Escena 8 de la Sexta Trompeta de Apocalipsis

 

Los poderes extraordinarios
de los Dos Testigos,
también llamados los Dos Profetas 

IV. Los poderes de los Dos Testigos.

A. "Si alguno quiere dañarlos, sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos; y si alguno quiere hacerles daño, debe morir él de la misma manera" (Apocalipsis 11:5).

1. Reflexionando sobre este versículo, observamos que se compone de un paralelismo retórico. Es decir, la segunda afirmación es una repetición de la primera, variando solo algunas palabras que no cambian el sentido fundamental.

a) Primera afirmación. “Si alguno quiere dañarlos, sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos.”

b) Segunda afirmación. “Si alguno quiere hacerles daño, debe morir él de la misma manera.”

2. Tengamos presente el que los Dos Testigos se manifiestan en la tierra a través de la iglesia verdadera, con sus ministros fieles (evangelistas, obispos, maestros, etcétera), según las evidencias expuestas en la Escena 5 de la Sexta Trompeta.

Los Dos Testigos-Dos Profetas siempre tienen “enemigos” en el mundo.

“Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Santiago 4:4).

Consabido es que ¡medio mundo quiere ser “amigo del mundo”, y lo es! Consiguientemente, medio mundo es enemigo de Dios.

Y si enemigo de Dios, pues, también enemigo de la iglesia que él mismo concibió, y de los genuinos administradores y mensajeros, netamente bíblicos, de ella.

Ubicándonos en el “poco de tiempo”, donde proyectamos el cumplimiento de las profecías de la Sexta Trompeta, aquellos que aman “al mundo” y “las cosas que están en el mundo” (1 Juan 2:15-17) los vemos multiplicarse alarmantemente en referido período, ya que Satanás engaña “a los reyes de la tierra en todo el mundo” (Apocalipsis 16:13-14), reuniendo a las “naciones” airadas (Apocalipsis 11:18) para guerrear contra Dios y sus Dos Testigos.

Con más precisión, nos ubicamos exactamente en el lapso de tiempo identificado como los “mil doscientos sesenta días” cuando los Dos Testigos, “vestidos de cilicio”, dan su “testimonio”. Tiempo que desemboca en Armagedón.

Justamente dentro de los parámetros de este tiempo pueden los Dos Testigos ejercer los poderes especiales conferidos a ellos por el Soberano Dios para tan crítica etapa en el desenvolvimiento de su “misterio”, o sea, el designio para su Reino espiritual en la tierra, el cual viene confrontando, al debilitarse el Milenio de libertad religiosa e iniciarse el “poco de tiempo”, cada vez más resistencia, hostilidad amenazante y peligrosos roces físicos provocados por agresivos elementos ateos y airados burladores resentidos, atormentados por la Palabra de los Dos Testigos.

Dejándonos llevar por las implicaciones de la cláusula “Si alguno quiere dañarlos”, deducimos que algunos enemigos de Dios, quizás muchos, se tornen físicamente agresivos hacia los Dos Testigos. Se empeñan en “hacerles daño”. “Daño” corporal. “Daño” material. 

No pudiendo dañar corporalmente a Jesucristo y al Espíritu Santo en el cielo, su alternativa sería atacar a la iglesia genuina del Señor, en particular, a los portavoces de la iglesia, es decir, a los evangelistas, maestros y ministros que proclaman y defienden la Palabra de Dios.

3. Así que, en el contexto de esta visión, "...quiere hacerles daño" significaría, lógicamente, intentar agredir corporalmente, aun matar, a miembros de la iglesia verdadera. Pero, a cualquier humano enemistado que lo intente ¡los Dos Testigos lo pueden matar! "Sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos." "Debe morir él de la misma manera." 

¿Qué los Dos Testigos maten literalmente a sus enemigos en el planeta Tierra?

Por cierto, esta misma acción es la que se les atribuye a los dos: a Jesucristo y al Espíritu Santo. Los dos disponen de la autoridad y el poder para ejecutar tal represalia.

Y lo pueden hacer sin bajar del cieloa la superficie de la tierra. ¿Cómo? Mediante acciones providenciales, a través de agentes en la tierra que se presten para tales fines.

De la misma manera que la Deidad ha usado, desde tiempos remotos, a farones,  reyes (Nabucodonosor, Ciro), príncipes, emperadores, generales, ejércitos, jueces, aun naciones (el Imperio Romano, las diez naciones nacientes de Europa representadas por los “diez cuernos”), para castigar a maleantes, idólatras y amotinados de toda categoría, librar a pueblos esclavizados, imponer libertad religiosa, etcétera..

Durante los "mil doscientos sesenta días", el Soberano Dios da a Jesucristo y al Espíritu Santo la autoridad y el poder de intervenir providencialmente para proteger a los ciudadanos fieles de su Reino espiritual de la agresión física o la muerte violenta a manos de los obstinados ateos, burladores, obscenos, maliciosos y puramente carnales empeñados en “hacerles daño”.

Estos “enemigos” bien puedan hacer afrenta a los cristianos verdaderos, despreciarlos, humillarlos, denegarles privilegios y libertades, maldecirlos, blasfemar contra ellos, indignarse y airarse grandemente contra ellos, denunciarlos vehementemente en toda clase de foro público, multarlos, aun cerrar o destruir sus lugares de reunión. Pero, no podrán matarlos, quizás exceptuándose raros casos.

Porque estos testigos fieles en la tierra, sean ellos muchos o pocos, han de seguir con vida, dando "testimonio" hasta acabar de darlo (Apocalipsis 11:7), cumpliendo plenamente su misión asignada por Dios hasta el fin de los “mil doscientos sesenta días”.

a) "Sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos." 

El "fuego" que sale "de la boca" de los Dos Testigos en el cielo, alcanzando a sus enemigos en la tierra, acaso simbolice las "plagas" u otros castigos traídos sobre los que intenten agredir o matar a los siervos fieles del Señor.

Estimado lector, respetada lectora, ¿se acuerda usted de las las tres plagas” de la Escena 1 de la Sexta Trompeta? Al escenificarse la misma, estábamos viendo cuando de la boca de los caballos de los doscientos millones de jinetes al servicio de los cuatro ángeles “salían fuego, humo y azufre” y “fue muerta la tercera parte de los hombres” fanáticos enemigos de Dios (Apocalipsis 9:15-18).

Sale “fuego” de la boca de los doscientos millones de caballos, una plaga de “fuego”, que mata a “la tercera parte de los hombres”.

Indubitablemente, este es un ejemplo fulminante del poder que poseen Jesucristo y el Espíritu Santo para castigar corporalmente en el planeta Tierra a los que se les opongan, deseando hacerles “daño”.

b) ¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?” (Jeremías 23:29). Bien que la Palabra de Dios sea “como fuego", por sí solo el "fuego" de la Palabra divina no suele detener físicamente, con raras excepciones, a los acérrimos enemigos furiosos de los Dos Testigos.

No los hace desistir de sus ataques. Al contrario, ¡la Palabra de Dios los atormenta grandemente! Y eso lo veremos confirmado en la Escena 10. No los hace "morir". Más bien, los incita a más violencia contra los Dos Testigos y sus representantes en la tierra.

Por lo cual, concluimos que el “fuego” que sale “de la boca” de los Dos Testigos, devorando “a sus enemigos”, no es el “fuego” retórico al cual se compara la Palabra de Dios, sino una especie de castigo físico que resulte en su muerte física.

c) De no contar los siervos de Dios en la tierra con esta protección divina durante el dificilísimo “poco de tiempo” peligroso cuando los Dos Testigos profetizan “vestidos de cilicio”, se infiere que los enemigos fieros del Señor derrotarían prematuramente a ellos, callando su testimonio antes del tiempo determinado por el Todopoderoso.

Sin protección providencial, los ministros fieles del Reino espiritual no podrían dar su "testimonio" en medio de un mundo tan hostil, renuente a escuchar la Verdad Divina. Pero, ¡darán su "testimonio" a las multitudes incrédulas e inmorales, atormentándolas mediante sus mensajes, y esto significa que contarán con la protección providencial de Dios hasta acabar su “testimonio”!

d) Ahora bien, los fieles ciudadanos del Reino de Dios en la tierra no poseen, ni inherentemente ni por concesión divina, este tremendo "poder" para detener físicamente o matar a los enemigos de los Dos Testigos. Bien que podamos suplicar a Dios en oración que intervenga, el "poder" real para tomar represalias físicas y/o materiales corresponde solo a la Deidad.

Por eso, lo encontramos del todo inconcebible que este "fuego" que "devora a los enemigos" salga directamente de la iglesia, lanzado a voluntad de ella, o de sus administradores en particular.

Al fin y al cabo, se trata de un "poder" violento y destructivo incompatible con el carácter pacífico de la iglesia y sus ministros de reconciliación.

Tengamos presente una norma fundamental de la iglesia auténtica del Señor, a saber: “…no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales…” (2 Corintios 10:3-4).

Además, el Espíritu de Dios nos amonesta: 

No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Romanos 12:19).

Repetimos y ennegrecemos la última oración con el propósito de llamar la debida atención a ella: “Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor”.

Así que, esta “venganza”, este "poder" de castigar, aun destruir, corporalmente, a los enemigos intratables de Dios, no resulta ser incompatible con el carácter de la Deidad, pues Dios mismo reclama el derecho para sí de castigar a sus enemigos, vengándose de ellos.

¿Significan estas enseñanzas de Dios para los ciudadanos de su Reino espiritual en la tierra que no tengan ellos derecho de defenderse, dentro de sus propios lugares de reunión, contra intrusos bajo el poder de Satanás que se introduzcan en asambleas con la intención de agredir o matar a cristianos?

Por cierto, durante la última mitad del siglo XX y el tiempo que transcurre del siglo XXI, algunas congregaciones de creyentes en Dios y Cristo han sufrido, precisamente, este tipo de tragedia, heridos o muertos los feligreses alcanzados por las balas disparadas. También han sido vandalizados, aun destruidos totalmente, algunos lugares de reunión de distintas confesiones de fe.

Respondiendo a tales acontecimientos y peligros potenciales [síntomas, dicho sea de paso, del creciente ateísmo, secularismo y hostilidad agresiva de elementos belicosos que odian a Dios y su pueblo], en no pocas congregaciones portan armas miembros adiestrados para proteger a los congregados. Con el propósito de dominar, aun de matar, no habiendo otro remedio, a cualquier tipo empeñado en agredir o matar a los feligreses.

Tengamos bien claro que su rol no es el de “vengarse” sino el de defender a los congregados.

Muy distinto, y en contra de las directrices divinas, sería formar las iglesias grupos armados que salieran a calles y campos para hacer batalla carnal contra los enemigos de Dios, Jesucristo, el Espíritu Santo y la fe cristiana.

B. "Estos tienen poder para cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran" (Apocalipsis 11:6).

Vemos, pues, que los Dos Testigos, identificados como Jesucristo y el Espíritu Santo, no solo tienen “poder” para matar a sus enemigos sino también poderes sobre la naturaleza misma. Poder para causar sequías descomunales. Poder para contaminar las aguas. Poder para herir la tierra con plagas “cuantas veces quieran”. Poderes espantosos de castigo y muerte.

Image result for moses and elijah two witnesses1. Buscando comparaciones, encontramos que Jehová Dios obró mediante su siervo Moisés para traer plagas devastadoras sobre Egipto (Éxodo 7 - 13). Y que el profeta "Elías... oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses" (Santiago 5:17; 1 Reyes 17; 18:1). A la luz de estos dos casos, ¿deberíamos deducir que los "dos testigos" de Apocalipsis 11 sean Moisés Elías?

De modo alguno. Consideremos.

a) Postular que los Dos Testigos de Apocalipsis 11:3-12 sean Moisés y Elías “resucitados” y encargados de profetizar o dar “testimonio” durante los “mil doscientos sesenta días” de la Sexta Trompeta, dando como razón el parecido entre eventos que ocurrieron durante sus ministerios y las acciones que los Dos Testigos pudieran ejecutar, lo clasificaríamos como un argumento muy flojo.

Observamos, por ejemplo, que aquellas plagas o sequías afectaron a tan solo dos países, a saber, Egipto e Israel, mientras las plagas sobre las cuales los Dos Testigos tienen potestad están proyectadas a impactar a países en todo el mundo.

De todos modos, un mero parecido entre eventos o circunstancias no constituiría prueba suficiente para establecer, de forma irrefutable, la identidad de los Dos Testigos.

b) Moisés y Elías murieron hace miles de años.

Ni el uno ni el otro conocieron a Cristo y su iglesia.

Nada sabían ellos de las profecías de Apocalipsis, ni de cualquier otro libro del Nuevo Testamento.

No tenían ellos conocimiento de las señales del fin del tiempo ni de la consumación del “misterio de Dios”.

Vivían bajo la ley dada en el monte Sinaí.

¿Cómo, pues, darían testimonio y pronunciarían mensajes o profecías relevantes a la Era Cristiana, y, especialmente, al “poco de tiempo”?

Ciertamente, su presencia o intervención durante el “poco de tiempo” sería una anomalía extraña.

En cambio, Jesucristo y el Espíritu Santo se identifican personal e íntimamente con la Era Cristiana, siendo Cristo el mediador del Nuevo Pacto y el Espíritu Santo el instrumento de su revelación a la iglesia y al mundo entero.

Comprobamos con lujo de detalle en la Escena 5 que estos dos cualifican admirablemente para ser los “dos testigos”, y dando por establecido que lo son, pues entonces, definitivamente, ¡Moisés y Elías no lo son!

c) ¿Es concebible que los "dos testigos" sean dos cristianos particulares sobresalientes que se levanten durante el “poco de tiempo”, semejantes en espíritu y ministerio a Moisés y Elías, a quienes Dios utilizara como instrumentos para traer plagas sobre sus “enemigos” durante los “mil doscientos sesenta días”, matando a algunos?

Muy dudoso, a mi parecer. De nuevo, traemos a colación Romanos 12:9. 

“No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.” 

Pero, si represalias o venganza se hicieran manifestar a través de dos personajes destacados de la iglesia en la tierra, cualquier observador bien pudiera señalar que los cristianos estuvieran vengándose a sí mismos, cosa que no deberían hacer.

Además, Cristo enseña a sus discípulos: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:44), lo cual es todo lo contrario de tomar represalia o vengarse.

2. "…poder para cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía..."

a) "…poder para cerrar el cielo..." Es decir, poder para retener las bendiciones del cielo. No solo la lluvia sino, por inferencia, todas las demás bendiciones que Dios suele derramar "sobre malos y buenos... sobre justos e injustos" (Mateo 5:45).

Así que, si lo disponen los Dos Testigos, ¡el cielo no dará sus bendiciones durante los "los días de su profecía"! O sea, durante los "mil doscientos sesenta días".

El Dios Todopoderoso concede a Jesucristo y al Espíritu Santo poder para "cerrar el cielo", y lo pueden hacer a su discreción, conforme indica la cláusula "cuantas veces quieran" (Apocalipsis 11:6).

b) Según nuestra apreciación, se trata del “poder” para castigar, mediante privaciones materiales, a los “enemigos” de Dios, con el propósito de refrenarlos, hacerlos recapacitar y proteger a la iglesia, con sus portavoces, los cuales han de seguir dando testimonio hasta la hora determinada por Dios para la cesación de la proclamación del evangelio.

Jesucristo y el Espíritu Santo tienen autoridad para ejercitar este “poder” dondequiera y cuando quiera haga falta para asegurar que no sea acortada prematuramente el tiempo de gracia programado para los humanos.

3. "…poder sobre las aguas para convertirlas en sangre..."   

a) Es decir, “poder” para contaminar las aguas. Al extremo de hacerlas asquerosas y repugnantes, por ser llenas de bacterias, químicas, partículas nocivas, etcétera, que cambien su color y consistencia. ¿Quién se animaría a tomar agua con la apariencia de sangre? ¿Agua contaminada que causara toda suerte de enfermedad estomacal, intestinal, renal, etcétera, etcétera?

b) Al desatarse la tercera plaga de las "siete plagas postreras" (Apocalipsis 15:1), los "ríos" y las "fuentes de las aguas" se convierten "en sangre" (Apocalipsis 16:4-6).

Lo estimamos del todo concebible que la tercera plaga de estas siete postreras sea una de las plagas que los Dos Testigos traigan sobre la tierra.

4. "…poder… para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran."

a) "…con toda plaga…"

(1) Las "tres plagas" de la Escena 1 de la Sexta Trompeta señalan el acercamiento del fin (Apocalipsis 9:18).

(2) Las "siete plagas postreras" ocurren en el tiempo cuando se consuma "la ira de Dios" (Apocalipsis 15:1).

(3) Nos parece totalmente plausible que “toda plaga" en Apocalipsis 11:6 abarque las tres, las siete y aún otras plagas.

b) "…cuantas veces quieran."

(1) ¿“Quieran” quiénes? La respuesta correcta es: los Dos Testigos.

Por consiguiente, qué tipo de plaga y cuántas veces se traigan las plagas sobre la tierra durante los “mil doscientos sesenta días” que dura esta Escena 8, son decisiones que toman los Dos Testigos, los que son Jesucristo y el Espíritu Santo.

(2) Tomando en cuenta el hecho de que aun los mejores y más sabios líderes de la iglesia en la tierra son, al fin y al cabo, por su naturaleza humana imperfecta, seres falibles, a veces volubles, de corta visión y propensos, en ocasiones, a acciones precipitadas, razonamos que la iglesia realmente no estaría capacitada para tomar decisiones de tanta envergadura como las de azotar a la tierra “con toda plaga, cuantas veces quieran”.

¿Semejante poder a la disposición de los cristianos aún más santificados y cautelosos?

¿Traer ellos sobre la tierra desastrosas plagas con la frecuencia que quisieran?

Planteamos que sus atributos más positivos, por excelentes que fueran, no los cualificarían para el manejo de poder tan grande.

En cambio, Jesucristo, única Cabeza de la iglesia, y el Espíritu Santo, Consolador de la iglesia, sí, definitivamente, ¡están cualificados!

(3) Así pues, el significado y las implicaciones de esta frase "cuantas veces quieran" fortalecen nuestra convicción según la que el "poder" de los dos testigos pertenece por naturaleza y lógica solo a la Deidad, y no a los integrantes de la iglesia en la tierra.

 


 

La próxima Escena 9. El fin del testimonio de los Dos Testigos, la Guerra contra ellos y su Muerte.

Contenido completo del Capítulo Cuatro

Apocalipsis: análisis de las profecías y visiones. Solo el TEXTO del comentario.

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