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-Jerusalén en el tiempo de Cristo y los apóstoles. Desglose de temas relevantes en esta Web.

-Historia de la primera iglesia de Cristo, la que fue establecida en Jerusalén en el año 30 d. C.

Cero pentecostales en la iglesia de Jerusalén!"

Muchos millares de cristianos en Jerusalén "tenían en común todas las cosas".

¿Por qué? ¿Por cuánto tiempo?

Modelo del "Pórtico de Salomón". Escala de 40:1. Parte del modelo completo, creado por Hans Krock, del Monte Templo, el que cubría 144,000 metros cuadrados (Catorce hectáreas, o treinta y cinco acres). Este pórtico fue construido conforme a las instrucciones de Herodes el Grande.   

 “Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno” (Hechos 2:44-45).

“Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común. … Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad” (Hechos 4:32, 34-35).

A.  ¿Cuáles cristianos “tenían en común todas las cosas”? Específicamente, los que fueron añadidos a la iglesia en Jerusalén, comenzando en el día de Pentecostés (Hechos 2). Los textos de Hechos citados arriba describen circunstancias particulares de la iglesia en Jerusalén, o sea, las de todas las personas que, estando en Jerusalén, obedecieron el evangelio predicado por los apóstoles, bautizándose “para perdón de los pecados” (Hechos 2:38). No describen las condiciones de ninguna otra congregación. De hecho, según el relato del historiador Lucas, autor de Hechos de Apóstolesla congregación en Jerusalén era la única existente durante el tiempo cuando “todos los que habían creído… tenían en común todas las cosas”. No hay referencia alguna a otra ni implicación que existiera otra.

1.  Corrobora, circunstancialmente, esta conclusión el detalle histórico anotado en Hechos 5:16. “Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados.” A las “ciudades vecinas” de Jerusalén llegaron noticias de lo que estaba ocurriendo en la capital de Israel, y de ahí que “muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos…”. Más sin embargo, ni se intima la existencia de congregaciones en aquellas “ciudades vecinas”.

2.  También apoya esta conclusión la observación del sumo sacerdote que reconvino a los apóstoles, diciendo: “¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese nombre? Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina…” (Hechos 5:28). “…a Jerusalén” sí, pero aún no a las “ciudades vecinas”.

3.  Además, la "gran persecución" desatada después del martirio del diácono Esteban fue "contra la iglesia que estaba en Jerusalén" (Hechos 8:1). No se mencionan otras iglesias hasta en Hechos 9:31. "Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria..." Estas fueron establecidas después de la dispersión de la iglesia en Jerusalén por los que "fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles" (Hechos 8:4).

B.  ¿Hasta cuándo tenían aquellos hermanos en Jerusalén “todas las cosas en común”Hasta el día cuando “fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria”. Martirizado Esteban (Hechos 7:54-60), “…en aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles” (Hechos 8:1).

1.  Esparcidos todos, ya no estaban todos “juntos” en la ciudad de Jerusalén.

2.  Esparcidos todos “salvo los apóstoles”, es axiomático que después de aquel evento estremecedor ya no se hacía la “distribución diaria” (Hechos 6:1), “según la necesidad de cada uno”, de los valores, o recursos, depositados a los pies de los apóstoles.

3.  Perseguida “la iglesia que estaba en Jerusalén” y esparcidos todos sus feligreses, “salvo los apóstoles”finalizó la etapa de tener los cristianos en aquella ciudad “todas las cosas en común”. Este es un hecho muy significante.

4.  ¿Cuánto tiempo después del establecimiento de la iglesia en Jerusalén “fueron esparcidos” todos los feligreses en Jerusalén, “salvo los apóstoles”De dos a tres años después, según tres fuentes (en inglés) consultadas en el Internet. Sencillamente, no existen datos suficientes para fijar el tiempo con más precisión.

5.  ¿Durante cuánto tiempo tenían los miembros de la iglesia en Jerusalén “todas las cosas en común”Por más o menos dos años, quizás hasta cerca de tres. Aunque se dice, comúnmente, que la iglesia fue fundada en el año 33 d. C., la fecha más correcta sería el año 29, o el año 30, d. C., según la cronología más exacta desarrollada posterior a la publicación del “calendario gregoriano” en 1582. Originada, pues, la iglesia en Jerusalén en el día de Pentecostés del año 30 d. C., los cristianos en aquella ciudad “tenían todas las cosas en común” hasta el año 32 d. C., tal vez aun hasta el año 33.

C.  ¿Cuántos cristianos tenían “todas las cosas en común” por un espacio de entre dos y tres años? ¡Muchos miles! Quizás hasta veinticinco mil, o aún más. Consideremos la información al respecto revelada en Hechos.

1.  Primero, Hechos 2:44 dice que todos los que habían creído… tenían todas las cosas en común”“TODOS…” Se refiere a las “como tres mil personas” bautizadas en el día de Pentecostés, el día inaugural de la iglesia que Cristo fundó. Así que, comenzamos con la cifra de aproximadamente tres mil.

2.  Luego, “…el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:47). Esto quiere decir que “cada día” crecía más y más la iglesia en Jerusalén. Fueron bautizados “como tres mil” en Pentecostés. Entonces, “cada día” subsiguiente, ¡había más bautismos!

3.  Sanado el cojo de nacimiento en la puerta Hermosa del templo judío en Jerusalén, “todo el pueblo, atónito, concurrió” a los apóstoles “al pórtico que se llama Salomón” (Hechos 3:11). Allí, el apóstol Pedro les explica que el milagro había sido hecho “por fe en el nombre” de Jesús (Hechos 3:16), es decir, por la fe que los apóstoles tenían en Jesús, y enseguida, les proclamó el evangelio. De repente, “vinieron sobre” Pedro y Juan “los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos”, echándoles en la cárcel. Pese a esta acción, “muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil” (Hechos 4:4). ¡Cinco mil varones convertidos! Y por implicación, quizás también un gran número de damas.

4.  Cinco mil varones, más, probablemente, un número considerable de mujeres, añadidos a los tres mil bautizados en Pentecostés, sumadas además todas las personas añadidas “cada día” entre Pentecostés y el encarcelamiento de Pedro y Juan –todos estos hacen una gran multitud de cristianos en Jerusalén. De hecho, asimismo se presentan en Hechos 4:32. “Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma…” Para esta fecha, estimamos ¡de doce a quince mil cristianos en Jerusalén! De toda esta “multitud” también se dice que “tenían todas las cosas en común” (Hechos 4:32). Y el número sigue creciendo vertiginosamente, conforme a las siguientes dos entradas.

5.  Ananías y Safira, miembros de la iglesia en Jerusalén, venden una propiedad, trayendo una porción del dinero a  los apóstoles, pero mienten al Espíritu Santo, alegando haber entregado todo el precio. Ambos cayeron muertos (Hechos 5:1-11). Siguen predicando y haciendo milagros los apóstoles (Hechos 5:12-13), resultando sus labores en crecientes cosechas de almas. “Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres” (Hechos 5:14).

6.  Encarcelados los apóstoles, fueron liberados milagrosamente, y haciendo caso omiso a las amenazas de los gobernantes judíos incrédulos, “…todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo” (Hechos 5:17-42). Habiendo sido elegidos siete diáconos para la iglesia en Jerusalén (Hechos 6:1-6), seguía creciendo “la palabra de Dios, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe” (Hechos 6:7). ¿En dónde? “…en Jerusalén…”

7.  Hasta Hechos 4:32, calculamos en unos quince mil el número de cristianos en Jerusalén. Entonces, tomando en cuenta el gran crecimiento adicional indicado en Hechos 5:14 y Hechos 6:7, nos parece razonable proyectar, para el año 32-33 d. C., hasta veinticinco mil cristianos en Jerusalén antes del esparcimiento de la iglesia ocurrida al sufrir martirio el elocuente Esteban. Aun este número pudiera resultar conservador. Y estos muchos miles “tenían en común todas las cosas”.

8.  Veinticinco mil personas convertidas en Jerusalén durante los primeros dos o tres años después del establecimiento de la iglesia en Pentecostés del año 30 d. C., comenzando con aproximadamente “tres mil” en aquel Pentecostés. Por impresionante que sea este número, no resulta extraordinariamente grande cuando comparado con la cantidad de israelitas –de cinco a siete millones, tal vez más- que había en el Imperio Romano durante el tiempo de Cristo y los apóstoles, antes de la Guerra romano-judía de los años 67-70 d. C.[1] Ni tampoco cuando comparado con las enormes multitudes que llenaban a Jerusalén cada año para la celebración de la Pascua, y cincuenta días después, la fiesta de Pentecostés. A continuación, datos al respecto.

a)  “Josefo [Flavio Josefo, sacerdote judío durante el Siglo I, general de tropas israelíes en Galilea al principio de la Guerra romano-judía, e historiador de los judíos, patrocinado, después de capturado, tanto por el emperador Vespasiano como por su hijo el emperador Tito] nos informa que el gobernador sirio Cestius Gallus pidió al sumo sacerdote que tomara un censo de Jerusalén, siendo la móvil convencer a Nerón de cuán importantes eran aquella ciudad y la nación judía. El sumo sacerdote se valió del método de CONTAR el NÚMERO de CORDEROS SACRIFICADOS en la Pascua, a saber, 256,500. Entonces, multiplicó el número por 10, el número promedio de personas que participaban de cada cordero. Aplicando la computación MÍNIMA de DIEZ personas por cordero, el resultado sería una población de 2,565,000, o como lo expresa el propio Josefo, 2,700,200 personas. (Flavio Josefo, Guerras judías 6, 9, 3). En una ocasión anterior, Josefo computó el número de judíos presentes en Jerusalén para la Pascua en no menos de 3,000,000 (Flavio Josefo, Guerras judías 2, 14, 3).” (Los festivales de Dios, Parte 1, Los festivales de primavera. Por el Dr. Samuele Bacchiocchi. Citado por Keith Hunt , en su artículo ¿Cuántos corderos fueron sacrificados en la Pascua? www.keithhunt.com)

b)  “Al comprender nosotros que los corderos pascuales fueron sacrificados en PRIVADO por grupos pequeños de personas (como, por ejemplo, lo hicieron Jesús y sus doce discípulos al celebrar Jesús su última Pascua en la tierra), al INICIO del día 14, o sea, en la tarde del día 14 del mes de Nisán, NO HACIÉNDOLO mediante rito alguno en el templo, una parte del cual ejecutaría un sacerdote, entonces podríamos entender que Josefo pudiera haber acertado al decir que la población de Jerusalén, en el día de la Pascua (el día 14 de Nisán), alcanzara, para algunos años, hasta 3,000,000 personas” (¿Cuántos corderos fueron sacrificados en la Pascua? Por Keith Hunt. www.keithhunt.com)

c)  “Deseando el rey Agripa saber el número de la población durante la Pascua, dispuso que los sacerdotes colocaran aparte los riñones de las víctimas sacrificadas [es decir, de los corderos] (t. Pesah., 4:15). Se contabilizaron seiscientos mil pares. Asumiendo que hubiera no menos de diez participantes en cada haburah pascual (una asociación voluntaria de adultos), el cálculo arroja un total de seis millones [de personas que tomaran parte en aquella Pascua]. Se dice que aquella fue llamada ‘la Pascua abarrotada’, tan abarrotada que no cabía la gente en el MonteTemplo[2]. Observamos de nuevo que, aunque estas cifras sean infladas grandemente, confirman que Jerusalén se desbordaba de peregrinos pascuales” (Una Pascua judía del Siglo Iwww.bu.nb.ca)

[1.  Según James Carroll, los judíos constituían el 10 % de la población total del Imperio Romano. Carroll, James. Constantine's Sword (Houghton Mifflin, 2001) ISBN 0-395-77927-8 p.26. Cita tomada del artículo Jews, www.wikipedia.org]

[2.  “El actual Monte Templo fue construido por Herodes el Grande, comenzando en el año 20 a. C. La construcción continuó durante ochenta y tres años, hasta el año 64 d. C., cuando se paró el proyecto y fueron cesanteados dieciocho mil trabajadores (lo cual resultó en motines). El Monte Templo constituye la sexta parte de la presente Ciudad Antigua, cubriendo treinta y cinco acres. La construcción de la plataforma rectangular requirió que se llenara gran parte del Valle Central.” www.bibleplaces.com Treinta y cinco acres equivalen a más o menos catorce hectáreas. Teniendo una hectárea diez mil metros cuadrados, el área total ocupada por el templo propio, patios –de mujeres, de gentiles, de levitas, etcétera-, pórticos –como el de Salomón-, claustros, etcétera, en el tiempo de Cristo y los apóstoles, era de 144,000 metros cuadrados. El Monte Templo también se llama Monte Moría.] El Monte Templo era un “cuadrangular irregular: la muralla del sur = 281 metros; la del oeste = 488 metros;  la del norte = 315 metros; la del este = 466 metros. Circunferencia total = 1,550 metros. Área total = c. 144,000 metros cuadrados” (Judaism, por E. P. Sanders, Páginas 57-58).

D.  ¿Estaban obligadas todas las personas que se convirtieron a Cristo en Jerusalén, desde Pentecostés del año 30 d. C. hasta la dispersión de la iglesia en el año 32-33, a vender todas sus propiedades y bienes, y a poner a disposición de los apóstoles todo el dinero recibido? Negativo. Al respecto, el reproche dirigido por el apóstol Pedro al “cristiano” mentiroso Ananías es contundente. “Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? Y vendida, ¿no estaba en tu poder?” (Hechos 5:4). Así que, Ananías y Safira no estaban obligados a vender su heredad, o vendiéndola, no estaban obligados a entregar todo el precio a los apóstoles. Esto no quiere decir que no debieran aportar generosamente, de alguna manera, dentro de sus posibilidades, al fondo administrado por los apóstoles o cooperar para socorrer a los necesitados.

E.  ¿Por qué comenzaron los convertidos en Pentecostés a vender sus posesiones materiales, continuando la práctica los que fueron añadidos a la iglesia en Jerusalén hasta su dispersión en el año 32-33?

1.  ¿Acaso les mandara Dios a hacerlo? Considerando la explicación dada por el apóstol Pedro a Ananías y Safira, obviamente no lo hizo. “Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? Y vendida, ¿no estaba en tu poder?” De haber Dios ordenado, por el Espíritu Santo, a aquellos cristianos a vender sus propiedades, heredades, casas o bienes materiales, el mandamiento hubiese sido aplicable a todos por igual, y la venta, pues, obligatoria.

2.  Entonces, ¿por qué? Escudriñemos dos textos claves.

a)  Hechos 2:44-45. “…vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Interesantemente, Lucas no dice: “…lo repartían a todos los necesitados según la necesidad de cada uno” sino “lo repartían a todos según la necesidad de cada uno”.

(1)  Razonamos que este “todos” abarcara, efectivamente, tanto a los que vendieron sus posesiones como a los pobres que no contaran siquiera con lo básico para el diario vivir. “Todos… tenían en común todas las cosas…” La forma más equitativa de tener “todos… en común todas las cosas” sería que todos y cada uno –toda familia, todo soltero, toda viuda, todo viudo- recibiera del fondo común una porción justa, “según la necesidad de cada uno”. Los que vendieron sus posesiones, también tendrían “necesidad”. En cambio, los que no vendieran sus posesiones, quizás no tuvieran “necesidad”, y no teniéndola, se supone que no fueran recipientes de lo repartido.

(2)  Pero, supongamos que “todos” se refiriera solo a los “necesitados” convertidos a Cristo –hambrientos, desnudos, gente sin trabajo, sin casa. Naturalmente, surge la pregunta: ¿Había acaso entre los que obedecieron al evangelio en Jerusalén tantísimos pobres de esta categoría, tantos y tantos que fuese necesario vender gran cantidad de propiedades y bienes a fin de satisfacer sus necesidades? Tal vez. Suponiendo esto el caso, ¿qué les pasaría a tantos pobres al ser “esparcidos” todos los cristianos en Jerusalén, “salvo los apóstoles” (Hechos 8:1-3?

b)  Hechos 4:32-35. “Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían y traían el precio” a los apóstoles. “…que no había entre ellos ningún necesitado” no implica, necesariamente, que los únicos beneficiados del fondo administrado por los apóstoles fueran los pordioseros convertidos a Cristo. Por las razones abordadas en las partidas anteriores.

c)  Estas consideraciones nos inducen a procurar más entendimiento sobre esta iniciativa de comenzar los primeros cristianos a vender, voluntariamente, sin mandato divino, sus posesiones materiales.

3.  Por cierto, algunas circunstancias de lo acaecido en el día del establecimiento de la iglesia –Pentecostés del año 30 d. C.- acaso indiquen otra razón, a saber, la probable permanencia en Jerusalén de judíos provenientes de “todas las naciones bajo el cielo”, convertidos a Cristo. Añadidos estos a la iglesia, ¿volverían enseguida a sus países de origen? Quizás algunos sí, pero otros no. O tal vez se quedaran todos en Jerusalén para recibir amplia instrucción de los apóstoles antes de regresar a sus hogares en tierras lejanas. Suponiendo este el caso, ¿cuántos de ellos contarían con los recursos necesarios para costear su estadía extendida? Teorizamos que sus gastos los cubrirían los fondos devengados mediante la venta voluntaria de propiedades y bienes poseídos por los cristianos radicados en Jerusalén y sus cercanías.

4.  Proponemos todavía otra razón, a saber, la necesidad de afianzarse completamente en su nueva fe todos aquellos miles y miles de cristianos convertidos en Jerusalén, consolidándose, uniéndose estrechamente, aprendiendo a adorar todos juntos, “unánimes, a una voz” (Romanos 15:6), a trabajar juntos en la grandiosa obra espiritual que se estaba iniciando, formando una congregación grande y preparándose para salir por el mundo entero, predicando el evangelio de Cristo. ¿Cómo lograr todo esto aquellos miles de judíos nuevamente convertidos a Cristo, en medio de una enorme multitud de compatriotas incrédulos y hostiles en grado sumo? Postulamos que, para lograrlo, lo indicado fuese separarse casi completamente del mundo material, entregándose del todo al aprendizaje de la nueva “doctrina de los apóstoles” (Hechos 2:42) y de la “nueva vida” (Romanos 6:3-9) en el Señor Jesucristo. Esto lo harían ellos, vendiendo muchas posesiones, creándose así un fondo administrado por los apóstoles que los permitiría disponer de lo necesario para la vida cotidiana, sin tener que volver enseguida a sus trabajos seculares. Del fondo, recibirían “según la necesidad de cada uno” (Hechos 2:45; 4:35). Por cierto, escudriñando cuidadosamente el relato de Lucas, se sobrentiende que algo parecido pasara. Consideremos.

a)  “Todos los que habían creído estaban JUNTOS...” (Hechos 2:44). “Todos…” Si bien este “todos” sea, en parte, retórico, no significando “todos en absoluto”, ciertamente quiere decir “la gran mayoría” o “casi todos, con pocas excepciones”.

b)  ¿Dónde estaban “todos… juntos”“Y perseveraban unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón” (Hechos 2:46). ¿Dónde? “…en el templo, y… en las casas…” ¿Cuándo? “…cada día…” ¿Por cuántos días? Bastante más adelante en el relato de Lucas, y por ende, en la línea del tiempo, en Hechos 5:12, encontrarnos a aquellos cristianos todavía “todos unánimes en el pórtico de Salomón”.

c)  ¿Cómo podían aquellos millares de cristianos permanecer “juntos… unánimes cada día en el templo… en las casas… en el pórtico de Salomón” y, a la vez, dedicarse a negocios, profesiones, oficios, fincas, etcétera? Nos inclinamos a pensar que se desligara la mayoría de ellos de tales compromisos materiales, recibiendo solo lo necesario del fondo administrado por los apóstoles. ¿Qué opina usted, estimado lector?

F.  ¿Cuán grande era el fondo administrado por los apóstoles en Jerusalén entre Pentecostés y la dispersión de la iglesia? Dejándonos llevar por los datos y estadísticas recopilados en este estudio, deducimos que cientos de personas, quizás hasta miles, vendieran sus propiedades, heredades, casas o bienes, trayendo “el precio de lo vendido” y poniéndolo “a los pies de los apóstoles” (Hechos 4:34-35). Sin duda, las sumas recaudadas de día en día mediante estas ventas alcanzarían cifras comparativamente altas. De los fondos acumulados así se hacía una “distribución diaria” (Hechos 6:1).

1.  Se asume que entre los muchos miles de convertidos hubiera un porcentaje que no vendiera nada por no poseer propiedades o bienes.

2.  Además, es lógico pensar que un porcentaje de los convertidos, particularmente de los que fueron bautizados en el día de Pentecostés del año 30 d. C., lo compusieran judíos que habían venido de muchos lugares lejos de Jerusalén para la celebración de la fiesta (Hechos 2:5-13).“Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo (Hechos 2:5). De estos, quienes poseyeran propiedades en otras provincias o países difícilmente las venderían al convertirse de repente en cristianos, ya que no contaban con teléfonos celulares, computadoras, transferencia electrónica de valores o medios rápido de viajar.

3.  Todos los que poseían heredades o casas, las vendían y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles…” (Hechos 4:34-35).

a)  ¿Todos y cada uno, hasta el último, sin excepción? Dudoso. Ya hemos visto que Ananías y Safira no estaban obligados a vender su heredad.

b)  ¿Toda propiedad y todo bien (Hechos 2:45)? ¿Hasta la casa de familia, muebles, utensilios, camas, negocios, herramientas, o sea, lo básico para vivir? Tal vez. Pero, aun la expresión “tenían en común todas las cosas” acaso indique que muchos retuvieran en su posesión al menos lo más necesario para la vida material. Dispuestos sí a compartir aun esto, pero no vendiéndolo necesariamente. También la expresión “…y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común” (Hechos 4:32). De haberlo vendido, ya no sería suyo para compartir; ya no lo poseería. Mas, aun poseyéndolo, no lo reclamaría como “suyo propio” sino que lo pondría a disposición de otros miembros de la iglesia. “Mi casa es su casa.”

c)  ¿Dónde comían aquellos miles y miles de cristianos? “…partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón…” (Hechos 2:46). “Perseveraban unánimes cada día en el templo”, pero comían “en las casas”. ¿Cuáles casas? Pues, ¡las no vendidas! Las que aún pertenecían a miembros de la iglesia, pero que se compartían libremente con los demás cristianos, disponiéndolas los dueños como si no fueran “suyo propio”. O, tal vez en casas alquiladas o arrendadas. O, quizás en los tres tipos de casa.

d)  ¿Dónde dormían aquellas muchedumbres de creyentes en Cristo? Por inferencia lógica, en las casas. Comían “en las casas”, también durmiendo en ellas, y no en el templo, los huertos o las calles de la ciudad de Jerusalén.

G.  ¿Era la iglesia en Jerusalén, de aquellos dos años antes de su dispersión temporal (Ver la “Partida H”), una “comuna comunista”? De modo alguno. Por las consideraciones que acabamos de desglosar. Adicionalmente, por lo siguiente:

1.  Los apóstoles no utilizaron los fondos acumulados para comprar terrenos, industrias o negocios en los que trabajaran sin sueldo los cristianos.

2.  Los convertidos a Cristo no fueron forzados a abandonar sus casas o terrenos, trasladándose todos a vivir todos juntos en alguna “comuna central”.

H.  Dispersados todos los feligreses de la iglesia en Jerusalén en el año 32-33, “salvo los apóstoles”, al tiempo aquella primera congregación se repuso, al menos en parte, y esto lo sabemos porque Saulo de Tarso, convertido también a Cristo, al regresar de Damasco a Jerusalén, intenta “juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo. Entonces, Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstolos…” (Hechos 9:26-27). Así que, Saulo encuentra en Jerusalén a “discípulos”, incluso a Bernabé, y los “apóstoles”. Amenazado Saulo de muerte porque “hablaba denodadamente en el nombre del Señor”, sabiéndolo los hermanos, le llevaron hasta Cesarea, y le enviaron a Troas” (Hechos 9:28-31). Justamente en este punto del relato histórico de Lucas se mencionan por primera vez congregaciones en adición a la de Jerusalén. “Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo” (Hechos 9:11). Estas congregaciones son el fruto de las labores de “los que fueron esparcidos”, que “iban por todas partes anunciando el evangelio” (Hechos 8:1-4).

1.  Los cristianos que componían estas “iglesias” en Judea, Galilea y Samaria, ¿tenían todas las cosas en común? Reponiéndose la iglesia en Jerusalén, ¿volvieron los discípulos allí a tener en común todas las cosas? Hasta donde alcance nuestro conocimiento, después del esparcimiento de la iglesia en Jerusalén en el 32-33 d. C., no existe evidencia alguna de que los cristianos continuaran la práctica de vender sus posesiones y tener “en común todas las cosas”.

2.  Establecida la iglesia en Antioquía de Siria, al enterarse de una hambruna que afectaba a los cristianos en Judea, “los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea; lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo” (Hechos 11:29-30). “…cada uno conforme a lo que tenía…” Nada de “vender propiedades, heredades, casas o bienes” los cristianos en Antioquía. Nada sobre “tener en común todas las cosas”.

3.  De hecho, esta norma de dar “según lo que uno tiene, no según lo que no tiene” (2 Corintios 8:12) es la que se establece para las iglesias (1 Corintios 16:1-3; 2 Corintios 8:1-24; 9:1-14), y no la de “vender todo cristiano sus posesiones y tener todos los cristianos todas las cosas en común”.

4.  A resumida cuenta, vender los cristianos en Jerusalén sus posesiones y tener “en común todas las cosas” durante los primeros dos o tres años de su existencia, eran prácticas que respondieron a las circunstancias muy especiales de aquella primera iglesia, no asentándose precedente para toda congregación en todo el mundo durante toda la Era Cristiana. No se le reveló a aquella congregación “toda la verdad” (Juan 16:13) de todo el Nuevo Testamento durante aquel lapso de tiempo. Más bien, el Espíritu Santo siguió cumpliendo su encomienda, la de revelar“toda la verdad” a los apóstoles, hasta el año 95 d. C., fecha en la que el apóstol Juan recibe las visiones de “Apocalipsis”. No tomar en cuenta esta revelación progresiva bien puede dar por resultado el entendimiento incorrecto de la “voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2) para su iglesia en todos los lugares durante todas las fases de la Era Cristiana. Igualmente, no comprender, o no aceptar, que esta revelación progresiva de la voluntad divina terminó en el año 95 d. C., también resulta en toda un plétora de falsas doctrinas.

 

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East of Herod's Temple there was, as in Solomon's, a porch, 100 cubits wide, 100 cubits high, and 20 cubits deep, thus extending 15 cubits on either side of the Temple ("B. J." v. 5, § 4). Its gateway, which had no gates, was 20 cubits broad and 70 cubits high. Over this gateway Herod erected a golden eagle, which was afterward pulled downby the Jews ("Ant." xvii. 6, § 2). The front of the porch was covered with gold ("B. J." v. 5, § 4); and it was most brilliant when the rays of the morning sun fell upon it.

Read more: http://jewishencyclopedia.com/view.jsp?artid=123&letter=T&search=Herod's%20Temple#ixzz1AUC1lu2z
East of Herod's Temple there was, as in Solomon's, a porch, 100 cubits wide, 100 cubits high, and 20 cubits deep, thus extending 15 cubits on either side of the Temple ("B. J." v. 5, § 4). Its gateway, which had no gates, was 20 cubits broad and 70 cubits high. Over this gateway Herod erected a golden eagle, which was afterward pulled downby the Jews ("Ant." xvii. 6, § 2). The front of the porch was covered with gold ("B. J." v. 5, § 4); and it was most brilliant when the rays of the morning sun fell upon it.

Read more: http://jewishencyclopedia.com/view.jsp?artid=123&letter=T&search=Herod's%20Temple#ixzz1AUC1lu2z
East of Herod's Temple there was, as in Solomon's, a porch, 100 cubits wide, 100 cubits high, and 20 cubits deep, thus extending 15 cubits on either side of the Temple ("B. J." v. 5, § 4). Its gateway, which had no gates, was 20 cubits broad and 70 cubits high. Over this gateway Herod erected a golden eagle, which was afterward pulled downby the Jews ("Ant." xvii. 6, § 2). The front of the porch was covered with gold ("B. J." v. 5, § 4); and it was most brilliant when the rays of the morning sun fell upon it.

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