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Comentario ilustrado en esta Web sobre el libro de libro de Apocalipsis

Estudios en esta Web sobre los roles de las mujeres en la iglesia y el hogar

Las mujeres de Apocalipsis

Esta mujer cuya vestimenta es del color carmesí bien puede representar o a la “gran ramera” o a “esa mujer Jezabel”, dos de las cuatro “mujeres de Apocalipsis” presentadas en este estudio, siendo las otras dos “la mujer vestida del sol” y la “esposa” del Cordero. Mientras aquellas dos son instrumentos de Satanás, estas simbolizan a dos entidades cuyo propósito es servir a Dios, glorificándole.

Esta mujer cuya vestimenta es del color carmesí bien puedría representar o a la “gran ramera” o a “esa mujer Jezabel”, dos de las cuatro “mujeres de Apocalipsis” presentadas en este estudio, siendo las otras dos “la mujer vestida del sol” y la “esposa” del Cordero. Mientras aquellas dos son instrumentos de Satanás, estas simbolizan a dos entidades cuyo propósito es servir a Dios, glorificándole.

 

I. Introducción.

A. Respetado lector, tenemos a bien citar al principio de este estudio el consejo inspirado encontrado en 2 Tesalonicenses 2:10. “Recibid el amor de la verdad para ser salvos…” Por cierto, los que no aman la verdad reciben un “poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad” (2 Tesalonicenses 2:11). Pero Dios no quiere condenar a ningún ser humano sino desea “que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4). Respondiendo al amor y al llamamiento de Dios, nosotros queremos ser salvos eternamente sí y deseamos que usted también reciba esta misma bendición inefable.

B. Para la persona que no esté andando en la verdad, encontrarse de repente bañada en su luz intensa puede que resulte una experiencia tan traumática como la que tuvo Saulo de Tarso cuando, yendo a Damasco, “repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo” dejándolo ciego por tres días (Hechos 9).

1. Al experimentar la persona religiosa errada en su fe, o la persona mundana e inmoral, un encontronazo con la verdad divina, tiene solo dos opciones, a saber: ¡aceptarla y cambiar, o rechazarla y permanecer en tinieblas!

2. Pablo no fue rebelde al llamamiento divino (Hechos 26:19). Amado lector, seamos imitadores de Pablo: ¡Amemos y obedezcamos la verdad!

C. Las mujeres de Apocalipsis es el título del presente estudio, encontrándose cuatro mujeres principales en el libro que representan simbólicamente a cuatro entes religiosos existentes aún en nuestros días. Incuestionablemente, el libro de Apocalipsis es sumamente instructivo y valioso para cualquier persona que lo tome en serio, esforzándose para entenderlo. De hecho, se pronuncia la siguiente bienaventuranza para el lector que obedece sus enseñanzas: “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca” (Apocalipsis 1:3).

1. Las cuatro mujeres son:

a) La “mujer vestida del sol”.

b) La “esposa” del Cordero.

c) La “gran ramera”.

d) “Esa mujer Jezabel.”

2. Este estudio se lo dedicamos en particular a todas las pastoras y profetisas pentecostales, a todas las pastoras protestantes, como también a las mujeres católicas que aspiran a ser sacerdotisas.

II. La “mujer vestida del sol”. La primera mujer que identificamos en Apocalipsis es la que encontramos en el Capítulo 12 del libro, a saber: la fascinante “mujer vestida del sol”. “Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.” ¿Quién es esta “mujer vestida del sol”?

A. Postulamos que ella no es María, la madre de Jesús de Nazaret. Algunos pintores católicos han confeccionado cuadros donde representan a María vestida del sol, con una corona de doce estrellas y la luna debajo de sus pies. Llaman a esta María la “Reina del Cielo”. Pero se equivocan en la representación, pues la “mujer vestida del sol” de Apocalipsis 12 no es aquella María. ¿Por qué lo afirmamos con tanta certeza?

1. Porque después de la ascensión y coronación de su hijo, la “mujer vestida del sol” huye al desierto donde es sustentada por mil doscientos sesenta días (Apocalipsis 12:6, 13-17), o sea, por mil doscientos sesenta años proféticos.

a) Ahora bien, María, la madre de Jesús, no huyó al desierto después de la ascensión y coronación de Cristo. Al contrario, la encontramos en Jerusalén entre las aproximadamente ciento veinte personas que esperaban la manifestación del poder del Espíritu Santo en el día de Pentecostés del año 30. De paso, observamos que esta mención de María en Hechos 1:14 es la última referencia a ella en el Nuevo Testamento.

b) Además, María, la madre de Jesús, no fue sustentada por mil doscientos sesenta años proféticos. Ella no permaneció en la tierra por mil doscientos sesenta años proféticos sino que, tal cual los demás seres humanos, murió.

2. Según lo enseñando en Apocalipsis 12:13, al triunfar Cristo en la cruz sobre las potestades y principados de la maldad, Satanás fue arrojado del Cielo a la tierra donde “persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón”. Tratándose de la mujer María, la que dio a luz a Jesús, no existe evidencia alguna de que Satanás concentrara su ira especialmente en ella, persiguiéndola más que a otros seguidores de Cristo. Más aún, después de establecida la iglesia, ¡aquella María ni siquiera aparece entre los personajes importantes de la iglesia!

3. Guiados por estas consideraciones, concluimos que la “mujer vestida del sol” simplemente no puede ser María, la madre de Jesús.

B. La “mujer vestida del sol” no es la iglesia.

1. Esta mujer “dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hiero a todas las naciones” (Apocalipsis 12:5). El “hijo varón” de esta visión apocalíptica es Jesucristo. Pues bien, consabido es que Cristo no nace de la iglesia sino que nace antes del establecimiento de la iglesia. Por lo tanto, la “mujer vestida del sol” no es la iglesia ya que ella existe antes del establecimiento de la iglesia.

2. Además, según Apocalipsis 12:17, Satanás, al no poder destruir totalmente a la “mujer vestida del sol”, “se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo”. ¿Quiénes son éstos que constituyen la “descendencia” de la mujer? La respuesta correcta es que son los cristianos verdaderos, o sea, ¡son, precisamente, la iglesia! La descendencia espiritual de la mujer es la iglesia. Por lo tanto, la mujer misma de quien procede la descendencia, ¡no es, lógica e indisputablemente, la iglesia! Ella no puede ser las dos cosas a la vez. O sea, no puede ser la progenitora de la descendencia y, a la vez, la descendencia misma. A propósito, María, la madre de Jesús, ni siquiera tiene descendencia espiritual. El Espíritu Santo no le atribuye tal descendencia, no encontrándose en las Sagradas Escrituras referencia alguna a semejante descendencia. Las almas que se hacen la descendencia de aquella María, llamándose “hijas de María”, o “Mariólogos”, la endiosan venerándola como la “Madre del Cielo”, pero, tristemente para ellas, siguen tradiciones completamente ajenas a cualquier revelación divina auténtica, pese a que hayan sido enseñadas y crean lo contrario.

C. Si la “mujer vestida del sol” no es María, ni tampoco la iglesia, entonces ¿quién es? Pues, ella simboliza, en realidad, al pueblo de Israel según la carne. Considere, por favor, algunas evidencias que sostienen esta interpretación.

1. La mujer de Apocalipsis12  está “vestida del sol” y tiene “la luna debajo de sus pies”. En los anales de la historia de los quince siglos antes de Cristo, Israel, pueblo escogido de Dios, fue, en muchos aspectos, el “sol” y la “luna” para las naciones gentilicias en derredor suyo.

2. Observamos que en la corona de la mujer brillan doce estrellas. Estas simbolizan, acertadamente, las doce tribus de Israel, y no a los doce apóstoles.

3. Entonces, la mujer da a luz un “hijo varón”. Este es Jesucristo, quien vino a la tierra mediante el pueblo de Israel según la carne. En sentido figurado, este pueblo “clamaba con dolores de parto” deseando ansiosamente la llegada de su Mesías.

4. Se nos informa que esta mujer huye al desierto. Estudiando la historia del Siglo I, aprendemos que después de la coronación de Cristo, Satanás armó persecuciones bárbaras contra el pueblo terrenal de Israel, por ejemplo, mediante la guerra Judío-romana librada desde el año 67 d. C. hasta el año 73. Pero, en cumplimiento de esta parte de la visión, Dios mismo hizo posible mediante sus intervenciones providenciales que un remanente del pueblo escapara “al desierto”, es decir, a lugares no tan vigilados por las autoridades romanas o enemigos posteriores, donde el Todopoderoso lo ha conservado vivo hasta el sol de hoy.

5. Esta mujer tiene descendencia. La descendencia espiritual del Israel terrenal es la iglesia de Jesucristo, la cual también ha sufrido persecuciones de parte de Satanás. Según Gálatas 6:16, la multitud de judíos convertidos a Cristo son el verdadero “Israel de Dios”.

6. Concluimos que la “mujer vestida del sol” era, y sigue siendo, Israel según la carne, o sea, el pueblo judío terrenal. En su gran mayoría, este pueblo permanece, retóricamente, en el desierto, pues aún no reconoce a Cristo como el Mesías. Oremos por su pronta conversión.

-Un análisis mucho más completo sobre “la mujer vestida del sol” se encuentra en www.editoriallapaz.org/apocalipsis_5_1_mujervestidadelsol.htm.

III. La “esposa” del Cordero. La segunda mujer de Apocalipsis que identificamos es la “esposa” del Cordero. “Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos” (Apocalipsis 19:7-8). “Y yo Juan vi a la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo de Dios. dispuesta como una esposa ataviada para su marido” (Apocalipsis 21:2). “Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven... Y él que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22:17). Afirmamos confiadamente que la hermosa “esposa” del Cordero es la iglesia verdadera establecida por Cristo en el día de Pentecostés del año 30 de la Era Cristiana.

A. En la actualidad, muchas iglesias distintas reclaman ser la amada “esposa” del Cordero. Dada esta circunstancia, surgen, naturalmente, unas inquietudes. ¿Cuál de ellas es la genuina? ¿Cuáles son las impostoras? ¿O es concebible que todas constituyan la “esposa” del Cordero?

1. La genuina posee un rasgo esencial e inconfundible, a saber, se somete incondicionalmente a Cristo, confesando gozosamente que él es su única cabeza, respetándole y gustosamente obedeciéndole en todo según las directrices espirituales que él ha dejado en las páginas del Nuevo Testamento (Efesios 5:22-32).

a) De ahí que ella no recibe como cabeza al papa de Roma, ni tampoco a Moisés, Lutero, Calvino, Elena White, Charles Russell, José Smith, Yiye Ávila o Rodolfito Font.

b) Ella es totalmente leal a Cristo, su única cabeza. No es culpable de cometer adulterio espiritual yendo apasionada, loca y ciegamente en pos de los líderes religiosos del mundo. No se deja seducir por señales y prodigios; por profecías, visiones y promesas; por riquezas, poder o fama.

c) Ella no fornica con los políticos o comerciantes del mundo. No coquetea con ellos ni hace alianzas con ellos porque ella no es de este mundo materialista, sucio y pecaminoso sino que pertenece a la esfera espiritual de Dios donde todo es santidad y pureza. Ella no es una vendedora de servicios o de artefactos religiosos.

2. La genuina “esposa” del Cordero que estará presente en las bodas celestiales se viste de “lino fino, limpio y resplandeciente”, o sea, de las “acciones justas de los santos”. Sus obras son puras; su conducta, intachable.

a) Ella no es una mujer liberal o liberada.

b) Ella es santificada y purificada; su vestimenta espiritual, sin mancha, arruga o “cosa semejante” (Efesios 5:26-27).

c) No tolera la indecencia, lo chabacano, el desorden, las palabras malas o las acciones injustas.

d) Repugnantes para ella son todas las manifestaciones de inmoralidad tales como el homosexualismo, el lesbianismo, el alcoholismo, la drogadicción, la pornografía, etcétera.

B. Amigo, amiga, ¿conoce usted a la genuina “esposa” del Cordero? Es decir, ¿conoce usted a la verdadera iglesia del Señor? Muchas impostoras hay, pero una sola “esposa” genuina del Cordero. “Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero” (Apocalipsis 19:9). Son llamados solo los que aman la verdad de Dios, la obedecen y son añadidos a aquella iglesia que es fiel a su cabeza en el Cielo, según las reglas asentadas por él en el Nuevo Testamento. Dios está llamando a usted en este preciso momento a que prepare su vestido espiritual para que sea admitido a la gloriosa “cena de las bodas del Cordero”. ¿Quiere asistir? ¿Se está preparando? Acuérdese: “Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador” (Efesios 5:23). Ya que Cristo es Salvador de su iglesia, se deduce correctamente que fuera de la iglesia que el Señor “ganó por su sangre” (Hechos 20:28) ¡no hay salvación segura! Por lo tanto, le animamos a conocerla y hacerse miembro.

-Estudios sobre muchos atributos de la iglesia edificada por Jesucristo, como también sobre su historia, se encuentran en www.editoriallapaz.org/iglesia--recursos-desglose.html.

IV. La “gran ramera”. La tercera mujer de Apocalipsis que introducimos es la espantosa “gran ramera”, de los Capítulos 17 y 18. Debido a la tremenda influencia de esta mujer, su instigación a muchos males profundos y extensos, su interacción pecaminosa con otros seres malévolos tales como las dos bestias, los diez cuernos y el gran dragón, y debido también a sus muchas acciones dañinas a través de casi toda la Era Cristiana, tenemos a bien dejar para otra ocasión el análisis minucioso de su carácter y sus obras por lo amplísimo de estos temas. Para este estudio, nos limitamos a observar que la “gran ramera” simboliza la falsa religión idolátrica en todas sus manifestaciones, particularmente, ella simboliza para nuestra Era la “madre iglesia” apóstata, es decir, a la Católica Romana. Consciente de lo lastimosa que resulte ser esta interpretación, o identificación, para todo católico romano, le suplicamos encarecidamente su paciente indagación de todas las evidencias que la respaldan, hallándose muchas de ellas en www.editoriallapaz.org/salon_iglesia_catolica.htm. A continuación, anotamos muy concisamente unas pocas.

A. La “gran ramera” viene sentada sobre “una bestia escarlata” (Apocalipsis 17:3), la cual representa a las naciones engañadas por Satanás. Es decir, esta iglesia madre apóstata está aliada a los poderes políticos. ¿Cuál iglesia de actualidad actúa como si fuera un reino terrenal, enviando embajadores a naciones y recibiendo embajadores de no pocas? ¿Cuál reclama potestad política sobre las naciones seculares del mundo?

B. Está “vestida de púrpura y escarlata” (Apocalipsis 17:4). Estos son los colores de muchos gobernantes seculares y, curiosamente, ¡también de la jerarquía eclesiástica de la iglesia apóstata!

C. “Tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación” (Apocalipsis 17:4). ¿Cuál iglesia utiliza el cáliz de oro en sus ritos? Al contestar la pregunta, ya sabrá usted, respetador lector, quién es la “gran ramera” que fornica espiritual y aun carnalmente con el mundo.

D. Ella es “la madre de las rameras” (Apocalipsis 17:5), es decir, de las sectas religiosas que derivan algunas de sus creencias y prácticas de las tradiciones instituidas por la iglesia madre apóstata.

E. Esta mujer está “ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús”(Apocalipsis 17:6). O sea, ella es culpable de un crimen horrendo: ¡el haber perseguido y dado muerte a los que amaban más la verdad de la Biblia que las tradiciones religiosas desarrolladas por los falsos sacerdotes! ¿Cuál iglesia ha derramado la sangre de millones de seres humanos, llamados por ella “herejes”, valiéndose de la Santa Inquisición, las Cruzadas, otras “guerras santas” u otros medios satánicos en combate carnal y cruel contra cualquier persona, organización o segmento de la población que no se sometiera servilmente a ella?

F. Estimado oyente, ¿qué más quiere saber sobre la “gran ramera”? ¿Qué más necesita para identificarla? Conforme a Apocalipsis 19:2-3, Dios la juzgará castigándola duramente. “Y el humo de ella sube por los siglos de los siglos.” Ella es “Babilonia la grande” (Apocalipsis 17:5), la cual será arrojada con ímpetu al infierno. Por lo tanto, como dice Apocalipsis 18:4, “…salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas.” “…salid, pueblo mío”, de la idolatría practicada en el nombre de Cristo y el de María. “…salid, pueblo mío”, de las sectas corruptas que beben del cáliz de las doctrinas contaminadas. Dura es esta advertencia para los que están en la gran ciudad corrupta de Babilonia. Dura es la verdad, pero santifica a toda persona que la ama y obedece (1 Pedro 1:22).

-Un estudio muy detallado sobre “la gran ramera” está disponible en www.editoriallapaz.org/apocalipsis_Capitulo8_granramera_contenido.htm

V. Aquella mujer Jezabel. La cuarta mujer de Apocalipsis que citamos para su consideración tiene nombre. Se llama “Jezabel” (Apocalipsis 2:20-22). Opinamos que su nombre es simbólico como también el personaje aludido. “Jezabel” representa a todas las mujeres que se rebelan contra Dios, corrompiendo la sana doctrina, seduciendo y haciendo caer a los creyentes ignorantes o débiles. El ángel de Dios escribe a la iglesia en Tiatira, una de las siete de Asia: “Pero tengo unas pocas contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos. Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación. He aquí, yo la arrojo en cama, y en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella”. Obviamente, la “fornicación” señalada por el ángel y denunciada con tanto vigor, es de naturaleza espiritual. ¿Acaso sean culpables muchas iglesias del tiempo presente de “tolerar”, tal cual Tiatira, a mujeres que quebranten la ley de Dios? La época nuestra está ganando fama como la “Época de la tolerancia”. Su lema es: “Tolerar a todos, no importa su doctrina, práctica, estilo de vida, filosofía, atributos de carácter, conducta”. Bien que la tolerancia sea una virtud excelente en muchas circunstancias de esta vida, llevada al extremo abre paso a lo dañino para nuestra raza, y en términos espirituales, a lo muy perjudicial para el bienestar y eventual salvación del alma. En el ámbito religioso, ¿estará este espíritu de tolerancia extremista llevándonos lejos de la “sana doctrina” que salva? “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Timoteo 4:16).

A. Estimadas pastoras y profetisas pentecostales, pastoras protestantes y mujeres católicas que aspiran a ser sacerdotisas, ¿por qué les dedicamos este mensaje? Porque tememos por sus preciosas almas y por las preciosas almas de quienes les siguen. ¿Por qué este vivo temor? Porque, tal cual la mujer Jezabel de Apocalipsis 2, ustedes, con todos los pastores y todas las iglesias que las apoyan, tienen la osadía de alterar u obviar la organización impuesta por Cristo en su iglesia y de enseñar doctrinas contrarias a las bíblicas, ocupando puestos que no les corresponden y quebrantando leyes específicas dadas por el Espíritu Santo. Escuchadnos con paciencia; toleradnos un poco, pues, sinceramente, no somos machistas ni somos misógenos.

1. En primer lugar, entendemos que el alma de la mujer es tan preciosa como la del varón, que la mujer no es inferior en inteligencia al varón y que los ministerios de la mujer en la iglesia, como también su rol en el hogar, son tan importantes como los del varón.

2. En segundo lugar, en virtud de haber dedicado largos años al estudio de las Sagradas Escrituras, también entendemos que Cristo, única cabeza de la iglesia, ha ordenado su cuerpo espiritual conforme a su gran sabiduría, asentando directrices que determinan las funciones específicas correspondientes tanto a la mujer como al varón. El Soberano Dios ha hecho lo mismo en cuanto al matrimonio y al hogar. En lo concerniente a la iglesia, las directrices para la mujer cristiana son:

a) “Como en todas las iglesias de los santos, vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación. ¿Acaso ha salido de vosotros la palabra de Dios, o sólo a vosotros ha llegado? Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor” (1 Corintios 14:33-37).

b) “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión” (1 Timoteo 2:11-14).

c) En cuanto al hogar, el Espíritu Santo enseña: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador” (Efesios 5:22-23).

3. Ahora bien, estimada mujer creyente, usted puede ser gerente de una tienda, supervisora de una fábrica, ejecutiva principal de una corporación, dueña de un negocio, la profesora tal o cual, una abogada, una jueza, una doctora, la alcaldesa de su pueblo, gobernadora, presidenta o reina de un país, pero en la iglesia del Señor, reino espiritual y no terrenal, usted no debe fungir como pastora, ni tampoco debe ser la cabeza de su hogar. ¿Por qué? Sencillo: porque estos roles Dios se los ha designado al varón y no a usted en su capacidad de mujer. En las organizaciones y empresas humanas del mundo material y carnal, usted puede desempeñar muchos papeles distintos quizás sin infringir la voluntad de su Creador. Pero en las organizaciones establecidas por Dios, específicamente, en la iglesia y el hogar, más le vale someterse humildemente a las directrices divinas, pues Dios mismo es el fundador y oficial ejecutivo principal a quien es necesario rendir cuentas. ¿Quiere altercar con él? ¿Disputar con él? ¿Cuestionar su autoridad y sus razones? ¿Se subleva y hace caso omiso a sus órdenes? Entonces, ¡acarrea la misma condenación enérgica y severa pronunciada contra la Jezabel de Apocalipsis 2!

B. Le rogamos tener presente que los mandamientos en el Nuevo Testamento en torno a la función de la mujer en la iglesia y el hogar se basan, no en las costumbres peculiares de ciertas culturas antiguas, sino en consideraciones espirituales de índole universal. El mismo Espíritu Santo presenta el por qué de las restricciones enunciadas en 1 Timoteo 2:11-12, diciendo: “Porque Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión” (1 Timoteo 2:13-14). ¿Se da cuenta? Estas razones nada tienen que ver con “cultura” sino con las prioridades de la creación y el rol de la mujer frente a Satanás, el enemigo de Dios y las almas. Por lo tanto, las directrices neo testamentarias para la mujer siguen vigentes. Quien se burle de ellas, manifiesta el mismo espíritu de “Jezabel”.

C. A la luz de estas enseñanzas bíblicas, diríase que a toda “pastora” o “reverenda” le convendría renunciar enseguida a sus puestos y títulos, sometiéndose humildemente a la voluntad de Dios para que su alma se salve en el día del juicio. En la iglesia, trabajo demás hay para las damas cristianas sin que violen las ordenanzas de Dios. Que cada mujer cristiana analice, pues, detenidamente todos los deberes solemnes, todas las obras excelentes, que le inculcan textos tales como: Tito 2:3-5; 1 Timoteo 5:14; Santiago 1:27 y Efesios 6:1-4. Más estudios sobre el rol de la mujer en la iglesia se hallan en www.editoriallapaz.org/mujer_compilacion.htm.

 

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