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¿Quién es cristiano de verdad?

“Cristo” y “cristiano”: nombres sin iguales

La iglesia ideal, según Dios

¿"Muerto" o "Vivo"?

Esta fotografía de un predicador pentecostal frente a una audiencia nutrida ilustra el estudio sobre ¿Muerto o Vivo? ¿Es cristiano de verdad el creyente pentecostal?, en editoriallapaz.org.

 

El pastor pentecostal me dice “muerto” porque yo no soy pentecostal, y la feligresía pentecostal le segunda.

Al decirme “muerto” me está diciendo, efectivamente, “muerto espiritualmente”, y si esta es mi verdadera condición, entonces ¡estoy perdido ante Dios! ¡Sin salvación!

Asimismo acostumbran clasificar los pentecostales –no todos, pero muchísimos de ellos- a todo discípulo del Señor que no se solidarice con ellos. “¡MUERTOS!” ¡En iglesias “MUERTAS”!

¡JUZGAN, CONDENANDO A PERDICIÓN!

Pero, si alguno de los “muertos” tiene la temeridad de cuestionar la validez bíblica de doctrinas y prácticas pentecostales, muchísimos pentecostales se indignan terriblemente, pronunciando hasta anatemas contra el “culpable”. “¡Usted no tiene amor! ¡Criticón que censura y juzga! ¡Hijo del diablo! Cristo nos enseña a no juzgar.” Y por ahí siguen ad infinito.

Este comportamiento me lleva a preguntar:
¿POR QUÉ TIENE EL PENTECOSTAL PLENO DERECHO DE DECIRME “MUERTO”, PERO NO TOLERA QUE YO DEFIENDA MI FE, PONIENDO EN TELA DE JUICIO LA SUYA?

Me acusa de “no tener amor”, pero ¿qué es lo que tiene él cuando fulmina contra mí, llamándome “muerto” e “hijo del diablo”?

Luego, para colmo, cuando me defiendo, explicando por qué no soy pentecostal, no pocos de los que tampoco lo son ¡también dicen que no tengo amor!

De manera que tanto para el uno como para el otro ¡soy malo! “Pero la sabiduría es justificada por sus hijos” (Mateo 11:19). De todos modos, “si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gálatas 1:10). Así que, voy a preguntar, respetuosamente, no para ofender sino para enfocar aún más el asunto de “hacer juicios”:

¿Es “cristiano de verdad” el creyente pentecostal?

Estudio sobre criterios doctrinales, identidad de “cristiano” u otra cosa, Cristo conoce a los suyos, enjuiciar y juicios emitidos por humanos. El que logre soportar la primera parte, quizás encuentre perspectivas edificantes en la segunda.

Es del común saber que reclaman ser “cristianos de verdad” casi todos los integrantes de las diez mil denominaciones, sectas y movimientos independientes del cristianismo de actualidad, tanto practicantes como no practicantes. Los pentecostales no son la excepción, creyendo gran número de ellos ser los “únicos cristianos de verdad”, censurando a las demás iglesias como “muertas” o “idolátricas”. Al respecto, se recomienda la lectura de Análisis funcionalista del pentecostalismo en Puerto Rico.

Mediante el estudio ¿Quién es cristiano de verdad ante Dios? confiamos haber identificado acertadamente al “cristiano de verdad según la Biblia”. Desde luego, muchos discreparán. Pero, comoquiera que sea, al comparar inteligente y objetivamente el “cristiano aprobado por Dios” que vemos en el Nuevo Testamento con “el creyente pentecostal medio” no podemos menos que concluir que este se parece en poco a aquel, sencilla y llanamente porque este, creerlo o no, aceptarlo o no, desobedece abiertamente casi todos los “mandamientos del Señor” (1 Corintios 14:37). Ya escucho todo un coro de voces indignadas gritando: “¿Cómo se atreve a escribir tal cosa? ¿Por qué se dedica a criticar y juzgar? ¡No tiene amor! Está perdiendo su tiempo. ¿Por qué no escribe sobre el amor de Dios y la salvación? ¡Está lleno de veneno!” Y toda una tormenta revoltosa de exclamaciones parecidas. ¿Mejor guardar para nosotros los resultados de nuestros estudios de la Biblia, callándonos para evitar que el creyente pentecostal no se ofenda, no se sienta mal, no se escandalice? ¿Dejándole que siga adelante airosamente propagando sus errores, mientras tilde de “muertos” a los demás creyentes? Querido lector, más bien, me parece necesario, justo y bíblico llamar atención a circunstancias y verdades innegables, no impulsándome ningún deseo de criticar o lastimar sin justificación sino precisamente por amor a toda alma de Dios y toda verdad divina. ¿Qué opina usted? Pienso que el pentecostal sincero y humilde quizás haga un alto en su carrera frenética espiritual para examinar con la lupa de las Sagradas Escrituras las razones que voy a presentar. El fanático se subleva; en cambio, el inteligente examina. De todos modos, nos incumbe descubrir realidades y verdades ineludibles, pues tal información y conocimiento capacitan para análisis y conclusiones correctas. Yo que soy “muerto” para el pentecostal medio, “blasfemo” e “hijo del diablo” –epítetos durísimos, de verdad- vuelvo a afirmar que el creyente pentecostal acostumbra desacatar casi todos los “mandamientos del Señor” en el Nuevo Testamento. A continuación, unos pocos ejemplos de los más sobresalientes.

1.  Recibe el bautismo por inmersión, pero no se bautiza “para perdón de los pecados” (Hechos 2:38), teniendo el bautismo como mero “símbolo de salvación” y no como requisito indispensable, así alterando y frustrando el propósito que Dios mismo asigna al bautismo.

2.  Predica la fe y el arrepentimiento, pero excluye de la Gran Comisión el bautismo como necesario para ser salvo, violando las claras instrucciones del Señor quien ordenó: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere, y fuere bautizado, será salvo, mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:15-16). Por consiguiente, hay que clasificar el “mensaje pentecostal” como “diferente evangelio”, con los concomitantes “anatemas” que le atañen (Gálatas 1:6-10).

3.  El pentecostal adora a Dios con espíritu fervoroso, pero no hace casi nada “decentemente y con orden” (1 Corintios 14:40). Más bien, grita alabanzas, uniendo sus gritos a los demás adoradores pentecostales . “Quítense de vosotros toda… gritería”, exhorta Pablo en Efesios 4:31. Ora para sí mismo en voz alta mientras sus correligionarios hacen otro tanto, creando gran confusión de voces. Pero, según el Espíritu Santo lo correcto es que uno solo ore en voz alta a la vez, escuchando los demás para que cada uno sea edificado y pueda decir el “Amén” (1 Corintios 14:16-17).

4.  Habla lenguas jerigonzas en voz alta mientras sus correligionarios hacen otro tanto, haciendo caso omiso al mandamiento del Señor que dice: “Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete. Y si no hay intérprete, calle en la iglesia(1 Corintios 14:27-28). ¿Qué cláusula de este mandamiento obedece el creyente pentecostal ? ¡Ninguna! Además, las “lenguas jerigonzas, extáticas o angelicales” del pentecostalismo no son las “otras lenguas” de Pentecostés, pues estas eran otros idiomas, o sea, las lenguas natales de los oyentes (Hechos 2:1-13).

5.  Aprueba que las damas pentecostales enseñen a las congregaciones y sirvan como “pastoras”, dominando a los hombres. Sin embargo, el Espíritu Santo ordena: “Como en todas las iglesias de los santos, vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar” (1 Corintios 14:33-34). “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre”, reglas basadas en la secuencia de la creación y en la introducción del pecado al mundo por la mujer (1 Timoteo 2:11-14), y no en “consideraciones culturales de índole accidental” como alegan los maestros pentecostales .

6.  El creyente pentecostal medio hace mercadería en el nombre del Señor mediante la venta de objetos religiosos, golosinas, pasteles, etcétera, como también mediante innumerables ofrendas y la exigencia de diezmos. Tanto Cristo como los apóstoles condenan enérgicamente tales prácticas (Juan 2:13-22; 2 Pedro 2:1-3), enseñando la ofrenda voluntaria y generosa dada “el primer día de cada semana” (1 Corintios 16:1-2; 2 Corintios 8:1-12; 2 Corintios 9:1-10) como el mecanismo aceptable bajo el Nuevo Testamento de sostener las obras legítimas de la iglesia.

Extender la lista de “mandamientos del Señor” que quebranta el creyente pentecostal medio se vuelve hasta tedioso, ¡tan larga es! Bastan los ejemplos dados para sostener la conclusión ya declarada.

¿Es “cristiano de verdad” el creyente pentecostal , pese a tantas infracciones de “la ley de Cristo”? ¿Cómo justificar pronunciarlo tal? Con todo, Dios tiene la última palabra.

Interrogantes y consideraciones inquietantes sobre "salvación pese a graves errores", "qué por ciento de cristiano tiene cada creyente", enjuiciar, identidad espiritual, el Señor conoce a los suyos, etcétera.

A.  ¿Salvará Dios en el día del Juicio Final a los pentecostales sinceros, pasando por alto su desobediencia a la mayoría de los “mandamientos del Señor”, no tomando en cuenta su interpretación errónea de muchas doctrinas fundamentales y perdonándolos sus “revelaciones”, “sueños”, “profecías”, “lenguas jerigonzas” y demás “señales” falsas, como también la discordia y la confusión que el pentecostalismo siembra en el mundo?

1.  A nuestro entender, ningún ser humano tiene derecho o autoridad para decir que lo hará, o para decir que no lo hará, sencillamente porque tal decisión no nos corresponde, teniendo solo Cristo la prerrogativa, “porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo (Romanos 14:10). Atrevernos a fallar a favor o en contra nos parece osado en extremo y, además, contraproducente por las controversias estériles que suscitan. Emocionarse y exclamar: “Sí, estoy seguro que el Señor los salvará” es caer, a nuestro parecer, en la trampa psicológica de transferir nuestros deseos y juicios al Juez Cristo antes de hacer él su propio pronunciamiento. Al final de cuentas, ¿qué importancia tiene mi deseo u opinión? Cristo será el Juez, y no este servidor.

2.  El “blasfemo, perseguidor e injuriador” Saulo de Tarso fue “recibido a misericordia porque lo” hizo “por ignorancia, en incredulidad” (1 Timoteo 1:12-16). ¿Cubre la misericordia de Dios toda resistencia a su voluntad, toda infracción cometida “por ignorancia, en incredulidad”? ¿Serán salvos los pentecostales sinceros porque “por ignorancia, en incredulidad” desobedecen? Dios sabe; solo Dios sabe. Entre los seres humanos, ¿quién osa decir que sí, o que no? Con todo, esto todo creyente pentecostal debe saber, teniéndolo presente, como también todos los demás creyentes:

a)  Que Dios ya no pasa “por alto los tiempos de esta ignorancia” (Hechos 17:30). La “ignorancia” espiritual en el creyente, ¿quién se la justifica? ¿No hay millones de ejemplares de la Biblia disponibles dondequiera? ¿No tenemos intelecto para leer o escuchar con entendimiento la Palabra inspirada?

b)  Que el deseo de Dios es que “todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad (1 Timoteo 2:4). Despreciar la “sana doctrina” como “seca”, ocuparse “en la lectura” (1 Timoteo 4:13-16) como “fastidioso” y adherirse a los mandamientos como “legalista” es frustrar a Dios en su propósito de llevar a todo ser humano “al conocimiento de la verdad”, ¿no le parece?

c)  Que Saulo de Tarso alcanzó misericordia porque no fue rebelde a la visión celestial” (Hechos 26:19), cumpliendo las condiciones de la Gran Comisión tan pronto las escuchara con entendimiento, incluso, la de bautizarse, lavando sus pecados (Hechos 22:16). No persistió obstinadamente en su ignorancia e incredulidad sino que respondió positivamente a la corrección divina, adquiriendo cada vez más conocimiento, “inteligencia espiritual” y sabiduría.

(1)  Supongamos que Saulo de Tarso replicara a Ananías: “¿Bautizarme yo? ¡Que va! Ya creo, y estoy arrepentido. Soy salvo. ¿Qué tiene que ver el bautismo con mi salvación? Cristo me salvó cuando me apareció allá en el camino por el cual transitaba para llegar a esta ciudad”. ¿Hubiese sido recibido a misericordia? Sin duda, semejante rebeldía lo habría descalificado como meritorio de misericordia divina.

(2)  Dios, en su gran misericordia, proveyó al perseguidor Saulo la oportunidad de corregirse. Pero, que conste, la misericordia divina no resultó en salvación hasta que Saulo no se amansara, se humillara y obedeciera las instrucciones de Ananías.

De igual manera, Dios, en su gran misericordia, abre paso a los creyentes pentecostales para que se corrijan. ¿Cómo? Un ejemplo, de entre decenas de miles, constituye este mismo estudio, pues no solo este servidor sino gran número de creyentes en todo el mundo advertimos a los pentecostales, como Dios advirtió a Saulo : “¡Van por camino equivocado!” Sorprendentemente,  muchos creyentes, y aun gente no creyente, interpretan esta advertencia como “falta de amor, respeto y tolerancia”. No percatan en ella la misericordia de Dios que llama a la corrección. A diferencia de Saulo, se tornan rebeldes, no amansándose. “¿Equivocado yo en mi doctrina y práctica? ¡Jamás! El Espíritu Santo me guía. Mi pastor es un varón de Dios, amoroso y humilde, incapaz de engañar. Alabo, bailo, hablo lenguas, profetizo y sueño en el Espíritu. ¿Cómo se atreve usted a criticarme? No tiene amor, ¡hijo del diablo!” En los tales ¿no se frustra la misericordia de Dios? Pero, no todos son así. Los inteligentes admiten corrección, por dolorosa que sea, rectificando y obedeciendo, tal cual el religioso Saulo, validando para salvación la misericordia de Dios.

d)  Dadas estas consideraciones, no nos conviene alimentarnos con la febril esperanza de “ser salvo en el Juicio Final, pese a nuestra ignorancia doctrinal e incredulidad frente a instrucciones divinas, sencillas y fáciles de aprender”.

B.  ¿Es correcto aplicar el distintivo bíblico “cristiano” al creyente pentecostal sincero?

1.  A nuestro entender, lo más correcto sería identificarlo como él mismo se identifica, a saber, “cristiano pentecostal, o, simplemente, pentecostal. ¿Cómo se identifica espiritualmente el practicante del pentecostalismo? Suele decir: “Yo soy pentecostal”, o “Yo soy cristiano pentecostal. Pues, ¿con qué razón cambiar este servidor, o cualquier otra persona, la forma de identificación espiritual que el practicante del pentecostalismo aplica a sí mismo? Él sabe cómo quiere ser identificado. ¿En qué erramos al complacerle?

a)  Intercambio entre un interlocutor y un creyente pentecostal.

-Interlocutor: “¿Es usted cristiano?”

-Pentecostal : “Afirmativo. Yo soy cristiano”.

-Interlocutor: “¿Qué clase de cristiano es usted?” (Esta interrogante descansa en una realidad innegable, a saber: hay muchas “clases” de “cristiano” en el mundo.)

-Pentecostal : “Yo soy cristiano pentecostal”.

b)  Deducciones cargadas de no poca importancia:

(1)  Para el practicante del pentecostalismo el nombre “cristiano” no constituye su identificación espiritual completa. “Cristiano pentecostal es su identificación espiritual completa y oficial.

(2)  Al identificarse espiritualmente el practicante del pentecostalismo, acostumbra destacar pentecostalmás que “cristiano”. “Yo soy pentecostal.” Dicho con orgullo, a veces con cierto tono desafiante. “Pentecostal” ya no es adjetivo, como en “cristiano pentecostal”, sino nombre, tomando el primado.

(3)  En la identificación “cristiano pentecostal” el vocablo “cristiano” cubre todo lo que tiene de Cristo y de la “doctrina de los apóstoles” el practicante del pentecostalismo. En cambio, el vocablo “ pentecostal”, no siendo bíblico, cubre todos sus errores.

(4)  Así que, el pentecostal es “cristiano” solo hasta la medida en que cumple los “mandamientos del Señor”. Desde luego, esta regla es aplicable a todo aquel que profesa ser seguidor de Cristo, sea de la “clase de cristiano” que sea.

“Cristo” y “cristiano”: nombres sin igualespara un estudio muy detallado sobre el significado, valor y uso de nombres en el Nuevo Testamento.

2.  Decirle “cristiano” al practicante del pentecostalismo, sin añadir el calificativo “pentecostal”, quizás implicara “cristiano de verdad”, “cristiano auténtico y completo”, “cristiano cumplidor de todos los mandamientos de Cristo”. Ya sabemos que no lo es. Desear que lo sea no cambia los hechos. Proveerle el conocimiento bíblico que le capacita para serlo es lo indicado.

3.  Estamos plenamente conscientes de que muchas personas afirman que “el pentecostal sincero también es cristiano", al igual que se opina que "el católico, el mormón o el testigo de Jehová sincero también es cristiano".

a)  A lo cual respondería este servidor: De acuerdo, lo es hasta la medida en que cumple los “mandamientos del Señor” (equivalente al Nuevo Testamento). Si cumple el noventa por ciento, lógicamente, sería el noventa por ciento cristiano, no siéndolo en el restante diez por ciento. Si cumple el cincuenta por ciento, sería el cincuenta por ciento cristiano. Si cumple el veinte por ciento, sería el veinte por ciento cristiano. ¿Qué es el por ciento mínimo para recibir la corona de inmortalidad en el Juicio Final? ¡Ah! Yo no sé. Ningún ser humano sabe. Al respecto, el Juez Cristo emitirá su decisión en el momento de llamar a cuentas.

b)  “Conoce el Señor a los que son suyos”, escribe el apóstol Pablo a Timoteo (2 Timoteo 2:19). Nosotros los seres humanos falibles nos empeñamos en identificar a las almas particulares que, a nuestro entender, son del Señor, o que el Señor debiera aceptar como suyos a nuestro parecer. Incluimos o excluimos, guiados, a menudo, por conocimiento incompleto de “la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2), o por ilusiones de que se salve casi todo el mundo, a pesar de que, según Cristo, “pocos son los que… hallan” la puerta estrecha, andando por el camino angosto (Mateo 7:13-14). También influyen deseos fervientes de que sean salvos eternamente nuestros seres queridos, aun aquellos que resisten a Dios de una que otra forma. Pero, amado lector, identificar a las almas particulares que son del Señor no nos corresponde. Se trata de decisiones y juicios mucho más allá de nuestra capacidad. Recalcamos: solo el Señor “conoce… a los que son suyos”. ¿Por qué no lo dejamos así? Nuestra tarea es impartir a las almas sinceras toda la “sana enseñanza” del Señor. ¿Por qué no dedicarnos de lleno a esta misión, dejando los juicios a Cristo?

En la actualidad, ¿cuáles individuos son cristianos de verdad? ¿Cuáles son salvos en este preciso momento? Confieso no saber. ¿Lo sabe usted? En realidad, solo el Señor sabe. Reiteramos:"Conoce el Señor a los que son suyos". Pues, más sabio hacer nuestro el sentimiento del apóstol Pablo quien dijo:"Ni aun yo me juzgo a mi mismo. El que me juzga es el Señor" (1 Corintios 4:3-4).

c)  "Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de la tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios" (1 Corintios 4:5).

 


Quien desea aportar enseñanzas o información edificante sobre estos temas puede hacerlo mediante la forma disponible en el margen derecho de esta Página. Tengamos presente que las críticas y denuncias subjetivas, sin argumentos, sin textos bíblicos que las respalden, no edifican a nadie.

 

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