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-Tres páginas

Profesor del curso de Historia de la Iglesia Cristiana en el Seminario de su organización desea “ llevar una enseñanza no prejuiciada ni sectaria” a sus “alumnos” sobre “las iglesias de Cristo” .  

“…según mis estudios me han confirmado, las Iglesias de Cristo, son un grupo de creyentes…”

Aclaración. Mi parecer es que la expresión “un grupo de creyentes” no es adecuada para representar correctamente lo que son “las Iglesias de Cristo” . Más acertado sería decir que estas “Iglesias de Cristo” son “una hermandad de miles de congregaciones establecidas en aproximadamente ciento sesenta países del mundo”. Su membresía global no se conoce con exactitud, pues cada congregación es autónoma, no existiendo ningún concilio u otra organización central con autoridad oficial de recoger datos. Sin embargo, algunos miembros han confeccionado “directorios” de congregaciones para algunos países, con datos relevantes, y esta información, juntamente con informes de evangelistas, indican que la membresía global alcanza varios millones –un millón trescientos mil en Estados Unidos, más de un millón en África, dos millones, o más, en la India, y cientos de miles en otros países. De mi parte, no me glorío en “números de feligreses”, siempre deseando que fueran mucho mayores. A la vez, lo tengo por indisputable que el número de adeptos de una iglesia o “movimiento” no prueba nada en absoluta acerca de su fidelidad al evangelio de Cristo.  

“…derivados del Movimiento de Restauracion Stone-Campbell (dirigido por ex-ministros presbiterianos) de la que también son resultado la Iglesia Cristiana y la Iglesia Discípulos de Cristo.”

Aclaraciones.

1.  Lo supongo axiomático que toda iglesia, congregación, concilio o “movimiento” del tiempo presente tenga su origen en algún lugar de este globo terráqueo, y debe su existencia a las iniciativas y obras de algún predicador, predicadora o equipo de predicadores.

2.  Algunas iglesias aseguran que son la continuación legítima de la iglesia original fundada en Jerusalén, en el día de Pentecostés, diez días después de la ascensión del Señor Jesús, conforme al relato en Hechos 2.

a)  La inmensa mayoría de las congregaciones conocidas como “iglesias de Cristo” toman esta posición. Su meta es imitar a la iglesia primitiva apostólica tal cual revelada en el Nuevo Testamento –predicar la misma “sana doctrina” (1 Timoteo 4:16), tener la misma organización (Hechos 14:23) y adorar de la misma manera. Hasta qué medida cada una lo esté logrando, pues Dios sabe.

b)  La Iglesia Católica Romana toma la misma posición.

c)  Entiendo que muchas iglesias de corte pentecostal reclaman lo mismo.

d)  La Iglesia Adventista del Séptimo Día, los Testigos de Jehová y la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (mormona) alegan lo mismo, cada una presentándose como “la única iglesia verdadera, o la única organización verdadera, de Dios”.

3.  En cuanto a “las iglesias de Cristo” , quizás algunas congregaciones atribuyan su origen al “Movimiento de Restauración Stone-Campbell”, pero me parece estar en lo cierto al afirmar que la gran mayoría atribuye su origen a Cristo y los apóstoles.

a)  No invocan como fundadores a Barton Stone, Thomas Campbell, Alexander Campbell o a cualquier otro predicador del Siglo XIX, reconociendo solo a Jesucristo como único fundador, como único “fundamento” (1 Corintios 3:10-11).

b)  No se identifican como “movimiento” sino como la auténtica continuación de la iglesia original, la cual no era, ni es, un mero “movimiento”, sino el “cuerpo” de Cristo, siendo uno solo este “cuerpo” . “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo , así también Cristo” (1 Corintios 12:12).

c)  Si la doctrina y práctica de estas congregaciones son las mismas de la iglesia establecida por Cristo, derecho tienen de presentarse ante el mundo como la auténtica continuación de la iglesia original. A todo estudioso de la Biblia le corresponde verificar la legalidad de su reclamo.

d)  Si Barton Stone, los Campbell, John Smith y los demás predicadores del Siglo XIX que llegaron a solidarizarse con ellos, enseñaron la pura “doctrina de Cristo” (Hebreos 6:1; 2 Juan 9-11), merecen ser tenidos como portavoces fieles del único evangelio revelado por el Espíritu Santo, y no como inventores de “otro evangelio diferente” del que fue anunciado por los apóstoles (Gálatas 1:6-10); como establecedores de congregaciones fieles al único evangelio de Cristo, y no como fundadores de alguna nueva iglesia diferente a la que el Señor fundó.

(1)  Nuestra apreciación es que “restauraron” , en los lugares donde laboraban y para los tiempos en que les tocaba vivir, muchas enseñanzas y prácticas bíblicas echadas al olvido o suprimidas durante la larga noche de la “la apostasía” predicha en varios textos proféticos (2 Tesalonicenses 2:1-12; 1 Timoteo 4:1-5; 2 Timoteo 4:1-5; Apocalipsis 17, etcétera). Pero, que quede claro: “restaurar” quiere decir “reconstituir lo que se había deteriorado o desaparecido”, y no, en definitiva, producir algo nuevo y totalmente diferente, como, por ejemplo, una nueva iglesia diferente a la original.

(2)  Catalogar su obra de “Movimiento” es desvirtuarla. Es denigrante; es una falsa representación. Evangelizando bíblicamente, formaron miles de congregaciones guiadas solo por el Nuevo Testamento. Aquellas congregaciones no constituían un mero “movimiento” sino la continuación de la iglesia original. Y en aquellas congregaciones se levantaron y se prepararon miles de nuevos obreros, quienes a su vez instruyeron a futuras generaciones de “hombres fieles, que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Timoteo 2:2), y así hasta el día de hoy.

(3)  El llamado “Movimiento de Restauración Stone-Campbell” no fue “dirigido” por ninguna organización central de predicadores. Por ningún concilio. Por ningún predicador en particular. En distintos lugares, algunos predicadores, aun sin conocerse entre sí, empezaron a proclamar mensajes ajustados al evangelio puro del Nuevo Testamento. En el lapso de tan solo seis décadas, veintenas, luego cientos, entonces aun miles de predicadores presbiterianos, metodistas, bautistas, etcétera, renunciando sus evangelios diferentes al de Cristo, se unieron a los primeros. Congregaciones enteras cambiaron. Todo esto sin la formación de concilio alguno; sin nombrar a alguien “presidente, vicepresidente, secretario, tesorero”.

(4)  Lastimosamente, también se levantaron en aquellas congregaciones personajes influyentes empeñados en promover doctrinas y prácticas de las sectas cristianas en derredor suyo. Su agresividad e intransigencia desembocaron eventualmente en divisiones, de las que la “Iglesia Cristiana” y la “Iglesia Discípulos de Cristo” son frutos.

e)  El que escribe ha tenido el grandioso privilegio de establecer unas cuantas congregaciones, las que se dan a conocer como “iglesias de Cristo” . Ellas no integran ningún “movimiento de restauración”. No pertenecen a ningún hombre; a ningún concilio religioso humano. Cada una es independiente. Cada una con su propia organización local. No son mías. Son de Cristo. Mi papel era el de evangelista. Jamás se identifican como del “Movimiento de Restauración Stone-Campbell”. Catalogarlas como tal sería una gran injusticia, un error descabellado, un desacierto irresponsable.

-Usted, Sr. García, es “profesor del curso de Historia de la Iglesia Cristiana en el Seminario” de la organización a la que pertenece. Respetuosamente, entiendo que su sagrado deber ante sus alumnos es representar correctamente a “las iglesias de Cristo” de acuerdo con la proyección que ellas mismas hacen públicamente de sí mismas. Son lo que dicen ser, a menos que se pueda probar lo contrario. Aplicarlas distintivas que ellas mismas rechazan enérgicamente no es honesto, a menos que se pueda sostener que ellas falsifiquen o disfracen su identidad.

- “¡Ah! ¿Las iglesias de Cristo? Esas que profesan seguir de cerca la doctrina de Cristo. Que no creen en diezmar. Que no permiten a la mujer predicar. ¡Olvídese de ellas! Son del Movimiento Stone-Campbell.” La clara implicación de semejantes declaraciones es que “las iglesias de Cristo” son de origen humano. Que son un mero “movimiento”. Que no merecen seria consideración. Declaraciones de esta categoría no son razones o argumentos sino expresiones irresponsables emitidas para crear prejuicios o percepciones negativas. O quizás para esquivar confrontar reclamos legítimos.  

“Estos grupos se clasifican, para propósitos de estudio histórico y social, en una división llamada \"Restauracionismo\" pues reclaman ser la restauracion del cristianismo original diferentes a los movimientos de reforma protestante del siglo XVI o los movimientos evangelicos/fundamentalistas del siglo XVIII o los movimientos pentecostales/carismáticos del siglo XX.”

-Comentarios.

(1)  Cómo  profesores o historiadores religiosos clasifiquen a “estos grupos” es su responsabilidad, ante Dios, ante sus alumnos y ante el público. Siendo profesionales, es de suponerse que sus “clasificaciones” y “representaciones” hagan mella en el pensar de las personas que las escuchan o leen. De la manera que no pocos profesores e historiadores seculares “reescriben”, según se alega, los hechos, siguiendo agendas personales o criterios de lo “políticamente correcto”, asimismo el profesor o historiador religioso puede incurrirse en la gravísima falta de clasificar incorrectamente a iglesias, o de representarlas falsamente, o de sembrar sentimientos negativos contra ellas, valiéndose solo de insinuaciones, implicaciones infundadas o aun de mofas, sin apoyarse en siquiera un argumento sólido. Desde luego, el profesor o historiador bien informado, honesto y objetivo jamás cometerá tal agravio.

(2)  Muy cierto es que “las iglesias de Cristo” , como dice usted, “reclaman ser la restauracion del cristianismo original diferentes a los movimientos de reforma protestante del siglo XVI o los movimientos evangélicos/fundamentalistas del siglo XVIII o los movimientos pentecostales/carismáticos del siglo XX” . Pero, es igualmente cierto que repudian ser clasificadas como “una división llamada \"Restauracionismo\" .

 

 

 
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