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Cursos de capacitación espiritual y ministerial en esta Web

Buenos ministros de Jesucristo. Los “demonios” que se arremeten contra el ministro durante las distintas etapas de su vida y ministerio.

 

Seminario Bíblico Houston

Decimoséptimo

12 – 14 de abril de 2017

Iglesia de Cristo en Channelview, Texas

Tema general

 “Añadid a vuestra fe…”

Esta fotografía de Daniel Gonzáles y Alberto Suárez frente a una congregación de 590 fue tomada durante el Seminario Bíblico Houston 2017, efectuado en la iglesia de Cristo, Channellview, Texas, in abril de 2017.

El predicador Daniel Gonzáles y el dirigente de cánticos espirituales Alberto Suárez en la tarima frente a 590 concurrentes durante el Seminario Bíblico Houston 2017, efectuado en el hermoso local de la Channelview Church of Christ, Channelview, Texas.

Escuchar y observar muy atentamente a un predicador-evangelista de experiencia y comprobada habilidad. Analizar su estilo, su interacción con la audiencia, sus actitudes y postura en el púlpito, en fin, todos los elementos de su mensaje. No sentirse envidioso sino retado a mejorar como ministro de la Palabra. Luego, tomar las medidas necesarias para lograr el mejoramiento. ¡Esto es crecer! Lo mismo es aplicable al dirigente de cánticos espirituales, al igual que a todo maestro y maestra.

Tema para esta hora

El crecimiento de ministros de Cristo

3 p. m., del 14 de abril de 2017

Orador

Homero Shappley de Álamo

[Algunas porciones de esta versión de la conferencia o no fueron incluidas
o fueron condensadas para circunscribirla al tiempo programado.]

I. Salutación

Muy amados hermanos en Cristo, agradezco de todo corazón la invitación de presentar la conferencia programada para esta hora. De veras, me siento realmente honrado.

II. El tema asignado se compone de una sola palabra: Crecimiento. En armonía con el tema general de este magno evento “Añadid a vuestra fe…” y dado que se trata de un Seminario principalmente para hermanos y hermanas frente a obras de las iglesias de Cristo, he tenido a bien añadir otras palabras al tema original. Así: El crecimiento espiritual de ministros de Cristo. ¿Les parece bien?

En el vocabulario del Nuevo Testamento “ministros” abarca a evangelistas, maestros, ancianos (sinónimo de obispos o pastores) y predicadores, al igual que a los apóstoles de Jesucristo.

“Crecimiento espiritual.” Hago distinción entre “Crecimiento” y “Formación”.

“Formación”: Educación y preparación en determinada materia” (Gran diccionario de la lengua española de Larousse Editorial).

La formación espiritual fundamental, o sea, la “educación y preparación” espirituales, muchos ministros de Cristo la obtienen en institutos bíblicos, universidades con facultad cristiana en parte o del todo, cursos de capacitación impresos o por Internet, o en escuelas dedicadas específicamente a inculcar conocimiento de la Biblia, por ejemplo: la Escuela de Predicación Brown Trail, en Dallas.

“La sotana no hace al sacerdote”, dicen. Tampoco hace al ministro, evangelista, predicador, anciano, maestro o maestra el diploma de alguna institución como la indicada. Es decir, no lo hace, necesariamente, ministro competente del nuevo pacto(2 Corintios 3:6-17), evangelista productivo o maestro efectivo. Estas instituciones existen principalmente para ayudar al candidato a ministerios a poner buen fundamento para el crecimiento espiritual que ha de continuar, se supone, hasta la muerte o hasta la Segunda Venida del Señor en gloria.

“…sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica (1 Corintios 8:1). Añadiría este servidor: el crecimiento continuo y hacia arriba suele producir, en alguna etapa del proceso, verdadera humildad, atributo indispensable para ser “buen ministro de Jesucristo”. Enfatizo: HUMILDAD. O sea, lo contrario de orgullo de institución, la vanidad del mero conocimiento.

El mundialmente famoso científico Albert Einstein dijo: “Cualquier necio puede conocer. Entender es la clave”.

“Entender” cabalmente todo lo relacionado con ministerios espirituales eficaces viene, se supone, como fruto del verdadero crecimiento vertical continuo.

III. Crecer espiritualmente sí, y seguir creciendo día tras día hasta no poder crecer más en esta vida, ya sea por incapacidad cerebral o la muerte del cuerpo físico.

A. ¿Sabe usted que algunos miembros del cuerpo físico siguen creciendo hasta la muerte? Yo no lo sabía hasta hace unos añitos. Observaba que mi nariz, siempre un tanto grande, ¡me parecía más grande todavía! Investigando, aprendí que no solo la nariz sino también las orejas siguen creciendo hasta la muerte.

En aquellos días, vi la fotografía de un cirujano que a los 96 años de edad seguía operando, lo cual encontraba admirable sobremanera, aunque talvez un tanto arriesgado. Delgadita su cara, ¡su nariz era descomunalmente alta y larga! Pensaba yo que tal vez tuviera que virar la cara de lado a lado para ver lo que hacía con el bisturí en el quirófano.

Así que, cuando llegue este servidor a tener como 140 años de edad, ¡supongo que mi nariz ocupe la mitad de mi cara! Entonces, me conocerán como “el hermano Narigón”. O, quizás antes. O, quizás desde ahora. Qué conste: “Narigón” con “N”, y no “Barrigón” con “B”.

¡Y tendré orejas como las de pequeño elefante!

A propósito, ya que Adán vivió 930 años y Metusalén, 969, me pregunto cuán grandes hubiesen llegado a ser sus narices y orejas.

Desde luego, ninguno de estos asuntitos tiene gran importancia, aunque este de mi nariz y orejas… ¡bueno! El punto es que si algunos miembros del cuerpo mortal crecen hasta la muerte, ¿por qué no habría de continuar creciendo el espíritu que es inmortal hasta la muerte de su morada terrenal, y aún más allá de su salida de ella?

B. Amado ministro del Señor, ¿sigue usted creciendo espiritualmente? ¿Y yo? ¿Día tras día? Aprendiendo algo nuevo. Algo diferente, asombroso, maravilloso, que nos sorprenda, que deleite a nuestro espíritu, que refresque nuestra mente, nuestra alma. Quizás llegando a entender algún misterio antes oculto, algún texto enigmático o resolviendo alguna aparente contradicción.

¿Ha crecido usted algo más durante este Seminario Bíblico Houston decimoséptimo? Ensanchando su entendimiento, afinando su inteligencia espiritual, despejando alguna duda, viendo con más claridad lo que fuera nebuloso. ¿Y yo?

A lo largo de la vida, dondequiera que nos encontremos, cualesquiera sean las circunstancias, ¡seguir creciendo espiritualmente, intelectualmente!

C. El apóstol Pablo nos sirve de excelente ejemplo. Desde la cárcel de Roma, escribe, unos 27 años después de convertirse a Cristo.

 “…he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.”

¡Muy difícil lección! Toma tiempo aprenderla. Quizás mucho tiempo y vivir muchas experiencias poco gratas. Encarcelado Pablo, ¡pero contento! Amados en el Señor, ¿hemos aprendido bien esta lección, internalizándola y practicándola aun en medio de la prueba más dura? Personalmente, temo haberme quedado corto en numerosas situaciones.

Pablo sigue escribiendo…

“Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.” Filipenses 4:11-12. “…en todo y por todo estoy enseñado. ¡Qué maravilla! Lecciones que solo las situaciones de la vida, ya positivas ya negativas, nos pueden enseñar. “Andando, se aprende”, se dice. Aplicado este dicho a nosotros los siervos de Cristo, diríase: “Ejercitando ministerios en los campos espirituales, ¡se aprenden muchas lecciones valiosas, y se crece”! Es decir, siempre y cuando queramos ser enseñados.

D. El apóstol Pedro también dos da el ejemplo.

En el día de Pentecostés del año 30 d. C., Pedro proclama: Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare (Hechos 2:39). Pero, aquel apóstol no entendía esas últimas dos cláusulas: “… para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”.

Siete años más adelante, Pedro recibe la visión del gran lienzo, el propio Dios le habla y el Espíritu Santo le da instrucciones. Sin embargo, no entiende lo de “todos los que están lejos” hasta no llegar a la casa de Cornelio, entablando diálogo con este romano de la raza gentil. Al relatar Cornelio a Pedro cómo un ángel le había aparecido en visión con instrucciones explícitas de mandar a traer al apóstol, ¡por fin este entiende! Exclama: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hechos 10:34-35). Sí, Pedro, ¡Dios se agrada de los gentiles que le temen y hacen justicia! Y de pronto Pedro creció mucho en el entendimiento cabal de una doctrina fundamental, a saber, la de no hacer acepción de personas.

¿Ha sido completamente perfeccionado el entendimiento nuestro de todas las doctrinas fundamentales del evangelio de Cristo, con sus múltiples ramificaciones instructivas? Estemos, pues, abiertos siempre al progresivo crecimiento en el entendimiento de ellas.

E. Jesucristo nos da el ejemplo. Desde los doce años de edad, “Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (Lucas 2:52). Pero debía crecer muchísimo más espiritualmente para ser “perfeccionado” en su ministerio. Desde su juventud hasta la cruz, seguiría aprendiendo y creciendo, dándonos ejemplo de lo que se requiere para el perfeccionamiento de ministerios.

“Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente.  Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.” Hebreos 5:7-10.

¿Se da cuenta? Cristo “…aprendió la obediencia”; fue “perfeccionado”. De manera que el sufrimiento, ya físico ya mental, emocional o espiritual, una vez soportado, estudiado y vencido, ¡resulta en gran crecimiento del espíritu!

¿Hemos aprendido esto? ¿Lo hemos entendido? Nosotros los ministros del Señor que tratamos estas verdades en sermones, clases y consejería. ¿Las comprendemos de verdad, conduciendo nuestras vidas cotidianas y ministerios de acuerdo con ellas?

Mediante las adversidades encontradas repetidas veces a través de los años de nuestra vida aprendemos a ser humildes, y crecemos todavía más espiritualmente, con tal de ser nosotros entendidos y sabios. De otro modo, las duras pruebas bien pueden causar amargura, fracaso y muerte espiritual.

Las adversidades nos hacen perder el PESO del egoísmo. El bagaje de pequeñeces. El lujo de ilusiones infantiles. Y crecemos en altura espiritual.

Nos hacen adelgazarnos espiritualmente. Fortalecer los músculos y huesos del espíritu. Aumentar la resistencia a lo malo en todas sus manifestaciones. Y crecemos en fortitud espiritual. Con tal de que seamos capaces de soportar la disciplina de nuestro Padre celestial (Hebreos 12:7-11), aprendiendo a someternos a los propósitos de él para nuestra vida y ministerio.

F. El ejemplo de Timoteo, evangelista, es muy aleccionador.

“…desde la niñez” Timoteo había “sabido las Sagradas Escrituras” (2 Timoteo 3:15).

Acompañando a Pablo durante largos viajes de evangelismo, el joven Timoteo crece enormemente, tanto que Pablo lo eleva por encima de los demás obreros como el más sincero y efectivo (Filipenses 2:19-22).

Aun así, habiendo Timoteo trabajado con Pablo durante veinte años, o más, y crecido muchísimo, desde la cárcel en Roma el apóstol le exhorta:

“Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza. No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio.  Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu APROVECHAMIENTO [CRECIMIENTO] sea manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Timoteo 4:13-16).

Volviendo un momentito al caso del apóstol Pablo, ya entrado en años este gran cristiano y encarcelado en Roma, ¡quiere tener sus libros! Seguramente, no para hacer alarde de letrado sino para leer y estudiar. A Timoteo escribe: “Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo, y los libros, mayormente los pergaminos(2 Timoteo 4:13).

¿Tiene usted libros relacionados con la Biblia, la vida espiritual y ministerios? ¿Los lee y analiza? ¿O los tiene de adorno, de “show”, en un estante de su oficina o casa, para impresionar a la visita? “¡Mira mis libros!” OK, ¡magnífico! Pero ¿los está aprovechando para abonar su crecimiento intelectual y espiritual?

“Ahora, hijo mío, a más de esto, sé amonestado”, dice el predicador Salomón,No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio es fatiga de la carne (Eclesiastés 12:12). ¡Amén! ¿Cuántos segundan mi “Amén”?

“…FATIGA” también de la mente y del espíritu, diría este servidor. Comoquiera que sea, “fatigoso”, o no, lo de leer y estudiar, tengámoslo por axiomático que ¡es necesario ocuparse en la lectura y el estudio para asegurar el crecimiento espiritual continuo hasta el perfeccionamiento de ministerios!

G. Para crecer continuamente, programar “Tiempos de Silencio y Soledad” a través de la vida. Apartarse de cuando en cuando del bullicio de familia, amigos y los seres humanos en general.

Para encontrarse y conocerse a sí mismo en el Silencio, en la Soledad.

Orar a solas. Como Jesucristo se apartaba en ocasiones aun de sus apóstoles y demás discípulos para orar a solas, incluso en Getsemaní.

Meditar a solas.

Estudiar y pensar a solas. ¿Qué hacer para mejorar mi proceder, mis sermones, mis clases, mis intercambios con los demás cristianos y la gente en general?”

Albert Einstein dijo: “Pienso noventa y nueve veces, pero no hallo nada. Dejo de pensar, nado en SILENCIO y se me revela la verdad”.

¡Y la verdad hace crecer en entendimiento y sabiduría! En el “Silencio impregnado de verdades sobre uno mismo, sus ejecutorias ministeriales y las revelaciones divinas” suele hallar el sabio claridad y dirección sana para su vida.

IV. ¿Crecer en cuál dirección?

A. ¡NO hacia ABAJO! Por favor, ¡qué no! Eso se llamaría “Decrecimiento”.

Hacia finales de la etapa de la madurez, muchos hombres y mujeres empiezan a perder estatura física, y no pocos a inclinarse más y más hacia la tierra, andando medio encorvados.

En una época de mi vida, alcancé medir 5 pies con 8.5 pulgadas (174 centímetros) de estatura. Hoy por hoy, apenas mido 5 pies con 6 pulgadas (164.67 centímetros). ¡Ya me da trabajo encontrar pantalón con perneras que no arrastren en el suelo!

“¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?” apuntó Jesucristo (Mateo 6:27). Pues, yo no puedo.

Pero, amadísimos hermanos, ¡mi espíritu no está sujeto a las leyes que rigen al cuerpo físico mortal! ¡Ni tampoco el suyo! Mi espíritu no tiene que perder estatura al pasar los años. ¡No debe! No debe decrecer y encorvarse hacia la tierra temporal, achicándose, enflaqueciéndose, perdiendo su fuerza y hermosura, o sea, borrándose casi, casi completamente la imagen de Dios estampada en él. Al contrario, puede y debe seguir creciendo en estatura.

“Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día (2 Corintios 4:16). Se renueva y crece “de día en día”. ¡Debe! Mucho más en el caso de nosotros los ministros de Cristo que hemos de ser ejemplos para todos los cristianos que nos observan y escuchan.

Sin embargo, me apena decir que he conocido a unos pocos predicadores y maestros, aun de habilidades sobresalientes, que con el andar de los años han decrecido notablemente de estatura espiritual y ministerial. Desconozco todas las razones, y no pretendo juzgar, comprendiendo, aunque sea en parte, cuán difícil resulta ser mantener siempre el ritmo de crecimiento vertical. Con todo, bien sé, como sabrán también ustedes, que cuando un ministro del Señor deja de leer, especialmente la Biblia, estudiar y expandir continuamente tanto su inteligencia espiritual como su conocimiento y entendimiento, el deterioro de su espíritu, y por ende, de su ministerio, es inevitable.

De nuevo, una de las observaciones de Albert Einstein viene al caso. Dijo: “Una vez que pare usted de aprender, empieza a morir.”

B. ¿Crecer en cuál dirección? Pues, tampoco hacia ADELANTE. Es decir, lateral u horizontalmente, hinchándose, inflándose.

Eso se llamaría “Crecimiento intelectual espiritual desbalanceado”, el cual podría resultar en tropiezos o caídas peligrosísimos, tanto para el ministro del Reino de Dios como para los que le observen o escuchen, ya sean cristianos ya oyentes no miembros interesados en aprender.

El “Crecimiento intelectual espiritual desbalanceado” ocurre cuando uno consume porciones exageradas de ciertos alimentos para la mente y el espíritu. Por ejemplo…

Alimentos pesados y difíciles de dirigir compuestos de terminologías teológicas complicadas, confeccionadas de palabras largas apenas entendibles. Un lenguaje especializado parecido al de abogados o de médicos. Un hablar pedante que aturde u ofende al oyente medio.

Respetados predicadores, ancianos y maestros, seamos sensatos: una “Maestría” o “Doctorado en Teología”, “Filosofía”, “Sociología” o “Consejería matrimonial” no garantiza que el poseedor sea “buen ministro de Jesucristo”. ¡Cuidado el que tiene tal diploma, o que está ilusionado con tener uno, de hincharse con doctrinas humanas, de inflarse de auto-engrandecimiento! O sea, de la vanidad tan censurada por el Señor, proyectándose como superior a todos los demás ministros y demás ciudadanos del Reino espiritual En fin, ¡cuidado de crecer mucho lateralmente, pero poco hacia arriba, verticalmente!

El “Crecimiento intelectual espiritual desbalanceado” también ocurre cuando se consumen muchos…

Alimentos llenos de calorías grasosas, pero carentes de minerales esenciales. Alimentos que NO fortifican los músculos y huesos del espíritu. Por ejemplo, los de “filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres”(Colosenses 2:8).

Sutileza. “Palabras o concepto agudo y penetrante, pero poco profundo o falso” (Gran Diccionario de la Lengua Española © 2016 Larousse Editorial, S.L.).

Al igual que el lenguaje teológico, el de las filosofías tiende a una complejidad enredada a menudo difícil de descifrar, especialmente el de las filosofías antiguas griegas y latinas.

El ministro engordado de filosofías, huecas sutilezas y tradiciones humanas, al crecer demasiado horizontalmente, se inclina peligrosamente a servir a sus oyentes porciones grandes de lo que él mismo ha consumido. La mayoría de estos rechaza ingerir tal comida, quedándose con hambre de alimento espiritual sólido sí, pero conforme a la dieta netamente espiritual del Nuevo Testamento.

A veces, los doctores que cuidan de mí -eso espero- dicen o escriben cosas acerca de mi cuerpo físico que me alarman… o que no me agradan… o que me hacen reírme.

Hace unas pocas semanas, se me hizo cierto estudio y cuando se me entregó el resultado el mismo leía:

“Tejidos musculosos reemplazados por tejidos grasosos.”

Pues bien, gracias a Dios, no había indicio de otras anomalías más graves, pero aquello de “Tejidos musculosos reemplazados por tejidos grasosos” me deprimió un tanto momentáneamente.

Ahora bien, tratándose de mi espíritu, quisiera evitar a toda costa semejante condición paralela, es decir, que los tejidos musculosos de mi espíritu, en términos retóricos, los reemplacen tejidos grasosos de conocimientos fatuos, imprácticos, inútiles o vacíos que no contribuyan a mi crecimiento espiritual, como tampoco al de quienes me observen o escuchen.

Esto no significa que jamás cite yo a algún filósofo, poeta o escritor en respaldo de algún punto o para descubrir algún elemento patentemente erróneo en su obra. De hecho, incluyo en esta conferencia algunos dichos de Albert Einstein.

En Atenas, el propio Pablo citó a ciertos poetas griegos que decían “Porque linaje suyo somos” en apoyo de su planteamiento – el de Pablo- al efecto de que los humanos somos de Dios, viviendo y moviéndonos en él (Hechos 17:28). También citó a un profeta de los cretenses que dijo: “Los cretenses, siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos” (Tito 1:12). Tales citas escogidas y aplicadas juiciosamente añaden sabor al mensaje. Pero, qué el grueso del mensaje no se componga de largas citas no inspiradas y la exégesis tediosa de ellas, con poca Biblia, poca instrucción espiritual genuina.

Y justamente aquí tengo a bien traer de nuevo palabras de Albert Einstein que citamos al principio: “Cualquier necio puede CONOCER. El asunto es ENTENDER.”

Haciendo caso omiso a lo de “cualquier necio”, teóricamente usted y yo podemos “conocer” mucha teología, filosofías, sutilezas, historia, ciencias, tradiciones, socialogía, psiquiatría, psicología, astrología, etcétera. Además, quizás bastante hebreo, griego, arameo o latín. Sin embargo, el crecimiento en semejantes conocimientos ¿cuánto valor práctico y edificante tendría en el contexto del expíritu y lo espiritual? ¿Para uno mismo? ¿Para las personas que escuchan nuestros sermones o participan en nuestras clases?

Para todos nosotros, el verdadero crecimiento espiritual resulta cuando hacemos nuestro el conocimiento de lo verdaderamente importante y vital para la salvación de nuestras almas, y no solo el conocimiento sino también el entendimiento de lo aprendido. ENTENDER esto, y ENTENDER lo espiritual: he aquí el meollo del asunto.

C. ¿Crecer en cuál dirección? Finalmente, crecer VERTICALMENTE, hacia donde están Dios y Cristo, hasta llegar “a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. Crecer…

 “…hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;  para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,  sino que siguiendo la verdad en amor, CREZCAMOS en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su CRECIMIENTO para ir edificándose en amor.” Efesios 4:13-16.

No medir su crecimiento, comparándose con cualquier predicador, evangelista, obispo o maestro.

Ni medir su crecimiento, comparándose consigo mismo.

El apóstol Pablo descubre las falacias y engaños de medirse así, escribiendo: “Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a sí mismos; pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos, y comparándose consigo mismos, no son juiciosos. Pero nosotros no nos gloriaremos desmedidamente, sino conforme a la regla que Dios nos ha dado por medida, para llegar también hasta vosotros.” 2 Corintios 10:12-13.

Comprendemos, pues, que Dios tiene su propia “regla” de medir, la cual es “la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”.

¿Hasta qué estatura hemos llegado, cada uno, según la regla divina de medir?

La estatura bajita de tan solo dos, tres o cuatro pies (61 centímetros, 91 o 122) es la de niño. Aplicada espiritualmente, es la medida de niño fluctuante, llevado “por doquier de todo viento de doctrina”.

La “estatura de la plenitud de Cristo” es la del ser espiritual muy maduro. Todo aquel, toda aquella, que crece hasta tenerla tiene “la mente de Cristo”. Juzgando todo espiritualmente, procede en sus ministerios con admirable inteligencia y sabiduría espirituales.

Ensanchando cada vez más el radio de su entendimiento espiritual, se eleva en espíritu por encima de su cuerpo mortal y esferas terrenales a tan elevado lugar espiritual que es capaz de ver al mundo y sus habitantes prácticamente como el Dios Padre, Cristo y el Espíritu Santo los ven.

Incluso, discierne con claridad asombrosa corrientes y eventos morales, religiosos, sociales y políticos que cumplen profecías hechas hace dos mil años. Por ejemplo:

Que en 1967 la ciudad de Jerusalén dejó de ser hollada por los gentiles, llegando a su fin “los tiempos de los gentiles”(Lucas 21:24). ¿Esto lo sabía usted?

Que en aquella misma década de los 1960 comenzó la revolución sexual, empezando a manifestarse fuerte y visiblemente la señal de Sodoma y Gomorra. ¿Esto lo captó usted?

Que en 1991 se desmoronó la poderosa Unión Soviética de Repúblicas Socialistas después de tan solo setenta años de dominio. Imperio ateo de corta duración que responde a la profecía sobre el Octavo Rey-Reino-Bestia de Apocalipsis 17:10-11. ¿Esto lo discernió usted?

Que durante el siglo XX y hasta el presente se está cumpliendo muy ampliamente la profecía que dice: “…habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.  Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas”. 2 Pedro 2:1-3. ¿Ha visto y está aplicando usted acertadamente el cumplimiento de esta profecía tan relevante?

Sabe que los cristianos maduros, crecidos en conocimiento y entendimiento espiritual, deben saber discernir sabia y acertadamente “las señales de los tiempos” para que el retorno de su Salvador en gloria y poder no los sorprenda “como ladrón en la noche”(1 Tesalonicenses 4:13-18; 5:1-8). Humildemente, comparte su conocimiento y entendimiento con la iglesia, al igual que con cualquier alma no convertida dispuesta a recibir orientación.

V. Crecimiento espiritual después de la muerte del cuerpo físico.

Mi convicción personal es que el crecimiento espiritual del alma fiel al Señor hasta el fin de la jornada terrenal no termina con la muerte del cuerpo físico.

Al contrario, traspasando el Portal del Tiempo y adentrándose de lleno en las regiones celestiales de Dios, pienso que experimente una verdadera ¡explosión de entendimiento y crecimiento espiritual!

Mi ferviente deseo es vivir tan tremenda experiencia.

Respetuosamente, le animo, querido compañero de ministerios espirituales, a desempeñarse de tal manera que la tenga también.

 

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