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¿Para qué ser cristiano?

Esta fotograf'ia de montañas y cielos con rayos de luz que penetran por las nubes llegando a la tierra ilustra el sermón Para qué ser cristiano, en editoriallapaz.org.

Por el Hno. George Rieckehoff, predicador y maestro de la Iglesia de Cristo, Bayamón, Puerto Rico.

El mundo cristiano está padeciendo una crisis espiritual en una de sus naciones más religiosas: los Estados Unidos de América. Es una ironía porque se trata de un país donde cuatro de cada cinco personas se dicen ser cristianas.

Esta misma crisis la viven los cristianos en todas las naciones y sociedades.

En los países europeos, muchas personas ni siquiera están seguras de que Dios exista.

Con razón, muchos se preguntan si el cristianismo funciona, e incluso para qué ser cristiano.

Al mismo tiempo, muchos regresan a la iglesia, y otros cambian de iglesia, ante la necesidad que sienten de manifestar su fe.

Un profesor cristiano dice que los cristianos están en momentos difíciles y necesitan su iglesia como ancla para el alma. La vida es difícil y decepcionante, y los fieles luchan por sobrevivir. Llegan a la iglesia repletos de necesidades –familia, matrimonio, empleo, dinero, salud, amistades- y buscando respuestas. Es importante que estas personas hallen esperanza y sentido en la vida.

¿Qué dirección busca en su vida? El cristianismo basado en necesidades y que busca "zonas de comodidad", fácilmente se degenera en un "yoísmo" materialista. Por eso van de iglesia en iglesia buscando una congregación en la que se sientan cómodos.

El cristiano "yoísta" le pregunta a Dios: "¿Qué harás por mi pronto"? Pero Dios no puede reducirse como si fuera un genio que sale de una lámpara mágica que satisface una lista de deseos. Si creemos que Dios tiene, absolutamente, que garantizarnos una vida de tipo Disneylandia, sin dolor o problema alguno, estaremos abriendo la puerta a una posible crisis de la fe personal.

Supongamos que nuestra experiencia cristiana no hiciera nada por mejorar esta vida. Que no recibiéramos nada de la prosperidad material ni la riqueza que creíamos garantizadas por Dios. Más aun, supongamos que perdiéramos el empleo y tuviéramos dificultades económicas. Que nuestros hijos rechazaran nuestra fe después de haberlos enseñado atentamente y con amor los valores cristianos. O bien que cayéramos gravemente enfermos o sufriéramos un terrible accidente. O quizás que muriera un ser muy querido que hubiera sido un fiel cristiano, y sufrimos en silencio. En una palabra, supongamos que nuestra vida cristiana en este mundo fuese rotundamente mala. ¿Sería que el cristianismo no nos "funcionó"? La respuesta es “¡No!”.

Ser cristiano es algo más que "mis" necesidades. El cristiano no tiene una promesa absoluta de Dios de que siempre disfrutará salud extraordinaria, hijos convertidos, prosperidad abundante, personas simpáticas y generosas en las iglesias, y exención de problemas emocionales. Claro está que casi todos los cristianos tendrán algunos de estos beneficios que desean. Algunos tendrán muchos. Si recibimos tanta bendición, debemos agradecerle a Dios. Pero el cristiano ha de recordar que la buena vida no es el meollo de su fe. El cristiano busca primero y siempre el reino de Dios. La condición de su vida material no afirma su fe, ni la niega. Algunos cristianos tendrán una pequeña cuota de lo que llamamos las cosas buenas de la vida. Otros serán acosados y perseguidos por su fe. En esta vida tienen que confiar en el gozo y la paz espiritual que reciben de Dios.

El Nuevo Testamento es una constancia de personas que afrontaron problemas. Nos dice reiteradamente que los cristianos, sí, tienen pruebas, persecuciones y sufrimientos. Jesús dijo a sus discípulos: "En el mundo tendréis aflicción" (Juan 16:33). El apóstol Pablo dijo: "Todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución" (2 Timoteo 3:12). Y los apóstoles Pedro y Santiago hablaron de los cristianos que se hallaron "en diversas pruebas" (Santiago 1:2; 1 Pedro 1:6). La epístola de los Hebreos habla de muchos fieles a quienes Dios libró. También cuenta de los torturados, encarcelados y muertos; otros fueron perseguidos, maltratados y vivieron en la miseria. A todos se le elogia por su fe (Hebreos 11:32-39).

En nuestros días hay cristianos que luchan con toda una serie de problemas, entre ellos, la homosexualidad, el alcoholismo, las drogas, la pobreza, la discriminación, problemas matrimoniales y dificultades emocionales. Algunos tendrán estos problemas toda la vida. El cristianismo no garantiza que todas estas adversidades vayan a esfumarse.

No todos los cristianos disfrutan una vida perfecta. Si nos hemos hecho cristianos simplemente para dejar de sufrir o para beneficiarnos en esta vida, bien podemos quedar "desilusionados". Por tanto, preguntémonos de nuevo: "¿Por qué hemos de ser cristianos y que es lo que hace funcionar el cristianismo para nosotros?

Ser cristiano es acogerse al don de la salvación. El cristianismo no trata, en el fondo, de las necesidades de esta vida. El meollo del cristianismo es la "buena nueva": el evangelio (1 Corintios 15:1-4). El evangelio es "el anuncio del perdón de Dios y el ofrecimiento de vida nueva por medio de la fe personal". Este es el verdadero cristianismo. Su buena nueva tiene que ver con la promesa espiritual de la conversión por medio del Espíritu Santo. El evangelio bíblico recalca la salvación eterna como la gran bonificación. Al final de cuentas, este don es lo que debe hacer que el cristianismo funcione para nosotros.

Esta buena noticia esencial –el evangelio- tiene que ver con la obra de Jesucristo. El evangelio "trata de la obra de Dios en Cristo para bien de todos los pobres pecadores". Trata de aquellos cuyas vidas y cuyas obras están en bancarrota. Esa obra tiene que ver con la muerte de Jesucristo para librarnos del pecado, con su resurrección a la vida y su obra de reconciliarnos con Dios por medio del Espíritu Santo. Esta obra espiritual es lo que el Nuevo Testamento llama "salvación". La promesa de salvación es lo que le da sentido e importancia al cristianismo. Si el cristianismo se limitara a explicar cómo mejorar las cosas en esta vida, no tendría mayor valor que otras religiones, ni siquiera mayor que el humanismo secular.

El apóstol Pablo lo dijo muy bien: "Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres" (1 Corintios 15:19). El cristianismo, pues, trata de la promesa segura de otra vida: la vida eterna proveniente de Dios. La salvación es nuestra única garantía absoluta. Romanos 6:23 dice: "Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor Nuestro". Cristo dijo: "Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre" (Juan 10:27-29).

Conclusión. Cristo lo hace realidad el ser cristianos. Dios comienza su obra salvadora en nosotros ahora, en esta vida, rescatándonos de nuestro propio flaco ser y del mundo donde domina el mal. Colosenses 1:13 dice: "El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo". Pero lo hace a medida que nosotros sigamos luchando en el campo de batalla de la vida. Mientras tanto, ponemos la vista en el hecho de que Jesús nos salvará por siempre mediante la resurrección. Jesús dijo: "Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente" (Juan 11:25-26).

Bien podemos decir que Cristo en nosotros hace funcionar nuestro cristianismo. Cristo tiene que ser el centro de la fe; de lo contrario, el cristianismo no es sino una fachada inútil.

Entonces, ¿para qué ser cristiano? La razón es: para que podamos disfrutar una relación espiritual con Dios y Jesucristo ahora, y recibir la salvación eterna en la resurrección.

Escribe George Rieckehoff.

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