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Intercambios sobre doctrinas y prácticas de pentecostales

Correo de un pentecostal bueno, y nuestra respuesta

Fractal en azul y negro que adorna el intercambio Correo de un pentecostal bueno y la respuesta a sus planteamientos.

 

Correo de Nilson L.

"Quiero saludarles en el nombre del Señor Jesucristo. Hace muchos años me encontraba sin rumbo y un día de tantos una persona me habló de Jesús, de la salvación, de la vida eterna, del pecado y muchas otras cosas que en realidad desconocía. Verdaderamente, estaba inmerso en delitos y pecados, pero el Señor Jesucristo con su amor me mostró la obra del Padre celestial en mi vida y le dio un nuevo rumbo a ella. No puedo desconocer la obra maravillosa y el Ministerio permanente del Espíritu Santo en la vida del creyente, el fruto que solo El produce en la vida del que abre su corazón al Señor, el único que Salva y en quien tenemos por su sangre el perdón de nuestros pecados. Asisto a una iglesia congregación de corte pentecostal y el hecho de creer en la obra del Espíritu Santo en la vida nuestra, no es motivo para ridiculizar y generalizar el mal enfoque que "algunos" pudieran darle al mensaje del evangelio, pero tampoco es de ignorar que hay pecado, hay un juicio para todos y que Dios demanda santidad de quienes le siguen (no santurronería). Ahora, si leemos la palabra de Dios, lo sucedido a Israel nos es dado como ejemplo a la Iglesia (1Corintios 10:11). El hecho de compartir sermones con casos del antiguo testamento, no es con el fin de judaizar sino de enseñar, que el ser humano es el mismo lleno de pasiones y defectos, que le alejan muchas veces del Señor y por ser gentiles no somos distintos ni mejores (Romanos 11:18). Si hemos de hablar del amor de Cristo, tenemos el compromiso de edificar a otros, ayudándolos de manera constructiva y no destructiva (2 Timoteo 2:24-26). No todo el pentecostalismo es como alguno describiera en su Página. No desconozcamos la gran labor que este movimiento efectúa en la evangelización mundial. Por favor, recordemos todos a Gálatas 6: 1-5 y ¡dejemos el juicio a Dios! Son tantos tópicos a tocar que no alcanzaría el tiempo, ni tampoco deseo contender sobre opiniones. ¡Qué sea el Amor cubriendo multitud de faltas! ¡QUÉ EL AMORY LA PAZ DE JESUCRISTO MORE EN NUESTROS CORAZONES, Y LA GRACIA DE DIOS SEA SOBRE TODOS SUS HIJOS! Amén." Nilson L.

Respuesta

Estimado Nilson, la gracia de Dios sea con usted y los suyos. He leído su aportación tres o cuatro veces. Me alegro saber que usted se clasifique como de los “buenos pentecostales”, para así decirlo. Concuerdo con algunas de sus observaciones, por ejemplo, acerca de la utilidad del Antiguo Testamento. También este servidor ha conocido a no pocos buenos pentecostales –personas amorosas de Dios, respetuosas, humildes, de buena conducta, con otros atributos loables. Asimismo, he conocido a bautistas buenos, católicos romanos buenos, testigos de Jehová buenos y buenas personas de otras agrupaciones que integran el cristianismo de actualidad.

Reflexionando sobre su testimonio al efecto de que su vida tomara un “nuevo rumbo”  al escuchar usted el evangelio como predicado por pentecostales, y que goza usted de “la obra maravillosa y el ministerio permanente del Espíritu Santo”, sin restar este servidor valor a su experiencia en el contexto moral-espiritual, observo que durante largos siglos antes de que irrumpiera en escenarios religiosos el pentecostalismo, y durante el transcurso del desarrollo espectacular del pentecostalismo desde principios del Siglo XX hasta el día de hoy, cientos de millones de seres humanos han transformado sus vidas de varias maneras positivas, incluso venciendo vicios destructivos, al escuchar el evangelio predicado en foros no pentecostales. Repito: foros NO pentecostales. O sea, lo que quiero decir es que el “evangelio del arrepentimiento” no es patrimonio exclusivo de pentecostales. No fue inventado o descubierto por ellos, sino que fue predicado por Juan el Bautista, Jesucristo, los apóstoles escogidos por el Señor y cientos de miles de predicadores a través de la Era Cristiana, hasta el sol de hoy, que jamás se identificaran como “pentecostales”. El mensaje del arrepentimiento, reforzado por otras doctrinas tales como “la Segunda Venida de Cristo, el juicio de Dios y castigo eterno para impenitentes”, produce frutos buenos,  pese a que sea predicado por portavoces de evangelios tan gravemente errados que el Espíritu Santo pronuncia doblemente un “anatema” sobre ellos (Gálatas 1:6-10). Se deduce, pues, que “vidas cambiadas” no necesariamente validan como netamente bíblicas las organizaciones que sirvan de vehículo para lograr cambios saludables, bien sean morales, espirituales o materiales, y esto es aplicable también al pentecostalismo.

Sin ánimo alguno de lastimar sentimientos o de emitir juicios personales que sean injustos, simplemente observo que me preocupa el estado espiritual aún de los “pentecostales buenos”. Considere, se lo suplico, mis razones, comenzando con un dato básico que debería frenar, a mi humilde parecer, a todo pentecostal en su carrera, a saber…

-“Pentecostales” no aparecen en las páginas del Nuevo Testamento, ni buenos ni malos; ni tampoco “pentecostalismo” como religión. Más bien, los verdaderos discípulos del Señor se llaman “cristianos” (Hechos 11:26). “Si uno padece como cristiano, no se avergüence…” (1 Pedro 4:16). Qué conste: Pedro no dice “…como pentecostal sino “como cristiano”. De ahí, que yo, personalmente, no quiero ser “pentecostal” sino cristiano. Quien piense que los dos nombres sean sinónimos debería escrutar objetivamente, propongo, todavía otros datos básicos, tales como:

-La inmensa mayoría de pentecostales no se bautizan conforme al designio divino fijado en el mandamiento del Espíritu Santo “bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados” (Hechos 2:38; 22:6; Marcos 16:15-16). “…para perdón…” es el propósito fijado por Dios, jamás enseñando la Deidad que el bautismo sea mero “símbolo” de un perdón ya recibido.

-No perseveran en “en el partimiento del pan”, o sea, en la cena del Señor, celebrándola en “primer día de cada semana” (Hechos 2:42; 20:7).

-No alaban a Dios “en espíritu y en verdad” (Juan 4:23-24), es decir, conforme al Nuevo Testamento, sino que en sus alabanzas se incorporan “ordenanzas” dadas para el tabernáculo-templo de Israel (Hebreos 9:1-9).

-Quebrantan leyes sencillas del Espíritu Santo para la iglesia asentadas en 1 Corintios 14. Por ejemplo, muchos hablan lenguas no entendibles, hablando muchos a la vez, y no por turno, ni limitándose el número a no más de tres. Además, permiten a que mujeres dirijan y prediquen. Tampoco hacen “todo decentemente y con orden”.

Sobre todos estos asuntos se encuentran infinidad de estudios, artículos e intercambios en www.editoriallapaz.org/salon_pentecostal.htm. Vuelvo a mencionarlos a vuelo de pájaro solo para tratar de explicar por qué siento preocupación aún por los pentecostales buenos, deseando que fueran, más bien, cristianos buenos. Porque, amado, tener buenos atributos, buenos deseos, buenas intenciones y buenas obras no es el todo de ser buen cristiano. También Dios nos ha dado mandamientos a obedecer. Y si a estos hacemos caso omiso, la misma Palabra inspirada nos advierte que no habremos cumplido cabalmente con toda “la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2). De manera que hago mío para usted, al igual para todo pentecostal bueno, lo que escribe el apóstol Pablo para Timoteo en 1 Timoteo 4:16. “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.” “…de ti mismo…” O sea, de la conducta, las actitudes, los atributos, las ejecutorias en el andar cotidiano. “…y de la doctrina…” Es decir, de los mandamientos dados en la Gran Comisión, sobre la adoración, la organización de la iglesia, finanzas de la iglesia, en cuanto a la “antigua ley”, la disciplina de los desordenados, de los  proclamadores de falsos evangelios, etcétera. Solo así “te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren”. Y yo también.

En lo concerniente a la gran labor que este movimiento [pentecostal] efectúa en la evangelización mundial”, lo que voy a decir ofenderá, sin duda, fuertemente a muchas sensibilidades, pero como el pentecostal medio expresa sus convicciones con un vigor que hasta no admite cuestionamiento alguno, también daré, con cierta osadía atrevida, mi parecer: ¡Ojalá el pentecostalismo moderno nunca se hubiese extendido más allá de la Calle Asusa, Los Ángeles, California, donde nació! Sí, porque los mensajeros de la religión pentecostal no predican las condiciones para perdón dadas por Cristo en la Gran Comisión. “Id a todo el mundo”, dijo Cristo a sus apóstoles, dándoles el mensaje: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo, mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:15-16). Le pregunto, querido Nilson, que si los mensajeros pentecostales no han eliminado de aquel mensaje el bautismo para ser “salvo”, “…para perdón de los pecados”, y qué me responda honestamente. Su mensaje es otro diferente, recogido en la famosa exclamación pegajosa: “¡Cristo sana y salva!” Predican a grandes multitudes sin jamás mencionar el bautismo, ni siquiera en el llamamiento. ¡Qué mucho dista su mensaje del que predicaron Pedro y los demás apóstoles en Pentecostés! “…arrepentíos…” dicen, pero no añaden “bautícese cada uno… para perdón”, como predicaron los apóstoles. De ahí que  lamento, en lo más profundo de mi espíritu, “la gran labor que este movimiento” pentecostal ha hecho mundialmente, pues la catalogo como un gran esparcimiento de cizaña que ha dificultado indeciblemente la siembra de la “simiente… incorruptible” del verdadero evangelio del Reino de Dios. Comprendo un tanto lo duro de mis palabras, orando que no le lleven a encerrarse aún más dentro de la religión pentecostal originada en Azusa Street por espíritus que, empeñados en hablar lenguas, desconocían siquiera los “rudimentos de la doctrina de Cristo”. Siendo la encomienda del Espíritu Santo que este servidor, y todo cristiano, pruebe a los “espíritus, porque muchos falsos profetas han salido al mundo” (1 Juan 4:1), y mandándome el propio Jesucristo a juzgar “con justo juicio” (Juan 7:24), no temo proceder conforme a sus directrices, esforzándose siempre a dar razón de mis convicciones “con mansedumbre y reverencia” (1 Pedro 3:15).

Me impresiona la expresión suya “¡Qué sea el Amor cubriendo multitud de faltas!” Bello pensamiento, que nos conviene hacer realidad en nuestro diario vivir. Pero –y perdone mi tendencia de añadir otros parámetros- que este amor no lo invoquemos para cubrir multitud de graves errores doctrinales, explotación material en el nombre de Jesucristo, abusos espirituales en el nombre del Espíritu Santo y otras cosas parecidas, males que malos pentecostales están fomentado también mundialmente.

Emitir juicio sobre el destino eventual de su alma, o el de cualquier otro ser humano, no es prerrogativa que me haya dado Dios. Si a él le place salvar a los “pentecostales buenos”, “testigos de Jehová buenos”, “mormones buenos”, “católicos romanos buenos” y demás “religiosos buenos”, pues, ¡alabado su nombre! Mientras tanto, sigo tratando de cumplir cabalmente la Gran Comisión y demás deberes de evangelista, orando que no defraude al Señor ni oriente mal a ninguno que tome en serio mis humildes aportaciones.

Hago eco de sus buenos deseos para nuestros corazones y para todos los hijos de Dios.

Su servidor, Homero Shappley de Álamo

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