neandertal”, “neolíticos”, etcétera, incapaces de comprender fenómenos tales como el relámpago, el trueno y la traslación del sol, la luna y las estrellas por el firmamento, se inventaron los dioses y la religión.

¿Qué opina usted sobre esta hipótesis para el origen de la religión? ¿Tienen razón? ¿Quién niega que los miles de dioses y diosas, duendes y demonios, de las mitologías mesopotámicas, egipcias, griegas, romanas, etcétera, sean las creaciones imaginarias de mentes supersticiosas?

Y esto nos lleva al meollo del asunto: ¿también lo son Jehová Dios, el Hijo Jesucristo, el Espíritu Santo, Satanás y los demás ángeles? Seres fantásticos, creación de mentes humanas, ¿nada más?  

 

I. Introducción.

A. Salutación. Amados hermanos y amigos, abunden la gracia y la sabiduría de Dios en todos nosotros.

B. El tema para esta ocasión es el siguiente: Realidades o irrealidades.

C. En este instante, ¿qué cosas son reales para usted? “Real”, es decir, “tiene existencia verdadera y efectiva” (Biblioteca de Consulta Microsoft® Encarta® 2003. © 1993-2002 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos). ¿Cuáles son palpables, tangibles?

D. Por otra parte, ¿qué cosas son irreales para usted? ¿Imaginarias, ficticias? 

II. Cosas reales.

A. Algunas cosas visibles, palpables.

1. Este púlpito. Este edificio, con sus facilidades.

2. Para mí, ustedes son personas reales. ¿Soy yo una persona real para ustedes?

3. ¿Es su cuerpo físico real? Cerebro, ojos, boca, corazón, estómago, manos, piernas y pies.

a) ¿Son reales sus cinco sentidos, apetitos naturales y los placeres que experimenta? ¿Hambre, sed, impulsos sexuales?

b) ¿Son reales las enfermedades y los dolores que comúnmente sufre el cuerpo físico?

(1) ¡No todos! Algunos son de índole psicosomática. El hipocondríaco suele padecer de condiciones psicosomáticas, es decir, las que tienen su origen en la psiquis (la mente) y no en causas físicas reales.

(2) La Sra. Mary Baker Eddy, fundadora de la religión Ciencia Cristiana, enseñó que las enfermedades no son reales, existiendo solo como meras proyecciones de la mente. No le creo, ¡pues mis dolores me causan sufrimiento real y efectivamente! ¿Y los suyos?

4. Su casa o apartamento es real, como también el vehículo en que se transporta usted.

5. Son reales las ciudades, con sus centros comerciales y lugares de diversión.

6. Son reales los continentes y las mares, el planeta Tierra con sus encantos y también sus fenómenos destructivos, y, además, los vastos cielos visibles con sus innumerables galaxias.

B. ¿A usted le llena totalmente lo visible y tangible? ¿Ha decidido usted disfrutarlo al máximo, no dedicando tiempo, energías o recurso alguno a lo que no sea palpable o actual?

1. Esta misma decisión es la que ha tomado gran parte de nuestra raza humana.

2. Por otro lado, a muchísimas personas no les satisface completamente solo lo visible o tangible del universo material. No pocos seres humanos se ilusionan con escapar de las limitaciones de lo puramente material o carnal. Inconformes con sus circunstancias materiales, practican alguna forma de “escapismo”, es decir, buscan una salida para alejarse de la realidad actual que les rodea, transportarse a dimensiones distintas a la que es estrictamente material; a otro mundo, a otra esfera, donde sus sueños y deseos se hagan realidad.

a) El escapismo lo practican los niños que se inventan mundos imaginarios, poblándolos de amigos imaginarios con quienes conversan y juegan como si fueran reales. Mi hijo, cuando chiquito, tenía a un amiguito imaginario que lo acompañaba dondequiera, jugaba con él, comía a la mesa, se sentaba en una silla. ¡Hasta fue con nosotros en un viaje a la República Dominicana! Afortunadamente, no tuvimos que comprarle pasaje ya que era “invisible”.

b) El escapismo es el mecanismo que utilizan multitudes de adolescentes y adultos jóvenes en el intento de evadir conflictos, responsabilidades y el estrés de la vida real. Sus “mundos imaginarios”, donde algunos pasan la mayor parte de su tiempo, son los “ámbitos virtuales o cibernéticos” de los juegos electrónicos. El Internet y muchas películas cinematográficas también proyectan escenarios confeccionados digitalmente, los que, por reales que parezcan, son imaginarios.

c) Además, recurren al escapismo no pocos adultos quienes, para evadir duras o dolorosas realidades, crean en las recámaras de la mente sus propios mundos ficticios donde se retiran o se refugian en busca de alivio. En casos extremos, lo ficticio se tiene por “real” y lo real por “ficticio”, estado psíquico de peligroso enajenamiento.

d) Y los religiosos, entre quienes figuramos nosotros, ¿también somos “escapistas”, huyendo de las realidades innegables de nuestra existencia material a mundos ficticios que llamamos “espirituales” o “celestiales”, creaciones de nuestro propio poder imaginativo?

(1) Los ateos y humanistas nos acusan de serlo: de ser nosotros “escapistas”, “soñadores” o “supersticiosos” que nos inventamos mundos religiosos-espirituales puramente imaginarios, los que existen solo en nuestra mente.

(2) Según los evolucionistas darwinianos, los seres primitivos que llaman “ cro-magnon”, “neandertal”, “neolíticos”, etcétera, incapaces de comprender fenómenos tales como el relámpago, el trueno y la traslación del sol, la luna y las estrellas por el firmamento, se inventaron los dioses y la religión.

¿Qué opina usted sobre esta hipótesis para el origen de la religión? ¿Tienen razón? ¿Quién niega que los miles de dioses y diosas, duendes y demonios, de las mitologías mesopotámicas, egipcias, griegas, romanas, etcétera, sean las creaciones imaginarias de mentes supersticiosas?

Y esto nos lleva al meollo del asunto: ¿también lo son Jehová Dios, el Hijo Jesucristo, el Espíritu Santo, Satanás y los demás ángeles? Seres fantásticos, creaciones de mentes humanas, ¿nada más? Tal planteamiento demanda una decisión informada y sabia, y le corresponde a cada ser humano tomarla con toda la seriedad que merece tan importante tema.

III. Tratándose de “seres, fuerzas y lugares invisibles”, a continuación, apuntamos unos cuantos. ¿Cuáles son reales? ¿Cuáles son irreales, imaginarios, ficticios?

Ejercicio: en la siguiente lista de seres, fuerzas y lugares, poner un círculo alrededor de los que no se ven en la actualidad pero que tiene usted por reales, es decir, que realmente existieron o existen en la actualidad. Por ejemplo, si para usted el “Purgatorio” es un lugar real, pese a no ser visible, poner un círculo alrededor de “El Purgatorio”.

 

-Buda         -La Virgen María, Madre de Dios y Reina de los Cielos

-El dios Mercurio     -El viento      -El Limbo         -El magnetismo       -El dios Júpiter

-La gravedad      -Jehová Dios         -Cristo sobre su trono celestial

-Los ángeles       -Satanás     -El Purgatorio     -El Cielo de Jehová     -Marta la Dominadora     

 -El Espíritu Santo       -El Paraíso     -Átomos    -Espíritus vivos de seres humanos muertos     

-La ciudad de Dios, Jerusalén la celestial        -El cuerpo espiritual       -Pensamientos     

-La diosa Venus    -El poeta griego Homero    -Belíe Belcán     -El oxígeno

-El alma        -El Infierno     -San Nicolás (Santa Claus)      -Dark Vader

 

A. Hace tiempo, este servidor examinó la lista, circulando, por ejemplo, a Jehová Dios, Cristo sobre su trono celestial, los ángeles, incluso Satanás, el Cielo de Jehová y el Infierno. No he visto nunca a ninguno de estos seres; tampoco los lugares mencionados. Mas, sin embargo, muchas evidencias de gran peso me convencen que son reales, pese a ser invisibles para mí en esta vida. A continuación, traigo dos fuertes evidencias que sostienen mi convicción.

1. Primera evidencia: la existencia de lo visible, de la vida misma y, además, mi capacidad intelectual para contemplar, analizar y apreciarlo todo, desde la complejidad de una sola célula hasta la belleza y simetría de las inmensas galaxias.

a) Por sus fantásticos efectos visuales, perfección técnica y actuaciones estelares, la película El retorno del rey, de la serie El Señor de los Anillos, deja a casi todo el público pasmado.

¿A quién se le ocurre pensar lo siguiente?

“Esta obra cinematográfica asombrosa no la concibió nadie; nadie la planificó, nadie la hizo realidad; existe por pura casualidad, producto de fuerzas evolutivas.”

Ningún ser pensante y racional duda que tan impresionante producción evidencia claramente la existencia de intelectos sofisticados que la concibieron y efectuaron, ¿cierto?

b) Pues, de la misma manera, y en escala infinitamente mayor, el mundo material real, que nos llena de asombro y admiración por su extraordinaria belleza, increíble complejidad, gran tamaño y larga duración, evidencia, para este servidor, la existencia incuestionable de un Intelecto poderosísimo que lo concibió y creó todo. Por eso, me hago solidario de lo que escribió Pablo de Tarso hace casi dos milenios. Dice:

“Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:20).

De manera que ¡lo “invisible” se hace “visible” por medio de lo creado!

Contemplando con inteligencia y objetividad lo creado, se abren los ojos de nuestro entendimiento de tal manera que “vemos” lo invisible. Seguimos contemplando lo material en toda su variedad, colorido, organización, detalles delicados, escala microscópica, vastas expansiones, etcétera, hasta que lo material mismo se vuelve medio transluciente y vislumbramos vagamente, a través de su sustancia y formas, al Ser que lo concibió y lo hizo realidad.

2. Segunda evidencia: el testimonio de un varón llamado Jesús, el Cristo. Entrando en este mundo y empezando, a los treinta años de edad, su tarea de instruir a sus conciudadanos, Jesús de Nazaret testificó haber venido de un lugar INVISIBLE para el hombre, a saber, del Cielo de la Gloria, y testificó, sin titubeos o lenguaje esotérico-filosófico, que venía de parte de su Padre, identificándolo como Jehová, el único Dios verdadero, INVISIBLE para los seres humanos, pero visto y conocido íntimamente por el Hijo, Jesucristo, portador del mensaje celestial para los seres humanos. También dio testimonio de la existencia del Espíritu Santo, los ángeles, el Paraíso y el Infierno. Entonces, sacrificó su propia vida, dejándose crucificar, como prueba fuertísima en respaldo de su testimonio.

Sus credenciales de “testigo fiel y verdadero” están disponibles para cualquier investigador diligente y objetivo.

Habiéndolas examinado este servidor de muchas maneras y a través de mucho tiempo, las encuentro del todo válidas.

Me consta que su testimonio fue creído por gran número de testigos presenciales durante el siglo I, entre ellos, sus apóstoles y otros, por ejemplo, Esteban, que se entregaron como mártires en respaldo supremo de sus convicciones en torno a la autenticidad de la persona de Jesús, y, por ende, de lo sincero y honesto de su mensaje único.

Todos estos hechos y acontecimientos contribuyen inmensamente a la formación de mi propia convicción

3. Además de estas dos evidencias principales presentadas concisamente debido a las restricciones de este formato, existe todo un caudal de hechos y verdades adicionales de gran peso. Pienso que el ateo, escéptico o humanista sinceramente honesto, intelectualmente, no se para en sus investigaciones de realidades hasta de examinar exhaustivamente tales evidencias.

4. “Mi Dios es real”exclaman algunos, añadiendo: “Lo sé porque vive en mi corazón”. Lindo sentimiento, pero no pasa de ser una afirmación subjetiva.

Personalmente, mis razones para creer a Dios “real” son mucho más sólidas. En cuanto a lo de “sentirlo en el corazón”, nos conviene tener presente que en los corazones de cientos de millones de seres humanos viven dioses, diosas y demonios sin contar, mas, sin embargo, fuera de aquellos corazones engañados referidos “seres” no tienen existencia alguna, pues no son “reales de verdad” sino imaginarios, ficticios.

B. Analizando las evidencias, centenares de millones de seres humanos inteligentes han concluido que es lógico creer que Jehová Dios, Cristo y el mundo espiritual revelado en la Biblia, todos existen en realidad.

1. Aun personas de la antigüedad, de lugares y tiempos remotos, creyeron en la realidad de estos seres y regiones invisibles para nosotros.

a) Moisés abandonó el palacio del Faraón, con todos sus comodidades y placeres, uniéndose con Israel, el pueblo electo de Dios, “porque se sostuvo como VIENDO al INVISIBLE” (Hebreos 11:24-27).

b) Siglos antes, Abraham salió de Ur de los Caldeos, territorio que ocupa el actual Kuwait, para viajar muy lejos y establecerse en “la tierra prometida… porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”.

“Conforme a la fe” murieron muchos del pasado “sin haber recibido lo prometido, sino MIRÁNDOLO, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra, pues “anhelaban” una patria “mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad” (Hebreos 11:8-16).

c) Saulo de Tarso, llamado luego Pablo, varón sumamente inteligente, con una preparación académica envidiable, creía con seguridad imperturbable en la realidad incuestionable de Jehová Dios, su Hijo, el cielo y el infierno. Para él, Jehová Dios es “el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver” (1 Timoteo 6:16), llamándolo, precisamente, el “Dios invisible” (Colosenses 1:151 Timoteo 1:17).

2. En lo referente al día de hoy, ¡ni hablar! Aunque haya un número no pequeño de “intelectuales” que se mofan de toda religión, no es menos cierto que una multitud mayor de personas destacadas en las distintas ciencias y profesiones cree que existe un Ser Supremo, como también un mundo invisible, pero real, aparte de este universo material.

C. En resumen, las cosas que se ven son, de cierto, reales, pero también existen cosas reales que no se ven. Cosas, seres y lugares invisibles para nuestros ojos carnales, pero los veremos claramente al salir de este mundo material y entrar en aquel espiritual-celestial, pues realmente existen.

1. Aquel Invisible, que se hace visible mediante las cosas materiales que él mismo ha creado, advierte a sus criaturas que lo material no es permanente. Dice:

“Los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas” (2 Pedro 3:10).

2. El Espíritu Santo define, mediante expresiones tan sencillas como explícitas, la mentalidad que deberíamos tener ante la existencia de dos mundos reales, el uno, material y visible, el otro, espiritual e invisible por el momento: Exhorta:

“…no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:18). 

IV. Invitación.

A. Hermano, hermana, ¿está usted viendo con visión tan clara como la de Abraham y Moisés la ciudad celestial de Dios, anhelando tan fervientemente como ellos la patria “mejor, esto es celestial”?

1. De contar usted con tal “convicción de lo que no se ve”, esencia misma de la fe verdadera (Hebreos 11:1), proseguirá adelante hasta alcanzar el pleno cumplimiento de la esperanza, no importa lo que pase en esta congregación o en su vida.

2. ¿Acaso hyaa permitido usted que las cosas que se ven –cosas materiales, cosas temporales- llenen sus ojos, su vida, llevándole a ocuparse casi del todo de lo material y carnal, pecando? De haber sucedido esto en su vida, es hora de rectificar su error, ¿no le parece?, levantando sus ojos al cielo y pidiendo perdón.

B. Amigo, amiga, en la “Categoría de lugares y seres reales pero invisibles por el momento”, ¿anotó usted a Jehová Dios, Cristo, el Espíritu Santo, los ángeles, el cielo y el infierno?

Si responde que sí, respetuosamente, le pregunto: ¿todavía no actúa usted de acuerdo con sus propias convicciones, ajustando su vida a la del Señor para tener derecho de entrar y morar en aquel “mundo venidero” (Hebreos 2:5) maravilloso de Dios? Le rogamos no permitir que las realidades de este mundo material se sobrepongan a las más permanentes y muy superiores realidades que el Señor le ofrece con tanto amor y bondad.

Si cree en las realidades de Dios y quiere hacerlas suyas, es necesario que, tal cual Moisés, rehúse “los deleites temporales del pecado” y ponga “la mirada en el galardón”, bautizándose y lavando “sus pecados, invocando” el nombre de Cristo (Hechos 22:16).

 

 


 

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