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Adoración en espíritu y en verdad conforme a directrices del Nuevo Pacto de Cristo

La Cena del Señor. Curso de quince lecciones, algunas con textos para el maestro y, además, guías para el desarrollo de clases.

"La cena del Señor"

Dos gráficas, con enseñanzas pertinentes

Partiendo el pan

A.  "El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo" (1 Corintios 10:16).

1.  A esta pregunta retórica planteada por el apóstol Pablo respondemos: "¡Positivo! El "pan" de "la cena del Señor" es, efectivamente, 'la comunión del cuerpo de Cristo', pues al comerlo 'participamos de aquel mismo pan' (1 Corintios 10:17) que es Cristo mismo. Es decir, entramos en plena comunión con el Señor, confesando su Deidad, como también su encarnación y sacrificio expiatorio.

2.  No comemos la carne literal del Señor, sino el pan que lo representa. Su cuerpo de carne y sangre dejó de existir al ser transformado en "cuerpo de... gloria" (Filipenses 3:21). No reaparece en la tierra para ser sacrificado de nuevo.

a)  Ya que el vocablo "transubstanciación" no aparece en la Biblia, con justificada razón cuestionamos la autenticidad divina del dogma según el que la "hostia" y el vino cambien milagrosamente de sustancia al bendecirlos algún sacerdote católico romano. Incontrovertiblemente, la "hostia" no se convierte jamás en "carne viva" de Cristo, como tampoco se convierte el vino en "sangre literal". Las dos sustancias conservan sus atributos naturales tanto durante como después de la "bendición". Quien dude de ello, que procure un análisis químico de un laboratorio imparcial.

b)  El "sacramento de la misa" postula repetidos sacrificios literales de Cristo. Sin embargo, el Espíritu Santo enseña repetidas veces que Cristo " fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos" (Hebreos 9:28). "En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre" ( Hebreos 10:10 ). "Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios,... porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados" (Hebreos 10:12-14). El mismo apóstol Pedro añade su testimonio al respecto, escribiendo: "Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios" (1 Pedro 3:18).

 

"Tomad esto, y repartidlo entre vosotros."

B.  La copa, explica el Señor, "es mi sangre del nuevo pacto" (Mateo 26:28).

1.  El "nuevo pacto" (testamento) es purificado, santificado y sellado por la sangre del Cordero de Dios, y no por la de toros o machos cabríos, hecho que realza la superioridad del "nuevo pacto" sobre el "primer pacto", o sea, el antiguo pacto dado a Moisés en el monte de Sinaí.

2.  El "primer pacto" fue instituido con la sangre de becerros y machos cabríos. "De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado" (Hebreos 9:18-20). Así pues, "los mandamientos de la ley" dada en Sinaí fueron rociados con la sangre de animales, pero el "nuevo pacto" fue purificado con la sangre del Hijo de Dios.

3.  ¿Cuál de los dos pactos rige a usted? ¿El que fue purificado con la sangre de animales o el que fue purificado con la sangre de Cristo? ¿Cuál de los dos enseña y sigue su iglesia? La iglesia de Cristo enseña y sigue el "nuevo pacto" purificado por la sangre de Cristo.

4.  Al tomar los cristianos "la copa de bendición" (1 Corintios 10:16), conmemoran el sacrificio de Cristo en la cruz. Además, la copa los recuerda su deber de buscar de Dios según el Nuevo Testamento, y no conforme al Antiguo. Teniéndolo presente siempre, no adoran según la Antigua Ley de Moisés sino "en espíritu y en verdad" (Juan 4:24), conteniendo el Nuevo Testamento "toda la verdad" (Juan 16:13) para la iglesia establecida por el Señor.

 

Adoración en espíritu y en verdad conforme a directrices del Nuevo Pacto de Cristo

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