Maricel, chilena, lucha para probar
que el bautismo de Marcos 16:16
no sea requisito para ser salvo.

 


 Bautismos en Venezuela. 2019.

Analizamos sus planteamientos.  

Maricel escribe…

“Hola hermanos,  

Soy creyente, pertenezco a la Iglesia de Cristo, (me congrego en la Iglesia Alianza Cristiana y Misionera) soy bautizada por inmersión y soy salva e hija de Dios desde que acepté a Cristo.”  

Análisis

¿Confusión de “iglesias”? “Pertenezco a la Iglesia de Cristo, (me congrego en la Iglesia Alianza Cristiana y Misionera…” 

Aclaraciones. La hermandad de congregaciones en el mundo conocida comúnmente como “Iglesia de Cristo” difiere notablemente en doctrina y práctica de la Iglesia Alianza Cristiana y Misionera.

Mientras no se encuentra en toda la Biblia el nombre de esta, aquella sí aparece en las páginas del Nuevo Testamento. “Las iglesias de Cristo os saludan” (Romanos 16:16), refiriéndose el apóstol Pablo a distintas congregaciones de la iglesia fundada por el mismo Señor Jesucristo, y no a múltiples “denominaciones cristianas” con distintas identidades y formas distintas de organizarse, adorar y trabajar.

Últimamente, no pocas iglesias denominacionales, particularmente, las de corte pentecostal, están tomando, en adición a su nombre oficial no bíblico, el nombre “Iglesia de Cristo”. Su proceder en este asunto lo hallamos falto de verticalidad, aun engañoso. ¡Que se definan de una vez! Pero, si optan por “Iglesia de Cristo”, pues que sigan también la verdadera “doctrina de Cristo” (2 Juan 6-9).

“Soy bautizada por inmersión y soy salva e hija de Dios desde que acepté a Cristo”, afirma Maricel.

Comentarios. Sentir el creyente en Cristo seguridad de salvación es natural e importante. Pero, tener el “testimonio” del Espíritu Santo “de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:16) es aún muchísimo más importante, y este “testimonio” no es algún “sentir” nuestro sino la evidencia que el Espíritu mismo brinda para probar que somos hijos de Dios. La evidencia de su palabra inspirada. Él enseña que el bautismo no solo es por inmersión, sino que también es para perdón de los pecados” (Hechos 2:38; 22:16; 1 Pedro 3:21). Si me bautizo por inmersión, mas, sin embargo, repudio el propósito asignado por él al bautismo, su “testimonio” no respaldaría mi convicción de ser hijo de Dios.

Soy hijo de Dios desde que creyera, me arrepintiera y me bautizara

Fui bautizado el mismo día y en la misma hora que confesé el nombre de Cristo.

See the source imageEstimada dama Maricel, ¿cuánto tiempo tardó usted en ser bautizada después de “aceptar a Cristo”? Usted asegura que es “hija de Dios desde que acepté a Cristo”. Esta es su apreciación y convicción personal. Su forma de expresarse es típica de quienes se consideran salvos antes de bautizarse, sin el bautismo, aunque nunca se bauticen.

Una cosa es afirmar usted ser “hija de Dios”; otra muy distinta sería que Dios mismo la acepte como su hija espiritual.

Millones y cientos de millones de creyentes afirman: “Yo soy hijo, hija, de Dios desde los pocos días de haber nacido, pues me bautizó el santo padre católico de mi parroquia.” 

Descansan su apreciación y convicción en un bautismo por aspersión administrado por un religioso que sigue vanas tradiciones religiosas. 

“Aceptar a Cristo” sin bautizarse enseguida “para perdón de los pecados” pertenece a la misma categoría de doctrinas de hombres, no encontrándose en todo el Nuevo Testamento idea parecida ni ejemplo alguno que la respalde.  

Maricel escribe…

“Es cierto que Jesús dijo: El que creyere y fuere bautizadoserá salvo; mas el que no creyere, será condenado (Marcos 16:15-16). Sin embargo, el ladrón que se arrepintió, crucificado junto a Jesús, fue salvo. El mismo Señor Jesucristo se lo confirmó. Le dijo Hoy estarás conmigo en el paraíso. Y ese hombre no se bautizó, como todos sabemos.”  

Análisis. El ladrón arrepentido murió a fines de la Era Mosaica, época durante la que el Antiguo Testamento estaba en vigor.

Fíjese bien, respetada Maricel, la Gran Comisión de Marcos 16:15-16 fue dada más o menos cuarenta días después de la muerte de aquel ladrón, después de la resurrección de Cristo y poco antes de ascender el Señor para sentarse a la diestra de su Padre en el cielo. Nada tenía que ver aquella Gran Comisión con la Era Mosaica o el Antiguo Pacto. Fue un nuevo mandamiento para la Era Cristiana.

Diez días después de la ascensión de Cristo, el Espíritu Santo desciende sobre los apóstoles en el día de Pentecostés, y estos, habiendo predicado a Cristo como el Mesías, proclaman las condiciones para salvación tal cual ordenadas por el Señor

“Arrepentíos, y bautícese… para perdón de los pecados” (Hechos 2:38).

¿Asimismo las proclaman los predicadores de la Iglesia Alianza Cristiana y Misionera? ¿O acaso eliminen el bautismo de la Gran Comisión a la manera de casi todas, para no decir todas, las muchas iglesias evangélicas y pentecostales?

Infinidad de almas tropiezan sobre el caso del “ladrón arrepentido salvo sin bautizarse”, no tomando en cuenta el hecho sencillo de que ¡aquel varón no llegó jamás a escuchar las condiciones de la Gran Comisión! Vivió y murió bajo la Antigua Ley de Moisés.

Un estudio detallado al respecto se halla en www.editoriallapaz.org/bautismo_ladron.htm 

Maricel escribe…

“Hay predicación a los enfermos en hospitales. Entre los enfermos que aceptan a Cristo, muchos ya no salen del hospital pues se mueren luego de su salvación. No pueden congregarse en un templo, ni bautizarse. Como no pudo el ladrón que se fue al paraíso con Jesús.

Pero han sido salvados en su última oportunidad.”  

Análisis

Ya vemos que el caso del “ladrón” no es relevante.

“Aceptan a Cristo” es una expresión popularísima de pentecostales y evangélicos.

Sin embargo, ¡no figura en el Nuevo Testamento de Cristo! 

En Pentecostés, los apóstoles no dicen, por el Espíritu, a los judíos compungidos de corazón: “¡Acepten a Cristo! ¡Solo hagan profesión de fe, y recibirán perdón de los pecados!”

Más bien, dicen: “Arrepentíos, y bautícese… para perdón de los pecados”.

¡Tremenda diferencia entre las condiciones que fijan los creyentes que dicen “¡Acepten a Cristo!” y las que establecen los apóstoles llenos del Espíritu! ¿En quiénes confiaremos?

Todo caso de conversión en el Nuevo Testamento sigue el patrón de Pentecostés. Ninguno refleja el proceder de quienes andan diciendo a todo el mundo “¡Acepte a Cristo! ¡Solo creer, y será salvo!” Lo que afirmamos es la pura verdad Sin embargo, la verdad es, al parecer, demasiado exigente y difícil de seguir para la mayoría aún de los creyentes.

Maricel observa que…

“…muchos ya no salen del hospital pues se mueren luego de su salvación. No pueden congregarse en un templo, ni bautizarse.” 

Comentarios. Cabe preguntar por qué esperan tantas personas hasta caer en algún hospital o en el lecho de la muerte para supuestamente arrepentirse y “aceptar a Cristo como su Salvador”.

Mi opinión, como ser humano, es que están en tela de juicio las motivaciones de estas almas, la sinceridad y honestidad de sus “decisiones de última hora”, y por ende, su “conversión al Señor”. No obstante, que quede claro: no pretendo hablar de parte de Dios ni oso juzgar el destino eterno de persona alguna.

Dios, y solo Dios, conoce a quién tendrá misericordia. Lo que me inquieta, incomodándome bastante, es la ligereza con que muchos creyentes pronuncian a tales personas “salvas”. 

Usted, Maricel, dice que “mueren luego de su salvación.” ¿Su “salvación”? ¿Qué “salvación”? ¿Quién dice que sean “salvos”? ¿Los creyentes falibles que les predican evangelios cojos?

Sin embargo, ¿no sería tal declaración un atrevimiento realmente descabellado?

“Fulano, fulana, aceptó a Cristo antes de morir, y fue salvo, y está con el Señor en el Paraíso. No pudo ser bautizado, pero aceptó a Cristo como su único Salvador, y es salvo. Está gozándose con los ángeles.” 

¡Muy lindo! ¡Muy emocionante! ¡Muy subjetiva la evaluación! ¡Totalmente humano tal juicio!  

Maricel escribe…

“Jesucristo, que estableció la condición, sabe comprender las circunstancias que podrían impedir a alguien bautizarse luego de creer. Y lo salva de todos modos, pues confiesa su fe, su confianza en el que abre y ninguno cierra y cierra y ninguno abre. En el que es la puerta al cielo. En el que dice quién entra al cielo y quién, no.”  

Análisis

“Jesucristo, que estableció la condición…” 

Observación. Muy cierto es que Jesucristo estableció la condición del bautismo como necesario para ser salvo. Prediquémoslo así todo evangelista y maestro del “evangelio de nuestra salvación”. Sin rodeos. Sin porfías. Sin presentar casos hipotéticos de personas que no pudieran sumergirse en agua, para luego negar el bautismo como condición para perdón para toda persona que sí puede obedecer el mandamiento tal y como dado por Cristo.

“Jesucristo, que estableció la condición, sabe comprender las circunstancias que podrían impedir a alguien bautizarse luego de creer.” 

Comentarios¡De acuerdo! Jesucristo es quien “sabe comprender” tales “circunstancias”. Recalcamos y reiteramos lo que debería ser fácil de entender para toda mente espiritual e imparcial, a saber: el hecho de no poder algunos que creen, sumergirse enseguida en agua “para perdón de los pecados”, no significa, jamás ni nunca, que el bautismo no sea “para perdón de los pecados”.

Las vueltas que dan algunas mentes en el empeño de esquivar el bautismo como requisito divino para perdón son asombrosas. Argumentan:

1. Que algunas personas que desearían bautizarse enseguida después de creer, no pueden por falta de salud, a causa de mal tiempo, por no haber suficiente agua, por hallarse encarceladas, o la “circunstancia” que sea.

2. Por lo tanto, el bautismo no es requisito para ser salvo para nadie. Basta con “aceptar a Cristo”. 

Tal razonamiento no es de mente que funcione conforme a las reglas de la sana lógica.

La conclusión del número 2 no es una deducción lógica de lo que se plantea en el número 1. No lo sería, aunque el Nuevo Testamento no enseñara con tanta claridad la necesidad de bautizarse para ser salvo. En realidad, se vuelve completamente irresponsable, injustificable, engañosa, nociva y falsa tal conclusión frente a las tantas declaraciones de la Deidad y los apóstoles al efecto de que el bautismo si es “para perdón de los pecados”.

Pues bien, fulano simplemente no puede ser bautizado por su estado físico. Que tenga Dios misericordia de él. Dios es su juez, y no este servidor. Yo que sí puedo ser bautizado, ¿con qué sentido posponer el bautismo, o negar el propósito asignado al acto por Dios, o no bautizarme nunca, apelando al “caso de fulano”?

Maricel sigue argumentando…

“Y lo salva de todos modos, pues confiesa su fe, su confianza en el que abre y ninguno cierra y cierra y ninguno abre.” 

Observaciones. Al escribir usted “Y lo salva de todos modos”, ciertamente emite juicio donde no le compete. Confesar “su fe, su confianza en el que abre y ninguno cierra…” no es la única condición para obtener el perdón de pecados y ser añadido por Cristo a su iglesia. Arrepentirse y ser sumergido en agua también figuran igualmente con condiciones, y esto lo enseña el Espíritu de Dios no solo en los textos ya citados sino en muchos adicionales.

Cristo “abre” la puerta de la salvación a la persona que obedece todas las condiciones. “Cierra” la puerta a quien no las obedece todas.

El evangélico, el pentecostal, “abre la puerta” prematuramente, es decir, antes del bautismo “para perdón”. En realidad, no la abre nada, sino que ¡la cierra!, impidiendo, mediante su falso evangelio de “salvo solo por gracia”, “salvo solo por fe”, que lleguen las almas al pleno entendimiento de las simples condiciones de la Gran Comisión. 

Maricel escribe…

“El bautismo es una confesión pública de la fe en el Señor Jesucristo, simbolizando el nuevo nacimiento espiritual del agua como fue nuestro primer nacimiento terrenal del agua en que flota el feto.”  

Análisis

“El bautismo es una confesión pública de la fe…” 

Comentarios. ¿“Una confesión pública de la fe” el bautismo?

¿Quién define el bautismo así? Ciertamente, no lo hacen Dios, Jesucristo, el Espíritu Santo o los apóstoles.

Semejante definición del bautismo no se halla en todo el Nuevo Testamento.

Esta definición se expresa mediante el lenguaje típico de quienes catalogan el bautismo como innecesario para perdón, contradiciendo abiertamente el pronunciamiento de los apóstoles en Pentecostés: 

“Bautícese… para perdón de los pecados”.

“…simbolizando el nuevo nacimiento espiritual del agua…” 

Observaciones. En esta expresión, tenemos otro ejemplo del lenguaje característico de evangélicos y pentecostales.

Jamás se presenta el bautismo en las Sagradas Escrituras como “simbolizando el nuevo nacimiento espiritual del agua”.

Jamás se presenta como mero “símbolo” de una salvación supuestamente ya obtenida mediante “aceptar a Cristo como Salvador” o “hacer profesión de fe”.

Al contrario, se presenta como requisito “para perdón”. Como necesario en el proceso del nuevo nacimiento. Y no como mero “símbolo del nuevo nacimiento”.

Jesucristo dice a Nicodemo: 

“De cierto, de cierto te digo, el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios ” (Juan 3:5).

¿Qué? ¿Acaso haya salvos fuera del reino de Dios? Nacer de agua, sinónimo de bautizarse, es necesario para nacer de nuevo y ser admitido al reino de Dios. Por lo tanto, nacer de agua, sinónimo de bautizarse, es necesario para ser salvo. Y esta enseñanza armoniza perfectamente con todo texto del Nuevo Testamento sobre el designio fijado por Dios para el bautismo.

See the source image“…como fue nuestro primer nacimiento terrenal del agua en que flota el feto.” 

Observación. Querida Maricel, su propia analogía obra en contra de la posición doctrinal que usted intenta justificar. De la manera que la criatura en gestación “flota” en el agua en la placenta antes de nacer, asimismo el nacimiento espiritual toma lugar cuando el que cree y se arrepiente entra en el agua, es sumergido en el agua y sale del agua del bautismo.

¿No sabe usted que andamos “en vida nueva” después de ser “bautizados en Cristo Jesús… en su muerte”, y no antes?

La “nueva criatura” nace mediante el bautismo en agua. Fe, arrepentimiento y confesión del nombre de Cristo pertenecen a la fase de “gestación”. Sale la “nueva criatura” al nacer del agua y del Espíritu. Esto es elemental. 

Maricel escribe…

“Dice en Romanos 10:9, que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Lo importante es creer y confesar esta fe ante los demás. El ladrón creyó y confesó. Fue salvo.”  

Análisis. O sea, ¿el bautismo no está en la misma categoría con “creer y confesar”? ¡Tonterías! Cristo vincula el bautismo a la fe en la Gran Comisión.

El evangelista Felipe, por inspiración del Espíritu Santo, vincula el bautismo a la confesión del nombre de Cristo cuando el etíope le pregunta: 

See the source image“Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó. Cuando subieron del agua… el eunuco… siguió gozoso su camino” (Hechos 2:35-40).

Aislar un texto de la Biblia de los demás para luego establecer alguna doctrina o práctica sobre el texto aislado es un error fundamental de exégesis demasiado común. Igualmente, injustificable. Inexcusable.

Romanos 10:9 no es el único texto de la Biblia donde se asientan condiciones para ser salvo. Para el cuadro completo, es preciso estudiarlos todos. Y cuando esto lo hacemos, vemos que no se contradicen, ni excluye el uno condiciones que otro presenta como necesarias. El “cuadro completo” incluye el bautismo “para perdón de los pecados”

Maricel escribe…

“Es verdad que hay que creer y bautizarse para ser salvo, pero no todos los que no se bautizan son condenados. Jesús dijo el que no creyere, será condenado.  El énfasis no fue en no bautizarse, sino en no creer. Son condenados si no creen. Creer es el requisito obligatorio. Bautizarse o confesar la fe en Cristo son requisitos también indispensables, pero la confesión equivale al bautismo en ciertas circunstancias. Todo aquel que no tenga impedimento, como el eunuco de Hechos 8:35-39, debe bautizarse sin excusas.”  

Análisis. Pues, respetada dama Maricel, disculpe, se lo ruego, mi obtusidad, pero estas últimas declaraciones suyas me parecen confusas, como si luchara su mente para armonizar con Marcos 16:16 la doctrina conforme a la que el bautismo no sea “para perdón de los pecados”.

“Es verdad que hay que creer y bautizarse para ser salvo…”, escribe usted. ¿Es verdad, o no es verdad? ¿Es verdad que hay que “bautizarse para ser salvo”?

“…pero no todos los que no se bautizan son condenados.” Esto sabrá usted, pues, pero, personalmente, no me hago juez de destinos eternos.

“Jesús dijo el que no creyere, será condenado.  El énfasis no fue en no bautizarse, sino en no creer. Son condenados si no creen. Creer es el requisito obligatorio. Bautizarse o confesar la fé en Cristo son requisitos también indispensables, pero la confesión equivale al bautismo en ciertas circunstancias.” 

Comentarios.

“El énfasis no fue en no bautizarse, sino en no creer”, apunta usted. ¿Quién pone el “énfasis”, y dónde? ¿Usted, o Cristo?  

“El énfasis no fue en no bautizarse” se entiende como una negación del bautismo para ser salvo. ¿Cierto? ¿Es eso lo que quiere decir usted? “El que no creyere, será condenado”, dictó Cristo. ¿Acaso quería decir él, por implicación, que el que creyere, pero que no se bautizará, sería salvo, pese a no bautizarse? Ningún creyente en sus cabales espirituales llegaría a semejante deducción, pienso yo. 

¿Cómo debía Cristo expresarse para poner el “énfasis” tanto en el bautismo como en el creer? ¿Algo como sigue? “El que no creyere, y que no se bautizare, será condenado.” 

Lógicamente, si no cree la persona, ¿por qué habría que añadir “que no se bautizare”Si no cree, obviamente ¡no se bautizaría! He aquí la razón, me atrevo a pensar, de por qué Cristo no añadiera “y que no se bautizare” a su declaración. Esta cláusula hubiese sido demás; totalmente innecesaria.

“Son condenados si no creen. Creer es el requisito obligatorio.” O sea, ¿creer es requisito “obligatorio”, pero el bautismo no es requisito “obligatorio”? ¿Es esto lo que quiere decir usted? Si lo es, pues, a mi entender, usted se contradice, perdone mi franqueza, al escribir en su próxima oración que “Bautizarse o confesar la fe en Cristo son requisitos también indispensables”.

¿Es indispensable el bautismo, o no es indispensable? La impresión que me transmite su próxima expresión es que desearía, de nuevo, restar importancia al bautismo, representándolo como no indispensable, pues escribe usted: “pero la confesión equivale al bautismo en ciertas circunstancias”.

¿Dónde, en todo el Nuevo Testamento, se encuentra alguna enseñanza parecida? Confesar el nombre de Cristo es una acción que ha de tomar el creyente deseoso de ser salvo, y zambullirse en agua es otra acción distinta que también debería tomar.

Definitivamente, confesar no “equivale al bautismo” en ningún texto del Nuevo Testamento, tratándose de dos acciones completamente distintas.

Conclusión de mis comentarios y observaciones

Estimada Maricel, ojalá no siga usted luchando para probar el bautismo por inmersión innecesario “para perdón de los pecados” sino que responda positivamente a ambas condiciones de la Gran Comisión, sosteniéndolas y repitiéndolas para toda alma deseosa de alcanzar la salvación que Cristo ofrece al decir él: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.

Dios ilumine su precioso espíritu de todo entendimiento e inteligencia espiritual, como también al mío.

Su servidor en el Señor, Homero Shappley de Álamo 

Maricel escribe…

“Dios nos siga bendiciendo, Iglesia de Cristo. 

Maricel”

 


 

Bautismo. LISTA de muchos estudios, intercambios y diapostiivas en editoriallapaz

Plan divino de salvación. Artículo preciso y conciso.

La iglesia que Dios concibió, Jesucristo edificó, el Espíritu Santo reveló y los apóstoles hicieron realidad en la tierra.

 

 

  

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