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El feroz huracán Katrina azota a Nueva Orleáns

Una vista aérea de la ciudad de Nueva Orleáns después del paso del huracán Katrina, mostrando grandes áreas urbanas inundadas, fotografía que ilustra el artículo El feroz huracán Katrina azota a Nueva Orleans -Enfoques espirituales- en editoriallapaz.org.

Magno desastre económico y social

Muchos pierden la vida.

28 de agosto de 2005

No pocos sobrevivientes de los que permanecieron en la ciudad descubrieron, pronto, pública y descaradamente, su bajo moral, alarmante conducta la suya en medio de una catástrofe de proporciones apocalípticas.

Enfoques espirituales

¡Avisados a tiempo!
Muy lamentables e innecesarias pérdidas de vidas, muriendo muchos ahogados.

-Aproximadamente medio millón de seres humanos vivían en Nueva Orleáns, gran ciudad portuaria construida sobre terrenos bajo el nivel de las aguas del Golfo de México, el ancho río Mississippi y el extenso Lago Pontchartrain. Al aproximarse el huracán Katrina, de categoría cinco, se les avisó el tremendo peligro inminente, animándoles las autoridades a salir de la ciudad. Centenares de miles hicieron caso, salvando sus vidas si bien no sus propiedades. Pero, optó por permanecer en la ciudad gran número de personas, muchas quizá...

-Para proteger a sus casas, negocios, vehículos, etcétera, del vandalismo.

-Confiadas de que no les pasara nada.

-Creyendo exagerado o infundado el peligro avisado.

-Confiando en los diques y demás obras hechas por los hombres para proteger a la ciudad.

-Soberbias tal vez no pocas en su ilusión de “invencibles”.

-O, escépticas del poder atribuido al huracán, no habiendo nunca experimentado en carne propia semejante fenómeno.

-Aquella espantosa noche cuando entró el huracán, ¡sus razones para quedarse Katrina las hizo añicos! Y el día siguiente, se deterioró exponencialmente la situación al ceder una sección del dique que aguanta las aguas de lago Pontchartrain, más una sección del dique de un canal comercial.

-Lecciones para nuestra raza.

-En la actualidad, está en vigor un fuerte aviso de terrible peligro inminente, no tan solo para unas pocas ciudades sino para todas las ciudades de la tierra.

-“Y la gran ciudad fue dividida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron; y la gran Babilonia vino en memoria delante de Dios para darle el cáliz del vino del ardor de su ira” (Apocalipsis 16:19). He aquí el destino de todas las ciudades levantadas por nuestra raza: ¡caerán!

-El aviso no es tan solo para las ciudades sino para todo el planeta Tierra.

-“Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas (2 Pedro 3:10). Cosa visible y temporal, la tierra no es eterna. “Las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:18).

-Este aviso lo ha emitido no alguna agencia gubernamental o meteorológica en la tierra sino el mismo Creador de nuestra raza y del universo material. ¿Con qué razón cuestionar su autenticidad, no tomándolo en serio?

-¡Estamos todos avisados a tiempo! Este aviso está vigente hace muchos siglos, publicándose “a tiempo y fuera de tiempo” en casi todo el globo terráqueo. Por lo tanto, estamos sin excusa si no actuamos a tiempo para salvarnos de la destrucción venidera, tanto la de la tierra misma como la los injustos impenitentes.

-Pese a la credibilidad del aviso y el tiempo adecuado concedido para tomar las necesarias medidas, ¡la mayoría de nuestra raza no se mueve! No obedece al aviso. Decide quedarse donde está, a saber, en los mismos lugares donde arrasará la furiosa tempestad de la ira de Dios contra los seres que hacen caso omiso a su voluntad, hasta mofándose de sus advertencias. Todo ser humano debe creer el aviso, levantarse y huir de los lugares llenos de pecado, pasando por el río de las Aguas Bautismales para salvar su alma (Hechos 2:38), pero pocos lo hacen.

-¿Por qué no se traslada la abrumadora mayoría de nuestra raza al lugar seguro provisto por Dios, es decir, a su Reino espiritual (la iglesia edificada por Cristo)? Sus razones son más o menos las mismas dadas por los residentes de Nueva Orleáns como justificación para no salir de aquella ciudad amenazada por el huracán Katrina.

-Aman muchísimo a sus posesiones materiales, dándoles prioridad: casas, negocios, vehículos, terrenos, sitios de entretenimiento, etcétera. Estos, juntamente con los placeres de la carne, ocupan el primer plano en su existencia. Por nada los colocarían en segundo plano, paso que requiere Dios para ser admitido a su lugar seguro.

-Quienes creen en Dios, aunque en poco o nada le sirvan, viven confiados de su misericordia en el día de encontrarse en su presencia. “Dios es amor. Mi Papicito en el cielo me ama. No me pasará nada.”

-“Eso de la destrucción de esta bella tierra, pues no lo creo. Lo del infierno, menos todavía. Dios no es tan destructivo, injusto o cruel. El infierno es el cuco de los pastores y predicadores para asustar al pueblo y sacarle dinero.”

-“Yo hago muchas buenas obras. No soy malo. Confío en mis obras. Y si no tengo suficiente para satisfacer al Señor, ¡tomaré prestado de los santos!, ya que ellos tenían más que suficientes.”

-Soberbia humana. Ilusiones de “fuertes e invencibles”, de poder salir airosos, pase lo que pase. Escepticismo e incredulidad ante grandes peligros anunciados pero jamás experimentados en carne propia. Esta es la mentalidad mal orientada y muy deficiente que lleva a multitudes a permanecer en el mismo camino de la destrucción venidera, sin mover un pie para escapar de la muerte espiritual.

-¡Muy lamentables e innecesarias pérdidas de almas! ¡Ahogadas en las turbias y violentas aguas del sensualismo! Amarradas al materialismo. Amantes más de culturas, tradiciones y ficciones que de la verdad y la realidad.

Las catástrofes tienden a dejar al corazón desnudado, esfumándose de repente toda pretensión. Esto todo el mundo pudo observarlo en los afectados por el huracán Katrina, captando las cámaras de televisión a las personas en sus distintas reacciones.

-La persona de buen corazón, siendo decente, respetuosa, dueña de sí misma y honesta, soporta estoicamente la calamidad.

-En cambio, la persona de corazón flojo, egoísta, violento o impuro aprovecha el caos que suele traer cualquier catástrofe de la categoría de Katrina para dar rienda suelta a sus malos deseos, acaso ocultados un tanto antes del evento pero excitados por la anarquía reinante y, hallando su dueño ocasión oportuna, desencadenados por él. Un número elevado de los sobrevivientes de Katrina saqueó las tiendas de Nueva Orleáns, llevándose no solo alimento sino toda clase de artículo. Algunos ultrajaron a mujeres o doncellas a plena luz de día, aun en los refugios. No faltaron elementos que tiraran a los aparatos de rescate, como también a los policías.

-La persona de buen corazón obedece la ley, aunque no esté presente ningún poder civil, policíaco o militar que la imponga.

-En cambio, la persona de corazón malo echa de sí toda cohibición al faltar la presencia del poder que impone la ley. ¿Qué sucede en Nueva Orleáns al no poder funcionar la policía? Ya lo hemos visto: el caos moral y civil.

-¿A qué se debe este porcentaje tan alto de ciudadanos con tan alta tendencia a la violencia de toda categoría? Doy mi opinión: se debe, en gran parte, al acondicionamiento de su psiquis y espíritu hecho por los medios de entretenimiento. Juegos electrónicos, videos, películas, revistas, la música tipo “rap”, etcétera, cuyo contenido general es de violencia en extremo, del sensualismo sin límites, de vicios y de conducta criminal. Además, el culto al “yo”, al cuerpo físico, al placer carnal. El corazón de grandes multitudes de las nuevas generaciones late al ritmo agitado de una cultura sumamente obsesionada con lo carnal, la inmoralidad, la violencia, lo oculto, los “derechos del individuo” y la “libertad de expresión”. Retirarle la fuerza de la ley, y se desemboca en violaciones de la ley, cayendo pronto en el caos y la anarquía. En Nueva Orleáns, Katrina hizo muy difícil, si bien no imposible, la aplicación de la ley por un tiempo, con las consecuencias ya registradas. ¿Estamos criando a una generación que, en su gran mayoría, no respeta la ley ni teme a Dios?

-¿Acaso sea Nueva Orleáns el microcosmo de sociedades que se alejan rápidamente de Dios y su código de conducta para la raza que creó? El apodo, en inglés, de la ciudad es “The Big Easy”, o sea, “La Gran Ciudad que todo lo coge suave”. Famosa por su infame “Mardi Gras” (Carnaval), sus burdeles, su música jazz, su vida moralmente relajada, su “French Quarter”, su vida nocturna. ¡Cuán grande es el lamento de multitudes por la pérdida de todo esto al quedarse la ciudad destruida por Katrina! ¡Y cuánto dice semejante lamento sobre el carácter de quienes lo levantan! Hay que volver a construir la ciudad, dicen, lo más pronto posible, más grande y, es de suponerse, ¡más corrupta que nunca!

Construyendo donde no debemos. No construyendo donde debemos.

-¡Qué incautos y faltos de sabiduría, aun de sentido común, somos la gran mayoría de nuestra raza! Hacemos ciudades y viviendas donde no debemos.

-Nueva Orleáns, en un área debajo del nivel de los cuerpos de agua que la circundan.

-San Francisco y Los Ángeles, California, sobre la peligrosa falla tectónica San Andrés.

-Ciudad México, sobre terrenos que cubrían en tiempos pasados los antiguos lagos de Xochimilco y Tláhuac. “La capital mexicana se asienta sobre un terreno colmatado por sedimentos esponjosos que cubren un antiguo lago” (Biblioteca de Consulta Microsoft ® Encarta ® 2005. © 1993-2004 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos).

-Pompeya, Italia, a pocos kilómetros del volcán Vesubio.

-Construimos en las laderas de empinadas montañas propicias a deslizamientos de tierra, en terrenos que se inundan o pegado a playas azotadas en ocasiones por maremotos o fuertes oleajes que rompen todo a su paso.

-Nuestra falta de inteligencia y planificación adecuada no se limitan a casas o ciudades materiales, pues también impactan negativamente nuestra edificación espiritual.

-Muchas almas construyen confiadamente sobre fundamentos que no sean Cristo y su evangelio puro (1 Corintios 3:10-11). Gran número edifica “sobre la arena” (Mateo 7:24-27).

-En cambio, los sensatos edifican “su casa sobre la roca”, la cual es Cristo y su verdad eterna.

-Los sabios y espirituales buscan “la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:10), anhelando una ciudad “mejor” que Nueva Orleáns, Nueva York, Ciudad de México, Buenos Aires, San Juan o París. “Mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad” (Hebreos 11:16), a saber, “la nueva Jerusalén” , la cual descenderá “del cielo de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido” a la “tierra nueva” . En esta gran ciudad “ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:1-7).

 

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